07/06/2018

Justo antes de actuar en Paraíso, el nuevo festival madrileño, las hermanas nos hablan de la lucha feminista, la globalización de la música o su brillante último disco.

Suena a risa, pero, contra todo pronóstico, parece que tendremos que terminar agradeciéndole algo a Donald Trump. Su mandato kamikaze y deslenguado ha inspirado especialmente a toda una generación de músicos que no han podido quedarse callados mientras ponía patas arriba, tuit va, tuit viene, el mapa político internacional. No es la primera vez que sucede algo parecido: los años del thatcherismo dispararon tanto la ira como el ingenio de la escena musical británica. La llegada de Trump a la Casa Blanca ha propiciado, en mayor o menor medida, una inolvidable cosecha de canción protesta entre la que brilla el segundo álbum de Ibeyi, Ash, uno de nuestros favoritos de 2017. No es una interpretación, no es un feeling: las hermanas franco-cubanas Lisa-Kaindé y Naomi Diaz reconocen abiertamente que las formas e ideas del presidente estadounidense fueron gasolina para el motor creativo del disco. Los frentes del dúo, sin embargo, son varios. Ash también levanta la voz contra las injusticias raciales y el patriarcado y, además, lo hace en inglés, castellano y yoruba, dialecto afro-caribeño que conecta a las gemelas Diaz con sus raíces; por boca de ellas mismas, de Michelle Obama, a la que samplean en ‘No man is big enough for my arms‘, o de Frida Kahlo, a la que citan en ‘Transmission/Michaelion‘. Después de su paso por el Primavera Sound y justo antes de la primera edición de Paraíso, en la que actuarán el sábado 9 de junio, charlamos con Ibeyi acerca de las diversas causas que les remueven por dentro, de la estelar nómina de colaboradores de Ash o de la globalización de la música.

Vuestra música suena como una mezcla perfectamente equilibrada entre vuestra raíces (dialecto yoruba, sonidos caribeños) y el futuro (auto-tune, ritmos urbanos). ¿Sois conscientes de ese contraste de mundos desde dentro del proyecto?
IBEYI: Gracias, eso es exactamente lo que somos. Ibeyi es una mezcla de toda la música que escuchamos: beats urbanos, pop, soul, jazz, folklore afro-caribeño… Ambos mundos son parte de nosotras, ambos mundos nos inspiran.

Parece que los sonidos africanos y caribeños están de moda en todo el mundo. ¿Qué pensáis cuando véis artistas occidentales tomando esas influencias? ¿Podemos hablar de “ladrones” o “impostores”?
¿Acaso los Rolling Stones están considerados ladrones? Su música está fuertemente inspirada por el blues y todos sus coristas fueron negros durante los 70s. Hay un magnífico documental titulado A 20 pasos de la fama que habla sobre la influencia de la música negra en el rock y el pop blancos y especialmente en la música de los Stones.
El arte en general y la música en particular es una constante reinterpretación del pasado. Nada pertenece a nadie siempre y cuando seas honesto con el origen del que proviene tu inspiración. Robar es fingir que tú eres el origen. El mundo sería un lugar muy triste si los jamaicanos solo pudieran hacer reggae, si los estadounidenses solo pudieran escribir canciones country o si los franceses solo pudieran componer música inspirada en Debussy. Amamos la mezcla. Nosotras mismas somos una mezcla de padres blancos y negros. Nuestro padre fue un maestro de la percusión cubana, pero también le interesaba el jazz, la electrónica o la música hindú. El color nunca fue una preocupación en su cabeza: solo diferenciaba entre buena y mala música.

Supongo que vuestros padres fueron una fuerte influencia en la formación música que tenéis. Vuestra madre, de hecho, es vuestra manager. Incluso escribisteis algunas letras del disco junto a ella.
Su mayor influencia es su amor por la música. La música es una parte muy importante de nuestras vidas. Antes de Ibeyi o después de Ibeyi, la música siempre ha estado y estará en nosotras.

¿Es frustrante cuando alguien describe vuestra música como “world music”?
Sí, no tiene sentido. Por ejemplo, la música francesa está etiquetada como “world music” en las tiendas estadounidenses incluso cuando la banda hace rock. ¡Es ridículo! Estamos muy orgullosas de decir que nuestro trabajo no puede etiquetarse. Si alguien quiere saber qué hacemos, que venga a uno de nuestros conciertos y decida por su cuenta.

