22/04/2018

14 discos que dan la bienvenida musical a 2018.

A.A.L (Against All Logic) – 2012 – 2017

Sin que apenas nos diésemos cuenta, Nicolas Jaar lo ha vuelto a hacer. Con una colección de temas grabados durante el tramo central de esta década y lanzados sin previo aviso, el chileno-estadounidense nos ha hecho emprender un viaje instantáneo hacia las raíces del house (ya nos advierte en la misma apertura, ’This Is Old House’) que bien vale la pena enmarcar en la galería de tesoros del género. Bajo un alias ni siquiera instaurado en el imaginario colectivo como es A.A.L, renunciando tanto a la densidad moteada de rock clásico y psicodelia de su difunto dúo Darkside como al texturizado, ecléctico y hasta político collage sónico que fue su último largo, Sirens, en esta ocasión el imaginativo compositor y productor electrónico nos transporta hacia territorios mucho más cálidos desvelando una personalidad más diáfana y directa –que no por ello simple–, hasta la fecha solo conocida por quienes frecuentan sus noches en el club y rastrean insaciablemente en el catálogo de su sello Other People. No se dejen engañar por las agresivas trompetas de su enmarañado inicio: agradables guitarras funk, eufóricas voces soul, enérgicos hi hats y bombo que da gusto salen rápidamente al rescate tras el primer minuto y ya no nos abandonan. Aunque la destreza en el arte del sampleo no es nueva en Jaar, jamás había funcionado tan bien en el centro de la pista de baile como en las extremadamente groovies ’Some Kind of Game’ y ’Now U Got Me Hooked’ o en el más punzante acid house de ‘You Are Going to Love Me and Scream’, donde resuenan los 70 con muestras de Pastor T. L. Barrett, The Dramatics y The Delfonics, sin olvidarnos de la locura mutante ’Such a Bad Way’ en la que ha sido empastado Kanye West. Y ojo a la contorsión vocal y sintética que es ‘I Never Dream’, capaz de eclipsar cualquier rompepistas reciente de Four Tet o Daphni. Contra toda lógica, a golpe y porrazo, sin comerlo ni beberlo, el gran Nicolas Jaar nos ha endiñado el disco que más nos hará bailar este 2018. (Max Martí)

Car Seat Headrest – Twin Fantasy (Face to Face) 

Volver a grabar íntegramente un disco siete años después de su publicación y que no pierda su frescura no es algo precisamente fácil. Will Toledo lo ha conseguido dándole la vuelta a su obra más aclamada durante su época en Bandcamp, el álbum Twin Fantasy, y lo ha grabado de nuevo dejando atrás esa producción lo-fi tan característica de sus primeros trabajos pero manteniendo toda su personalidad y sentido. Twin Fantasy (Mirror to Mirror) fue el primer álbum conceptual –hasta entonces sus trabajos no eran más que recopilaciones de canciones– que publicaba como Car Seat Headrest y ya cuando lo lanzó en 2011 en la plataforma de streaming cautivó a todos quienes le seguían. En la primera versión de Twin Fantasy, grabada en su totalidad por él, se reflejaba de una forma íntima y personal el duro momento en que se encontraba Toledo con tan solo 19 años. Un adolescente solitario que luchaba contra la depresión y las dificultades que vivía en su relación con otro chico. Con la publicación de este remake, Toledo ha madurado como músico e interiormente. Ha conseguido hacer mejor a un ya de por sí gran disco, puliendo el diamante en bruto que se antojaba en él, y convirtiéndolo así en un álbum de referencia para próximas generaciones. Destacan, sobre todo, las dos composiciones que superan los 10 minutos de duración, ‘Beach Life-In-Death‘, de 13’19” y ‘Famous Prophets (Stars)‘, de 16’1″. (Sergi Cuxart)

