05/06/2018

Crónica de casi 20 conciertos de la primera jornada del festival barcelonés.

Vagabon

La salida en solitario de Laetitia Tanko para interpretar su reciente ‘Full Moon in Gemini’ podía ser una reafirmación de su tenacidad. O de la firme creencia en sus aptitudes. Con el sobresaliente Infinte Worlds a sus espaldas, que compuso mientras aprendía a tocar todos los instrumentos, la camerunesa optó por un inicio algo apático que resolvió rápidamente con la maravillosa ‘Cold Appartment’. La oscura sensualidad de su voz podría es el principal aliciente de una propuesta de pop independiente en plena renovación de los ritmos urbanos, pero sobre el escenario destacan las líneas de bajo Maggi Toth en canciones como ‘Minneapolis’, y el trío se agranda para expandir un repertorio que con ‘Sharks’ ya mostraba su solidez desde su primer EP.  En un directo notable la banda destaca en sus mejores composiciones, como ‘Fear & Force’, con su cantante exhibiendo versatilidad y subrayando la intensidad emocional de “I’ve been hiding in the smallest spaces, I am dying to go, this is not my home”. Vagabon ratificó su debut y dejó muchas esperanzas en lo que esté por llegar. (Carlos Marlasca)

The Zephyr Bones

Inaugurar la programación del escenario Pitchfork no es una tarea nada fácil y The Zephyr Bones eran totalmente conscientes. Prueba de ello fueron los nervios –totalmente comprensibles, por cierto –de la banda durante los diez primeros minutos de su directo, pero salvando este pequeño detalle y teniendo en cuenta que luego, al entrar en calor, todo fue más fluido, la formación medio catalana medio chilena salió victoriosa de este reto. Con un rock de tintes psicodélicos protagonista, sobre todo, del repertorio de su último disco Secret Place, el cuarteto se hizo con los primeros contoneos del público asistente, quien parecía olvidarse del sol plomizo de las seis de la tarde gracias a las melodías veraniegas y vaporosas del grupo. Una perfecta combinación que se sumó a la ejecución impoluta por parte del joven cuarteto, reafirmando así su “puesto” como uno de los grupos nacionales con un futuro más prometedor. (Raquel Pagès)

Hinds

Arrancaban Hinds su concierto en el inmenso escenario Seat con dudas sobre si dirigirse al público en castellano o en inglés. Tiene su lógica: mientras aquí casi tienen que pedir disculpas por su fulgurante éxito, las madrileñas llenan salas por todo el mundo. Sin ir más lejos, llegaban directamente de todo un mes girando por Estados Unidos para presentar I Don’t Run, ese segundo álbum con claras hechuras de paso adelante. Sus canciones, que reparten protagonismo entre el timbre maullado de Carlotta Cosials y la voz grave de Ana Perrote, también aparentan tener dudas. Aunque no lo parezca, es un piropo: ‘Chili Town‘, ‘Soberland‘ o ‘Garden‘, escurridizas, están repletas de imprevisibles cambios de ritmo. Quizá no los ejecuten de forma demasiado sutil, pero es de suponer que el tiempo servirá de infalible corrector. Su morro y su entusiasmo, en cambio, no se pueden entrenar: se tienen o no se tienen. (Víctor Trapero)

