14/08/2018

Crónica de la 32º edición del festival de A Coruña, este año protagonizado por artistas femeninas.

Cuenta la historia, quizá la leyenda, que nunca hubo pirata más audaz que Sir Francis Drake. Azote de la armada española durante el siglo XVI, llegó a las costas gallegas dispuesto a arrasar y lo hubiera logrado de no ser por ella. Por el primer estandarte femenino de los muchos que tendría que dar A Coruña a la historia: María Pita, quien a la muerte de su marido a manos de las tropas británicas robó una bandera de los invasores y con ella mató a un alférez de tremendo estacazo en el pecho, causando la retirada de las tropas y la salvación de su ciudad.

Mujer, guerrera, líder, furia, amazona doméstica. La que alzó la voz diciendo: “Quen teña honra, que me siga”. Y la siguieron, vaya que si la siguieron, y de ahí esta licencia histórica que viene plenamente justificada como introducción a un festival de música donde ellas han tenido si no todo, un porcentaje abrumador del protagonismo. Un Festival Noroeste Estrella Galicia con cartel de acento local e internacional, de propuestas populares y delicadas, contemporáneas y consagradas, gratuitas y abiertas a todos y todas. Que ha llenado en su 32ª edición tanto calles como teatros y edificios históricos con tremenda alegría compartida. Dicen que es fácil adorar A Coruña en agosto, a sus dioses paganos encarnados en licor café y zamburiñas, y en esta ocasión también en más de 80 artistas. Como alzaron unos de los grandes triunfadores de esta edición, en homenaje a Ovidi Montllor, un pleno canto a la vida: “què fort que bufa el vent aquesta nit suau…”.

Lo más respetuoso: Rocío Márquez

Vaya este premio ex-aequo al silencio maravillosamente insólito del que hace gala el público gallego en los recintos más íntimos, y al concierto que ofreció la cantaora Rocío Márquez acompañada por el guitarrista Miguel Ángel Cortés. Presentando su más reciente Firmamento (2017) fue tan maestra al cantar como explicando a los neófitos por qué las bulerías son jolgorio y las seguiriyas tragedia, desgranando a Pepe Marchena como aquel que declamaba a principios del siglo pasado –¿hubiera sido trapero hoy en día?– o al cerrar con un cuplé por bulerías. Una delicada fortaleza que atraviesa estilos con la naturalidad mestiza que es, o debería ser siempre, el flamenco.

El estado de forma más envidiable: Neneh Cherry

Sale al escenario como bloguera del hip-hop, de aquellas por las cuales cualquier marca mataría por vestir. Arde en ella la energía de esa veinteañera que empieza a grabarse en un estudio doméstico, pero en cuanto alza la voz se palpa que aquí hay poso, experiencia y ya muchas etapas vividas: Neneh Cherry hace mucho que dejó de ser la cantante de r’n’b y pop de los 90 para experimentar con bandas como Massive Attack y con una formación que hoy se viste tanto de loops como de un arpa, de samples y piano. Con Blank Project como último trabajo publicado en 2014, el público del Teatro Colón tuvo la suerte de ser “el tercero en todo el mundo” en escuchar en vivo las canciones que formarán parte de su nuevo álbum. Spoken word, electrónica y compromiso social –potentísimo su discurso sobre el aborto– para uno de los conciertos más sorprendentes.

Lo más trascendental: James Holden & The Animal Spirits

Venía a presentar su disco “más ambicioso, pero también el más accesible” en sus propias palabras: ambición en la instrumentación, accesibilidad en aquello que apela a lo atávico, a la víscera. Imposible no salir removido del Teatro Rosalía Castro –otra gallega avanzada a su tiempo– con el concierto de James Holden & The Animal Spirits, donde lo electrónico se citó con el folk, los cables con el barro. Acompañado por una banda donde las percusiones más orgánicas conviven con los loops, dio una clase magistral para aquellos que todavía hoy piensen que la electrónica queda lejos del corazón.

Lo más pasado por agua: Nathy Peluso y Christina Rosenvinge

Ay las, las bondades de pasar la ola de calor en una ciudad atlántica como A Coruña se transforman rápidamente en males cuando la tormenta acecha. Y el miércoles arreció sobre la ciudad, causando la cancelación de varios de sus conciertos al aire libre. Y si bien la dama del fado Dona Rosa pudo reubicarse a cubierto, muchos de los conciertos en plazas tuvieron que suspenderse. Sirvió como barómetro en redes para comprobar cuáles fueron los más llorados en ausencia, uno de una consagrada y otro de una sensación de la temporada: el de Christina Rosenvinge y el de Nathy Peluso. Pero como se dice en Galicia, afortunadamente, “nunca choveu que non escampase”

Lo más callejero: As Matinais Do Noroeste

¿Para qué empezar a escuchar música –y seamos honestas, a comer y a beber– por la noche cuando se puede empezar al mediodía? Pues con esta filosofía, a partir del jueves el Noroeste se lanzó al acoso y derribo de las calles con sus Matinais, una propuesta que desde hace unas ediciones viene a completar un nuevo formato del festival que anteriormente se celebraba nada más en la playa de Riazor, lo que no era poco. Con estas sesiones y durante tres días escuchamos el folk de proximidad de FAB, el descaro garajero de Oh! Ayatollah y el post hardcore de alma melódica de Malraio (en temidos solapes con Tulsa, Los Nastys o Neleonard entre muchos otros).

