21/06/2018

Repasamos 25 conciertos de la 25º edición del festival barcelonés.

JUEVES

Kode9 x Kōji Morimoto AV

El AV show de Kode9 x Kōji Morimoto era la primera cita importante del Sónar de día, y no defraudó. Steve Goodman (Kode9), el visionario fundador del sello londinense Hyperdub, lleva unos meses empeñado en este proyecto, inspirado por los de su amigo Nick Dwyer en Red Bull Music Academy y su compañera de sello Fatima Al-Qadiri, en el que revisan y rinden homenaje a la mejor chip music de la época dorada de los videojuegos japoneses en los 80 y los 90 —en noviembre del año pasado, Kode9 publicó un álbum-recopilación con lo mejor de este género, llamado Diggin in the Carts–. El show del pasado jueves, que ya había presentado en Los Ángeles y en Tokyo hace unos meses, se centró en los sonidos de aquel trabajo, pero fueron mezclados y energizados al estilo que es marca de la casa de Kode9, con drum&bass, grime y tintes de dubstep. En las tres enormes pantallas que rodeaban a Goodman, controladas por el artista visual Komx-om-Pax, se reproducían imágenes del legendario animador Kōji Moriomoto, superpuestas a otras de videojuegos míticos como Streets of Rage y The Revenge of Shinobi. Todo ello contribuyó a lograr el efecto deseado: transportar al público al oscuro imaginario del cyberpunk noventero, con su característico amor por el sci-fi anime, la velocidad, las luces de neón, los ciborgs, los píxeles y las calles desiertas de la Tokyo del próximo milenio. (Luca Dobry)

Sinjin Hawke & Zora Jones (Fractal Fantasy) – AV Live

Meterse en una sala oscura y mal ventilada a escuchar electrónica experimental a las cinco de la tarde de un día soleado y caluroso requiere cierto esfuerzo, pero esta power couple lo merecía. Su cita en el Sónar era la culminación de su celebrado tour mundial en la segunda mitad de 2017, en la que pincharon mano a mano los trabajos publicados bajo su sello Fractal Fantasy. Hawke y Jones son dos virtuosos de la electrónica contemporánea, tanto como productores que como DJs, y así lo demostraron en su show: su set navegó y reinterpretó la última década de dance, house, dubstep y  hip-hop, logrando una mezcla ecléctica pero llena de sentido, imposible de encajar en un género concreto. Una cámara kinética captaba los movimientos de la pareja mientras bailaba, y estos se reproducían en imágenes digitalizadas que iban cambiando de tratamiento y que respondían a las variaciones de la música, sobre una pantalla gigante al fondo del escenario. Los cuerpos de sus personas físicas apenas eran perceptibles, y esto lograba que el show transportara al público a las candentes cuestiones filosóficas sobre si importan más nuestros discursos digitales que nuestras acciones en el mundo “real”, o si nuestro cuerpo de carne y hueso sigue prevaleciendo sobre nuestra identidad compuesta de data. Seguramente el show fue más interesante por su cualidad audiovisual que por lo puramente musical, aunque también esto debió ser un efecto calculado: la era de la hiperrealidad no tiene  descanso, nada es linear sino que reina el caos y la velocidad, y las categorías rígidas del pasado se han fundido para dar paso a una cultura líquida e irreverente. Cuesta decir que el show tuviera ese feeling tan futurista que se le presume, sobre todo teniendo en cuenta que Kraftwerk ya hacía algo similar con The Man Machine hace treinta años, pero sin duda fue un perfecto encaje para un festival como Sónar, con su preferencia por el multimedia y la simbiosis entre lo digital y lo analógico. (Luca Dobry)

Little Simz

Es curioso que habiendo fallado Wiley, no ha habido este año en Sónar ningún MC de grime, que es sin duda el género de rap predominante en Reino Unido ahora mismo. Sin embargo mujeres como IAMDDB y la Simz se han encargado de demostrar el estado saludable de la cultura hip hop en Inglaterra, aun con estilos que no representan lo más popular de sus lares en el presente. El de Little Simz de hecho era el primer concierto de hip hop de este Sónar, sobre el escenario principal de la edición diurna, por lo que Simz sabía que no bastaba con cumplir. Salió con una banda entera (batería, teclista y un DJ que también actuaba como hypeman) y una energía tremenda, brincando de un lado a otro del escenario y demandando al público que se pusiera a su nivel. Su energía era tal que bien podría haber salido sola al escenario, porque se lo hubiera comido igual, pero la banda se robó buena parte del mérito de este conciertazo: tremendamente polifacética, con cambios de ritmo frenéticos al mejor estilo jazz, a momentos tuvieron al público del village botando solo a merced de su ritmo. Se podría decir que este concierto fue una reivindicación del hip hop más orgánico, donde lo musical claramente predomina sobre lo estético, volviendo a los roots del storytelling y el boombap—aunque la última canción que interpretaron, inédita, probablemente fue la que más entusiasmó al público, y tenía más sabor al trap de Princess Nokia que al rap de Erykah Badu. A pesar de sus escasos 24 años, la capacidad de Simz para rapear a plena voz y en perfecta coordinación con una banda acústica, así como su estelar aparición a la noche siguiente en el concierto de Gorillaz para interpretar ‘Garage Palace‘, demostró que esta chica es toda una profesional con una carrera que se presume a largo termino por delante. (Luca Dobry)

