01/11/2018

14 nombres para recordar del reciente Primavera Club 2018.

Es cierto que, en el pasado, por los escenarios del Primavera Club han desfilado artistas y bandas que hoy cuentan con un innegable gran alcance, como St. Vincent, Mac DeMarco, Stephen Malkmus, Fleet Foxes o Swans. Tan cierto como que en su más reciente edición, celebrada el pasado fin de semana, el festival alcanzó una categoría bastante más elevada que la de «hermano pequeño del Primavera Sound«. Porque fue en esta última convocatoria, que apuntaba maneras incluso antes de su celebración, cuando el evento ya asentado en las salas de Barcelona y Madrid eclosionó como laboratorio definitivo para calibrar el estado actual de las propuestas, estilos y tendencias que están marcando el rumbo de la música, así como en uno de los escaparates más impresionante de nuestro país en cuanto a nombres de futuro. La cita supo plasmar el relevo generacional del público en los últimos años encima de los escenarios, con un elevado porcentaje de actuaciones de artistas que ni siquiera superaban las dos décadas de edad e incidiendo en los géneros que actualmente más contribuyen a moldear el ecosistema musical (hip hop, R&B, electrónica) sin renunciar a la música de guitarras en su versión 2.0 (con el bedroom pop y las nuevas escenas do it yourself reclamando el primer plano) ni a los sonidos tradicionales más eclécticos. Por este motivo, entraña mucho menos esfuerzo que en ediciones pasadas encontrar auténticas revelaciones entre los 45 artistas que conformaron el cartel: solistas, grupos, MCs e incluso DJs que hoy ya podemos imaginar siendo recibidos entre aplausos, el próximo mes de junio, en los escenarios del Parc del Fòrum. Como siempre, aquí tenéis nuestra humilde selección.

14. Head Technician

En una media de edad de los grupos que rondaban los 20-25 años, la noche de la primera jornada quedaba reservada para el club +30 con un gran nombre: Head Technician. Debutando en Barcelona con este alias (con el de Pye Audio Corner hemos tenido la fortuna de poderle ver en un par de ocasiones) para presentar disco inspirado en la arquitectura brutalista, Profan Architecture. Pasillos oscuros en barrios apartados, contundencia techno de la vieja escuela y ninguna concesión a la actualidad. Para el directo y este debut: aún más contundencia, vigas de metal, artillería pesada y un recital mirando a Detroit para sellar que, sin grandes malabares, también se hace bailar y disfrutar al público, sea de la edad que sea. (Jordi Isern)

13. Slowthai

JPEGMAFIA había dejado el listón bien alto con un conciertazo difícil de superar. Slowthai, por su parte, también goza de fama de buen agitador, pero en esta ocasión su energía pareció algo más forzada que genuina. Durante la primera mitad del concierto fue imposible discernir su voz real de su voz grabada, ya que los temas sonaban en su normal versión de estudio. Para un tipo cuya baza es rapear como si se estuviera desgarrando el alma de pura rabia, es una lástima que no se atreva a cantarlo todo, suene como suene. Pero a medida que le fue pillando el pulso al público, y comprobó que este estaba completamente dispuesto a dárselo todo, se fue soltando y el concierto fue a mejor. La energía estaba altísima, y el centro de la sala fue un durísimo pogo constante. Curioso y bonito fue el momento en que Slowthai, a pesar de su constante expresión de cabreo, pidiera al público que parara un momento para mirar a quien fuese que tuviese al lado, y mirándole a los ojos le dijera “I love you”. Y ese fue el quid de la cuestión: una oximorónica ultraviolencia saludable que en su día propuso el (semidifunto) punk. (Luca Dobry)