Ash es mucho más reivindicativo que Ibeyi, vuestro debut. ¿Por qué? ¿Qué pasó en los dos años que los separan?
Porque el primer álbum lo escribimos entre los 14 y los 19 años. Para entonces, ni siquiera sabíamos que lo grabaríamos. Las canciones fueron escritas para nosotras mismas para expresas lo que necesitábamos decir sobre haber perdido a nuestro padre y a nuestra hermana mayor.
Ash, por el contrario, fue escrito durante los dos años y medio que estuvimos girando para presentar Ibeyi. Algunas de las canciones las hicimos en el estudio durante las elecciones estadounidenses. Cuando escuchamos a Trump decir eso de “women should be grabbed by the pussy”, decidimos escribir una canción sobre ello, ‘No man is big enough for my arms‘, que incluyera el discurso con el que Michelle Obama respondió a Trump.

¿Pensáis que vuestra música es “política”? ¿O es el momento que estamos viviendo el que la convierte en política?
¿Qué es político y qué no? ¡Incluso enamorarse puede ser político! Cuando alguien blanco se casa con alguien negro en Estados Unidos, el amor se convierte en algo político. Ser homosexual en Rusia, por ejemplo, convierte tus actos en algo político. Nuestra intención es decir exactamente lo que queremos decir. Cuando cantamos “we are deathless” cada noche, también lo hacemos para nosotras mismas. Lo necesitamos tanto como el público.

¿Y podríamos decir que vuestra música es “feminista”? Ash está lleno de fuertes personajes femeninos y parece alinearse con el girl power.
Nosotras no somos feministas, somos igualitarias. Todavía hay un largo camino que recorrer hasta que los derechos de las mujeres sean iguales que los de los hombres en todo el mundo. Es increíble que algunas mujeres se vean forzadas a casarse con alguien que ni siquiera conocen en pleno 2018. Pero incluso en nuestros países hay mucho que hacer todavía. No, las mujeres no deberían ser agarradas por el coño.

¿Qué sentís cuando en vuestros conciertos escucháis a muchos hombres cantando “the measure of any society is how it treats it’s women and girls” en ‘No man is big enough for my arms’? Es una imagen muy potente en estos días.
¡Es algo genial! No ganaremos esta batalla sin los hombres y muchos son conscientes de que son parte de esta lucha. Los amamos.

Siendo mitad francesas, ¿qué pensasteis cuando, hace unos meses, un centenar de mujeres francesas del mundo de la cultura encabezadas por Catherine Deneuve firmaron un manifiesto en contra del movimiento #MeToo por “puritano”?
Catherine Deneuve es un espíritu maravilloso y una gran actriz, pero creemos que firmar esa petición fue un error. Shit happens.

¿Pensáis que hay Harveys Weinsteins en la industria musical?
No hemos tenido ninguna mala experiencia en nuestra vida profesional, pero por supuesto que sí. Hay Weinsteins en todas partes. El poder es un virus peligroso.

En ‘Transmission’, os preguntáis “¿debo compartir cómo me siento o debería enterrarlo dentro?”. Después de lanzar dos discos, de alcanzar un relativo éxito, de girar alrededor de todo el mundo… ¿Sabéis la respuesta?
Como artistas, pensamos que una de las normas más importantes es ser honesto. Da igual lo que eso suponga. Si algún día sentimos que debemos dejar de compartir nuestros sentimientos, dejaremos de grabar álbumes y de tocar. Las falsas emociones no forman parte de nuestro vocabulario.

Ash está lleno de colaboradores. ¿En qué han contribuido a vuestra música?
Cada uno de nuestros invitados aportó muchísimo a la canción en la que colaboró. Fue como si las canciones estuvieran esperando a ser completadas por ellos. ‘Me Voy‘, nuestro primer tema en castellano, por ejemplo, necesitaba a La Mala Rodríguez. Ella es perfecta para ese sonido urbano.
Lo mismo ocurrió con ‘Deathless‘. Conocimos a Kamasi Washington durante el tour que hicimos en el verano de 2016. Solíamos estar programados en el mismo escenario en los festivales americanos y europeos y acabamos haciéndonos amigos. Nos encanta su música. Nos pidió que hiciéramos un remix para él y después le dijimos que tocara en ‘Deathless‘. La canción necesitaba a Kamasi, no sonaría como suena sin él.
Todavía estamos realmente emocionadas con que Meshell Ndegeocello toque el bajo en ‘Transmission‘ porque ella nos ha transmitido mucho a través de su música. La escuchamos desde pequeñas. Por último, Chilly Gonzales es un inmenso pianista y productor. Nos hemos hecho muy buenos amigos e incluso vino a tocar con nosotras en nuestros conciertos en Paris y Colonia. Nos sentimos bendecidas por tener a todos ellos en nuestro disco. Admiramos su música y los amamos como personas.

Publicidad
Publicidad