Yaeji

En su primera gira europea, la pequeña y risueña Yaeji conquistó desde el SonarVillage desde los primeros segundos de ‘Funk That’ de Nickodemus & The Illustrious Blacks, canción que escogió para irrumpir discretamente en la cabina de la izquierda del escenario. Y una vez nos tuvo dentro de su espiral house llegaría rápidamente ‘Guap’, su personal versión del tema de Mall Grab que lleva el mismo título, sobre la cual frasearía mediante un micrófono con su sugerente estilo a medio camino entre una rapera y una cantante pop. En ese sentido, la artista cumplió a la perfección lo que se esperaba de ella, emergiendo como una radiante selectora de hits listos para el baile (DJ Haus ft. DJ Octoups & Steve Murphy, 95Bones, Joris Voorn, Robert Hood & Claude Young), al mismo tiempo que desempeñó su rol de artista total arrojando de vez en cuando temas propios de sus dos EPs o sencillos como ‘Last Breath’ mediante la técnica spoken word, tanto en inglés como en koreano. No faltaron sus recientes singles más conocidos como ‘Raingurl’ y ‘Drink I’m Sipping On’, aunque no así su cover de ‘Passionfruit’ de Drake, pero sí hubo tiempo para soprender con ‘Como Yo’ del colectivo de música afroperuana Kovalima, quizá con el ánimo de meterse en el bolsillo al público latiño-español. Yaeji fue el apertivio perfecto de la primera jornada, con una ubicación acertada para un set de sus características durante el día, y el buen rollo durante su actuación fue unánime. También el aplauso del público –incluso de aquellos que la acababan de descubrir– a esta joven diva del house con estilos y formas propias del siglo XXI. (Max Martí)

George Fitzgerald

Según qué conciertos y a qué horas, el aspecto y la vibra del SonarVillage en el Sónar de Día parece encajar solo para sesiones verbeneras con tracas de hits evidentes. Nada más bullicioso que un jueves –el día del estreno– a las 20h de la tarde. Con la unión de los festivaleros que llevan ya encima las primeras horas de vuelo, con los locales de Barcelona que por fin han podido escaparse de las obligaciones a por la primera visita relámpago al césped de Fira de Barcelona. Una propuesta de live como la de George Fitzgerald, con un disco como el recién publicado All That Must Be en el que el contoneo en la emotrónica oscura y los aires tribales al más puro estilo Bonobo se han consolidado, las tenía todas para rascar un empate en ese campo. Y como las grandes hazañas, luchando y creyendo en lo que hacía, Fitzgerald consiguió salir airoso. Todo ello pese a un arranque que no salió como se esperaba a pesar de la alineación con ‘Two Moons Under‘ y ‘Roll It Out‘ –esta con vocales en directo–, que quedaron un poco empequeñecidas a pesar de los esmeros de la banda. Todo cambió con la visita inesperada de una cover de ‘Emerald Rush‘ de Jon Hopkins (qué poco habitual y qué sincero es versionar a coetáneos) y el rescate de una ‘Full Circle‘ final, que sí fue compartida en contención hasta la emoción conjunta final. No fue todo lo bonito que esperábamos, pero lo disfrutamos más de lo que pintaba. (Jordi Isern)

VIERNES

Liberato

Entretiene enormemente comprobar que, en pleno 2018, todavía funcionan los trucos de siempre si están formulados con gracia y empaquetados con destreza. El caso de Liberato es de libro: un chaval de Nápoles que no desvela su identidad empieza a colgar vídeos en Youtube que narran historias visuales del día a día con una banda sonora que toma algunos elementos prestados del trap y otros de la electrónica pop millennial de Flume y Odesza. ¿Cuál es el gancho? Que canta en napolitano. Y el resultado es que, casi sin comerlo ni beberlo, sus canciones (solo seis hasta el momento) acumulan millones de escuchas y views, que el tipo se ha convertido en una leyenda local y que en el primer concierto que da, gratis en Milán hace unos días, se plantan 30.000 personas. Su concierto en el Sónar era apenas el cuarto de su trayectoria y escenificó todo lo bueno y malo de la propuesta de Liberato: ni su puesta en escena (un cantante y dos acompañantes, todos encapuchados) ni su propuesta sonora es para nada original, y sin embargo logran convencer (una gran parte de la hinchada, italiana, ya llegaba convencida de antemano) estirando sus seis canciones con introducciones, crescendos e intervalos muy efectivos y gracias a su muy solvente frontman, a Liberato himself. Lo rocías todo con un pelín de épica bien manejada y buen marketing y tienes la certeza de que, si cantaran en inglés, podrían estar en un escenario principal de Coachella sin problema alguno. (Aleix Ibars)

