17/10/2018

Hablamos con $kyhook, Los Del Control, Judah, InnerCut, Johnny Beethoven, Merca Bae o Lost Twin sobre su no siempre bien ponderada labor.

El pasado 30 de mayo, C. Tangana y Yung Beef escenificaron, con Bad Gyal como testigo, dos puntos de vista muy diferentes, prácticamente opuestos, sobre cómo monetizar su estatus dentro del panorama musical español en la rueda de prensa de inauguración del Primavera Sound 2018. Los tres actuarían, además, en una edición del festival especialmente permeable a los nuevos sonidos urbanos. El encuentro, historia de nuestra música contemporánea por muy rimbombante que suene, desembocó en semanas posteriores en un cruce de canciones, tuits y movimientos con los que, medio en broma, medio en serio, Antón y Fernando terminaron de dar forma a una historia de súper héroe y súper villano (que cada uno escoja al suyo) de la que, posiblemente, ambos han salido beneficiados.

Más allá de filias y fobias, por encima de la posible brecha entre tanganers y beefers, hay una conclusión evidente: si existe debate acerca del modelo de negocio más efectivo, quiere decir que, al menos, existe negocio. Que no es poco decir para toda una generación de artistas que hasta hace cuatro días andaban perdidos en la inmensidad de Soundcloud. Ambos han desfilado en los últimos meses por el late night que presenta David Broncano, La Resistencia, y han reconocido, cada uno a su manera, que su situación económica es bastante mejor, claro, que la que tenían cuando se dedicaban a despachar bocadillos en Pans & Company y mandanga en las calles de Granada respectivamente.

Su aparición en ventanas tan populares como La Resistencia quizá ha distorsionado la imagen que proyectan hacia el gran público. El asalto de algunos line-ups festivaleros (con Sónar a la cabeza), su incontinencia creativa, que les mantiene siempre en primera plana, su ejemplar manejo de las redes sociales o la proliferación en medios generalistas de artículos amarillistas del tipo «trap para dummies» puede hacer pensar que ellos y algunos compañeros de escena como Dellafuente, Cecilio G., La Zowi, Rels B, Kaydy Cain, Ms NinaDamed Squad, Sticky M.A.Bea Pelea, Pedro LaDroga, Bejo Maikel Delacalle están haciendo su particular agosto de un tiempo a esta parte.

La realidad, sin embargo, arroja otra fotografía: el establishment intenta exprimir a los estandartes del fenómeno, pero todavía parece negarles el estatus que sí tienen a pie de calle. El pasado mes de junio, por ejemplo, se filtraban los cachés pagados por el ayuntamiento de Torrejón de Ardoz (Madrid) en los conciertos de las fiestas. C. Tangana, el supuesto techo de toda esta ola, se embolsó 33.380 €, lejísimos de la cifras que recibieron Estopa (120.395 €), Antonio Orozco (78.650 €) o Pastora Soler (52.030 €). Por debajo, incluso, de Sweet California (39.040).

Hay negocio en torno a ellos, sí, pero no tanto como cabría imaginar. El pastel que se reparten es, de momento, bastante menor que su exposición, algo engañosa. La brecha generacional que les separa de medios, canales e instituciones depara situaciones incomprensibles como la ausencia total de representación urban entre los nominados a Los40 Music Awards que se entregarán el 2 de noviembre o directamente delirantes como el enfado de la concejala de Cultura y Turismo de Valladolid, Ana Redondo, tras el paso, a principios de septiembre, del mismo Tangana por las Ferias de San Lorenzo. «Es difícil comprender ese mundo y conectar con ese público», dijo justo después de quejarse por lo que, en su opinión, había sido un concierto demasiado breve. Si lo comparamos con el que «ofreció Raphael de dos horas y media», Redondo lo tiene claro: «fue una tangada».

«La industria musical es algo vivo y en cada cambio hay un periodo de adaptación para todos, tanto para los artistas como para las compañías y el sistema», señala InnerCut. «La exposición tiende a llegar antes que el dinero. Después, es curro de cada artista encontrar maneras de generarlo». La opinión del barcelonés es especialmente interesante: como productor o beatmaker, pertenece al que parece ser uno de los eslabones más débiles de la cadena. Si las caras visibles de la escena patria pueden tener motivos para la queja, los productores, siempre a la sombra, reducidos normalmente a un simple «qué base más guapa», reconocidos solo de allá para cuando, tienen más todavía. “Los productores no estamos muy bien pagados porque los cantantes tampoco lo están. Es una consecuencia directa», reclama Yibril, el encargado de los beats en Le Rue Boys. «En general, conozco a muchísima gente talentosa que no está ganando el dinero que corresponde a ese talento”.