Ezra Furman

A Ezra Furman se le descolgó su guitarra en el inicio de ‘I Wanna Destroy Myself’. Solo le faltó patear al ayudante que salió a tratar de poner la correa en su sitio. Desbocado desde su salida, con labios pintados y collar de perlas, el estadounidense presumió de repertorio, pese a que sin duda su último Transangelic Exodus ha supuesto una confirmación absoluta. La primera en sonar de este trabajo fue ‘Maraschino Red Dress $8,99 at Goodwill’, pero fue mayor el encanto de ‘I Lost My Innocence’ y sobre todo una ‘Driving Down To L.A.’ que sonó sin truco ni cartón, calcada al disco con toda su instrumentación. Hay quien debería tomar buena nota. Funcionó el doo woop de ‘Hounted Head’ y el medio tiempo de ‘Psalm 151’, y la traca final de Furman, reivindicativo durante toda su actuación, comenzó con el alegato a favor de la apertura de fronteras de ‘No Place’ y el cantante entrando en trance. Apoyado en una banda sin fisuras, quedaba ‘Suck The Blood Of My Wound’, ya a pecho descubierto y que se confirmó como uno de los himnos de este año. Alguien le iba a disputar a Arca el trono queer en el Primavera Sound. Y Ezra Furman fue más salvaje, más auténtico y más creíble. (Carlos Marlasca)

DJ Seinfeld

Visiblemente nervioso y algo sobreexcitado (para ser sueco, ¡imaginen!), Arman Jakobssen apareció bajo la caldera de la carpa del Desperados a las 19h. Puntual y riguroso, enlazó el tema final de Pépe, y llegó su turno. Pasó de puntillas por el generó del que le ha tocado llevar la bandera, el lo-fi house, y se decantó por ir improvisando, de ritmos percusionados y tropicales a tramos de techno rocoso, para intercalar el clásico de Frankie Knuckles, ‘Your Love‘, en la primera hora del set. La recta final pareció centrarse en el house más festivo, y hubo picos altos según el tema, pero lo cierto es que no terminó de cuajar, tal como fuimos sospechando en tantas idas y venidas. Para el próximo capítulo,  ¡queremos un live Seinfeld! (Jordi Isern)

Sparks

Si tenemos que citar una banda del glam-rock de los setenta (o del new wave, no entraremos en intrincados debates aquí) que haya envejecido con vigor, no hay duda: Sparks. Los hermanos Mael siguen siendo toda una garantía. Lo sabíamos por su letal experimento con Franz FerdinandFSS fue de lo mejor del Cruïlla 2015– y también por el contemporáneo Hippopotamus (2017). Todavía pronto por la tarde, y con poco público en el recinto, Sparks paseó con vitalidad toda su ristra de hits junto a una poderosa banda de apoyo. Todo sigue igual para estos californianos: mientras Russell canta todo con extrema precisión y energía, Ron sigue pegado a su piano, impávido y hierático, hasta que en cierto momento del show se levanta y ensaya un baile que arranca –no falla– sonrisas entre el público. Y luego, ‘This Town Ain’t Big Enough for Both of Us‘. Toma postres. Lástima de las horas, el buen arrojo de los Mael merecía más gente. (Yeray S. Iborra)

Warpaint

Una década y tres discos después, Warpaint ya no necesitan presentar nuevo material para convertirse en un importante cebo dentro de cualquier cartel. Su último álbum, Heads Up, ya tiene dos años, pero las californianas no parecen estar en barbecho precisamente aunque Theresa Wayman, su vocalista principal, acabe de lanzar su primer LP en solitario. Existen pocas maquinarias mejor engrasadas que el cuarteto, una suma de sinergias en la que cada elemento parece no tener sustituto. Sería injusto, eso sí, no subrayar el papel capital de Stella Mozgawa a la batería, capaz de dotar de un pulso infeccioso e irresistible a cualquier tema, le echen lo que le echen. ‘So Good‘, ‘Elephants‘ o ‘Keep It Healthy‘ no son exactamente lo que uno entiende por canciones bailables, pero Mozgawa, un pulpo, consigue que lo parezcan. El necesario contrapunto dentro de su festín polirrítmico llegó hacia el ecuador con la desnuda ‘Billie Holiday‘, nana a cuatro voces que, según Wayman, no suelen tocar en festivales “por si alguien se queda dormido”. Por supuesto, bromeaba: a esas alturas, todo estábamos con los ojos como platos. (Víctor Trapero)