Pedro LaDroga

El XS (Sónar de día) es la pescadería del Sónar. Allí todo fresco. Y lo que más: Pedro LaDroga. Da igual el tiempo que pase o que sea uno de los abuelos de esto: no ha habido largo que, hasta la fecha, disocie la palabra futuro de su material. Formateando (2018), su última referencia, no es excepción. LaDroga, “dando formato” o inventándolo, combina trap Atlanta, R&B, ruidismo y mil ideas locas de sampleados para arrojar un espectáculo tenso y tremendamente preciso: entremezcla material –mérito que todavía sepa dónde guarda los mp3– de forma comprensible (no todo son bases disruptivas), lo canta todo todito y además, tipo agradecido, ensalza una y otra vez la entrega del público. El productor salió con mono de preso y hacia el final de la actuación incluso rapeó con una Kitty enorme detrás que repartía rosas: su universo, inquietante en sus celebrados clips, también inunda la realidad en directo. En la vida real, eso sí, de momento es menos popular que en Internet; le tocó lidiar con Rosalía. Ella acumulaba público una hora antes de su bolo. (Yeray S. Iborra)

Rosalía

Se recuerdan pocas colas (y ninguna avalancha) parecidas en el Sónar antes de la actuación de un artista nacional como las que se vivieron el viernes antes del concierto de Rosalía, pero desde su misma confirmación en el cartel, la antes-cantaora-hoy-estrella-del-pop estaba destinada a entrar por la puerta grande del festival barcelonés. Con el hype por las nubes ante una actuación que llevaba meses anunciándose como icónica, la de Sant Esteve Ses Rovires había ensayado durante semanas para presentarse en sociedad por todo lo alto bajo un nuevo estatus artístico y estilístico, arropada esta vez por bailarines, palmeros, coristas y Pablo Díaz-Reixa aka El Guincho (productor del que será el nuevo disco de la catalana, El Mal Querer), quien ejerció de director de orquesta desde una tarima a su espalda. “El querer te va a llegar finalmente, sea buena, o malamente”, pronunció a modo de introducción antes de dar paso a la única canción del trabajo presentada hasta la fecha, el irresistible hit ‘Malamente’. Pese a que tuvo que lidiar con problemas de sonido y cambios de micro que ensombrecieron los primeros temas, Rosalía cogió el toro por los cuernos y milimetró cada coreografía, cada palma y cada cante para mostrar la mejor versión de sí misma, desplegando canciones que pese a que no renuncian a la influencia flamenca tienen como denominador común la sonoridad urbana y el uso de recursos electrónicos modernos, entre los que incluso tuvo protagonismo el atronador tubo de escape de una moto. Por momentos reconvertida en una especie de Beyoncé española, habrá que ver cómo ha cuajado en el estudio la exuberante mezcla de ideas que presentó en este complejo show, donde convivieron desde una base extraída de ‘Life Round Here’ de James Blake hasta un pasaje que versionaba en castellano el ‘Cry Me A River’ de Justin Timberlake, pasando por elementos trap, africanos y latinos. Cabe esperar que tal pastiche de influencias no le hagan perder el norte, ya que aunque demasiado joven aún para la consagración, nadie puede ya poner en duda que estamos ante una de las figuras más excitantes de la música popular de nuestro país de los últimos tiempos. (Max Martí)

@rosalia.vt en plan #Beyoncé en el #sonar2018 #malamente

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Maikel Delacalle

No sabemos cuánto le queda a Maikel Delacalle en una plaza como la del XS, recogida, para solo unos pocos. Sus beats, puro latin abarcable, cuando no baladas directamente pop (‘Me atrevo‘), y sus pasos industriales (acaba de fichar por Universal) le aseguran pistas más grandes en el futuro. En Sónar de Día tuvo la oportunidad de demostrar que, si en algún momento llegan los fuegos artificiales a sus actuaciones, él siempre fue un MC capaz de defender sus temas –en vivo todavía más decantados por el aire caribeño romanticón, en detrimento del hip hop– con el público a unos pocos metros. Sin más floritura que la segunda voz de Aitor Jiménez, las mezclas de Deejay Dario y la oportuna aparición de nuestro otro latin lover del downtempo, Kaydy Cain, el joven tinerfeño demostró tener material para pegar en el mercado global. Por ello Rosalía no era la única del festival barcelonés a la que Balvin tiene en su punto de mira. Si Delacalle puso a perrear a los sónars ya en sábado (todos con el cuerpo una pizca machado), qué hará con un target más propio; podrán comprobarlo en el festival Fuego, donde compartirá cartel con otro peso pesado de los sonidos urbanos latinos, Bad Bunny. Asalto al trono. (Yeray S. Iborra)

