26/09/2018

Un extenso repaso al festival colaborativo que organizan Justin Vernon y Aaron Dessner en Berlín.

Texto por: Helena Mariño

EVERYBODY IS PEOPLE”, reza el universalista lema de la 2ª edición del P-E-O-P-L-E Festival que tuvo lugar el fin de semana del 18 y 19 de agosto en la berlinesa Funkhaus. El encuentro resultó ser una de las propuestas más creativas y experimentales del panorama musical actual, dejando tras de sí una inspiradora estela luminosa para el cultivo de nuevas sinergias y reformulando la escena festivalera indie folk, que en el futuro próximo seguramente acoja este festival como una de las joyas de la corona.

Este experimento –ideado por Justin Vernon (Bon Iver) y los gemelos Dessner (The National), con el poder de convocatoria, apoyo artístico y capacidad organizativa de los Michelbergers (Tom y Nadine, los dueños del Michelberger Hotel, punto de encuentro musical)– nace con una fuerte base ideológica detrás que parte de lo interpersonal (la recuperación de los vínculos desinteresados) y eclosiona en lo musical (colaboracionismo), resultando en un espectáculo único en el mundo.

Sin line ups anunciados. 160 artistas. Colaboraciones. Canciones nuevas. Versiones. Experimentación. Danza. Ocho escenarios íntimos que consiguen bajar la música a nivel de a pie. Una localización histórica en la que la música suena como en un estudio. La satisfacción de saber que el dinero de la entrada está destinado solamente a cubrir los costes de producción. Sin patrocinadores. Sin sponsors. Música por música. Música que puede tocarse. ¿Qué más se puede pedir?

Alojados en el Michelberger Hotel durante la semana previa al festival, artistas de la talla de Damien Rice, Feist, Gordi, Sam Amidon, Lisa Hannigan, Zach Condon, Kings of ConvenienceJustin Vernon, The Staves o Matt Berninger inician brainstormings, improvisaciones e intercambios de ideas para perfilar con quién van a colaborar y de qué modo. Y es que hay que evitar a toda costa entender este festival como un simple evento musical en el que los artistas se saludan, hacen su performance y vuelven a casa, sino como la intensa culminación de toda una semana de intenso trabajo colaborativo despojado de cualquier tipo de ego que rezuma energía, calidad y creatividad.

Para los que nos pasamos media vida buceando entre los videos de la Blogothèque, esta experiencia musical tiene más sentido que ninguna otra ofrecida hasta la fecha, puesto que en ella tiene cabida la proximidad física a los artistas, una ventana a la percepción del matiz y a la escucha atenta. Pero, ¿cómo se consigue ofrecer proximidad y cercanía en un evento masivo? Pues gracias a la adaptación al espacio.

La Funkhaus, situada en el este de Berlín, fue la sede de la radio de la RDA desde 1956 hasta 1990. Sus instalaciones son famosas mundialmente por su belleza y la calidad de su acústica. Se dice que el Saal 1 (sala 1) fue construido con un tiempo de reverberación de 2.9 y, como les pareció insuficiente, decidieron derribarlo y reconstruirlo de nuevo, consiguiendo una reverberación de 2.3. La verdad es que la elegancia y la acústica de ese lugar es inigualable.

Además de este espacio con una calidad sonora espectacular, la Funkhaus ofrece otra gran sala (Saal 2), 5 pequeños estudios (Hallway studios) y un main stage. Para la ocasión se decidió añadir un escenario exterior junto al río Spree (Forest stage). La mayor parte del tiempo, 8 de estos 9 escenarios ofrecían música simultáneamente. Tras cada una de las puertas se esconde una maravilla, ¿cómo elegir, entonces, qué ver y qué no ver? Sin lugar a dudas, con tantas variables sobre la mesa se da pie a una especie de juego cuántico que requiere, primero, la asunción de que no vas a poder verlo todo y, segundo, que aceptes ponerte en las manos de la organización para obtener el máximo disfrute de la experiencia.

Así que ponte cómodo. Aquí van los highlights de mi inolvidable experiencia en el P-E-O-P-L-E Festival:

COME IN

No parece haber mucha gente. Entro al recinto y me dan una pulsera con una tarjeta adosada en la que viene escrito el número 5. “Al número 5 le corresponden estos shows”, me dice la chica mientras me entrega un folio informativo. Por lo visto nuestro grupo tiene asignados 4 shows durante el sábado que discurren en distintos espacios desde las 2:00 pm hasta las 7:50 pm. Entre medio se ofrecerán conciertos en la zona abierta para entretenernos durante las esperas. Después del último show nos reuniremos todos, artistas y oyentes, en el escenario principal. El domingo sucederá algo parecido.