Lo más mágico: Maria Arnal i Marcel Bagés

Una búsqueda rápida de los nombres de estos artistas sumados al del festival dejaría clara la palabra más usada para definir su concierto en Noroeste: “magia”. Los envidiosos dirán que es porque el concepto aparece en su himno ‘Tú que vienes a rondarme‘ (canción del año 2017 para Indiespot). Las que tuvimos la suerte de estar allí sabemos que es porque ubicarles en el castelo do San Antón fue uno de los grandes aciertos de la organización: las murallas de la fortificación, que dan paso a un pequeño claustro tapizado de césped en el que se sentó el público enmudecido, fueron el mejor marco posible para una música que habla de memoria y de historia, sí, pero también de amor y del poder “que té la gent” cuando nos unimos. El año pasado la prensa definió el Noroeste como el “festival total” por aquello de la gastronomía, la música y el ambiente: este año la ‘Canción total‘ fue aquella en la que en el césped coreamos “esta civili – li – li – li – li” y en las murallas “miedo ensordecedor y aburrimiento”. Magia, sí.

Lo más cercano: el Mercado de la Cosecha

¿Hay algo mejor que la música en vivo? Sí, disfrutarla con una sidra en la mano, un helado como hecho en casa o probando un embutido vegano de calabaza (sí, existe). Y esa fue la propuesta del Mercado de la Cosecha, donde los productores locales, tanto de comida como de música, se encontraron para las jornadas más familiares y diurnas. Aunque el domingo la choiva volvió a aparecer causando que se reprogramaran a cubierto los conciertos de Ángel Stanich, La Plata, Aldaolado y Morgan, el sábado nos dio para tumbarnos al césped con MäBU, la dulzura folk de Budiño y Luiz Caracol y La Reina Pez, Vega. La proximidad siempre es mejor, tanto en el arte como en el estómago.

Los más soleados: Belle & Sebastian

El sol es un estado de ánimo. Y con el traslado de los conciertos a la fiesta grande que se daría en la playa de Riazor, y el atardecer bañado con la psicodelia de Temples, quedó claro que no se pondría el sábado sobre A Coruña mientras hubiera un himno pop que corear. De ello se encargaron los héroes del indie noventero Belle & Sebastian y un Stuart Murdoch que bailó casi más que cantó, y que con el permiso del galleguiño de adopción James Rhodes debería convertirse en el nuevo embajador de Galicia. La banda de Glasgow venía a presentar la tercera entrega de How To Solve Our Human Problems y honestamente, parece difícil pensar que el pop no sea una de las mejores soluciones. Con invasión de escenario primero, y correteos por la zona de prensa hasta subirse a una valla para dirigirse el público después, la sonrisa fue dada y compartida. “Another sunny night” para los recuerdos – refugio en días grises.

Lo más cumbiogallego: Esteban y Manuel

¿Es posible que Galicia sea tropical? Si en turismo se ha acuñado el concepto #Galifornia, este dúo ha venido para demostrar que la música también puede plantar palmeras en el Atlántico. La plaza José Sellier Loup era prácticamente impracticable, valga el juego de palabras, desde las calles adyacentes: y es que la invitación a bajar culo hasta el suelo para honrar al cumbión hedonista a la hora del vermú era irrechazable. Gastando tanto autotune como camisa imposible, “el de rojo y el de azul” hicieron del humor algo muy serio: al baile se le respeta. No sabemos si se convertirán en “la banda sonora de tu día a día”, pero la del fiebre del sábado mediodía lo fue incontestablemente.

Lo más honesto: Núria Graham

En su casa, El Segell del Primavera, dicen que una constante en el discurso de la joven catalana de ascendencia irlandesa Núria Graham es su “intimidad embriagadora”, y que la suerte es poder vivirla de cerca. Esa es la que tuvimos las que la vimos en la rúa Torreiro, a pie de calle, sintiendo cada zarpazo en su guitarra y viendo nacer en su garganta cada inflexión de voz. Su honestidad es tal que no sólo nutre su música, sobria y cálida a la vez, sino que le hace reconocer entre risas que aquella mañana había fallado a la llamada del despertador o que envidiaba al público asistente por poder gozar del callejeo y del ambiente del festival. Cada vez que la vemos –y si es así de cerca, mucho más– nos enamoramos de un nuevo gesto.

Los más cumplidores: The Pretenders

Vinieron, vieron… pero no vencieron. Con suerte, convencieron y ya. Y es como gran reclamo del rock intergeneracional y cierre del festival en Riazor, se hubiera esperado más que una hora escasa de concierto simplemente cumplidora por parte de The Pretenders. Si bien es cierto que la figura magnética de Chrissie Hynde no ha perdido potencia con los años y sigue siendo un referente del empoderamiento femenino a las guitarras –su camiseta con eslógan de perro lazarillo “Don’t pet me, I’m working” nos dejó boquiabiertas– , a las 30.000 almas congregadas a la orilla del mar se les quedó corto. En la cuenta del haber, un himno como ‘I’ll Stand By You‘ que afrontó con un inicio estremecedor a capella y un repertorio incontestable forjado desde los 80: pero si bien es cierto que una banda es más que la suma de sus partes, dejarse en el tintero una tan mítica como ‘Don’t Get Me Wrong‘ fue un auténtico “coitus interruptus”. De todos modos, y parafraseando ese enorme éxito… “don’t get us wrong”. En el Noroeste el corazón dice que sí, el cerebro dice que sí, y dice que nunca acabará: “canto a la vida, sí”.

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Foto. Festival Noroeste   Conciertos. Festivales
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