02/04/2018

Con Clean, su nuevo disco, la joven promesa del indie rock emerge como una de las cantautoras más brillantes de su generación.

Llamada a liderar dentro de unos años la primera línea del indie rock junto a compañeras de escena como Mitski, Julien Baker, Lucy Dacus, Frankie CosmosJay Som o Vagabon, el nombre de una joven resuena con fuerza entre la infinita cantidad de cantautoras de canciones tristes compuestas en el dormitorio que durante los últimos años han emergido a través de Bandcamp. Y es que con solo 20 años, la solidez artística de Sophie Allison es directamente proporcional a la fragilidad inherente en sus delicadas composiciones. Nacida en Suiza (país que da nombre a una de las canciones de su primer trabajo largo autoeditado) pero criada en una capital de la música como es Nashville, donde a muy temprana edad recibió formación de guitarra en la Nashville School of the Arts tras empezar a rasgarla con solo seis años, comenzó a colgar sus canciones a internet durante el verano de 2015, cuando finalizaba sus estudios en negocio musical en la Universidad de Nueva York. Ese año realizaría su primer concierto como Soccer Mommy.

Posteriormente, Sophie Allison publicaría varios trabajos. Para empezar, dos proyectos de pop-folk lo-fi grabados en su habitación en forma de EP, songs for the recently sad songs from my bedroom pt. 1 y pt. 2 (2015), cuyos títulos ya definen a la perfección su melancólico contenido. Y, durante los dos últimos años, también ha entregado dos obras de larga duración: For Young Hearts (Orchid Tapes, 2016), un perfecto retrato de la soledad adolescente construido mediante la guitarra acústica y poco más, al estilo de Elliott Smith, y un año más tarde, Collection (Fat Possum Records, 2017), que es precisamente una colección de canciones ya en formato banda en las que, pese a su producción algo más sofisticada, todavía suena dispersa y desaliñada, como si Allison no acabase de encontrar su lugar. Sin embargo, su recién estrenado nuevo disco, Clean, vendría a ser propiamente un álbum de debut. O al menos, es su mejor carta de presentación al mundo.

Desde su corte de apertura, ‘Still Clean‘, sentimos que algo ha cambiado para siempre en su forma de componer, cantar y aprovechar todos los recursos del estudio: un sonido más diáfano, ganchos cercanos a los de las baladas pop-punk (‘Cool‘) y una lírica sencilla pero arrebatadoramente honesta que tanto trata sensaciones aparentemente cotidianas de las relaciones de pareja como sus aspectos más tóxicos (‘Your Dog‘), contribuyen a que este disco cale hondo. Y aunque en Clean hay una lucha contra la idealización del amor cuando este se torna en salvaje y despiadado, también es un disco sobre el enamoramiento en toda su plenitud (‘Blossom (Wasting All My Time)‘), y pese a la vulnerabilidad que evoca Soccer Mommy en sus letras sobre querer aparentar ser quien no es (ojo a la catártica ‘Scorpio Rising’), finalmente acaba encontrándose a sí misma (‘Wildflowers‘) y alcanzando un estatus mucho más poderoso como mujer y como cantautora. Aquí hay mucho futuro.

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