Habla el sevillano Lost Twin, uno de los arquitectos de Avida Dollars, la última mixtape de Tangana: «Tenemos unos productores buenísimos a lo largo y ancho del país, aunque, por la naturaleza de nuestro trabajo, tendemos a exponernos mucho menos que los vocalistas. Y eso, desgraciadamente, es contraproducente en el momento en que vivimos». «Tengo la sensación de que, para la gente no vinculada a la música (que es la amplia mayoría), la figura del productor es algo muy secundario e irrelevante. Pero lo cierto es que, en muchísimos casos, el productor es el responsable principal del éxito de una canción, y eso es algo que no suele recibir suficiente crédito», suma José Quiroga, nombre que ha visto cambiar la escena urbana patria desde sus ya lejanas producciones para Gordo Master o Juaninacka hasta su reciente trabajo junto a Maikel Delacalle.

«Si estas produciendo a algún artista, has de ser consciente de que es un trabajo de segundo plano y aceptar todo lo que eso conlleva; el protagonismo y la visibilidad normalmente no son para el productor», añade ETMJudah, uno de los protagonistas dentro del bullente mapa musical gallego, coincide: «Que nunca tengamos el mismo reconocimiento que los vocalistas por parte del público y los medios es algo normal. En ningún género los músicos tienen la misma visibilidad que el vocalista; es parte de lo que significa ser productor».

«En general, o vendes tu música como un producto completo o no te comes un torrao… Si yo llevara la cara llena de tatuajes, seguramente sería más famoso. Al final, es lo que vende; el personaje, no la música. Por desgracia, es así», dice Kuor Larraz, productor asociado a Kinder Malo, Pimp Flaco o Cecilio G. El malagueño Sandro Jeeawock siente ese estatus algo marginal, pero, al mismo tiempo, es autocrítico: «El público siempre le va a dar más importancia al rapero. Serán los tattoos o los pelos de colores… Pero la culpa de esta situación se la acabo echando a los productores porque debemos aprender a vender nuestro producto como hacen todos, no solo haciendo beats en un cuarto».

«La gente, en general, no se plantea quién hace la música. Y eso es un gran problema», introduce Yibril. «Cuántas personas habrá que no sepan quién ha hecho el trabajo sucio de algo que escuchan todos los días», se lamentan Los Del Control, responsables de que gran parte del material de Kaydy Cain y Bea Pelea suene como suena. En realidad, de la misma forma que la aportación de un saxofonista, un guitarrista o un pianista termina siendo prácticamente anónima dentro del puzzle que es cualquier composición musical, resulta más o menos comprensible que el público general no conozca y, por lo tanto, no reconozca la labor de la persona responsable de los beats. «Yo creo que ni mis padres saben bien lo que hago todavía», suelta, medio en broma, medio en serio, Jeeawock.

Más complicado de entender es que sean los propios raperos o cantantes los que infravaloren su tarea. El enemigo, a veces, está en casa. «Creemos que nos valora más el público que los propios artistas. Y si el público no nos valora, imagínate los artistas», denuncian Beauty Brain, el dúo que se esconde tras algunos de los hits de Ms. Nina. «Yo he luchado todo lo que he podido por reclamar mi parte del pastel, pero la forma que tienen de tratarte a veces los raperos o traperos deja bastante que desear», recuerda Larraz. Además, señala excepciones: «Tengo que decir que hay de todo. Si eres un rapper y tratas a tu equipo de forma guay, repartiendo beneficios, buscando colaboraciones para que todo el mundo salga ganando, te conviertes en C. Tangana. Este tio es la prueba viviente de cómo hacer las cosas bien. Él tiene a su equipo detrás que le apoya y ayuda en todo momento y estoy convencido de que es algo recíproco».

«Depende de cada uno. En mi caso, lo más sorprendente es que los dos artistas que más beneficios me han podido reportar han sido los que mejor se han portado económicamente y más han respetado mi trabajo. En cambio, alguien que no puede reportarme buenos beneficios de royalties se ha creído con derecho a marearme y racanearme dinero», relata Jordan Ivey«Muchos artistas utilizan su posición para aprovecharse del trabajo de los productores, ya que, al fin y al cabo, consideran que ellos son los que generan la mayoría del dinero por ventas y conciertos», apunta el maño $kyhook, fiel aliado de Pedro LaDroga que hace un par de meses veía publicado su primer álbum en solitario, Until You Get Here.