El escenario es idílico: el río Spree, banquitos y mesas de madera, foodtrucks, Berlín, verano.

Al poco la música empieza a sonar en el jardín. Es la desgarradora voz del jovencísimo Henning May (cantante de AnnenMayKantereit), que blande un pequeño ukelele. Canta con él Sam Amidon y le acompaña, cargando a cuestas un pequeño amplificador, Erlend Øye (Kings of Convenience). Poco a poco la gente se empieza a reunir a su alrededor. Palmas, baile. Cuando ya nos han congregado a casi todos, comienza el desfile: Henning y Erlend empiezan a caminar. Les seguimos. Nos están acompañado al más puro estilo Hare Krishna a la puerta de entrada: bienvenidos al PEOPLE Festival.

Dessner bros. con Luluc (Hallway studios, studio 5)

Sábado, 2:20 pm. “Vamos a improvisar algo”, nos cuenta Aaron Dessner. Le acompaña a la guitarra y al bajo su hermano Bryce. Desde luego, una declaración de principios: en este festival no hay nada agendado. Y menos mal, porque a lo que asistimos es a una demostración de virtuosismo musical, una preciosa carta de presentación para un primer concierto. La pieza fluye con una facilidad asombrosa, ganándose el favor del público, que contempla asombrado lo cerca que está de los músicos, en el mejor de los casos, a tan sólo un paso de ellos. Entonces llega el turno del dúo australiano Luluc, a quienes se suman los hermanos Dessner. La solista Zöe, aunque extremadamente nerviosa al principio, resulta ser todo un descubrimiento personal. Voz aterciopelada y lyrics interesantes. Destacan sus nuevas canciones ‘Emerald City‘ y ‘Wind‘.

S t a r g a z e y Cantus Domus con Gyða (Saal 1)

Sábado, 3:20 pm. S t a r g a z e, el colectivo de músicos de formación clásica liderado por André de Ridder, ofreció una pieza bastante sólida, pero quienes robaron el show fueron la violoncelista Gyða Valtysdottir, una de las gemelas de la banda Múm, junto al coro berlinés Cantus Domus, que se repartió entre los asistentes ofreciendo una experiencia sonora envolvente y emocionante.

Este coro de origen alemán empezó su colaboración con el festival de forma bastante tímida en su primera edición. Viendo el óptimo resultado de las actuaciones en que se les incluyó, se ha decidido catapultar su participación al lugar que se merece, incluyéndolo de forma espectacular en múltiples actuaciones. Con ello, no solo han conseguido dimensionar cualitativamente las intervenciones de múltiples artistas, sino que han conseguido el favor del público, ganándose un merecido puesto de honor entre solistas y bandas. Bravo.

“I remember you well, Michelberger hotel” (Saal 1)

Sábado, 5:45 pm. Entramos en el Saal 1, la más majestuosa de todas las salas: un círculo en el centro, gradas alrededor, luz mínima. El público se acomoda. Se hace el silencio. Puede sentirse que algo especial va a suceder. En el medio: Erlend Øye, Justin Vernon, Sam Amidon y Damien Rice. Erlend se levanta, y con su simpatía habitual, inaugura el “Man’s circle”, lo que ya empieza a ser una especie de tradición: juntar a los cantantes masculinos frente a un micrófono. En cuanto termina, Justin Vernon le agradece su presentación y anuncia: “Voy a cantar mi canción favorita de Johnny Cash”. Es ‘Unchained‘ y lo cierto es que, a pesar de no ser la primera vez que escuchamos a un Vernon apostando por una versión, sorprende descubrir lo inquietantemente bien que encajan su voz e interpretación con la canción. Sam se levanta, nervioso, y le toma el relevo. Se trata de la canción tradicional americana ‘Your Long Journey‘ compuesta por Rosa Lee y Doc Watson. Le sigue Damien, con ‘Trusty and True‘, una de las canciones más apreciadas de su último álbum, My Favourite Faded Fantasy.

Al terminar el círculo, Damien se queda en pie y anuncia la que será una de las mayores sorpresas del festival: “Aquí, con nosotros, Adam Cohen”.

Adam, hijo de Leonard Cohen, se levanta de entre el público, se acerca al micrófono y cuenta, con una voz escalofriantemente parecida a la de su padre, que al principio declinó la oferta de asistir al festival porque no tenía ningún proyecto para presentar, pero en el último momento surgió un nuevo proyecto en el que se dedicaría a editar las últimas grabaciones de su padre. “Esta semana hemos estado grabando en este estudio las canciones del álbum. Aquí tenéis una muestra”.

