08/06/2018

Crónica de 20 conciertos de la tercera y última jornada del festival barcelonés.

Núria Graham

Le tocaba a Nuria Graham la difícil tarea de abrir la última jornada del sábado con la carga añadida del estupendo set dispuesto por Nat Simons con una propuesta próxima a la suya tan solo dos días antes. Y lo cierto es que la sinceridad intrínseca a las canciones de la compositora mantienen esa misma honestidad en su directo. Ese es su mejor secreto para que temas como ‘Could Fifteen’ suenen sólidos y, a pesar de la sencillez con la que son interpretadas, desprendan encanto. Detractora de los excesos en la producción, disimula con timidez su capacidad vocal, sobresaliente en ‘Smile On The Grass’, y su clásica formación (un cuarteto con guitarra, bajo, batería y teclados) suena deliciosa en introducciones extensas y pasajes instrumentales como los de ‘You Fall Asleep So Easily’. El pasado año la impasibilidad del directo de Van Morrison fue deplorable. Recién cumplidos los 22 años y con tres discos a sus espaldas, no se le puede reprochar a Graham su serenidad, la misma sensación que transmite y con la que ha construido un repertorio alejado del paroxismo pero más que convincente. (Carlos Marlasca)

Vulk

Bautizados por algunos medios por tener uno de los mejores directos del panorama nacional, Vulk tuvieron un concierto tan atropellado como brillante. Los primeros diez minutos fueron pura dinamita pero, de repente, al bajista se le rompió la cuerda. Y aquí empezó el show. Sin tener una cuerda de recambio, el resto del grupo empezó a improvisar cantando en euskera algo parecido a “tenemos que solucionar esto, el bajo es necesario”. Una solución que llegó con un nuevo bajo al que, luego, se le caía la correa constantemente. Pero a pesar de este infortunio, el grupo bilbaíno pudo regalar al público un concierto potente y rabioso donde presentaban, entre otros temas, las canciones de su último disco Ground For Dogs. (Raquel Pagès)

Montero

La psicodelia de Ben Montero mezcla fantasía y decadencia. La primera viene dada por la luminosidad de canciones como la inicial ‘Montero Airlines’, con la que la banda propuso su particular viaje. La segunda la provoca el compositor australiano, que combina su actividad musical con la creación de comics y que, al menos sobre el escenario, tiene más de Syd Barrett que de Kevin Parker. Solo había que darse un par de vueltas por los dos discos en su haber para que su incomprensible anonimato se adivinara como un gran misterio. Los que decidieron entrar a primera hora del sábado fueron testigos de que maravillas como la evocadora ‘Aloha’ o la lisérgica ‘Adriana’ son obras mayores. El maestro de ceremonias, de aspecto desdeñado, de vuelta de todo, como si lo suyo fuera sencillo, se animó a levantar los brazos buscando complicidad para hacer más grande la descomunal ‘Vibrations’, puro Bowie a plena luz del sol. Si Montero continúa esa trayectoria, la próxima vez habrá que trasladarse a la gran explanada del Primavera Sound para escucharlos. El adiós de ‘Pilot’ fue el colofón de un concierto que por la magnitud de lo que se escuchó se quedó demasiado corto. (Carlos Marlasca)

Nick Hakim

Con una voz cálida y aterciopelada, Nick Hakim se plantó en el escenario adidas para bajar y calmar las revoluciones del Primavera Sound y hacer disfrutar al público con su soul de tintes psicodélicos e influenciado por el R&B. Y así fue. Con una banda de músicos excelentes –a destacar el exquisito talento del bajista–, el cantautor de Washington D.C. celebraba el día posterior a su cumpleaños (“Yesterday was my birthday”) con una actuación templada y acogedora que despuntaba, sobre todo, en los momentos en los que Nick se quedaba solo cantando y luego, para romper y crear contraste, entraba sutilmente la batería. Una delicia de concierto que sirvió para ratificar el enorme talento y proyección de este joven cantautor que debutó el año pasado con Green Twins, su primer trabajo. (Raquel Pagès)