Amaia

Nunca lo había ocultado. Cuando otros decían Arenal Sound, ella, Primavera. Pero la alternativa le llegó demasiado pronto. Amaia está todavía verde. Lo que no quiere decir que haya que menospreciar su actuación en el Hidden Stage solo porque su inclusión en el festival haya sido producto de su paso por un concurso viral que ha acercado un poco más lo alternativo –si aún queda algo de eso– a lo mainstream; por la apertura de titulares en medios no musicales que le ha supuesto al evento su presencia; o por su valioso y atrayente feminismo pop (volvió a levantar los brazos para mostrar sus axilas), bises de influencer. Amaia tiene una de las mejores voces que ha habido este año en el Fórum, una honestidad brutal y destellos de artista (emocionó al aporrear con furia su piano en Tuyo de Rodrigo Amarante). Eso sí, su bolo con The Free Fall Band fue de más a menos, casi a la misma velocidad a la que se llenó el recinto de auténticos lovers de la ex-Operación Triunfo. Empezó con un pop risueño y contagioso y acabó por hacer versiones, la cuota indie que se le pedía, algo simplonas –casi de hilo musical– de Arcade Fire o Neutral Milk Hotel. Eso sí, Amaia llevó a los márgenes al Primavera Sound, y sus elecciones valieron curiosas anécdotas: ¡Sonó M Clan en el Fórum en una improvisada Miedo (la única que recuperó de su paso por OT)! Amaia tiene interés, y es la única de su círculo de nuevos (y también de los antiguos) triunfitos capaz de participar en el mismo mes en Eurovisión y luego en el Primavera… ¿Por su talento o por la pura posmodernidad? El tiempo dirá. (Yeray S. Iborra)

Kelela

Kelela ya no es una promesa. Lo fue en 2013 con la salida de su primer EP CUT 4 ME, y también en su paso por el Primavera Sound hace tres años, cuando acababa de lanzar al mercado su segundo EP Hallucinogen. Este año, sin embargo, la norteamericana volvía ya convertida en una auténtica realidad del R&B contemporáneo, presentando en directo, desde el escenario Ray-Ban, su celebrado disco debut Take Me Apart, un trabajo marcado por el pop y el R&B más rítmico, glacial e innovador. Sobria pero sin esconder la emoción más pura que asoma en temas como ‘LMK’, Kelela se presentó acompañada por dos coristas y arropada de sinuosas bases electrónicas, dispuesta a fascinar y retumbar al público. De la envolvente ‘Frontline’ a la cortante ‘Rewind’, poco a poco, y pese al carácter más bien pausado de sus temas, la artista supo dominar y convencer, con pericia, a un público que en momentos pareció querer desvanecerse. (Irene Méndez)

Unknown Mortal Orchestra

A pesar de tener un inicio algo calmado, el concierto de Unknown Mortal Orchestra acabó convirtiéndose en toda una fiesta. Una fiesta mayormente protagonizada por las canciones de sus anteriores discos –las más coreadas, como ‘So Good at Being in Trouble‘– y por la presencia abismal de fans extranjeros, que transformaron algunas de las canciones en casi himnos de campo de fútbol. Pero quien de verdad incendió al personal fue Ruban Nielson, quien propició una ronda de shots con toda la banda en medio del concierto, se fundió con el público durante ‘Not In Love We’re Just High‘ y acabó haciendo un spagat que dejó a más de uno con la boca abierta. A partir de ese momento, la energía fue totalmente desbordante. Un guateque descomunal que finalizó con ‘Can’t Keep Checking My Phone‘, cantada a pleno pulmón por la mayor parte del público. (Raquel Pagès)

