24/10/2018

Time 'n' Place sólo se puede entender como un disco de marcha atrás.

El 1 de octubre Kero Kero Bonito sacaron por sorpresa un nuevo álbum, Time ‘n’ Place. No se puede decir que fuera una sorpresa total: ya en febrero habían entregado un EP, el fantástico TOTEP, donde se intuía un cambio casi radical en las hechuras musicales del grupo; y a lo largo del año dejaron caer otro par de estupendos singles: ‘Time Today‘ y ‘Make Believe‘. Hasta cierto punto, el trío ha consagrado 2018 a cambiar radicalmente su identidad, a romper violentamente con todos los significantes previos (musicales, pero también estéticos, como atestiguan las nuevas portadas y videos, o de funcionamiento como banda en directo). Los Kero Kero Bonito de hasta 2017 -colorismo, j-pop, estética naif, casi de dibujo animado- dijeron adiós sin avisar y dieron paso a un grupo nuevo. Eran una propuesta total, una banda que funcionaba como una entidad conceptual perfecta, y decidió quemar las naves para convertirse en algo distinto, por su propia supervivencia.

La mejor canción pop del año

A Kero Kero Bonito le pesaban muchas cosas. Nacieron como un proyecto de dormitorio de dos nerds de la música, Gus Lobban (aka Kane West) y Jamie Bulled (aka WHARFWHIT), amigos desde el instituto, coleccionistas compulsivos de mp3 con un amplio background descargando y mezclando canciones que sacaban del Kazaa Lite alrededor de 2004. KKB es, ante todo, como lo fueron los Teenage Fanclub, Saint Etienne o Weezer, un grupo de fans de la música, un culto onanista a cualquier tipo de música, a la acumulación compulsiva de sonidos, con un mundo referencial donde caben desde Shy FX hasta Perfume, desde Alice Deejay a Sum 41. Como mandaban los cánones de su discurso generacional, para ellos la categorización de la música en géneros y escenas era un absurdo, todo cabe, todo se puede añadir al crisol de sonidos de su pop. De cualquier forma, los dos chavales de Bromley, ya pasados por la facultad de música de Goldsmiths (convertida desde hace unos años en un hervidero de proyectos que marcan la deriva de la escena musical londinense, como PC Music o The Rhythm Method) fueron conscientes de que faltaba una pata más para su proyecto, y reclutan -vía un foro de expatriados japoneses en Londres- a Sarah Midori Perry, de padres nipones pero crecida en la muy pudiente -y aburrida- villa de Kenilworth, cerca de Coventry. La llegada de Sarah convirtió un proyecto de pop de dormitorio en una entidad conceptual completa, con un mundo lírico convincente y coherente e imagen llamativa. Los colores chillones, la intención de hacer j-pop británico (en la teoría una idea tan estupenda como el flamenco-pop birmano, en la práctica funciona a la perfección), el humor simplón de sus videos, los locos outfits de Sarah o las camisetas de fútbol noventeras de Gus; todo formaba parte de un ente perfecto llamado Kero Kero Bonito. Se conformaron como un grupo totalmente generacional y de culto.

Llegaron en el momento adecuado: canalizaron las obsesiones japófilas de su generación, hubo fenómenos que funcionaron en paralelo (el mismo colectivo PC Music, a los que Gus estuvo asociado durante algunas épocas de su carrera en solitario, comparte una visión de llevar el pop a sus últimas consecuencias y ciertas influencias musicales), y, sobre todo, fueron capaces de sacar hits (Trampoline, Lipslap, Break…). Pero si algo hizo de Kero Kero Bonito un grupo de culto fue (una parte de) su presencia virtual. Por una parte se convirtieron en uno de los grupos fetiche del subforo /mu/ de 4chan, donde se les asoció (paradójicamente, tal vez) a Death Grips, otro de los proyectos adorados en el rincón de internet que convirtió a Anthony Fantano en estrella mundial. Bonito Generation, su primer álbum oficial, era una crónica de la excitación ante la entrada en la vida adulta; dejar el instituto (These are the best days of our lives / That’s what the grown ups told us, right? / Tapping my pencil, waiting for the bell / Thinking what to say in my last farewell); dejar las aburridas villas de provincias para enfrentarse a Londres (I was kind of lonely at first / So I took life in my own hands / Got a haircut, joined a band / And it turned out alright), ser quien siempre ha querido ser (It’s so easy, anyone can trampoline / So jump on up and you can see / The whole wide world). No dejaba de tener un punto de ironía, de distanciamiento, pero en las letras había una verdad autobiográfica que reflejaba ilusión: la ametralladora j-pop sólo servía para apuntalar las ideas, un mundo de juego y fantasía.

La cenita ideal del fan medio de KKB.

