04/04/2018

De Daft Punk a LCD Soundystem, pasando por Blur y A Tribe Called Quest, repasamos los retornos más sonados del milenio.

Es un funeral, así que tengamos el mejor funeral de todos los tiempos”. Así anunciaba James Murphy el adiós de LCD Soundsytem en febrero de 2011. El colofón fue un concierto en el Madison Square Garden de más de tres horas que, en teoría, iba a suponer el final de una de las bandas imprescindibles del nuevo siglo. Pero el sueño americano de James Murphy no iba a acabar ahí. Más allá de que pueda haber quien piense que tan solo fue un farol, el regreso de los neoyorkinos lo justificó su líder cinco años después como una petición del propio David Bowie, con quien colaboró en el extraordinario epitafio de Black Star del Duque Blanco. Murphy había dado muestras de que su periplo musical no había acabado, con la producción de álbumes tan trascendentales como el Reflektor de Arcade Fire. Si la muerte fue celebrada, la resurrección de LCD Soundsystem fue poco menos que milagrosa: un sobresaliente American Dream en 2017 que presentaba una faceta más reflexiva del dueño de DFA Records y al que acompaño una memorable gira.

Este siglo XXI ha visto como otras bandas también han optado por la marcha atrás. En algunos casos, el paso de los años no ha mermado aptitudes. Después de la reunión protagonizada en 2009 por Blur, solo era cuestión de tiempo que uno de los prebostes del britpop volviera a ingresar en el estudio. Solo la apretada agenda de Damon Albarn, que dividía sus tiempos entre Gorillaz, The God, The Bad & The Queen (con Toni Allen, Paul Simonon, de The Clash y Simon Tong, de The Verve)  o Rocketjuice and The Moon (junto a Toni Allen, de nuevo, y Flea, de Red Hot Chili Peppers), entre otros, ocasionó un retraso. El exotismo del retorno en 2015 del cuarteto original lo pondría la grabación en unos estudios de Hong Kong de The Magic Whip, tras el irregular Think Tank, doce años anterior, en el que la relación entre Damon Albarn y Graham Coxon explotó. El nuevo trabajo está influido por la introspección del reciente Everyday Robot (2014) del primero a la que acompañan las efervescentes guitarras del segundo. ‘Go Out’,  ‘I Broadcast’ y ‘Lonesome Street’   representan el reflejo del pasado en un trabajo sólido en el que la contención es la nota predominante con los preciosistas retazos de ‘Pyongyang’ o ‘Ice Cream Man’.

En estos renacimientos, los que acaparan mayores expectativas son Daft Punk. Tan solo su nombre supone una riada de conjeturas, anhelos y, algunas veces, realidades. Basta recordar el delirio que siguió a su irrupción en el concierto de Phoenix en el Madison Square Garden. Indelebles en la memoria colectiva y más allá de la banda sonora de Tron de 2011, Guy-Manuel de Homem-Christo y Thomas Bengalter resurgieron tras ocho años en 2013 con Random Access Memories. El efecto que habían logrado en una generación con ‘One More Time’ a principios de siglo, lo repitieron una década después, con el himno ‘Get Lucky’. El disco tenía una clara influencia de los setenta y bandas como Chic o Georgio Moroder, que participó en una canción. Pese a las pertinentes loas, es probable que muchos de los que estrenaban paternidad en aquel momento echaran de menos el french touch de Homework y Discovery, cuya simiente quedó retratada en la película Edén de Mia Hansen Løve.

Los interregnos han sido mucho mayores en otros casos. Tras su Trumpe le Monde de 1991, Pixies optaron por volver a saltar a las tablas durante la década del 2000. Kim Deal fue la autora de ‘Bam Thwok’, una canción lanzada en 2004 en exclusiva para iTunes y que obtuvo en su momento el récord de descargas. Las ilusiones de un nuevo trabajo conjunto se desvanecieron y ya en 2011 Black Francis declaraba que Deal, que se decidiría por el renacimiento de The Breeders, “no quería un nuevo disco”, una versión a escala menos intensa de la guerra interminable de Billy Corgan y D’Arcy Wretzky en The Smashing Pumpkins. La ruptura definitiva se produjo en 2013, pero Francis y el resto de la banda editaron dos trabajos de estudio más de dos décadas después, Indie Cindy y Head Carrier, discos para la reconciliación con la formación, que nunca se ha traicionado a sí misma, pero que no ha podido revalidar títulos como Doolittle y Surfer Rosa.