Let’s Eat Grandma

Hay algo brillantemente asombroso en la visión del mundo de Let’s Eat Grandma. Sobre el escenario, el dúo de pop experimental se muestra como su música: magnético, desconcertante, diferente. Se estiran en el suelo, corren y bailan entre la multitud llegado el final y juegan entre ellas como si de dos niñas pequeñas se tratase. Con el respaldo de un batería en vivo, en su concierto en el Hidden Stage deciden arriesgarse y regalar un set en el que absolutamente todas sus canciones (a excepción de una) son de su nuevo disco ‘I’m All Ears’, todavía por estrenar. Empiezan con  ‘Hot Pink’, su nuevo single producido por SOPHIE y que resuena cual bajo amenazador y provocativo, y terminan con ‘Donnie Darko’, encargada también de poner fin al disco. El concierto de Let’s Eat Grandma solo dura 45 minutos, y con lo mejor de I’m All Ears  todavía por conocer, dejan claro que su nuevo disco podría ser su confirmación definitiva como proyecto. (Irene Méndez)

Car Seat Headrest

Debía ser el chico de clase que no llama la atención. Callado, tímido, introvertido pero obsesionado con alcanzar su objetivo. Will Toledo es un tipo meticuloso, tanto en sus discos, como la reciente remasterización de su Twin Fantasy, como en el recuerdo a los creadores y la voluntad de darle un carácter de autor al sonido de The Strokes. Optó por una salida poco convencional con el ‘Crooseyed And Painless’ de Talking Heads que generó algo de desconcierto pero ‘Fill In The Blank’ y los coros de ‘(Joe Gets Kicked Out of School for Using) Drugs With Friends (But Says This Isn’t a Problem)’ asentaron las expectativas en Car Seat Headrest. Con un sonido impecable, la banda validó sobre el escenario temas como ‘Drunk Drivers /Killer Whales’, que a priori pueden parecer excesivamente largos para la brevedad del concierto, pero cuyo enorme desarrollo mantiene constante el interés. La de Toledo es una de las apuestas más firmes de la actualidad, en el que, también en sus directos, encuentra un potente y sólido revestimiento a la autenticidad de su relato autobiográfico. (Carlos Marlasca)

Jane Birkin

¿Puede alguien con más de 40 años de carrera a sus espaldas seguir emocionándose en directo, alcanzando incluso el llanto? Sí. Así lo hizo Jane Birkin. Y con ella, muchos de los presentes, que vista la entrega y maestría de la francesa, se dejaron llevar hasta que cayeron las lágrimas; eran pocos, por las horas (poco antes de las ocho de la tarde), pero la conexión fue total. La de Birkin fue, sin duda, una de las grandes actuaciones de todas las ediciones del Primavera Sound. Acompañada –más bien mecida– por la orquesta del Vallès, bajo la batuta de James Ross y con el piano de Nobuyuki Nakajima, Birkin desarrolló con inigualable intensidad gran parte del Birkin/Gainsbourg: Le Symphonique (2017). Y en la pomposa Pull marine todo rompió. Cada golpe de vientos fue un nuevo escalofrío subiendo por la espalda. A partir de ahí, la cosa se animó con La gadoue; Birkin fue considerada hasta en eso, no quería que nadie siguiera el festival con pesadumbre. (Yeray S. Iborra)

Ariel Pink

Si la de Montero resulta más florida, la interpretación de la psicodelia de baja fidelidad de Ariel Pink tiene algo más de irreverente, de mecano macabro. Para subrayar ese aspecto estuvo acompañado por Don Bolles, un tótem punk californiano, que ayudó a su compatriota a incrementar el aparente caos de canciones como ‘Hardcore Pops Are Fun’. La banda estadounidense sacó músculo para un directo que puede resultar agotador en su doble vertiente. Si las primeras filas se mostraron incansables con cada uno de los temas que iban disparando, otras zonas del aforo mostraban más inclinación por los cortes más melódicos del último Dedicated to Bobby Jameson, como la preciosa ‘Another Weekend’. Los estadounidenses buscan el reflejo más fiel de su sonido y lo acompañan con una actitud intachable. Con guiños constantes a Frank Zappa, el mayor problema lo pueden tener aquellos que no comulguen con el carácter guasón de canciones como ‘Time To Meet Your God’. Una cuestión de gustos que deja inútil el debate sobre la categoría de Ariel Pink. (Carlos Marlasca)

Lykke Li

Lykke Li empezó a acumular público desde mucho antes que Jane Birkin acabara (y de hecho fueron pocos los que, una vez terminada la obra de arte de la francesa, se quedaron a escuchar a la sueca). La presión era alta, escenario grande y expectativas, después de la salida al mercado de tres sencillos de So Sad So Sexy (2018). Pero algo no encajó del todo. ¿El problema? Lykke Li propuso lo que es, más allá, de ‘I Follow Rivers‘: pop vaporoso, tenso, un punto misterioso y de una calidad vocal fuera de duda. Y la respuesta fue tibia. Con una producción parca, y con los suyos vestidos de látex, la cantante se llevó pocas victorias: ‘Gunshot‘, puro diva, sí generó aplausos. La decepción del respetable se hizo patente incluso cuando llegó el esperadísimo multiventas de la sueca; claro, sin la base de The Magician. Demasiado pronto igual para So Sad So Sexy. (Yeray S. Iborra)