Christina Rosenvinge – Un Hombre Rubio

Resulta muy emocionante y esperanzador comprobar cómo varias generaciones de mujeres están liderando en nuestro país un cambio de ritmo en el despertar de la conciencia de la igualdad entre géneros. Generaciones, varias de ellas, que han tenido en Christina Rosenvinge un ejemplo constante, musical y socialmente hablando, y un referente incalculable durante las últimas décadas. Por eso no sorprende demasiado que cuando la sociedad va, ella ya esté de vuelta. Así, en pleno debate sobre el papel de la mujer en el mundo, Rosenvinge ha publicado un álbum centrado en los roles de la masculinidad, escrito desde “un yo masculino indefinido” e inspirado –que no en homenaje– en su padre: “un hombre horrible” que, sin embargo, “fue víctima de sí mismo”. Materializado de forma escalofriante, grave y elegante en ‘Romance de la Plata’, una de las canciones del año en nuestro país. Conjugado a través de diferentes ritmos, texturas e inspiraciones –entre las que destaca la de PJ Harvey en la inaugural ‘La Flor entre la Vía’, la de Radiohead en ‘Afónico’ y, en general, la de David Bowie–, Un hombre rubio prescinde de los géneros musicales y se debería postular como el primer capítulo de la era legendaria de la carrera de Christina Rosenvinge: ese con el que definitivamente ha roto su propio techo. (Pablo Luna Chao)

cupcakKe – Ephorize

La etiquetita de Parental Advisory, ya un icono pop de nuestro tiempo, se creó para discos como este, un torrente de metáforas libidinosas poco sutiles, lo esperado en una cupcakKe que ya ha publicado anteriormente temas con títulos como ‘Cumshot‘, ‘Doggy Style‘ o ‘Best Dick Sucker‘. Pero que nadie se tome a guasa el tercer álbum, más allá de mixtapes, de la rapera de Chicago: esto es mucho más que un caca-culo-pedo-pis. Ephorize es, aunque a alguien le cueste creerlo, un disco terriblemente maduro (y necesario) para una chica de 20 añitos, por más que muchos se acerquen a él llamados por el morbo de sus descaradas rimas. A estas alturas, ella parece ser la primera en saber que su lengua viperina puede eclipsar su talento: “la mayoría de la gente ya se habrá saltado esta canción porque no va sobre sexo y matar”, suelta en ‘Self Interview‘. No conviene, sin embargo, pasar por encima de ninguno de los quince cortes de este frenético Ephorize que entronca directamente con esa estirpe de mujeres guerreras de flow vertiginoso que forman Missy Elliott, Lil’ Kim, M.I.A., Nicki Minaj o Azealia Banks. A todas ellas recuerda irremediablemente cupcakKe, pero su polivalencia y apertura de miras la convierten en una MC de sello personal e intransferible, capaz de saltar entre el reggaeton (‘Crayons‘), la salsa (‘Fullest‘), el dancehall (‘Exit‘) o el tropical-house (‘Total‘) sin despeinarse. (Víctor Trapero)

El Petit de Cal Eril –

Tras el lanzamiento hace dos años del mágico y sorprendente La Força y ahora firmando su regreso con , su quinto álbum hasta la fecha, queda más que claro que El Petit de Cal Eril está en su mejor estado de forma. Con una trilogía compuesta por tres EPs de tres canciones cada uno, la banda liderada por Joan Pons consigue encontrar de nuevo el perfecto equilibrio entre la forma y el contenido. Entre la cósmica, ensoñadora y fascinante visión de la cotidianidad de Pons y el pop-folk de matices psicodélicos que le acompaña. Una combinación exquisita que pedía a gritos —y que tiene, por supuesto— una producción cuidada y precisa que acaricia cada detalle del disco. Entre ellos, la espectacular y adictiva línea de bajo de ‘Som Transparents‘, la metafísica presente en cada una de las letras del disco y el casi susurro del cantautor de Guissona. Un recurso con el que Joan Pons, más allá de cantar, parece contarnos al oído aquello que hay en su mente. Un universo mágico y deslumbrante que evoluciona y se reformula con cada trabajo y que ha convertido a la banda en una de las perlas de la escena catalana. (Raquel Pagès)