Gorillaz

Oficialmente, esta era la primera visita de Gorillaz a Barcelona, ya con casi dos décadas de vida como grupo y cinco discos publicados (más uno, The Now Now, de salida inminente). Y eso era sin duda motivo de celebración, aunque lo que hoy se entiende como Gorillaz no es lo mismo que en 2001, cuando el grupo virtual creado por Damon Albarn y Jamie Hewlett irrumpió en escena para fascinación de muchos. Lo malo de haber tenido que esperar casi 20 años para ver a Gorillaz en la ciudad ha hecho que lo que nos haya llegado sea una versión mucho más humana y real de la banda. O, lo que es lo mismo, Gorillaz en directo ahora mismo son Damon Albarn y (muchos) amigos. Él, entregadísimo, abandera un espectáculo que solo se diferencia de un concierto de Blur o de su proyecto en solitario por los músicos que le acompañan y las canciones que interpreta. Y si bien con ello perdemos ese misterio y magia digital que siempre venía ligada al mundo Gorillaz, también ganamos un show completísimo, propulsado por un Albarn que se pasa medio concierto entre el público, que se permite la licencia de arrancar su concierto con la última canción de su primer disco (la arrolladora ‘M1 A1’) y que en la hora y media posterior entrega un generoso espectáculo que aborda los hits (celebradísima ‘On Melancholy Hill’, ‘Feel Good Inc’ con la colaboración de De La Soul, ‘Andromeda’ o ‘Clint Eastwood’), presenta nuevas canciones (‘Humility’, ‘Hollywood’, ‘Tranz’, ‘Souk Eye’, ‘Lake Zurich’…) y se permite navegar por géneros, sonoridades y estados de ánimo a través de una discografía que no se casa con nada. Que Gorillaz es mucho más que una banda virtual paralela ya lo sabíamos, pero ahora ya hemos comprobado que son historia viva de la música del siglo XXI. (Aleix Ibars)

Yung Lean

Los traperos también lloran. Y ojalá lo hicieran más. En su segunda visita a Sónar, Yung Lean llevó al extremo su show, bien entrada la madrugada del viernes. El garante del emo-trap, a diferencia de lo que pasó en aquel primer pulso en la capital catalana en 2016 (tenía 19 años y aunque ya recorría Europa con los Sad Boys todo fue frío), puso a su numeroso público a vacilar –brazo arriba y abajo sobretodo a partir de la segunda mitad del bolo– y a emocionarse. Todo con la misma virulencia. Sin respiro. A oscuras, entre tinieblas, como buen papá del dark, y solo acompañado de los vídeos de unas tallas medievales del gusto de cualquier gótico enamorado de Pesadilla antes de Navidad, además de algunas otras proyecciones de colores saturados, el joven sueco se fundió con el respetable. Lo hizo su mensaje, y lo hizo su voz, siempre rugosa, pero en agradecido primerísimo primer plano. Y cuando quiso, lo hizo estallar todo con el himno ‘Red Bottom Sky‘. Yung Lean duele más que el lunes post-Sónar, pero vaya si merece la pena. (Yeray S. Iborra)

Bonobo (live & DJ Set)

La noche del viernes la podías pasar, si querías, acompañado casi únicamente por Simon Green. Porque el artista más conocido como Bonobo protagonizó un doblete curioso que pasó primero por un live al uso de su proyecto principal (presentando Migration, su disco de 2017) seguido casi inmediatamente de un DJ Set para quemar calorías. La asistencia a ambas citas, separadas por apenas una hora, fue una buena clase sobre adaptación al medio y al entorno. Ubicados en una hora algo más nocturna (01:20h de la madrugada) de lo que su exquisita propuesta requiere, y en un escenario inmenso como el SonarClub, Bonobo optaron en directo por aportar músculo bailable a su repertorio, tirando de valores seguros como ‘Cirrus‘ y ‘Bambro Koyo Ganda‘ ya de buenas a primeras para no perecer en el intento. El único receso prácticamente de todo el concierto fue la preciosa ‘Break Apart‘, y podemos decir que salieron airosos de la difícil empresa (el horario y lugar bien podían haberse convertido en una trampa). Una hora más tarde, claro, el mood se exacerbó y, entre canciones propias y ajenas, Green dejó claro que además de dejarnos con la boca abierta por los detalles de su directo también sabe pegarnos a la pista de baile sin perder ese toque exquisito y onírico que le caracteriza. (Aleix Ibars)

Studio Barnhus

No hacía falta leer la letra pequeña de esto que el Sónar nos regaló para el final del viernes para lanzarse a disfrutarlo, con tan solo dejar probar a las caderas un momento de lo que pasaba en el SónarDome uno no tenía vuelta atrás. Pero si lo queremos dejar documentado y como aviso para navegantes, Studio Barnhus es el proyecto de Axel Boman, Kórnel Kovács y Petter Nordkvist. Sello, estudio y, desde el viernes, doctores honoris causa en el arte del disco y el house más hedonista. Arrinconados los tres en una esquina del escenario, y todo este ocupado por 8 bailarines, el espectáculo era tan hipnotico como interactivo. Todo fluyó a lo largo de las 2 horas, entre danzantes y danzadores, uniformados con algo que parecia el traje de un hospital (chaqueta y pantalon beix), los pocos (¡una lástima por todo lo que os perdisteis!) que lo disfrutaban no parecían pensar ni en lo que podia empezar en el Sónar de Noche y lo que estaba en la recta final en el Village. ¿Cómo pensar en algo que no fuera cazar una de las piezas de fruta que lanzaban? El cierre, al ritmo de “Hessingen” de Shakarchi & Strenáus es de los que estuvo resonando a lo largo de todo el festival. Album editado, claro, en Studio Barnhus. Si hay una actuación que pueda competir con el “yo estuve allí” de Rosalia, es este show de Studio Barnhus. (Jordi Isern)