12. Snail Mail

Snail Mail cumplía el domingo un papel algo complicado. Su actuación, una de las más esperadas del festival –por no decir que era claramente su cabeza de cartel– tras la buena acogida de su delicioso debut, Lush, cerraba la edición en Barcelona con muchas expectativas que solo se cumplieron a medias. Lindsey Jordan y su banda arrancaron con una introducción de enmarañadas guitarras en clave psicodélica que nada tenía que ver con el resto del concierto, en el que trasladaron las atmósferas indie rock noventeras del álbum a los escenarios con menos acierto que en el estudio. Por suerte, la interpretación fue de menos a más, y aunque al principio las voces no estaban exactamente donde tenían que estar y en algunos momentos directamente no se oían, Jordan pasó el examen derrochando una mezcla de devoción y mala leche, eso sí, con más actitud escénica y habilidad guitarrística que corrección vocal. Seguramente no ayudó el desinterés de las parlanchinas últimas filas, que boicotearon el concierto en su más interesante tramo final, cuando Snail Mail sacó a relucir una coreadísima ‘Pristine’, unas (ahora sí) convincentes ‘Deep Sea’ y ‘Anytime’ que interpretó completamente sola a la guitarra y, como despedida, su recién estrenada versión de ‘The 2nd Most Beautiful Girl In The World’ de Courtney Love, que según dijo es su canción favorita. Pese a todo, esperamos volver a verla pronto por aquí: la magia del disco está ahí y solo hay que pulirla. (Max Martí)

11. Cupido

Cupido llegaban con medio partido ganado a su doble debut en directo. Es cierto que solo han publicado una canción hasta el momento, la irresistible ‘No sabes mentir‘, pero también es cierto que lo hacían con el tirón de serie de los hermanos Pimp Flaco y Kinder Malo, estrellas de la música urbana española. La unión de Flaco con el grupo Solo Astra es la evolución natural después de que el trapero empezara a explorar las posibilidades del pop (¿de dormitorio?) en canciones como ‘Me da igual‘ o ‘Laberinto de amor‘, y precisamente estas dos canciones formaron la columna vertebral de su repertorio, esta vez acomodadas en los instrumentos reales de Solo Astra en vez de bases electrónicas pero manteniendo ese auto-tune marca de la casa del trap. Además de ‘No sabes mentir‘, celebrada ya con la euforia que se merece, y de algún otro tema inédito, queda claro que esto es solo un punto de partida que, acercando el trap al pop, tiene un potencial enorme para convertirse en uno de los sonidos de 2019. (Aleix Ibars)

10. Tirzah

Con motivo de la positivísima aceptación crítica de su disco debut, Tirzah partía como una de las favoritas de esta edición. Sin embargo, quizá no brilló tanto como debería. Acompañada –gran acierto– por su colega y productora Mica Levi aka Micachu, responsable de los sugerentes instrumentales de Devotion, la joven revelación británica tuvo a bien respetar la intimidad de dormitorio que reviste el conjunto de su aclamado álbum, y no solo porque parecía que había venido a la cita en pijama y durante toda la actuación se mantuvo inmóvil mirando fijamente al techo. Bromas a parte, su pop contemplativo supo adueñarse de la sala y trasladar al escenario grande del Apolo la fragilidad hipnótica de canciones tan desnudas como ‘Affection’ y ’Gladly’ o el R&B místico de ‘Do You Know’ y ‘Guilty’. Destacó el más atrevido pasaje sintético de ‘Fine Again’, apertura del LP que en directo contó con una introducción cercana al Arca más retorcido, y también encandiló el corte homónimo del disco con la colaboración de Coby Sey, pero pese a todo, la tibieza escénica hizo que no podamos coronar a Tirzah entre los conciertos ganadores. Denle algo más de tiempo. (Max Martí)