Puede sentirse la emoción en el aire. El público aplaude emocionado y se hace el silencio:

Listen to the butterfly, don’t listen to me,

recita esa voz profunda que ha enamorado a generaciones y generaciones de oyentes.

Listen to the butterfly, don’t listen to me,

y como un mantra, el verso empieza a repetirse. La voz, casi un susurro de ultratumba, más viva que nunca, nos eriza el vello y nos recuerda que esto sí, esto es un momento histórico o, si más no, una especie de invocación. Es difícil recordar en qué momento el silencio se convirtió en música, pero a ella, de repente, empezaron a sumar su canto todos los artistas allí presentes: Adam, Justin, Damien, Sam, Alexi Murdoch, Leslie Feist, The Staves, Luluc, Erlend y Mariam Wallentin.

El público se levanta y rompe en aplausos. Sin lugar a dudas, el momento más emotivo del festival.

Erlend Øye y Henning May (Forest stage)

Sábado, 7:00 pm. Este dúo noruego-alemán parecía una pareja de hecho durante el festival, puesto que aparecieron juntos en más de una ocasión. Durante los entre-shows al aire libre del sábado por la tarde, ofrecieron un espectáculo musical más distendido e informal, con canciones que hablaban directamente del público presente y que consiguieron arrancar risas y empatía. Más de uno se volvió a casa sabiendo quién era ese jovencillo con la voz rota.

De todo un poco (Saal 1)

Domingo, 2:00 pm. Este espectáculo fue uno de los que mezcló a más músicos en el escenario y quizá por ello no acabó de funcionar como unidad, aunque sí individualmente. Empezando con un multitudinario concierto de trompetas e instrumentos de viento metálicos liderado por CJ Camerieri, luego se dio paso a una colaboración con Shara Nova (My Brightest Diamond), Channy Leaneaagh (Poliça) y la actriz Helga Davis, que hicieron una demostración de poder femenino proyectando sus voces con fuerza pero con una sencilla puesta en escena. Culminaron la actuación Justin Vernon con todo el conjunto musical y una pequeña colaboración de Leslie Feist.

Bonny Light Horsemen (Forest stage)

Domingo, 3:30 pm. Poco sabrás de esta banda, y es que apenas llevan hechas cuatro actuaciones de cara al público. Lo que sí conocerás, con mayor probabilidad, es a sus componentes: Anaïs Mitchell, reconocida por su atrevida (y genial) opera-folk Hadestown; Josh D. Kaufman, músico y productor conocido por sus colaboraciones con Bob Weir, The National, Josh Ritter, Craig Finn, Dawn Landes o The Hold Steady; y Eric D. Johnson, cantante y compositor folk-rock de la banda Fruit Bats. A pesar de su poco recorrido juntos parecían un trío consolidado. A destacar: su estilo, con dos pies en el bluegrass, y la maravillosa voz de Mitchell.

‘Your Astronaut’ y la apuesta por la danza (Saal 1)

Domingo, 4:30 pm. Otro de los puntos fuertes de este festival fue la interpretación que hizo Damien Rice junto a la cantante sueca Mariam Wallentin de la canción ‘Your Astronaut‘. “I can be your brother / help you to hide / blow away your cover / pull the thorns from your side / I can be your astronaut / if you want some space / or I can hold mirrors / right in your face”, nos cuenta Damien en esta delicada canción, construida con las armónicas voces del coro Cantus Domus. En el medio del escenario, dos bailarines del conjunto Holly Blakey interpretan, cubiertos de una tela semitransparente, ese espejo de la amistad del que habla Damien. ¿El resultado? Una canción sencilla elevada a otra categoría. Bravo.

Pero antes de esta potente interpretación, pudimos ver en el escenario una serie de espectáculos que eligieron la danza, ya sea para complementar la puesta en escena o para darle absoluto protagonismo.

Desde la interpretación de la música de Awir Leon por el conjunto Holly Blakey, con un baile que manifestaba la tiranía de los roles de género, la violencia y la comunicación (impresionante energía y puesta en escena), hasta la propuesta más modesta pero no menos delicada de Moira Cappilli, la bailarina que interpretó la canción napolitana ‘Era Di Maggio‘ cantada por Massimo de Vita, un músico invidente amigo de Damien al que éste subió al escenario de improviso.