Erika Wennerstrom – Sweet Unknown

Erika Wennerstrom le ha dado a la ayahuasca. No es una expresión: le ha dado bien. Fue en 2015, en una suerte de retiro “emocional” en el Amazonas al que fue empujada por sus propios fantasmas y una tristeza profunda. “Me ayudó a ser libre conmigo misma y a elaborar mi disco más honesto hasta la fecha. Me solía costar bastante llegar a ese punto de vulnerabilidad desde el que escribir, pero esa vez llegué más rápido. Fue mucho más fácil, más natural”, dice. El caso es que del viaje al Amazonas y otros paseos por América volvió con más de 400 notas de voz que ha transformado en este debut en solitario llamado Sweet Unknown. Quizás sea este un disco de esos que tiene que pillarte en un momento concreto de la vida porque el mensaje no es ambiguo. Va por: para, respira y quiérete (que según te pille te vale para parodia o para cambio de filosofía vital). Todo muy recogido en la magnífica ‘Extraordinary Love’, donde cuenta lo de la mandanga (“I drank the potion and saw my life in motion”), el amor extraordinario (“a love that only comes from withinside”) y la calma (“when you are living your life in constant motion remember to breathe”). Se lo cree tanto, se nota que le sale tan desde los pies, que la canción te pega en la cara como un vendaval. Todo el disco tiene un pie en la liberación y otro en un esfuerzo grande, y quizás algo artificial, por convencerse de un cambio. Como si ella estuviese diciéndose a si misma que su vida ha cambiado, que se ha dado cuenta de lo importante, que se ha mirado bien adentro, pero no terminase de sentirlo (“I needed to fill this void in my life and I don’t know where I’m going, but I’m moving on”). Es esa tensión. Pero psicoanálisis al margen, la vocalista de Heartless Bastards deja aquí canciones descomunales de baterías gordas y guitarras rudas. Recuerda a Torres, a Jolie Holland, a esas voces curtidas, reposadas en barrica. Escuchen los 10 minutos de ‘Good to be Alone’ y que no les suba algo por la espalda. Nosotros tampoco sabemos dónde vas, pero de momento el camino mola. (Daniel Boluda)

Ezra Furman – Transangelic Exodus

La ambigüedad sexual de Lou Reed y el disco de liberación de Ezra Furman. El segundo anuncia un libro sobre el Transformer del primero justo después del lanzamiento de Transangelic Exodus. Los personajes y relatos de uno y otro podrían intercambiarse en un lapso temporal de 36 años. Reed dinamitó cualquier convención social, Furman proclama la independencia de su Eros con un trabajo abrumador. ‘Suck The Blood From My Wound’ fue solo una frase en el móvil del estadounidense que él mismo transformó en el inicio arrollador de su cuarto largo en solitario, un presagio de su cautivadora evolución y una reivindicación queer más accesible que el reciente ejercicio de paroxismo de Arca. A lo largo de su dilatada carrera ya había engendrado composiciones excelentes como ‘How Long Diana?’, con los Harpoons, o ‘Restless Year’, que le ubicaban en la larga letanía de vástagos dylanianos, pero con el reciente lanzamiento inaugura una nueva dimensión. Consciente de la misma, genera piezas de estadio, entre las que también está el monumental riff de ‘No Place’ o la sobresaliente ‘Maraschino Red Dress $8.99 at Goodwill’ y explora nuevas sonoridades basadas en el violonchelo de ‘God Lifts Up The Lowly’ y otra de las joyas como ‘Love You So Bad’. Un generoso collage musical para “un disco que no es conceptual, sino que es casi novela o un conjunto de historias sobre un tema, una combinación de ficción y libro de memorias medio real”, según su autor, cuya confesión biográfica es indiscutible cuando en ‘Compulsive Liar’ canta “And I can trace the habit, to when I was eleven, and I thought boys were pretty, and I couldn’t tell no one”. El cierre, también confesional, de ‘I Lost My Innocence’ es imprescindible para corroborar la transformación de Ezra Furman, ahora convertido en un cronista de su tiempo con poco que envidiar a los cáusticos bardos de antaño. (Carlos Marlasca)