Helena Hauff

La alemana Helena Hauff reinó en el cierre de la jornada del viernes sin apenas pretenderlo, aunque quienes nos congregamos en el SonarPub éramos conscientes desde el primer minuto que estábamos a punto de sumergirnos en una experiencia difícilmente comparable a cualquier otra viviva en el festival. Porque en las sesiones de Hauff siempre se desatan nuevas emociones, momentos de introspección individual que sin embargo nos hacen sentir en plena comunión con su figura casi materna y con todos quienes a nuestro alrededor sienten la misma devoción irracional por sus cuidados. Hauff primero te convence, luego te seduce y finalmente de deja volar solo en su abrasivo ritual, en el que se retuercen los cimientos del techno, el electro, el acid, la EBM y el darkwave sin complejos, desde la veneración absoluta por la música de club pero sin ortodoxia alguna. Tras una jornada de festival en la que has planeado munuciosamente la ruta, un set de Hauff da pie a lo desconocido, a lo visceral, a lo incorrecto. Y ella, unida en cuerpo y alma a sus fieles, te lleva por caminos insospechados sin perder la compostura, con su gélido baile, alzando los brazos en alto de la forma más sensual posible para luego volver a colocar sus manos cuidadosamente sobre los platos y deleitarnos con una nueva descarga neuronal. Y así, la de Hamburgo es capaz de hacer que salga el sol con su brujería mientras entre el público solo se dibujan sonrisas de satisfacción. (Max Martí)

SÁBADO

Lory Money

El concierto de Lory Money fue una de las cosas más bonitas y divertidas de este Sónar, sin duda. Pocos se hubieran imaginado, mientras hacían su camino hacia el Sónar XS (pasando por delante de uno de los mayores embajadores del hip hop nacional actual, Rels B), que se iban a encontrar con una sala abarrotada en la que apenas se podía entrar. Si alguien pensaba que el concierto de Lory Money iba a ser un chiste, estaba equivocado. El ex-vendedor de top manta, que se ganó los corazones de Youtube ya hace unos años con el mítico ‘Santa Claus‘, demostró tener madera de performer con un show que fue un auténtico carnaval. Poco importaban sus gallos y desafines, al final en un concierto así lo importante es transmitir buena energía al público, con carisma, alegría y ganas de fiesta, y de eso va sobrado el senegalés. Empezando con su hit más reciente ‘Independent‘, en el que versiona el ‘Gucci Gang‘ de Lil Pump con una sátira política sobre Puigdemont y el procés (qué genio), Lory recorrió todo su repertorio de temas virales que buena parte del público se sabía de memoria: desde el ‘Santa Claus‘ a ‘Ola K Ase‘, pasando por la crítica al racismo policial en ‘Pa K Kieres Saber Eso‘. Seguramente pocos artistas recibieron tanto cariño del público como en el momento en que Lory, claramente emocionado, aseguró que de no ser por nosotros, a día de hoy ya lo hubieran deportado de vuelta a su país. En un festival que se presume “de música avanzada”, un concierto así era difícil de encajar, pero Lory demostró que valía la pena. En sus 45 minutos de gloria, Lory Money dejó claro que es más que un meme: es una declaración de amor (a la vida, a la alegría y a la hermandad), con un agudo sentido del humor y de la sátira, y con un talento natural para el escenario. (Luca Dobry)

IAMDDB

No era fácil congregar a un buen número de gente el Sábado a las tres de la tarde, sobretodo bajo el sol plomizo que inunda el Village a esa hora, ya que era de esperar que un porcentaje alto de su potencial público estuviera aun durmiendo la mona o reservando energías después de la farra de la noche anterior. Sin embargo la de Manchester logró congregar a su nada desdeñable fanbase, y se regaló con un concierto que fue un gustazo. A pesar de que su mayor hit, ‘Shade‘, es uno totalmente trapero, IAMDDB hizo una acertada apuesta por un concierto más relajado, que se acercó mucho más al R&B y al soul que al trap. Como anticipábamos en el post de recomendaciones, cuesta creer que esta reina tenga apenas 21 años. Parece estar totalmente acostumbrada a escenarios de esta envergadura, y con el escaso apoyo de un DJ silencioso, tuvo al público cautivado durante todo su show. Empezó diciendo que era su primera vez en Barcelona y que había quedado enamorada, que éramos todos muy guapos y que sentía que estábamos de colegueo, y acto seguido bajó a buscar un porro que le ofreció una chica de la primera fila, que a cambio se llevó un sentido abrazo. Así, porro en mano, empezó a cantar un repertorio mayormente inédito, más melódico y sensual que monótono y agresivo. Evidentemente hits como ‘Pause‘ y ‘Shade‘ fueron los momentos más encendidos del show, aunque faltaron otros como ‘Leaned Out‘. Quizá no fue un concierto antológico, pero sí un buen rato de la mano de una diva in the making. Quédense con su último consejo: “Eat more pussy, it’s good for your health!”. (Luca Dobry)