Uno de los grandes puntos de discordia entre ambas partes viene a la hora de encontrar acomodo para el productor en los créditos dentro de plataformas como YouTube o Spotify. En ocasiones, cuesta encontrar quién ha hecho la música de tu nueva canción favorita. Por no decir que, en algunos casos, es directamente imposible. «Que no haya mención al productor me parece directamente una falta de respeto, un insulto. Yo nunca he obligado a nadie a que ponga mi nombre en el propio título del tema, aunque lo considero un buen detalle», reivindica Lost Twin. Y relata su propia experiencia: «Me he encontrado con situaciones en las que tu nombre aparece medio escondido, mal escrito. O te registran el tema que no es en el contrato editorial; o acabas compartiendo autoría con otra peña casi sin enterarte; o produces varios temas y no te mandan ni una triste copia de la edición física. Son detalles que te hacen ver claro quién valora tu trabajo como se merece. Ayuda a saber con quién quiere uno volver a currar y con quién no».

Judah reflexiona acerca de posibles malentendidos: «En mi opinión, el tema de la acreditación del productor debe ir un poco en función de cómo haya sido el proceso creativo y del rol que el propio productor quiera jugar en la música que compone. A día de hoy, puedes encontrar tanto a productores que figuran como artistas principales en Spotify como a otros que se encuentran cómodos trabajando en la sombra sin que su papel sea percibido por la gran mayoría del público. Hay mil fórmulas, pero lo que creo que es importante para evitar la frustración que provoca este tema en muchos beatmakers es exigir desde un primer momento el sitio en el que se espera estar y poner límites. No creo que sea bueno ceder tu música a cualquier precio por una sincronización que te de bombo». El granaíno Antonio Narváez tiene claro dónde se encuentra cómodo: «A mí nunca me ha gustado dar la cara ni estar en primera plana, me gusta estar detrás de la cara conocida. Me basta con que se me conozca en el mundillo profesional».

«Creo que a los beatmakers no se nos toma tan en serio aquí como en otros países. Aquí todo va despacio, pero quizá dentro de dos años tengamos un Murda Beatz o un Metro Boomin al que todo el mundo conozca», cuenta Ivey. Mirar de reojo a otros países es inevitable. Limabeatz, catalán con un pie en Salvador de Bahía, habla con conocimiento de causa: «El problema es que aquí, por lo general, no se valora a los músicos, ya sean productores, cantantes, guitarristas o dj’s. En Brasil, por ejemplo, ser músico está muy valorado. Es casi como ser futbolista». El salmantino Merca Bae también ve diferencias entre escenas desde su exilio londinense: «La figura del productor está muy maltratada en todos lados. Comparando con UK, diría que en España un poco más, aunque parece que está cambiando. Es algo que viene de la industria, ya que los porcentajes que se nos ofrecen son ridículos en comparación con el dinero que se genera». «Aquí no está valorada la figura del artista en general, ni la del productor ni la del cantante. Llevamos mucho tiempo con este problema», valora Blackthoven, implicado últimamente en temas de Maka, Blondie o Lil Moss. Y propone un plan: «Hay que entender que, para sacar todos el mayor beneficio de la industria, tenemos que apoyarnos más como pasa en otros países como Puerto Rico, República Dominicana, Argentina…».

«Mucha gente prefiere pagar un videoclip antes que pagar un beat, cuando en realidad debería ser más equitativo y nadie debería ser menos que nadie. Al fin y al cabo, sin beat no hay canción. Conozco a bastantes productores que se dedican solo a la música, pero la mayoría de ellos no son de España», dice SHB. La referencia es, como en tantas cosas, el mercado estadounidense: «Que GAP llame a Metro Boomin para un anuncio o que Madlib hiciese el beat para un comercial de Toyota en los 90s da mucha envidia», recalca Jeeawock. «Tenemos que seguir el ejemplo de algunos productores de EE.UU. que están rompiendo este cliché del ‘productor invisible’ que siempre está en segundo plano, como pueden ser Murda Beatz, Young Chop, London On Tha Track o muchos más», añade Johnny Beethoven.