9. Esteban & Manuel

De todos los usos que se la ha dado al “autotune” en los últimos años no había (aún) trascendido un grupo que lo recuperara para llevarlo a uno de sus orígenes: las verbenas. Esteban & Manuel son una orquesta de fiesta mayor, de hombres con camisas con dos botones desabrochados y señoras que se agarran la falda del vestido. Podrían llevar un micro inalámbrico de diadema y reclutar a nuevos jugadores en su parada en la feria, pero han decido ir a lo grande, saltar al escenario y hacerlo fácil para sus contemporáneos, así como atrevido para quienes tienen ya una edad. ¿Cómo? Llenando ritmos clásicos de bachata, salsa, cumbia y los sonidos tropicales que uno pueda imaginar a este lado del Atlántico, con estampas habituales de los clubs: twerking, el deseo de comerle la papaya a una paya o distorsionando solos con autotune y reverb. Todo esto condensando en un recital de 35 minutos de pura pasión. A pesar de unos problemas iniciales en las que el micrófono de Manuel no funcionaba, y quedaba todo pendiente de un hilo, la sala terminó siendo un mar de “caderas rotas”. Sigue siendo raro escuchar “cowbell” o según qué aderezos orgánicos ejecutados por un teclado, pero son manías de otros años. Esteban & Manuel, próximamente en su pueblo y festival más cercano. (Jordi Isern)

8. Flohio

El mundo del hip hop es un mundo de chicos, se sabe. Pero por mucho que se mancille a la generación millennial, X, Z, o lo que sea, es innegable que está logrando transgredir cada vez más los estereotipos de género y las nocivas dinámicas que estos generan—y en eso, aunque parezca mentira, el hip hop está teniendo un papel central–. Son muchas las raperas que están pisando fuerte en la escena y cargándose esos estereotipos a base de hits y directazos. Flohio añadió su granito (cubo) de arena a eso el otro día. La nativa del sudeste londinense trajo una energía brutal, tanto que se casi se merendó a los dos raperos que habían salido antes que ella. El grime metálico con toques de techno industrial y notas de drill que ponía su misterioso DJ (el mismo musculoso enmascarado de Slowthai que puso nerviosas a todas las chicas de la sala) no consiguió ser más duro que ella misma, que soltó sus rimas rápidas e inteligentes con tremendo talento y carisma: el público acabó su concierto jadeando. No es de extrañar que Naomi Campbell la eligiera para su lista de “10 mujeres cambiando el futuro” en Vogue hace unos meses. (Luca Dobry)

7. Boy Pablo

Boy Pablo y su banda no solo se ganaron el aplauso del público en la jornada del viernes; también lo enloquecieron por completo. Quizá por la hora y las copas de más, o quizá porque pese a que el jovencísimo músico noruego-chileno hace indie rock, canciones soleadas entre el jangle y lo-fi en la línea de Mac DeMarco, como antaño hizo el mencionado precedente él también opta por romper con las convenciones de un concierto de indie rock. Acompañado por una formación de quinteto clásica –guitarra, bajo, teclados, batería… y pandereta–, estos teenagers recién salidos de una fiesta de instituto y con una estética más cercana a la del trapero que a la del rockstar tradicional derramaron energía a cada tema, empezando por un ‘Feeling Lonely’ que más que apelar a la soledad nos hizo rejuntarnos y pegar saltos. “Un placer estar aquí en Barcelona tocando con mis amigos”, dijo con un perfecto castellano poco antes de versionar medio de broma ‘Sweet Home Alabama’. Luego ofrecería una juguetona ‘ur phone‘, canción anterior a su último EP que, para más inri, degeneró en una eufórica reinterpretación de ‘Roar’ de Katy Perry. No faltó el genial sencillo ‘Losing You‘ y, con varios integrantes del grupo ya descamisados, una ‘Sick Feeling‘ que propició más brincos que ninguna otra actuación «pop» en todo el Primavera Club. (Max Martí)

6. Ama Lou

Pese a su cortísima edad y su todavía más reducido repertorio, Ama Lou fue una de las claras sorpresas de este Primavera Club. Además del buen ojo de Drake, la cantautora británica demostró sobradas tablas en el escenario grande del Apolo acompañada únicamente por un tecladista e instrumentales y voces pregrabadas que se entrelazaban con la suya, portentosa y genuina. Evocando tanto a la Solange más jazzística como a la Jorja Smith más soulera al desplegar sus exquisitos graves en canciones como ‘Not Always‘ y la adictiva ‘Tried Up’, caldeó el ambiente del domingo más que ningún otro artista, sacando garra y flow en la medio rapeada ‘Wrong Lesson’ e incluso emulando los timbres de voz profundos de Beyoncé en la sensual ‘Wire’, que habría brillando más con las trompetas en directo. Nos equivocábamos cuando pensábamos que ya no podría sorprendernos más tras un par de temas marcadamente electrónicos, que dieron fe de su versatilidad y opciones para convertirse en una futura diva R&B. “Empecé a escribir canciones cuando tenía once años y tengo veinte, y ahora tocaré algunos temas como empecé”, dijo antes de coger la guitarra y maravillarnos con una sentida interpretación en clave folk en la que su voz derramó mil matices. (Max Martí)