Björk

Hay ciertas artistas cuyo genio y despliegue de talento siempre está garantizado encima de un escenario. Björk tiene una buena parcela entre esos nombres que “(casi) nunca fallan”, y el sí o el no suele ir muy ligado a la subjetividad de un setlist y perlas personales olvidadas, o a problemas de logística de la producción. Delante de una puesta en escena que era una versión de la mejor de las primaveras que alguien pueda imaginar, con la proyección de imágenes que pareceían de un mundo como el de Avatar –en el buen sentido, y en el de entender que a veces la visión futurística de nuestro planeta parece un poco recargada–, todo tan bien coordinado, con un bosque de músicos perfectamente vestidos y ella, en el centro de todo, siendo el sol que da a lugar a la fotosíntesis de eso que imagina e intenta transmitir con canciones, uno solo puede dejar caprichos personales de discos pasados al margen, y centrarse en disfrutar. Lo ideal, o haciendo referencia a su ultimo disco, lo utópico, sería en un Auditori, donde poder notar cada nota como un pétalo o una brisa de jazmín de verano, pero sabemos donde estamos y cuál es el discurso de Björk en 2018. Pocas miradas a la nostalgia (‘Human Behaviour‘ e ‘Isobel‘, pero también ‘Pleasure Is All Mine‘), y el resto, a las manos de ese último disco y los dejes paranoicos de Arca. Y por supuesto, todo a lo grande y dejando sutilezas de lado, tal como requería el escenario. Lo mejorable ya ha sido mencionado. Lo que podía haber sido peor es casi incontable. No falló. (Jordi Isern)

C. Tangana

La relación entre Puchito y el festival va camino de convertirse en un fenómeno parecido al de Shellac. Después de su debut a.d.MM. (antes de ‘Mala Mujer’) en 2016 y su actuación junto a Agorazein, su crew “para siempre”, en 2017, Antón Álvarez volvía por tercer año consecutivo al Parc del Fòrum, ya convertido en la superestrella que conocemos a día de hoy. O la que creemos conocer: persona o personaje, resulta complicado descifrar a C. Tangana. El díptico que forman sus dos últimos trabajos, Ídolo y Avida Dollars, se debate entre la exaltación y la demolición de la marca que él mismo ha creado, repleta de claroscuros, siempre cerca de la parodia. La traslación al directo de su discurso, mitad concierto, mitad performance, de la inicial ‘Tiempo‘ a la final ‘Llorando en la Limo‘, ahonda especialmente en esos contrastes. Incluso llega a autoboicotearse en un largo speech en el que entrega el poder al público, único respiro de una actuación frenética: “¿Sabéis cómo se destruye a un ídolo? Si vosotros dejáis de mirarlo”. Lo suelta con la seguridad del que sabe que, para lo bueno y para lo malo, tiene un carisma absolutamente magnético. Imposible quitarle el ojo de encima a pesar del despliegue de estímulos sobre las tablas: bailarines, espectaculares visuales, pole dancers, lluvia de billetes con su cara, llamaradas y hasta un par de pilotos de motocross. Solo la aparición de Dellafuente en ‘Guerrera‘ le roba algo de protagonismo dentro de un show absolutamente clave para entender lo que está pasando en la escena patria. Quedarse fuera es darle la espalda a uno de los momentos más excitantes de nuestra música en las últimas décadas, le pese a quien le pese. (Víctor Trapero)

The War On Drugs

Hay múltiples maneras de llegar a describir lo que sucedió con The War On Drugs, pero quizás me quedo con lo que dijo una chica del público en mitad del concierto: “Esto es lo más bonito que he visto nunca”. Y no puedo estar más de acuerdo. Rodeado de un halo de triángulos luminosos y con el sol escondiéndose, Adam Granduciel apareció con su Telecaster junto con la banda al completo y empezó a hacer magia desde el minuto cero. ‘In Chains‘ seguida de ‘Pain‘ fueron el inicio de un concierto celestial y prodigioso repleto de melodías de guitarra exquisitas y unos solos absolutamente soberbios. Encontrarse en directo con canciones tan sobresalientes como ‘Red Eyes‘ o ‘Strangest Thing‘ fue toda una delicia. Y lo mejor de todo fue ver como el público reaccionaba ante un repertorio denso como el de The War On Drugs –refiriéndome a la larga duración de las canciones–. Un factor que consiguió algo esencial y definitivo: que la gente entrara mucho mejor en su contemplativo, delicado y sublime universo. (Raquel Pagès)