Big Red Machine (Forest stage)

Domingo, 5:30 pm. Uno de los momentos más esperados por el séquito de fans de Justin Vernon y de The National era el concierto de esta banda formada a partir de la edición anterior del festival. Aunque no todos pudimos asistir al concierto completo – desde luego fue una pena perderse la versión a piano de ‘Skinny Love‘–, lo que pude cazar fue una muestra de talento indiscutible, quizá una apuesta un tanto críptica, pero muy en la línea de lo que tanto el líder de Bon Iver como Aaron Dessner llevan haciendo hasta la fecha, solo que combinando sus maravillosos talentos.

Damien Rice (Forest stage)

Domingo, 6:30 pm. Si bien a Big Red Machine se le puede atribuir el mérito de idear un festival como este y de conseguir convocar a un numeroso grupo de fans y melómanos, a Damien Rice se le puede atribuir el mérito de conseguir que todos los asistentes al festival canten a pleno pulmón con él. Sin dejar de lado las canciones que mejor conocemos de anteriores álbumes como 9 o O, apostó también por canciones de su último álbum y por canciones inéditas que el público disfrutó sobremanera.

Tim Fain y Drone Choir: espacio y sonido, tu voz (Saal 2)

Una de las mejores cosas de este festival es que, abandonando el control de tu experiencia, te expones a cosas a las que de otro modo quizá no te expondrías.

Domingo, 7:40 pm. Entramos en la sala un poco tarde porque hemos estado viendo un open concert en el Forest stage. Todo el mundo está de pie, en silencio. Solo algunas personas, que se desplazan poco a poco entre nosotros, van emitiendo intermitentemente una especie de sonido armónico. Estas partículas humanas entre la multitud a veces se quedan estáticas, a veces se desplazan, pero nunca cambian su tono. La multitud de asistentes nos vamos separando para dejarles paso y parecemos acompasarnos secretamente al tono intermitente de cada una de esas partículas. Estas personas, cada vez más activas, empiezan a incitarnos a emitir nuestro propio sonido. Y al sonido de todas ellas, nos sumamos todos nosotros, cada uno con su voz, su tiempo, contribuimos a un sonido común, un sonido sostenido que crece y crece hasta que… ¡pam! Desaparece. Se hace el silencio y todos aplaudimos. En unos pocos minutos he aprendido más sobre el espacio y el sonido de lo que pensaba que fuese posible. El modo en que distribuimos nuestros cuerpos en el espacio, la colectividad, el colaboracionismo, encontrar la propia voz, entender el tiempo en el espacio, entender el movimiento en el espacio, el sonido como puente entre el tiempo y el espacio. Cada uno sacó sus propias conclusiones, pero a mí esta experiencia me dejó anonadada.

Poco conocía de Tim Fain hasta la llegada del festival, pero lo cierto es que el famoso violinista sorprendió a quienes todavía no le conocíamos, con maestría, emoción y virtuosismo. Empezó con una de las piezas en las que había trabajado con el compositor cinematográfico Philip Glass, y continuó con otras dos piezas intensísimas: un auténtico viaje emocional en primera línea.

Silent disco y sensibilidad (Hallway studios)

Domingo, 9:00 pm. A última hora del domingo nos lanzaron a los Hallway studios. La cosa iba con retraso, así que, con tal de agilizar la entrada a estos micro-espectáculos, era fácil entrar a salas que tuviesen algún concierto en marcha (algo que no había sucedido hasta el momento). A nosotros nos tocó uno de los estudios más pequeños y, tras un raro espectáculo de música funk (raro porque todos queríamos bailar pero sin embargo estábamos sentados) hizo su aparición Har Mar Superstar, un tipo bajito y simpático con aspecto de Super Mario, acompañado de Jenny Diane Lewis. La propuesta nos pareció un tanto bizarra, pero todos nos lanzamos sin dudarlo: chicos, vamos a bailar, y vamos a hacerlo sin música. No sólo había que bailar, cada uno a su manera, en silencio total, si no que cada vez había que hacerlo con más intensidad. Los que se atrevieron, salieron al centro de la “pista” y se marcaron un solo con muchísima clase mientras los demás miraban. Tras este ejercicio de valentía, mientras seguíamos bailando, Har Mar hizo que nos agacháramos “al ritmo de la música” y al levantarnos nos hacía gritar a pleno pulmón. A pesar de lo peculiar, todos lo pasamos genial, nos echamos unas risas y liberamos la adrenalina acumulada tras tantas emociones.

A continuación vino el turno de Jenny Diane Lewis, quien improvisó su actuación y nos deleitó con tres canciones al piano que todavía no han sido editadas, y que derrochaban sensibilidad.