Hay quien, pese a todo, ve motivos para la esperanza, pequeños brotes verdes: «Hoy en día, noto que hay más gente con voluntad de pagar a los productores que antes. No tengo envidia de otras escenas, pero sí ganas de que la movida de aquí crezca» (Lost Twin); «Creo que es un buen momento para los productores de música urbana en tanto en cuanto es un buen momento para la música urbana. Si está fluyendo más dinero, eso repercute en las ganancias de los productores» (Judah); «Por fin los medios se han dado cuenta del potencial y el poder que tiene la música urbana en cuanto a riqueza de sonidos y, obviamente, como negocio. Si atendemos a la correcta definición de productor, se podría decir que antiguamente apenas existían. Todo eso ha cambiado y la figura del productor se ha profesionalizado y la calidad de las producciones y del sonido en general ha mejorado mucho. En mi opinión, estamos en un gran momento a todos los niveles» (José Quiroga); «Ahora está subiendo muchísimo el género urbano. No hay más que ver las salas y festivales a los que van estos artistas, que están siempre hasta arriba. Nosotros nos alegramos por la parte que nos toca» (Los Del Control).

La clave quizá sea, como en tantos otros campos, especialmente en los que tienen que ver con facetas artísticas, desdoblarse desarrollando varias actividades en paralelo. En definitiva, conviene no poner todos los huevos en la misma cesta. “No hay mucho flujo de trabajo y no puedes pedir mucho dinero, salvo que entre en juego alguna multinacional», confiesa Narváez, socio habitual de Dellafuente tanto en el estudio como en el escenario. «Si fuera solo por los beats, no podría vivir. Tengo que complementarlo con los directos”. La opinión de Judah va en esa misma dirección: «Son muy pocos los lanzamientos que cuentan con un budget decente para ritmos y hay muchos productores con muchos ritmos y mucho nivel para cubrir tan pocos slots. Por esto, acabar pinchando tanto en clubs como en conciertos es casi siempre una necesidad y una buena fuente de ingresos». Merca Bae es otro de los que coincide: «El hecho de que los productores decidan hacer dj sets y orientarse más a los directos, entre otras cosas, es debido al poco reconocimiento que reciben. De algo hay que comer».

La alternativa de la producción propia parece una meta común. Según ETM, «si tu objetivo es tener más visibilidad, es importante trabajar en un proyecto en solitario». «Me gusta la idea de un disco donde el hilo conductor y el protagonismo lo tenga la producción y los invitados sean los cantantes», aporta InnerCut. Johnny Beethoven, por su parte, no quiere encasillarse: «Estoy intentando cambiar la manera de distribuir mis canciones y de lanzar mis temas. Saco singles en colaboración con otros artistas, saco estos singles como artista además de como productor… Y también ayudo como productor ejecutivo para guiar al artista en la grabación o mezclo las canciones que produzco».

El trabajo de unos y otros, junto al de otros talentos también a la sombra como Steve Lean, AlizzzEnry-K, Royce Rolo, Fake Guido, Lowlight, AC3, Danni Ble, horror.vacui, Saox, Cookin Soul, Retromoney, wax.dee o Choclock, es decisivo para conformar nuestro heterogéneo y peculiar panorama urbano, en el que trazar clasificaciones y compartimentos es misión casi imposible. Hip-hop, reggaetón, r&b, flamenco, trap, dancehall, vogue o dembow se entremezclan en un sinfín de personalidades diferentes que, sin embargo, conviven en aparente armonía.

«Somos todos unos angelitos», responde Jeeawock, creador precisamente de Sampler Chef, plataforma para la difusión y promoción de beatmakers mediante un sano sistema de competición. «Todos los productores se han volcado desde el primer momento y ninguno ha dicho nada malo de otro o ha buscado beef. Eso sería imposible entre raperos». «Entre nosotros no hay beef, más bien entre productores y cantantes», cree Johnny Beethoven. Para $kyhook, «es una cuestión de empatía. Entre nosotros nos entendemos bien y, en general, todo el mundo está bastante abierto a colaborar y aprender unos de otros. La humildad está genial, pero no tiene que entenderse como que no tenemos que progresar y mejorar nuestra posición en el negocio». Que así sea. Las instrucciones a seguir, en palabras de Jordan Ivey, vienen a ser las mismas que todos debemos aplicarnos en nuestro caso particular: «Puedes llegar a ganarte la vida si le pones mucho esfuerzo, valoras tu trabajo y no te dejas tomar el pelo».

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