Su éxito tuvo un lado más oscuro. Por una parte la glorificación en un lugar como 4chan tiene un doble filo, y la conversión de ‘Flamingo‘ (a día de hoy su tema más popular sin lugar a dudas) en materia de meme resultó en un seguimiento de la banda que rozaba y superaba la frontera de la grima. Meterse en grupos de shitposting del grupo sigue siendo, a día de hoy, comprobar cómo el personaje de Sarah (en su inocencia y colorismo) es objeto de las fantasías de un público masculino que la imagina como una waifu perfecta, como material de deseo para la megalomanía sexual nerd. Ningún grupo escoge a su público, pero Kero Kero Bonito tuvieron la mala suerte de tener un fandom que se sentía con derecho a disponer de su frontwoman. Su relación con el culturista nexgencrusher fue vista como una aberración a ojos de los fans, que no dudaron en convertirlo -cómo no- en meme humano (aunque él, dicho sea de paso, contribuyó bastante a la causa).

 

Kane West llora viendo videos del Depor de Djalminha.

Time ‘n’ Place sólo se puede entender como un disco de marcha atrás. En los conciertos que a principio de año la banda dio en espacios autogestionados londinenses, además de presentarse como banda de rock (con batería, guitarras distorsionadas, solos, etc), Gus Lobban abandonó sus habituales camisetas de la Sampdoria o el Hertha Berlin para lucir las tres noches una camiseta azul con el logotipo de los Oasis. Resulta casi paradójico que en un grupo que a priori estaba relacionado con la vanguardia musical londinense, con sonidos que se escapaban de la tradición británica, un grupo que no podía estar más alejado del rock machuno, se pusiera a reivindicar al grupo más decididamente retrógrado y chauvinista de las islas británicas. Con el disco ya afuera, la referencia cobra sentido: Kero Kero Bonito abandonan el presente para entregarse con devoción al pasado, dan dos pasos atrás como única forma posible de seguir viviendo y seguir teniendo una cierta entidad creativa. La inocencia casi twee de ‘Outside‘, que podría ser una canción de Alvvays, da una pista de por dónde van los tiros musicalmente, con una melodía dulce bañada de electricidad, y Gus reconvirtiéndose en un batería sorprendentemente agresivo. Pero a partir de ahí el disco revela un tono agridulce, como ya se ve en ‘Time Today‘, donde contrasta la alegría pop con una letra que ahonda en el miedo paralizante a morir y a ver cómo a uno la estabilidad mental se le va retrete abajo (And I can’t help but think / about If the sun ever stays down / Will I notice or will I Just be sitting around). No queda en el disco resto de la ilusión por el futuro que irradiaba Bonito Generation. En la maravillosa ‘Only Acting‘ Sarah se enfrenta a la incapacidad de seguir adelante con su personaje y de enfrentarse a su propia salud mental (I sure didn’t know it hurt so bad / That no rehearsal could show you how to feel inside); pero el momento definitorio del álbum llega en ‘Make Believe‘. El armazón pop de esta canción encierra la duda sobre su propia identidad, sobre la incapacidad de asumirse a uno mismo y de sentirse satisfecho, y notar cómo a veces todo se te viene abajo. Sarah Midori Perry no puede ser siempre Sarah Bonito. Nadie puede ser siempre Sarah Bonito.

From time to time, my grip’ll slip

And I just lose control

Then awake I freeze

But nothing in my head can hurt me

However real it seems

Kero Kero Bonito sabían, como banda, que habían tocado techo con su discurso. Una mixtape, un álbum, unos cuantos singles, videos con casi 10 millones de reproducciones en youtube, fans por todo el globo, conversión en meme, lo tenían todo. ¿Por qué seguir intentando hacer otro ‘Flamingo‘ si ya habían hecho el original? Ahora que su discurso está normalizado, que ya no pasan por grupo de chiste, ahora que ya forman parte de un canon de pop de culto a nivel mundial, es cuando han dado marcha atrás. Lo hacen a todos los niveles: desnudan su música de perfección j-pop para entregarse a diversas variantes del pop de guitarras, en sus vertientes dulces -twee, noise pop suavito, punk pop-, claro está, aunque el momento glitch de ‘Only Acting‘ les emparenta, curiosamente, con Death Grips. ¿Han decidido los KKB bañar su música con 70 capas de ironía y jugar a darle la vuelta al meme? En ‘Dear Future Self‘ planean los Beach Boys, en ‘Sometimes‘ los Small Faces, referentes que nadie hubiera sospechado años atrás. Sobre todo el disco planean la idea de la muerte, la enfermedad de los seres cercanos (‘Visiting Hours‘) y cómo colocarse a uno mismo en el maremagnum que es crecer. Porque si en Bonito Generation crecer era mudarse, tomar chupitos y pasarlo bien, en Time ‘n’ Place crecer es ver cómo la gente que quieres la espicha, cómo no te puedes levantar de la cama en meses, cómo salir adelante viéndote solo de verdad. Coger las guitarras es un paso natural cuando lo que se trata es de hacer algo más visceral, más físico, más sentido. No hay capa alguna de ironía. Solo tres tipos intentando salir adelante. Y consiguiéndolo, aunque sea con sus cicatrices. Que no es poco.

Kero Kero Bonito actuarán el sábado 1 de diciembre (1:00h) como parte de la programación del 18 Aniversario Razzmatazz. Entradas aún disponibles aquí.

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