24/10/2018

O cómo Lindsey Jordan firma con Lush uno de los debut más resplandecientes del año.

Entrábamos ya en la segunda década del milenio cuando Lindsey Jordan, con apenas 12 o 13 años, empezó a escribir sus primeras composiciones sobre el desamor adolescente. Como dato no parece excesívamente relevante, pero escuchando las canciones contenidas en Lush, su disco de debut publicado en Matador Records el pasado mes de junio, uno no puede más que sentirse esperanzado ante el buen estado de la música indie rock veinte años después de su época dorada. Y es que Snail Mail, nombre artístico que recibe esta joven de Baltimore nacida solo un año antes de los dosmiles, es uno de los talentos más precoces y convincentes de la música de guitarras que se recuerdan en los años recientes. Sin embargo, cabe enmarcar su despegue junto al de otras cantautoras –de Julien Baker a Soccer Mommy, por mencionar solo algunas– que hoy fortalecen una escena musical que algunos ya querían dar por enterrada. Sí, pertenecen a la tan denostada generación Z o posmilenial. Y sí, son en su mayoría mujeres.

Fue con solo cinco años cuando Jordan empezó a formarse en guitarra clásica, y años más tarde incluso recibiría clases de dicho instrumento por parte de su admirada Mary Timony (Helium, Ex Hex), otra heroína del género. Además de participar en una banda en la iglesia y algún que otro grupo de jazz en la escuela, a muy temprana edad se sumergiría de lleno en la escena DIY local en formato trío junto al batería Shawn Durham y el bajista Ryan Vieira, llegando a participar en festivales junto a artistas como Angel Olsen y otros grupos también liderados por ellas, como Sheer Mag, Screaming Females y Priests. Precisamente bajo el sello de estos últimos, Sister Polygon, publicaría con apenas 16 años un primer EP como Snail Mail que, bajo el título Habit, ya dejaba entrever su seña de identidad lírica honesta y personal: el ser transparente, el no fingir que para un adolescente cada día puede ser el fin del mundo al mismo tiempo que se es consciente de que todo lo malo también pasará y un día nos podremos reír de ello.

Me conozco a mí misma y sé que nunca amaré a nadie más”, canta Jordan en ‘Pristine’, primer sencillo estrenado del álbum y uno de los cortes más resplandecientes del mismo. Ciertamente, es una declaración quizá algo abrupta y exagerada para alguien que apenas se acaba de graduar en secundaria, pero no hay que tomarse a Lindsey al pie de la letra. El hecho de que pueda hablar de sus propias emociones con tanta franqueza, sin miedo a hacer el ridículo, más bien la honra en una generación cada vez más proclive a ocultar sus verdaderos sentimientos en aras de las apariencias y los filtros de Instagram. Su solemnidad vocal impostada, casi sarcástica y acompañada por el rugir cristalino de su guitarra, da paso en el álbum a la más suave y susurrada ‘Speaking Terms’, un lamento ante la grisácea vida en los suburbios (“Muévete de tu antigua casa, esta ciudad puede ser muy ruidosa”). En sus temas encontramos una necesidad implícita de salir ahí afuera, lejos de su Ellicott City natal, y abrirse a nuevos mundos. Al fin y al cabo, el lugar donde has nacido a veces también puede ser como una metáfora de la adolescencia; a veces se puede sentir como una prisión.

Es fácil comparar el estilo indie rock de Snail Mail con el de Liz Phair, una de sus ídolos de la infancia a quien llegó a conocer recientemente y de quien incluso tuvo una banda de versiones. Ambas crean melancólicas melodías de guitarra, tienen el poder de sumergir al oyente en estados de vulnerabilidad y, casualidades (o no) de la vida, hoy comparten sello. Pero Lindsey Jordan ha llegado a inspirarse en músicos de lo más dispares: creció escuchando a Avril Lavigne, Green Day y Paramore y viendo Hannah Montana, e incluso admira cómo Taylor Swift puede cantar de forma tan honesta y trivial sobre cómo se siente pese a las burlas de algunos por hacerlo siendo mujer. A su corta edad, Jordan es consciente del sexismo imperante en la sociedad, que se manifiesta en la música de guitarras tanto o incluso más que en otras profesiones; a ellas siempre se les exige demostrar más, que son las mejores, que pueden hacerlo como los hombres, para ser tomadas en consideración. Y eso es un lastre que ella, que además es homosexual, detesta. Quizá por ello en sus composiciones decide no ocultar nada, aun a riesgo de resultar melodramática. Y es que temáticamente su música no dista tanto de aquella Lorde que en Melodrama experimentaba sus primeras decepciones en el campo del amor pero aun así quería vivirlas por completo. Porque al final, a quien debemos querernos siempre es a nosotros mismos.

Y aunque Snail Mail aborda sus composiciones desde esa perspectiva y refleja las vicisitudes de su propia generación, su brillante enfoque compositivo y guitarrístico encuentra muchas más similitudes con las bandas de rock de los 90: voces desafectas, ritmos lentos y melodías de guitarra instantáneas que tanto beben de las mencionadas Mary Timoty y Liz Phair como de bandas como Pavement, Dinosaur Jr. y Sonic Youth. Ese espíritu unido a una capacidad sobrenatural para crear ganchos pop se cristaliza, quizá como en ningún otro corte del disco, en ‘Heat Wave‘, un himno de verano que pese a sus soleados riffs de guitarra expresa su angustia y desasosiego («Ojos verdes, no sé qué hacer«) por el amor no correspondido. «Algo que se pierde te pertenece / Alguien debería pagarlo / Bueno, no sé quién«, canta con esa sabiduría que solo se aprende tras la primera ruptura en otra de las joyas de la corona, la balada ‘Let’s Find An Out‘. Sin embargo, en ‘Full Control’, que cuenta con un poderoso estribillo que no desentonaría en los primeros discos de Avril Lavigne –de quien aprendió que ellas también pueden tocar la guitarra–, parece encontrar la fuente del autoconocimiento: «Tengo el control total / No estoy perdida / Incluso cuando es amor / Incluso cuando no lo es«. Este 2018 ha retratado mejor que nadie ese momento de revelación interna tan necesario para seguir adelante. Para madurar y crecer.

Snail Mail actúa este sábado 27 de octubre en el Teatro Barceló de Madrid (21:15h) y el domingo 28 en la sala Apolo de Barcelona (22:30h), junto a otras promesas, como parte de la programación del Primavera Club 2018.

Publicidad
Publicidad