Slowdive

Quienes tenían muy vivo el concierto de reunión en 2014 en el Primera Sound podían dudar si habría alguna mácula al volver a ver a Slowdive. Pero la dimensión emocional de los británicos es única, inalcanzable para la mayoría. No en necesario centrarse en sus letras, que hablan fundamentalmente de relaciones afectivas, para que al comienzo de ‘Slomo’ un escalofrío recorriera el cuerpo del público, anunciando, otra vez, esa sensación única y estimulante que provocan los que a día de hoy se antojan como indiscutibles reyes del shoegaze. Es imposible no sucumbir a ese universo onírico que se entreteje con sutilidad instrumental, en ejecuciones sencillas pero con un sonido avasallador, y las etéreas voces de Neil Haldstead y Rachel Goswell. Arriesgaron en su repertorio durante la primera parte con canciones como ‘Catch The Breeze’ o ‘Crazy For You’. Pero a la espera de que llegaran ‘Souvlaki Space Station’, ‘Alison’ o ‘Sugar For The Pill’ la sensación de embelesamiento absoluto es constante durante algo que se acaba convirtiendo una experiencia que siempre tiene algo de místico. (Carlos Marlasca)

Lorde

Todos nos hemos hecho mayores en el último lustro y, por lo tanto, deducimos que Lorde también. Craso error. A la neozelandesa la hemos visto crecer delante de nuestras narices desde que en 2013 publicara su primer LP, Pure Heroine, pero la concepción del tiempo es engañosa: resulta que todavía tiene 21 añitos. Viendo la seguridad con la que se pasea por las tablas, cuesta creerlo. Domina con naturalidad un espacio gigantesco y una audiencia numerosísima a una edad en la que nadie es capaz de dominar nada, ni siquiera a uno mismo. Lorde hace que parezca fácil. La ves ahí subida y piensas que tú también podrías hacerlo. Esa es, quizá, la gran fortaleza de esta anti-diva pop: no hay barreras entre ella y su público. “Si necesitas a alguien para salir, llámame”, soltó sentada en el borde del escenario, con las piernas colgando. Y, en realidad, suena sincera. Todo en ella resulta creíble, espontáneo. No hay nada postizo en su figura, en su discurso o en su puesta en escena, sobria, sencilla, a años luz de la de otras artistas a las que, por repertorio, ya puede mirar por encima del hombro. Si ellas pudieran enlazar un cuarteto final tan imbatible como el que forman ‘Royals‘, ‘Perfect Places‘, ‘Team‘ y una eufórica ‘Green Light‘ (¿el momentazo del festival?), también podrían plantearse prescindir de todo adorno. (Víctor Trapero)

Grizzly Bear

A menos de una hora para que empezara el esperadísimo concierto de Arctic Monkeys, iniciaron el suyo Grizzly Bear en el escenario Ray-Ban, el cual sorprendentemente estaba lleno de cabo a rabo. El reencuentro en directo con la banda americana, quienes después de cinco años de silencio habían regresado en 2017 con su nuevo álbum Painted Ruins, fue algo celestial. Armonías hipnóticas y coloridas y líneas vocales exquisitas que repasaban poco a poco gran parte de su discografía, pasando por temas como ‘Sun in Your Eyes‘, ‘Yet Again‘ o uno de sus recientes hits ‘Mourning Sound‘, el cual sonó de manera gloriosa. Lástima que gran parte del público evacuara rápido para coger sitio para Arctic Monkeys, porque el directo de Grizzly Bear fue todo un placer para los oídos. (Raquel Pagès)