También desafiaron a un adiós de cerca de cuatro lustros los raperos A Tribe Called Quest. En pleno reinado de Kendrick Lamar, que heredó el trono de Kanye West, y con el principado de nombres como Tyler, the CreatorVince Staples o A$AP Rocky, los de Queens reivindicaron su rap ilustrado de inspiración jazzera. We Got It from Here… Thank You 4 Your Service estuvo marcado por la tragedia desde el inicio. Los ataques de París de octubre de 2015, en los que 89 asistentes al concierto de Eagles of Death Metal murieron en la sala Bataclan, sirvieron de acicate para su elaboración y el álbum se cerró sin Phife Dawg, que falleció durante la grabación. Los incentivos para hacer un disco memorable que completara su repóker de los noventa eran abundantes y la banda regalo en 2016 una indiscutible masterpiece edificada con los sólidos cimientos de ‘Solid Wall Of Sound’ o ‘Lost Somebody’. Q-Tip anunció durante su concierto de 2017 en el Bestival británico que esa “sería nuestra última actuación como A Tribe Called Quest para siempre”.

Las mujeres también han magnificado el peso de la experiencia. Tras dejar el báculo de la rebeldía femenina en este siglo a nombres como Peaches, M.I.A.Chicks on Speed, Sleater-Kinney proporcionó un sonoro bofetón al ‘We Don’t Play Guitars’ de las últimas y reapareció en 2015 con su No Cities To Love, que completaba una inmaculada discografía cuyo fin parecía definitivo tras el The Woods de 2005. La canción homónima, el alegato anticapitalista de ‘PriceTag’ o la furiosa ‘Surface Envy’ daban vigencia al movimiento riot grrrl que inauguró los noventa y volvía a “bombardear la falocracia del rock”, como había exhortado Kim Gordon desde el púlpito de Sonic Youth en aquella época. Con mayor mesura pero igual de retunda fue la reaparición de Beth Gibbons. Portishead había dejado a muchos expectantes con su álbum homónimo y, sobre todo, con Dummy. No hay discrepancias conocidas entre la cantante, poco dada a las declaraciones, y sus socios, Geoff Barrow y Adrian Utley, pero la cocina de los de Bristol va con calma. Once años tardaron en volver a meterse en el estudio para dar vida a su sobresaliente Third de 2008 con idéntica producción meticulosa que sus predecesores y canciones sobrecogedoras como ‘The Rip’ o ‘Machine Gun’. Desde ese año, llevan especulando en sacar nuevo material, incluso con reglas impuestas por el propio Barrow, y trabajando en bandas sonoras, homenajes, obras benéficas… y la celebración del veinte aniversario de Dummy.

 

 

Fue el Primavera Sound el que en 2014 impulsó otro parsimonioso regreso, el de Slowdive. Tras su antológico concierto allí, su vuelta resultaba una exigencia. Habían pasado más de dos décadas desde la última entrada en el estudio de los británicos. Y, dada la imposibilidad de alcanzar un hito como Souvlaki, su disco homónimo del pasado año compensa los años de ausencia. El tándem de Neil Halstead y Rachel Goswell vuelve a producir efectos catárticos, dejando un tema para la memoria como ‘Sugar For The Pill’ y el anhelo de esta nueva etapa se prolongue. También Ride llevó a cabo la actualización de su particular muro de sonido con el mismo margen temporal, y también precedido por una gira de reunión al igual que Slowdive. Aunque Tarantula en 1997 pudo ser un punto final definitivo, los británicos le dieron continuidad. También el pasado año lanzaron el amable Weather Diaries, aunque resultó más gratificante comprobar la magnitud de la banda sobre las tablas, inconmensurable en su sonido y en la interpretación de clásicos como ‘Seagull’ o ‘Vapour Trail’.

Dentro del shoegaze también hay alguna vuelta frustrada. En este aspecto, probablemente la palma se la lleven The Jesus and Mary Chain. Banda capital del género gracias a Psychocandy y Darklands, ninguno de sus miembros obtuvo en éxito similar en proyectos posteriores. Las crónicas de sus directos a lo largo del globo desde su reencuentro en 2007 no obtienen un fervor excesivo y su disco Damage  & Joy del pasado año, tras más de veinte años de sequía, es un trabajo sin demasiada trascendencia , a pesar de sus intentos por introducir savia joven con la colaboración de Sky Ferreira. Fischerspooner son, hasta ahora, la vuelta más sonada de este 2018. Hace una década dieron ciertos síntomas de fatiga con Entertainment y quedaba por ver cómo hacían frente al electropop de bandas que han ido creciendo a lo largo de estos años como Hot Chip o Cut Copy. Pese a las buenas compañías, como la de Michael Stipe, de R.E.M., y buenas canciones, como el adelanto de ‘Have Fun Tonight’ o ‘Stranger Strange’, aún se espera un sucesor del himno ‘Emerge’ o de otra cúspide como ‘Cloud’.

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