Ferran Palau – Blanc

Ferran Palau es un músico pequeño, como apocadito, con las mejillas picadas y la voz algo nasal cuando habla. Al cantar, se transforma. Parece vestirse de camisa cara y tela suave, color borgoña. Su música es un tratado de elegancia: suave, lenta, cálida. Podría sonar  en ese amanecer que evoca en ‘A dins’, en ese momento donde ya clarea el cielo pero el sol aun no calienta. Él lo llama pop metafísico, un oxímoron aparente si aceptamos que el pop es popular y la metafísica un departamento de universidad. Y sin embargo en Blanc está la síntesis. Canciones de cajita de música con letras naturalistas. Caricias melódicas para secuencias de super 8 hechas de palabras. El inicio de ‘Tornar a començar’ (“Ara ets dins la cuina capficada en mil detalls, amb els colzes a la taula i amb el cap arrepenjat, el que donaria per poder-m’hi capbussar, o amb només una paraula se n’anés el maldecap, i tornar a començar, jo aprendria a caminar“) es casi cine. Si uno no se fija diría que ahí hay una voz y una guitarra. Es lo que se siente. Pero el minimalismo es sólo aparente. Ferran se doble la voz, hay un bajo susurrando detrás, una batería que levita, un rumor melódico, una segunda guitarra… Todo grabado en casa, con una producción exquisita. ‘Caval blanc’ suena a cueva cálida, con esa gota sónica formando estalagmitas, ‘Serà un abisme’ huele a mañana de primavera y pan recién hecho, ‘Res’ a un cuerpo más caliente que el propio, ‘Granit’ a iglesia ventilada… La capacidad de evocación de estas canciones es increíble. Es todo tan reconocible y a la vez tan especial que parece magia. Y parece que tenemos mago para rato. (Daniel Boluda)

La Plata – Desorden

El álbum debut de La Plata es toda una declaración de intenciones. Los valencianos ya iban apuntando maneras con su primer EP, Un Atasco, y el larga duración no ha hecho más que confirmar lo que ya se presagiaba. Editado por la independiente Sonido Muchacho (Mujeres, Tigres Leones), Desorden es un disco que incluye diez cortes de intenso pop con actitud punk, y que bebe directamente de la new wave británica. En él encontramos guitarras afiladas, ritmos de batería frenéticos, sintetizadores espaciales y voz rompedora y etérea. Lo mismo te sirve para darlo todo en la pista de baile como para sudar la gota gorda en pleno pogo. Las diez canciones del disco, de no más de tres minutos en su mayoría, podrían enviar a quien las escucha a finales de los 80 sin ningún problema, y la energía que desprenden hace que su disfrute en directo resulte de lo más gratificante. Sin duda alguna, La Plata son una de las grandes promesas dentro del pop nacional y, más pronto que tarde, ocuparán un merecido espacio en los carteles de los festivales. (Sergi Cuxart)