Lorenzo Senni

Una gran lona cubría toda la visión del escenario con un lema: “Rave Voyeurism Is Not a Crime”. No tenemos claro el significado explícito, pero sí las intenciones: por mirar no pasa nada, hazlo. Cuando estés en ello, no podrás irte y serás uno más. La historia de Lorenzo Senni es apasionante, de batería en grupos punk (aún conserva esa estética, vistiendo tejanos pitillos desgarrados, y sudaderas con capucha debajo de chaquetas de cuero), su interés en la electrónica de su Rimini natal –la más macarra de cuantas puedan catalogarse– le alejaron de las baquetas para aporrear los sintes y las máquinas. Italia, el desparpajo, la gomina y los bailes espasmódicos, a medio camino entre el desfase de Sónar de Noche y un viejo rockero que sacude sus cervicales… todo esto desemboca en el trance de Lorenzo Senni. Un género alejado de las grandes críticas y los festivales de perfil de culto, pero cuando alguien cree tanto en lo que hace, sumado a toneladas de pasión y una intuición de genio, la música te devuelve lo que le das. Todo puede resumirse en el tema con el que cayó la lona y dejó a nuestro pequeño gran triunfador al descubierto: ‘The Shape Of Trance To Come‘. Otra podría ser con la que empezó: ‘Forever True‘. Su directo fue una exhibición de autenticidad y del triunfo de la perseverancia. Puede seguir proyectando su nombre en lasers de neon en el máximo tamaño posible, nadie lo merece más que él. ¡Bravo Lorenzo! (Jordi Isern)

Nathy Peluso

Este Sónar nos deja, entre muchas otras, dos lecciones claras: ellas, empoderadas, sin duda han sido lo más interesante del festival; ellas, populares, deberían haber disfrutado de escenarios más grandes. Lo bajo al piso. Rosalía y su neo flamenco dejaron pequeño el SónarHall en viernes; a la misma hora, pero en sábado, todavía más ridículo le quedó su escenario a Nathy Peluso. La autora de Corashe es una auténtica diva, mucho más allá del hype que la llevó a desbordar el XS en esta edición. Lo puede todo sola, con DJ a la espalda, pero también podría encajar con decenas de bailarinas en una gala de sábado noche. Es la ensalada más variada nacida de las músicas urbanas en años. Su escuela, devota tanto de Notorious B.I.G –como declaraba en una reciente entrevista en El Periódico– como del soul o el jazz; una trabajosa preparación en el teatro físico o en la danza contemporánea (¡qué ímpetu en los golpes de sus coreografías!); y la estima a sus orígenes (nacida en argentina, en directo aflora su amor por los ritmos latinos y también por temas populares como ‘Dos gardenias‘ o globales de la factoría Narcos comoTuyo, del que también hizo versión) la hacen una artista total. El directo de La Sandunguera (2018) es el de un cabaret de pequeñísimo formato, oficiado por una camaleónica MC. “Me gusta la sabrosura”, alertó Peluso al final del show. Que se muerda los carrillos, la tiene toda. (Yeray S. Iborra)

Maribou State

Entre tanto beat peleón, se agradeció un escenario Ray Ban en pleno Sónar. Un espacio más tranquilo, para esas primeras birritas de la tarde, donde el techno de gota malaya no atravesara el cerebro tan pronto. Maribou State transformaron el Village, por lo general repletito de sesiones vibrantes que no entienden de horarios para despachar BPMs, en un espacio casi de Primavera Sound. Tal vez por eso cayera en gracia el directo del dúo británico, que en vivo crece hasta alcanzar el estatus de banda. Había dudas de si su puesta en escena no viajaría hasta un lugar demasiado chill, muy del gusto del Café del Mar. Sus referencias, algunas bajo el aval de Ninja Records, combinan con demasiada ligereza el soul soft con el trip hop más denostado. Pero esa idea peyorativa quedó reducida a cenizas en vivo: banda engrasada y nuevos bises preciosistas tras su último EP, Feel Good (2018). (Yeray S. Iborra)

