13/05/2018

Los autores del ’45 cerebros y un corazón’ protagonizan en Madrid una actuación memorable con el intenso alegato político de sus canciones y la reivindicación de sus himnos.

La historia no se repite en los pueblos que la recuerdan. Maria Arnal i Marcel Bagés hacen su propia interpretación del aforismo de George Santayana. Y tiene algo de romántico en que sean dos catalanes los que actúen en Madrid a modo de revulsivo contra esa amnesia colectiva, fabricada mediante un relato con demasiadas páginas omitidas, con los carniceros vagando sin deudas aparentes y las víctimas silenciadas en fosas y cunetas. Las nuevas generaciones tampoco van a tolerar el penoso olvido. Y también es conciliador que la majestuosidad con la que reclaman justicia se haga sin batallas de asfixiantes y estólidas banderas, tan abundantes en estos tiempos, cuya superficialidad tiene poco que ver con el profundo alegato de la pareja.

El ejercicio de memoria lo inició un breve preámbulo de ‘Desmemoria’ y los ’45 cerebros y un corazón’ hallados en Burgos que sobrevivieron al funesto sátrapa, y que “son algunos de los elementos sobre los que se ha construido nuestra socialdemocracia”. Solo el poderío de Arnal, incluso cuando el aire apenas hacía vibrar sus cuerdas vocales, relegó su discurso político hasta que Bagés se reivindicó como parte fundamental en ‘Jo no Canto por la Veu’ y ‘A la Vida’. Ambos han diseñado una particular revisión del folclore, una perspectiva vanguardista que comparten con Niño del Elche, de quien interpretaron ‘Miénteme’, y que ya aparece en las primeras composiciones que rescataron como la ‘Cançó de Marina Ginesta’ y su oportuno feminismo.

La música, una vez más, devaluó las capacidades de los gobernantes. “La gent” fue consciente del “poder que té”, al menos durante una noche memorable en la que dos catalanes colgaron el ‘sold out’ y fueron ovacionados en lo que las malas lenguas aseguran que es territorio hostil. Sobre las tablas, la trascendencia del trabajo de Arnal y Bagés es patente y la extienden a David Soler, productor del disco y y con el que también contaron durante gran parte de la velada. La cantante, a la que el reconocimiento le ha llegado después de solo tres años de formación musical, expandió su magnética timidez a través de un fondo blanco, agigantando su sugerente figura y frente al que desveló un futuro que con big data no parece que vaya a relajar una propuesta tan hermosa como combativa.

El potente arsenal que ambos manejan fue suficiente para no convertir el concierto en una excusa para aguardar sus perlas más sobresalientes. Conscientes de haber generado dos himnos, la catarsis colectiva tan solo se acentuó con ‘Canción total’ y su dardo a esta impronunciable civilización y la antológica ‘Tú que vienes a rondarme’ (canción del año 2017 en Indiespot), con el universo del cómic Promethea de Alan Moore materializándose en esa galaxia mediana que todos deseábamos habitar. Cualquiera que pasara por allí se hubiera visto abrumado por una realidad tan diferente a la que se radia o sobre la que se escribe, una comunión generada en dos lenguas con la gratitud mutua como única consecuencia. Lejos de la confrontación, solo quedó “l’alegria quotidiana de veure’t” del ‘Tu saps’ final. O al menos, la felicidad eterna de escucharles.

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Foto. Sound Isidro   Conciertos
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