Nils Frahm – All Melody

Para crear su última obra, el compositor, pianista y productor alemán Nils Frahm se ha construido el espacio para hacerlo, reformando el estudio Saal 3 en el antiguo Berlín oriental. La sonoridad de All Melody, de hecho, parece ocupar más que edificar. Los coros habitan (‘A Place’, ‘Human Range’), los sintes crecen haciendo espirales (‘All Melody’, ‘#2’, ‘Momentum’, ‘Kaleidoscope’) y los pianos vagan libremente por el espacio creado y vacío (‘My Friend the Forest’, ‘Forever Changeless’, ‘Fundamental Values’), congelando y descongelándolo todo a su paso. Por versatilidad de sonido y por el equilibrio alcanzado entre virtuosismo técnico, producción y contenido orgánico, All Melody es probablemente el álbum más accesible de Frahm. Nos hace navegar por territorios que van desde lo cuasi mitológico a la extrema elegancia del minimalismo nórdico, desde una teatralidad que enlaza la Grecia antigua con Vangelis y el futurismo de Blade Runner, a las costas del techno; siempre bajo una queda nocturnidad cómplice. Con todo, el alemán ha acabado construyendo un espacio para todos nosotros: para él, para crear su obra, para la obra misma, que ocupa y habita el espacio, y para sus oyentes, que gustosos se domiciliarían para siempre (o, al menos, durante los inviernos) en All Melody. (Pablo Luna Chao)

Superorganism – Superorganism

Estamos totalmente inmersos en la era de la tecnología, de internet y de las redes sociales y, como cualquier otra época, esto tiene sus pros y sus contras. Quizás lo primero que se me pase por la cabeza sean las múltiples desventajas de este período pero, luego, alegra saber que hay quienes saben aplicar sus virtudes. Y el debut de Superorganism es un claro ejemplo de ello. El colectivo formado por ocho miembros afincados en Londres consigue apropiarse de la estética millennial, los videojuegos y los colores brillantes para confeccionar un pop electrónico que destaca por ser luminoso, original y retro. Samplers divertidos, melodías catchy—cantadas con una gran elegancia por Orono Noguchi— y ritmos adictivos que convierten cualquier canción del grupo en todo un hit. Algo que ya anticiparon con su primer single, ‘Something For Your M.I.N.D‘, y que queda demostrado en el resto de su repertorio. Y por si fuera poco, fueron “bendecidos” por Frank Ocean y Ezra Koenig (Vampire Weekend). Así que solo queda decir una cosa: Superorganism son una de las grandes sorpresas que nos ha dado la industria recientemente. (Raquel Pagès)

U.S. Girls – In a Poem Unlimited

Siempre ha sobrevolado un aroma político y social, especialmente palpable en el notable Half Free (2015), sobre las canciones que Meghan Remy firma como U.S. Girls, pero nunca ha sido tan evidente como en In a Poem Unlimited, su sexto álbum. Curiosamente, cuanto más abiertamente combativo se ha ido haciendo su discurso, más amable se ha tornado la cubierta musical que lo recubre. De sus primeros pasos en los abstractos Introducing (2008) o Go Grey (2010) a esta clarísima deriva pop media todo un mundo de distancia. Prácticamente parece que hablamos de proyectos diferentes. Y, en realidad, es así: jamás ha estado Remy tan rodeada como en este In a Poem Unlimited. U.S. Girls es, a día de hoy, casi una banda al uso, el resultado de una sinergia, no tanto el proyecto unipersonal a golpe de software que era cuando echó a andar. No hay corte del disco que no tenga alguna aportación externa, aunque ninguna parece tan trascendental como la de Cosmic Range, colectivo de funk y jazz de Toronto que hace sonar a Remy más expansiva, radiante y exuberante que nunca, prácticamente festiva por momentos. Este envoltorio hace que no siempre sea fácil captar el ácido mensaje que se esconde en un libreto en el que, salvo por alguna colleja para la hipócrita administración Obama (‘M.A.H.‘), se centra en denunciar los abusos que acechan a las mujeres a todos los niveles (‘Incidental Boogie‘, ‘Pearly Gates‘, ‘Velvet 4 Sale‘). Ese contraste entre forma instantánea y directa y fondo más punk que el propio punk convierte a In a Poem Unlimited en un maravilloso Caballo de Troya: no es un artefacto hecho para asaltar listas, sino conciencias. (Víctor Trapero)