LCD Soundsystem

Y al tercer día, LCD Soundsystem consagraron el 25º aniversario del Sónar. Lo del combo neoyorkino debería estudiarse en los manuales de buenas prácticas para cualquier grupo: una noche cualquiera para ellos es fácilmente el mejor concierto de un festival. Y así fue. LCD Soundsystem salieron, vieron y a la tercera canción, con esa fusión de ‘You Wanted a Hit‘ que se convierte en ‘Tribulations‘ para delirio colectivo, ganaron. No es ninguna novedad ya que son muchos años acostumbrados a su engranaje perfecto, sin fisuras, tan compacto que parece falso. Pero no lo es: ves las manos de Gavin Rayna Russom tocando cada nota de ‘Home‘ sin cesar durante los casi 8 minutos que dura el tema, al resto de miembros saltando de un instrumento a otro, a James Murphy comandando con gestos y miradas su orquesta electrónica, y todo es tan real que abruma. Y dentro de lo esperado, de lo ya visto en las muchas noches que hemos compartido con ellos, hubo incluso espacio para la sorpresa con una recta final de setlist que parecía gritar a los cuatro vientos “Hemos vuelto porque tenemos un nuevo disco en el que creemos, no por la pasta“. ¿Resultado? ‘Tonite‘, ‘How Do You Sleep?‘ y ‘Oh Baby‘, todas de American Dream, en un tramo final en el que sacrificaron hitos como ‘Daft Punk Is Playing At My House‘ o ‘North American Scum‘ sin acusar bajón alguno. Casi dos horas de terremoto, como se encargaba de recordar un contador con una cuenta atrás en el lateral de un escenario. Esta vez sí hubo tiempo para cerrar con las inconmensurables ‘Dance Yrself Clean‘ y ‘All My Friends‘, a cada cual más explosiva, catártica, atronadora, y culminar de esta forma su enésima conquista de un escenario, de un festival, de nuestras vidas. Invencibles. (Aleix Ibars)

TOKiMONSTA AV Live

No hubo mejor cita para celebrar la vida en este Sónar que la protagonizada por la DJ y productora TOKiMONSTA, quien antes de la publicación del disco que venía a presentar, Lune Rouge, estuvo largo tiempo sin poder hablar ni escuchar música –así como obviamente también perdió las facultades para crearla– a causa de dos complicadas cirugías cerebrales. Adentrarnos el sábado a su show audiovisual fue, como ella misma dijo, “una pequeña aventura”, un viaje entre frondosos beats y deslumbrantes proyecciones que potenciaron su devoción por el pop, el R&B y el hip hop más luminosos. La explosión de color dio inicio con ‘Lune’, corte de apertura instrumental del mencionado álbum, que sirvió para ponernos a tono antes de que la de Los Ángeles desatara las voces y percusiones de ‘Rouge’ y la celebración de amor colectivo ‘We Love’ en colaboración con MNDR, aunque también tracks de un pasado más oscuro como ‘Darkest’ (2011) o ‘Gamble’ (2010). Aunque a decir verdad, la mayor parte del tiempo prescindió de su propio repertorio y animó el cotarro con ‘Get Ur Freak On’ de Missy Elliott, ‘Deep Inside’ de Hardrive, ‘Walk It Talk It’ de Migos con Drake y ‘Tomboy’ de Princess Nokia’ entre otros muchos petardazos infalibles. Pese a todo, entre varios desvaríos electro se agradecieron los momentos más brumosos en los que el público dejó de saltar para contonearse, como cuando recuperó su colaboración con Anderson .Paak incluida en su EP de 2016, ‘Realla’. Con todo, Jennifer Lee enterró en el SonarPub las adversidades a las que se ha enfrentado durante los últimos años y ofreció un espectáculo definitivamente sanador. (Max Martí)

Fatima Al Qadiri

La normatividad de género es un corsé que nos maniata a todos en mayor o menor medida. Más allá de la paja teórica sobre el tema, eso trae una serie de consecuencias emocionales: miedos, inseguridades y agobios. Si Shaneera (2018), última referencia de Fatima Al Qadiri, es ese marco teórico (ella mismo se representa como una evil queen en la portada y viste el disco de textos de Grinder), su traslación al directo es toda la jodida consecuencia emocional. Inquietante e incómoda, la productora nacida en Kuwait pero residente en Berlín lanza los beats a morder: grime perturbador, lleno de impulsos eléctricos, de EDM que no querría bailar ni el demonio y donde las sombras ganan a las luces por una paliza salvaje. En un festival donde las sesiones a partir de la una o dos de la mañana empiezan a homogeneizarse, lo de Fatima Al Qadiri fue verdadera música avanzada (el Sónar se marcó además el tanto de traerla por primera vez a Europa con su nuevo espectáculo). Auténtica hostia de feminismo-queer-árabe-electrónico (y mil cosas más). (Yeray S. Iborra)