5. Hnos Munoz

Parece mentira que en pleno 2018 todavía haya artistas condenados, voluntaria o involuntariamente, a vivir alejados de los focos, y más en una escena eminentemente viral como la urbana. Hnos Munoz (con n, no ñ), más allá de su ingoogleable nombre, suman apenas 200 fans en sus redes sociales y unas pocas miles de escuchas de sus canciones en los servicios de streaming, y sin embargo su producción ya es considerable (un disco y tres EPs) y, sobre todo, inspiradora. Su directo aún adolece un poco de esa falta de rodaje, pero estos dos hermanos tienen entre manos una fórmula que pocos dominan como ellos y que les puede llevar muy lejos: exquisitas bases electrónicas tranquilas y atmosféricas, juego doble de voces que se entrelazan en la línea de los The xx más íntimos, y un ‘algo’ que convierte la sencillez y la emotividad en su mayor baza. Solo tocaron en Madrid, pero en cuanto salgan de la oscuridad que les rodea eclipsarán a muchos. (Aleix Ibars)

4. Jimothy Lacoste

La (1) estaba de buen humor tras el cándido concierto de Boy Pablo, pero Jimothy Lacoste (al contrario que los noruegos, que fueron hiperpuntuales) nos hizo esperar más de media hora antes de salir al escenario. Igual tenía que ver con su dolor de cabeza: ese día había colgado un par de stories remoloneando en la cama de su hotel y quejándose de eso mismo con emojis aturdidos. Al público no pareció importarle el retraso, ya que apenas salió lo bañó con gritos y silbidos de puro regocijo—y cuando Jimothy les pidió un paracetamol se lo dieron enseguida. Y es que Lacoste es todo alegría. Solo su outfit marca de la casa (chinos amarillo cantón, chaqueta de estampado Burberry y gafas de señora estrambótica) ya le alegraban la vista a cualquiera, se notaba que el chaval está, como canta en su último hit, feelin like a million pounds”. Los que ya le conocíamos gozamos al máximo con su puesta en escena, pues no es fácil llevar una propuesta en principio tan absurda (casi un meme musical con instrumentales como de videojuego tonto) al directo y dar un show tan sólido como el que fue, menos aún con escasos 18 añitos. Los que no le conocían también fliparon con él, todo el mundo se volvía loco cuando se marcaba un solo de sus épicos bailes. Jimothy es una bocanada de aire fresco: swag por un tubo, originalidad, desenfado y honestidad. Te hace creer que a pesar de todo, como dice su mantra, «life is getting quite exciting«. (Luca Dobry)

3. Serpentwithfeet

Por su música, esperábamos la interpretación de Serpentwithfeet más bien atormentada y compungida, absorta en sus propias composiciones de corte R&B, soul y góspel ricas en texturas electrónicas. Sin embargo, Josiah Wise fue todo sonrisas e interacción con el público a lo largo de un concierto en el que se confirmó como la voz más virtuosa de esta edición del Primavera Club, además de un genial storyteller en perfecta sintonía con su audiencia. Para presentar su disco de debut, soil, alternó instrumentales pregrabados que él mismo dirigía con momentos más desnudos al piano, y en todo momento se le vio disfrutando en el escenario. Haciendo palidecer vocalmente al mismísimo Frank Ocean, dio inicio con la apertura del disco ‘whisper’ y se metió a toda La (2) en el bolsillo con los giros de voz de ‘fragrant’, erizándonos el vello con la majestuosa ‘mourning song’ e incluso haciéndonos reír a carcajadas al desgranar la repetitiva letra de ‘wrong tree’. Quién nos iba a decir que de un show que prometía ser para cortarse las venas saldríamos la mar de felices, así como arrodillados ante una ‘four ethers’ ornamentada con suntuosa música clásica y una ‘bless your heart’ final solo a piano que nos dejó con el corazón en un puño. “‘I’ll by crying with you’, dijo antes de despedirse ante clamorosos aplausos de pura pleitesía. (Max Martí)