Young Fathers – Cocoa Sugar

Tras haber logrado el Mercury Prize en 2014 gracias a White Men Are Black Men Too por delante de nombres como FKA Twigs o Damon Albarn y haber dado una vuelta a las convenciones del hip hop con su primer DEAD, les quedaba a Young Fathers rebajar su experimentación y crear un trabajo más digerible con el que poder aumentar el número de adeptos. Más allá de que Cocoa Sugar contenga quizá su mejor canción escrita hasta la fecha o, al menos, un hit a todas luces como ‘In My View’, el álbum permite al trío reunido en Escocia ampliar horizontes y hacerlo con la eficacia suficiente para no defraudar en su estreno en un sello tan eminente como Ninja Tune (Bonobo, The Cinematic Orchestra, Bicep…). El discurso ya no es tan combativo como el que contenía su predecesor y promueve una discreta llamada a la esperanza desde la primera estrofa de ‘See How’ (“Someday I’ll be a star, That’s shining bright in the sky, I’m giving up on you bastards”). Un enfoque que casa con el trasfondo preciosista de ‘Tremolo’, donde el soul negro y el pop blanco se dan la mano aportando una luminosidad que hasta ahora solo habían alumbrado en algún fogonazo puntual. ‘Lord’ es otro de los temas que ahondan en esa faceta amable y distintiva, con unos coros gospel, que aparecen en un contexto más áspero en ‘Border Girl’ y que mutan hacia una suerte de doo woop posmoderno en la mitad de ‘Wow’. El acuerdo de los tres miembros de la banda, que rechazan cualquier preponderancia, ha debido ser fundamental para generar un ambiente que les acerca al Tricky de False Idols. Tan solo en ‘Toy’ se reconocen los orígenes de unos Young Fathers que han optado por liberarse de los encasillamientos y abrazar un eclecticismo que agiganta su proyección. (Carlos Marlasca)

Yung Beef – A.D.R.O.M.I.C.F.M.S. 4

Este es el dinero del alcalde y tengo 3.000 más pa quemar”, le espeta Yung Beef a una chavala que, en un vídeo grabado tras un bolo que corre por YouTube, le exige no quemar billetes sino cambiar la sociedad con su música. En realidad sucede más bien a la inversa: es el haber pisado barrio, el haber tanteado ya la implacable industria y haberse dado cuenta de que ahí arriba todo está mucho más podrido que en la periferia, lo que en todo caso mueve la música actual de Yung Beef. Por este motivo, en su nueva mixtape se respira una extraña sensación de pureza, incluso para quienes no estamos familiarizados con la obra anterior de Fernando Gálvez, Fernandito Kit Kat o simplemente El Seco, profanos tanto de sus inicios en Kefta Boyz como más tarde junto a PXXR GVNG aka Los Santos. Y es que A.D.RO.M.I.C.F.M.S. 4 no necesita de intermediarios más allá de La Vendición y el Internet para calar hondo: desde su magistral ‘Intro’, cada uno de los cortes entra como buen tiro. En todos ellos, el granadino se desgañita incluso cuando las dosis de Auto-Tune son ingentes, aunque para erigirse como el Rey del Underground cuenta con la inestimable ayuda de productores como Lowlight, Los Del Control, Kiid Favelas, 808 Mafia, PD Beats, Brodinski y un inconmesurable Steve Lean encargado de adulterar el mayor número de píldoras contenidas en el tracklist con sus beats. De algo tan nítidamente pop como ‘Me Perdí en Madrid’ al reguetón subterráneo de ‘Infierno’, pasando por su distorsionada revisión de ‘La Plata‘ en homenaje a Rosalía o highlights (más high que lights) de coordenadas más cercanas al trap de Atlanta, como ‘Cold Turkey x Solté Tu Mano’ y ‘Rosas Azules’, A.D.R.O.M.I.C.F.M.S. 4 es una obra abrasiva, visceral y finalmente revulsiva; una nebulosa de imágenes psicotópricas, sexuales y románticas en las que Yung Beef ha exprimido toda su alma, pero no la ha vendido. (Max Martí) 

Publicidad
Publicidad