Fever Ray

Han tenido que pasar casi 10 años para poder disfrutar de la continuación del disco debut de Fever Ray, que en 2009 lanzaba al mercado su disco debut homónimo consiguiendo hacer las delicias de todos los fans de la electrónica más oscura y sombría. Ocho años después, Karin Dreijer vuelve al ruedo con ‘The Plunge’, disco en el que la escandinava da un giro rotundo hacia los sonidos más psicodélicos, industriales e incluso bailables que los presentados en su debut y trata temas como la política, el feminismo y la sexualidad. En su puesta en directo, el excentricismo y lo imprevisible toman por completo el escenario para convertirlo en una auténtica fiesta en la que solo existe una realidad: la de Fever Ray. Dos cantantes y tres músicos acompañan a Dreijer sobre el escenario, en el que uno tras otro suenan temas que construyen un repertorio cargado de percusión, tribalismo y frenetismo al ritmo de canciones como ‘IDK About You’ o ‘To The Moon and Back’. (Irene Méndez)

Nick Cave & The Bad Seeds

El hipnotizado rostro de una fan cuando estaba a punto de acariciar a Nick Cave es un buen resumen de lo que representa. El paso del tiempo agiganta su leyenda y la de los suyos.  Incluso cuando el reverendo está todavía en el luto reflejado en Skeleton Tree, la contundencia de sus directos es apabullante. Como añoranza o señal de respeto por quien ya no está, ‘Jesus Alone’ abrió con el público apoyando a Cave en una especie de responso comunal en “with my voice I’m calling you’.  No quiso el australiano que la melancolía prevaleciese y comenzó a disparar su arsenal pesado, con ‘Do You Love Me’, ‘From Her to Eternity’ o ‘The Mercy Seat’, que inició en solitario frente al piano para incrementar su explosividad. Hubo más licencias a la calma como ‘The Ship Song’ o ‘Distant Sky’, con un vídeo de la soprano Else Torp en la canción del último trabajo que representa el alivio tras la pérdida. Volvió a ser inmensa ‘Jubilee Street’ con el éxtasis de Warren Ellis y se agradeció la versión más desatada de la banda con una inédita ‘Loverman’ y ‘Deanna’. Esta vez quiso un siempre provocador Nick Cave acabar con el escenario repleto de público quizá buscando refugio en la representativa ‘Push The Sky Away’. Y al final parece que poco importan las circunstancias ya que la banda sigue buscando una eternidad que tiene ganada desde hace tiempo. (Carlos Marlasca)

Vince Staples

El californiano afrontó la presentación del enorme Big Fish completamente solo ante el peligro. Ni siquiera le secundó un dj, esa figura ligada al imaginario hip-hop desde sus inicios. Pero es que Vince Staples rompe con los tópicos del género en forma y en fondo: las bases sobre las que rima, absolutamente explosivas, provienen de todos lados. Su show, de hecho, genera sensaciones más cercanas a la euforia de la música de club que a la introspección del rap. Hace unas ediciones, antes de la apertura definitiva del festival a sonidos urbanos, su actuación hubiera quedado como una  entretenida anécdota. Ahora ya tenemos bagaje para afirmar que Staples marcó un hito dentro del género en la historia de Primavera Sound. (Víctor Trapero)