Arctic Monkeys

Arctic Monkeys eran una de las grandes atracciones de la programación del sábado. Algo que se hizo evidente por las ganas con la que los esperaba el público. Y, realmente, hubo momentos de absoluta euforia, como cuando arrancaron ya desde el segundo tema con ‘Brianstorm‘ y ‘I Bet You Look Good On The Dancefloor‘. Pero esa rabia y esa locura se desvaneció rápido cuando empezaron a interpretar los temas de su último disco, Tranquility Base Hotel & Casino. Quizás el aire más crooner de Alex Turner y composiciones más propias de The Last Shadow Puppets no acaban de conectar con la intensidad y la potencia de los directos a los que siempre se los ha asociado. Aun así, Turner demostró de nuevo ser un excelente vocalista y tener un carisma arrollador e hipnótico en el escenario. La euforia y los bailoteos volvieron con hits como ‘Do I Wanna Know’, pero fue algo efímero. Y a todo esto se suma el hecho de que el volumen del concierto no fue el deseado; se escuchaba relativamente bajo y el sonido no era para nada contundente –y hablo habiendo estado justo delante de una de las PAs del escenario–. Quizás habla mi parte fan de Arctic Monkeys, pero aunque repasaron gran parte de sus conocidísimos hits, el concierto me supo a poco. Tanto por su corta duración (acabaron unos 15 minutos antes) como por su poca intensidad. Aun así, indiscutiblemente siguen siendo una de las bandas de rock más relevantes de nuestro siglo. Algo que, por más que hagan un concierto a medias tintas, no se les puede recriminar. (Raquel Pagès)

ABRA

No sabemos si la nueva escena urbana en USA recibe las mismas críticas que la de aquí por abusar del playback en directo. Pero lo cierto es que ABRA empezó su bolo haciendo un mudo clamoroso –solo baile en la primera canción– para luego arrancar a cantar. Y hacerlo más que bien. Lejos de lo anecdótico, la auténtica jefa americana del dark wave con bises ochenteros, lo movió todo en la jornada del sábado del Primavera Sound. Al poco de empezar ya sonaba su aclamado ‘Roses‘ (Rose, 2015): chiquita previa de lo que iba a ser el resto del bolo. Durante una hora paseó constantemente por el escenario, sin ni siquiera DJ de apoyo con ella, y demostró cómo llenar sin necesidad de nada ni nadie. Actitud y buenas bases. (Yeray S. Iborra)

A$AP Rocky

Mientras Arctic Monkeys se daban un baño de masas en el escenario Mango, algo comenzaba a cocerse en el otro extremo de la explanada principal del Parc del Fòrum. La puesta en escena que empezaba a tomar forma en el escenario SEAT, coronada con una gigantesca cabeza de crash test dummy, confirmaba que el de A$AP Rocky no iba a ser un show de rap en la línea del de Vince Staples, ni siquiera en la del que ofreció Tyler, The Creator en el mismo espacio, bastante humildes para los cánones del género. Al miembro más ilustre del colectivo A$AP Mob, en cambio, le va la ostentación: se rodeó de unos visuales chillones, un montaje de luz espectacular, varios cañones de fuego y toneladas de confetti. El neoyorkino, una metralleta, rapea a toda velocidad, como si cobrara por caracteres pronunciados. O, más bien, como si tuviera prisa: los temas, atropellados, rara vez llegan al final antes de que Rocky los corte por lo sano. Se dirige al público continuamente, pero sus palabras suenan más a riña que a arenga. En realidad, cuesta entender la devoción que se le parece profesar desde el público a este MC gruñón y machito: mucho ruido y, en realidad, pocas nueces. (Víctor Trapero)

Jon Hopkins

Hay varias cosas que el británico Jon Hopkins no era la última vez que pasó por el Primavera Sound, en el ya lejano 2015: no era DJ en aquellos momentos, para empezar; y tampoco devoto de la meditación trascendental. Ambos hechos han cambiado su nuevo y majestuoso largo, Immunity, y de paso han contribuido a que su nuevo espectáculo haya resultado en una de las sesiones más impactantes de la edición (y tal vez de todos estos años de festival). El material de su live fue de tralla: desarrolló la primera parte de su nuevo disco, añadiendo a los originales nuevas progresiones y unos graves más corpulentos, hasta la catártica ‘Everything Connected‘ y después lo reventó todo con el techno agresivo que lo lanzó a la fama, ‘Open Eye Signal‘. Tras él, pequeñas obras de arte proyectadas para la ocasión, algunas más cósmicas y otras más mundanas. Dudo que las viera alguien: los ojos se cerraron, todo el rato, para disfrutar del impresionante viaje. (Yeray S. Iborra)