2. JPEGMAFIA

Tras el fallo de Octavian, le tocaba a un casi desconocido JPEGMAFIA inaugurar la sesión hiphopera de la (2) la noche del sábado. Pero el nativo de Flatbush (un área de Brooklyn de la que no paran de salir grandísimos artistas) demostró que el suyo iba a ser un show lit desde el primer tema. Salió botando directamente sin camiseta, como hace habitualmente, y totalmente solo: se ponía él mismo las instrumentales en un austero portátil abierto hacía él público. Ya en el segundo tema se bajó a cantar en medio de la gente, donde parecía estar más cómodo, pues se pasó medio concierto botando en los pogos que él mismo generaba. Su música es oscura y obtusa, pero su energía en directo es totalmente cercana, todos ahí queríamos ser su colega, y él mismo repetía constantemente lo encantado que estaba con nosotros en su primer visita a España. Su último álbum de estudio es una verdadera delicia, con densas producciones muy trabajadas, reminiscencias de grupos como Shabazz Palaces o Death Grips y unas lyrics igualmente potentes cargadas de comentario político («everybody with me: fuck Donald Trump!«). JPEGMAFIA es un verdadero artista, con una energía brutal, el pack completo. (Luca Dobry)

1. Stella Donnelly

En una edición en la que lo urbano, las nuevas tendencias y los sonidos experimentales han  tenido la mayor parte de luz de los focos y el recibimiento más visible del público, el Primavera Club también ha servido para ver cómo lo clásico y las melodías más familiares siguen teniendo cabida y recorrido en 2018. Stella Donnelly, de Perth, Australia (también ciudad cuna de Tame Impala), encasillable al lado de tantas otras cantautoras con guitarra (Julien Baker o Waxahatchee, por citar dos tan diferentes y a la vez tan afines por algoritmos) resultó ser una de las actuaciones con más justificación del objetivo del Primavera Club: cazar talentos para el Primavera Sound. Muchas fechas tendrían que interponerse para que Stella Donnelly no repitiera. Y es que, en cuanto a tablas, carisma y canciones, pocos artistas del cartel –y de las giras más recientes que hemos visto por Barcelona– le quedan por arriba. Fue en la jornada de cierre, con las fuerzas del público flaqueando y la asistencia a la sala ya aminorando, cuando todo lo especial de un concierto de los que cuentan para nota sucedió. La complicidad con la que contaba cada contexto de cada canción, la ejecución eficiente, con equilibrios entre la naturalidad amateur de quien publica un primer disco y la seguridad que da la certeza de ser un trabajo notable, además de una ambición sana escondida entre una actitud y un carácter aún inocentes. En títulos esto se traduce en una canción sobre una cita Tinder en la que cantaba ‘Should Have Stayed At Home‘, como si contradijera a aquellos que estábamos allí pero pocos minutos antes estábamos en casa dudando de bajar al Apolo, o a explicarnos que ‘Boys Will Be Boys‘ es un devastador alegato previo al #MeToo que le habla directamente a un violador, evidenciando cosas que la sociedad ha normalizado como el hecho de culpar a la víctima. ¿Es el sonido folk de siempre cantado por una voz agradable? Sí. ¿Tiene el factor X que la eleva por encima del resto? También, en gran parte por unas letras incisivas que no son lo que parecen y una interpretación que se come en honestidad al resto. Algunas cosas nunca cambian, y está bien que entre todo lo nuevo siempre haya algo que nos recuerde a lo clásico que siempre ha estado y siempre vuelve. (Jordi Isern)

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Foto. Pablo Luna Chao / Sergio Albert / Christian Bertrand / Dani Cantó   Conciertos. Festivales. Nuevos grupos
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