CHVRCHES

Con ‘Love Is Dead’ recién salido del horno, la actuación de CHVRCHES el jueves se presentaba como uno de los platos más fuertes de la primera jornada del Primavera Sound. Era el primer gran festival en el que presentaban su tercer disco de estudio en directo, y como era de esperar, la banda escocesa irrumpía en el escenario sobrada de energía y derrochando frescura, carácter y solvencia con temas como ‘Clearest Blue’ o la siempre infalible ‘Never Ending Circles’. Con una Lauren Mayberry sobrada de carisma y elegancia y unos Iain Cook y Martin Doherty soberbios desde los sintetizadores, su set estuvo marcado, sobre todo, por los temas de sus dos primeros discos, pues si bien demostraron que funcionan mejor en directo que en el disco, las canciones de Love Is Dead acabarían sonando menos efectistas. Más seguros de sí mismos que nunca sobre el escenario, se acogieron sin miramientos al electro-pop más convincente y energético, demostrando que CHVRCHES continúan siendo sinónimo de frescura y apuesta segura en directo. (Irene Méndez)

Nils Frahm

Cuando lo único que se quiere es estar a cubierto, poco importa de qué está hecho un tejado. Cuando la noche se come al día, los tempos se empiezan a uniformar y los bombos y bajos gordos salen a relucir en el Fórum… En ese preciso momento, quien propone algo más que un techo cómodo en los bits, se lleva la palma. Y Nils Frahm, como ya anticipaba All Melody (2018), es el mejor de los carpinteros. Hay que tener agallas para, pasadas las dos de la mañana, proponer un juego de melodías y ritmos –más sintéticos o selváticos– en el que no prime solo la velocidad, sino más bien el recorrido. Tal vez el más orgánico de la cuerda Erased Tapes Records, Frahm encaró el Primavera Sound como una noche en su estudio; rodeado de teclados, allí donde nadie parece mirar, donde nace la magia. Acabó el concierto tocando cascadas de notas sólo a piano. Salvaje para las horas. Un final de banda sonora, material de su largo Space (2013), alucinado y envolvente. Frahm es refugio. (Yeray S. Iborra)

Bad Gyal

En un momento en que la música urbana cada vez se sirve de menos gente sobre el escenario –ABRA, ya en la jornada del sábado, salió sin ni siquiera DJ–, Bad Gyal, todo lo contrario: Fake Guido, como siempre, lanzándole los beats y multitud de bailarinas a su lado, repitiendo religiosamente los pasos que Alba Farelo propone. Lastimosamente, menos no es más, y llenar el escenario de coreografías constantes, herencia del booty dance que la de Vilassar de Mar predica, no da todavía todo el resultado esperado. Su voz se sigue perdiendo en algunas partes de los temas (es humano: nadie puede culparla del ahogo a ese ritmo, pero igual habría que esponjar algo más los bailes), pero menos que en ocasiones anteriores, como en la presentación de su álbum, Worldwide Angel, en la sala Apolo de Barcelona. Eso sí, el repertorio está cada vez más asentado. No hubo nadie entre el respetable quieto con ‘Bink‘, ‘Tra‘ o –menudo incendio– ‘Fiebre. (Yeray S. Iborra)

Carpenter Brut

La noche en el Bacardí, tal vez el escenario con una programación más completa y más deshabitada (no está cerca del epicentro del Fórum, precisamente), acabó como empezó: supremacía de los sintetizadores ochentas. Aunque sería injusto decir que el cierre de Carpenter Brut se limitó al revival que diez horas antes había ofrecido Nightcrawler. Los franceses son un crossover difícil de encajar. Synthwave, películas de serie B pero, a la vez, techno gordísimo (con ligeros brotes ácidos, incluso). Todo con eléctrica, teclado y cajas de ritmos. Tres tipos que manejan al dedillo los tempos y que con Leather Tuth (2018) han sumado todavía más oscuridad, velocidad e impacto a la mezcla. En un festival donde las guitarras mueren poco después de que caiga la noche, el trío evidenció algo: los zombies –ahora que nadie se ofenda– también se pueden mover a altas horas con una propuesta de banda, sobre todo si entre sus armas cuentan con la letalidad de ‘Turbo Killer‘ o ‘Roller Mobster’. (Yeray S. Iborra)

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Foto. Pablo Luna Chao / Jordi A. Sintes / Irene Méndez   Conciertos. Festivales
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