El show finalizó con una aparición por la puerta trasera del excéntrico Macaulay Culkin que bromeó cogiendo el micrófono, diciendo cuatro tonterías y volviendo a desaparecer por donde vino. Privilegios de la fama, el poder andar entre bastidores.

MAIN STAGE

El main stage era el punto de encuentro colectivo para artistas y público al final del día. Aunque quizá era un momento esperado por muchos, lo cierto es que en ambos días resultó una especie de orgía artística difícil de catalogar. Sí, el colaboracionismo puede funcionar, y juntarnos a todos al final del día también, pero al renunciar a su planteamiento intimista, la performance parecía perder el sentido por no encajar muy bien con lo propuesto hasta el momento.

De este modo se formulaba la clausura del “festival de día”, que daba pie al “festival de noche” e introducía a todas las bandas que durante el día no habían participado en el festival, más orientadas hacia la electrónica.

EXTRAS: SECUESTROS EXPRESS

Hemos hablado de conciertos íntimos en escenarios, pero hay un tipo de concierto íntimo todavía más íntimo que los demás: el one-to-one. Imagina que te paseas tranquilamente por el PEOPLE festival y de repente te eligen de entre la multitud, te vendan los ojos, te llevan a una sala y, al liberarte del vendaje, aparece ante ti… qué se yo, Zach Condon, Lisa Hannigan, Anaïs Mitchell… no importa. Lo que importa es que va a ser un one-to-one, un concierto absolutamente privado. Pues bien, no hace falta que te lo imagines. Estas cosas realmente pasan durante el PEOPLE Festival.

OPEN CONCERTS

Entre conciertos una de las mejores opciones era, o bien alimentarse gracias a los múltiples foodtrucks del recinto, o bien estirarse en la hierba escuchando uno de los conciertos del Forest Stage. Allí pudimos escuchar desde las bandas ya mencionadas (Bonny Light Horseman, Big Red Machine,…) hasta artistas como Zach Condon o Lisa Hannigan.

PEOPLE PIANO

En el exterior del recinto, con vistas al Spree, había situado un piano. Quien quisiera –artista o asistente– podía sentarse allí y tocar o cantar lo que le apeteciese.

Ese solía ser el punto de encuentro nocturno para los que quería montar otro tipo de festival distinto al que sucedía en el main stage.

VINCENT MOON, el bailarín de la imagen

Uno de mis descubrimientos personales de esta edición fue ver a Vincent Moon, ejecutor e ideólogo de los vídeos de la Blogothèque, en plena acción. Su compromiso con lo que sucede frente a la cámara es tal que parece integrarse con el espectáculo y fluir por el espacio como si se tratase de un bailarín que conoce íntimamente cada una de las piezas que están sonando. Un espectáculo digno de ver.

Y PARA TERMINAR

Hay que recordar que este festival es de corto recorrido y que esta es su segunda edición. Es interesante echar la vista atrás al primer año y ver cómo no solo han se han incluido más y mejores servicios (desde los foodtrucks que ofrecen variedad de comida, hasta los lavabos o el método de pago con pulsera) sino que se ha catapultado a otro nivel la organización y el concepto del festival. Se empieza a consolidar una dinámica innovadora y rompedora que permite la existencia de este otro tipo de festivales menos masivos y más intimistas.

Sin embargo, hay algunas cosas a mejorar y la principal es la eliminación de los tiempos de espera. Si bien se ha adaptado la estructura de los shows para evitar aglomeraciones, todavía asistimos a algunos retrasos al final del día que desvirtúan la experiencia. De todos modos, este año se ha ofrecido una solución interesante a este problema, pues se ha instalado el Forest stage, a disposición para los que esperan para entrar a las salas o los que no tienen mucho que hacer entre conciertos.

Otra de las mejoras este año es la variedad de artistas que se pueden ver durante el festival. El año pasado, si no recuerdo mal, asistí a cuatro conciertos de Lisa Hannigan, no vi ni siquiera a Damien Rice, y me perdí a la mitad de los artistas. Este año, sin embargo, la distribución de los conciertos ha sido la ideal: he podido escuchar a casi todos y, aunque siempre se lamenta no haber podido escuchar esto o lo otro, los conciertos a los que asistí fueron de una calidad inmejorable.

Eso sí, a quienes no les guste confiar en el hado, este festival no les gustará, ya que asume la falta de control del espectador frente a la experiencia. Sin embargo, a los que les guste estar abiertos a nuevas propuestas, experimentaciones y confíen en el poder creativo de la variedad de artistas asistentes, disfrutarán como niños con el mejor caramelo del mundo.

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