23/04/2018

Una crónica-reflexión sobre el pasado, presente y futuro de Arcade Fire.

El concierto de Arcade Fire en el Palau Sant Jordi de Barcelona del pasado sábado 21 de abril de 2018 me tiene con el corazón dividido: por un lado resulta fascinante encontrarse con una banda que, tras 5 discos y 15 años de carrera desde su irrupción, conserva casi intacta esa vitalidad, esa energía, esas ganas de comerse cualquier escenario por el que pasan; por el otro, no puedo evitar sentir no solo que todo esto ya lo he visto –y no una ni dos ni tres veces, unas cuantas más– sino que, por encima de todo, Arcade Fire ya han descubierto cuál es su techo.

¿Se habrán dado cuenta ellos? Días antes del concierto, Win Butler se reafirmaba en una entrevista con El País diciendo que siguen siendo “el mejor grupo en directo del mundo”. Lo de siempre en estos casos: si eres tú el que tiene que empezar a decir estas cosas es que algo falla. La frase es una respuesta a la última época vivida por Arcade Fire, en la que no solo su quinto disco Everything Now ha sido recibido con frialdad por su calidad artística. Hay más: con una interesante campaña de promoción basada en criticar las grandes corporaciones que buscan el beneficio por encima de todo (hasta crearon un perfil paralelo llamado Everything Now Corp que parodiaba contratos abusivos, coerción de la libertad creativa y todos los males del capitalismo agresivo actual, además de puya a la prensa, fake news y memes varios; el vídeo alternativo de ‘Creature Comfort’ es una buena muestra), el grupo rompió poco después con su manager de toda la vida (esta vez de verdad) y en su nueva gira vende entradas VIP a 168€.

Es cierto, todo esto es circunstancial porque en Arcade Fire lo que importa es la música. Ese pop rock eufórico, abrumador, inasible, que nos barrió emocionalmente con Funeral, se acomodó con algo más de oscuridad en Neon Bible, se estandarizó en The Suburbs y se renovó en Reflektor, para finalmente llegar a esa suerte de crisis de identidad que resulta ser Everything Now: no es un mal álbum, pero sí nos muestra a otros Arcade Fire. Así llegamos a la gira de Everything Now, conocida como la del ring: un escenario en forma de cuadrilátero (literalmente) es esta vez el protagonista, formato que ya anticiparon en el Primavera Sound 2017 con su concierto sorpresa durante la jornada del jueves, en el que además tocaron por primera vez ‘Everything Now’ y ‘Creature Comfort’.

Este formato es una pasada: situado en el centro de la pista, todo el público tiene una visión privilegiada del grupo, tanto desde el suelo en los cuatro lados (viviendo el espectacular juego de luces) como desde la grada (con una visión más panorámica y general del ring y sus pantallas superiores). Además, Arcade Fire lo aderezan mezclándose con el público más que nunca: cantan ‘It’s Never Over (Orpheus)’ con Régine Chassagne en una grada del público a dúo con Win Butler (este en el escenario), y ambos bajan a cantar y bailar varias veces en temas como ‘Reflektor’ y ‘We Don’t Deserve Love’. Al estar situado en medio de la pista, el acceso del grupo al escenario tiene que ser a través del público, y ahí llega el primer momento simbólico de la noche: antes de que el grupo salte a escena, los miembros de seguridad abren un pasillo entre la gente para que Butler y los suyos pueda llegar al escenario… pero el pasillo no puede formarse hasta el final porque no hay suficiente gente. La cifra de asistencia se quedó en 10.000 personas, lejos del lleno en el Palau Sant Jordi e incluso por debajo de su anterior visita al recinto, en 2010. Uno puede pensar que Arcade Fire ya no son tan grandes como ellos piensan.

Pero, de nuevo, no caigamos en lo circunstancial: el grupo sube al escenario, presentado por un speaker que los describe (en castellano) como si de un duelo pugilístico se tratara, y aborda una exultante ‘Everything Now’, coreada hasta el éxtasis con esa melodía tan ABBA, para inmediatamente encadenar su final con una ‘Rebellion (Lies)’ acelerada y contundente. Con la explosión de ‘Here Comes The Night Time’ las cuerdas que rodean el ring caen y el grupo queda ‘desnudo’ ante el público, que recibe como si no hubiera mañana la epiquísima ‘No Cars Go’. Y… la sensación de déjà vu es inevitable.

Este arranque de concierto con ‘No Cars Go’ en primeras posiciones además de alguno de los grandes hits (en 2010 fue ‘Ready To Start’, en 2017 fue ‘Wake Up’) es ya extremadamente familiar, más por esencia que por las canciones en sí. Y entonces, para huir del fantasma, Butler y los suyos –que son muy listos– optan por dos de las mejores canciones de Everything Now. Pero no: la dulce ‘Electric Blue’ luce estridente, torpe, y ‘Put Your Money On Me’ se queda a medias, sin ese golpe definitivo que debería hacerla volar en directo.

Es la sensación que planea durante todo el concierto: mucho conocido y poco por conocer. Puede que el efecto de haber vivido un concierto como el de 2016 en Razzmatazz (aquello, por muy síndrome del “yo estuve allí” que sea, fue inolvidable) cuando ya habían actuado en el Primavera Sound de 2014, y después el doblete de 2017, influya. No es que ellos no se esfuercen en tratar de sorprender, como hacen con las menos habituales ‘It’s Never Over (Orpheus)’ y la robusta ‘We Exist’, entre las cuales exhiben himnos imbatibles como ‘Neighborhood #1 (Tunnels)’, ‘The Suburbs’, ‘Ready to Start’, ‘Reflektor’ y una ‘Afterlife’ recibida, esta sí, con mayor frialdad de la esperable entre un público generalmente entregado (y eso que acaba con guiño a ‘Temptation‘ de New Order). Quizá no son ellos, pienso. Quizá soy yo.

Pero cuando tocan de forma arrolladora ‘Creature Comfort’, uno de los temas más salvajes y vivos del nuevo disco, y después nos devuelven a 2004 con la imbatible ‘Neighborhood #3 (Power Out)’, vuelvo a pensar que quizá, solo quizás, los que estén un poco perdidos sean ellos. Con Reflektor y, especialmente, Everything Now, Arcade Fire parecen haberse encaminado a un lugar que ni ellos mismo tienen claro, atrayendo con ellos a su legión de fans más fiel sin agrandarla. Tampoco hay nada de malo en que tu gran himno esté en tu primer disco, solo faltaría, y con esa eterna ‘Wake Up’, esta vez acompañada magistralmente por la Preservation Hall Jazz Band de Nueva Orleans (teloneros de la gira) en otro instante de memorable comunión colectiva, cierran definitivamente el concierto.

¿Y luego qué? Luego se vuelve a crear el pasillo para que el grupo, a modo de pasacalles, vuelva a los camerinos. Todo es una fiesta. Y si bien la gente salió eufórica del recinto (ojo al vídeo), el mentado fantasma del estancamiento que ya ha asolado a muchos grupos de los primeros 2000 sí planeó sobre el grupo canadiense. ¿Hacia dónde pueden ir ahora Arcade Fire? ¿Cuántas veces pueden hacer (casi) el mismo concierto? Quizá seamos como ellos mismos describen en ‘Everything Now’ y lo queramos todo ahora. Pero a una de las bandas del siglo hay que exigírselo.

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Foto. Live Nation   Conciertos
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