Beach House

Beach House han convivido durante mucho tiempo en las sombras. Saben que la música (o al menos, la suya) suena mejor con un poco de misterio y que no necesitan el foco de atención sobre ellos para ganarse el respeto del público. Desde sus inicios hace ya más de una década, han creado y amoldado un sonido lento y consistente, cautivador y contenido de emoción. Imponentes en ejecución, en su concierto en el Primavera Sound Victoria Legrand (voces y teclados), Alex Scally (teclados, guitarra y coros) y James Barone -batería que les acompaña desde hace ya dos años en los directos y ha sido parte fundamental en la creación de ‘7’– aparecen entre el negro más absoluto y optan por ofrecer un concierto marcado por el constante aumento de intensidad y magnitud de la mano de temas como ‘Drunk in LA’ o ‘Lemon Glow’, además de algunas de sus canciones más clásicas y atemporales. Una mezcla que quedaría perfectamente reflejada en un apoteósico final protagonizado por las vaporosas a la vez que pujantes ‘Myth’ y ‘Bloom’. (Irene Méndez)

The Blaze

A última hora del sábado, con el festival llegando a la meta final, las emociones se acentúan, la melancolía y la euforia se mezclan y todos los pensamientos carecen de visión objetiva y contextual. Cada uno va a exprimir al máximo lo que le queda dentro. Desde hace unos años, al recibir los horarios, lo primero que busco es siempre cuál será el grupo telonero de DJ Coco, soy un chico con algunas tradiciones marcadas. Por ese slot han pasado Cut Copy y Hot Chip (qué tiempos), Caribou, !!! o alguna vez se ha enlazado con el disco set de John Talabot. Ese grupo final tiene una gran responsabilidad a la hora de valorar todo el festival. Carga en él tres jornada llenas de directos, pero ya se sabe que el sabor final viene marcado por lo último que se vive. The Blaze entró directo en ese podium de mejores conciertos antes de DJ Coco. La melancolía y la euforia, que decía al principio para describir esas horas, son también una buena manera de explicar lo que hace el dúo francés. Esa electrónica con sintes hinchados, voces como llamaradas y un beat que nunca se acelera. Además, su repertorio no conoce fallo; con apenas un EP publicado y varios singles, era fácil sumarse al sing along de esas horas. Y con ‘Juvenile‘, ‘Territory‘, ‘Sparks & Ashes‘ y dos momentos especialmente vívidos que esparcieron de “ooooh’s” el Ray-Ban (¿algún inocente que no creyera que iban a llenarlo?) ‘Heaven‘ y, claro estaba, ‘Virile‘. Frases cargadas de épica millenial como “oh, come with me, we’re gonna burn a sunset” o “oh, I need my loneliness but I’m lost without you tenían por destino ser coreadas en un final de festival. A doble pantalla, con ambos The Blaze cara a cara, con una complicidad que de tan íntima y real, era colectiva, junto a todos los amigos posibles, todos unidos… fue nuestro final más deseado. (Jordi Isern)

Mujeres

Los conciertos de Mujeres tienen algo único y adictivo. Algo que incita a querer disfrutar como un niño pequeño bailando al son de sus canciones mientras te fundes en un pogo descomunal. Y lo raro fue que el inicio de su concierto en el Primavera Sound fue de lo más distante. Y no por ellos sino por el público. Una actitud ante la que una chica chilló: “¿Pero aquí no se hacen pogos o qué?”. Y yo no se si esta mujer invocó a alguien o qué hizo exactamente pero la verdad es que desde ese momento el público se volvió loco. Pogos constantes que cantaban con el puño en alto verdaderos himnos como son ‘Un sentimiento importante‘ o ‘Aquellos ojos‘, entre otros. Un concierto vital, divertido y protagonizado por el sudor y moratones varios que se convirtió en una de las mejores maneras de poner punto y final a la jornada del sábado. (Raquel Pagès)

DJ Coco

Cada año se habla tanto de esta sesión que realmente creemos que no hay setlist posible que pueda crear una opinión más o menos consensuada. A título personal, tras unos años sintiendo mucho la ausencia de algunos hits que no podían faltar, sirvió el cierre de 2018 para marcar algunos checks. Emoji verde para: ‘On Hold‘ remix, (un año tarde) Kacey Musgraves, Cardi B, el ‘You Gotta Fight‘ de Beastie Boys (¿claim oficial del festival?) y ‘Don’t Stop Believein’‘ de Journey (no podía fallar). Gracias sinceras. Y el emoji con cara de mono que se tapa la boca va para el remix terrible de ‘Hey Ya‘, ‘Inspector Norse‘ (¡este año era ‘Neutron Dance‘!), volver a quemar el ‘I Follow Rivers‘ de Lykke Li, dejar pasar la ocasión de poner alguna de Los Planetas y, una de personal, la ausencia eterna de ‘All My Friends‘ de LCD Soundsytem. ¡Esa sesión es la esencia de esa sesión! (Jordi Isern)

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