Thom Yorke

A priori, los papeles parecían invertidos. No por nombre y repercusión, pero sí por intensidad: para muchos, el show de Thom Yorke hubiera sido más disfrutable iniciando la noche mientras que LCD Soundystem parecían los candidatos perfectos para encender la mecha del desenfreno ya de madrugada. Pero no, resulta que la noche del sábado nos vaciamos a primera hora con los de James Murphy y, ya pasada la una de la madrugada salió a escena el líder de Radiohead. Acompañado por su fiel escudero Nigel Godrich y por el artista Tarik Barri a los visuales, no se puede negar que Thom Yorke no se entregara a fondo con su concierto. Tenía tantas ganas que incluso salió al escenario antes de hora, y le pudimos ver bailando como poseído en varias fases del show, algo raro de ver cuando se pone al frente de Radiohead. En cuanto al contenido en sí, fue exigente como era de prever, pero también ofreció la suficiente contundencia que la hora requería. Con bases por momentos muy bailables aunque generalmente no explotaran del todo nunca, con un sonido algo deficiente por culpa de la saturación, y obviando algunos de sus cortes más reconocibles (‘The Eraser‘, por ejemplo, brilló por su ausencia, y cortes de Radiohead como ‘15 Step‘ o ‘Lotus Flowers‘ hubieran encajado perfectamente y contentado a la masa), Thom Yorke logró dar forma a un espectáculo muy coherente, tanto a nivel sonoro como visual, en el que brillaron ‘Black Swan‘ y ‘Cymbal Rush‘ de la mano de ‘Amok‘ y ‘Default‘ (ambas de Atoms For Peace) pero cuyo resultado final era solo apto para amantes de los desarrollos más experimentales o devotos absolutos de todo lo que toque Yorke. Por momentos era como estar escuchando a Moderat (grupo a su vez muy influenciado por Radiohead) sin todo el poderío melódico y esa voluntad de epatar. Si algo le podemos achacar a Thom Yorke es que hizo un concierto casi para sí mismo, con tramos muy disfrutables pero otros demasiado espesos. (Aleix Ibars)

GoldLink

El concierto de GoldLink era incompatible con el de Thom Yorke, y eso era una lástima, porque para los menos amantes del techno estos eran los dos nombres más importantes de la noche del sábado. Difícil elección, sin duda, pero muchos tuvimos claro que a las tres de la noche el cuerpo nos pedía algo más visceral que intelectual, así que apostamos sin demasiada cavilación por el rapero del DMV, y vaya si acertamos, fue un conciertazo. GoldLink tiene aspecto de ser un tipo reservado, más bien serio y no muy dado a la euforia, pero también un apasionado de lo que hace y un monstruo del escenario. Desde el primer tema el show estuvo encendido, y GoldLink lo constató sin mediar palabra, con sus miradas desafiantes al público con ceño fruncido, como diciendo “esto está heavy, ¿eh?”. El show fue un calculado crescendo, empezando con sus temas más funky y de rima rápida, pero todo explotó (para bien) hacia la mitad del concierto, cuando hizo un pequeño intervalo para hypear al público con temazos antológicos de trap: sonaron ‘Antidote‘ de Travis Scott, ‘Hard in da Paint‘ de Waka Flocka, y ‘Don’t Like‘ de Chief Keef, y el SonarPub entero se puso a botar. A partir de ahí GolLink empezó a animar a los más atrevidos a abrir el espacio necesario para el pogo que su épico crew requería, y que junto con los pogos de Yung Lean la noche anterior en el mismo escenario fueron los más duros de este Sónar. Cantó ‘Crew‘ primero una vez desde el escenario y el pogo fue tremendo. Pero cuando parecía que el concierto se había acabado, entre aplausos y gritos, la intro de su súperhit volvió a sonar, y GoldLink volvió a pedir espacio: “I want y’all to make a big circle here in the middle, open it up!”. Entonces se lanzó al público, que se volvió loco y se abalanzó sobre él, y volvió a cantar el tema entero en medio de la gente, bajo la mirada nerviosa de los seguratas que lo iban perdiendo de vista. Épico. (Luca Dobry)

John Talabot (6 hour set)

Aunque nos hemos acostumbrado a ver a John Talabot siempre en grande, un productor que nadie pone en duda y un selector impecable, al final, lo que hay detrás de las cortinas siempre es un ser humano. Con sus ilusiones (un escenario para ti solo, durante 6 horas en el 25 aniversario del festival de tu ciudad) y sus inseguridades (un escenario para ti solo, durante 6 horas en el 25 aniversario de tu ciudad). Decimos esto a partir de dos posts de Instagram de lo más entrañables. El primero, el jueves con un claro “ready-not ready for a 6 hour set on Saturday”. “Esto es ya”, debería pensar. Y la segunda publicación, el mismo sábado con un “I’ll do my best”. “Me he preparado a conciencia, que sea lo que tenga que ser”. Y el rato que estuvimos, en el inicio, un poco sintiéndonos parte de esos nervios y con ganas de dar calor, la sensación era de un alumno con la lección más que aprendida. Convirtiendo los miedos en excitación. Una hora y media larga en la pudimos sentir algunos tracks que servían de cortina, pasando de una velocidad a otra, un trote exigente que iba escalando conforme la sala se llenaba (hubo que hacer cola en todo momento para entrar) y que luego era muy difícil de abandonar (no por logística, sino por sentimiento de comunidad en la sesión). Cuando lo hacías, y dejabas atrás el SónarCar, uno sentía la sensación física de haber sido parte de un pelotón de ciclistas, pedaleando en grupo en una etapa de montaña durísima, pero convencidos de llegar a meta. No sabemos cómo terminó, pero todo apuntaba a ser una de esas sesiones que se disfrutan en su desarrollo, en un conjunto extendido, en busca de grandes emociones puntuales. No tenemos duda de que así fue. (Jordi Isern)

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Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos
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