21/03/2018

Coincidiendo con la presentación del disco en Barcelona, Joan Pons nos cuenta algunos detalles sobre ∆ y reflexiona sobre la música actual y el universo.

Entre el ruido de los coches de Av. Paral·lel y a la luz de una puesta de sol de marzo en Barcelona, quedamos en un café con Joan Pons para hablar sobre los detalles del último álbum de estudio de El Petit de Cal Eril, ∆, concebido como una obra con tres partes muy diferenciadas entre sí. Tres EPs, cada uno grabado en un sitio distinto (Nueva York, Guissona y La Garrotxa), que dan forma a estas nueve canciones que llegan casi sin respiro respecto a La Força, anterior trabajo.

El artista de Guissona es sin duda uno de los diamantes de la escena musical catalana, desde que en 2009 debutara con el largo …i les sargantanes al sol, un tratado de folk dulce en el que ya se avistaba el traje psicodélico y poético que acabaría desplegando en sus posteriores obras, siempre de notable como mínimo. Todo hasta llegar a este ∆, su quinto disco al uso (si no contamos la maqueta de 2007), en el que ya no se puede hablar de confirmación sino de una velocidad de crucero a la hora de seguir plasmando su particular universo lírico y sonoro con magníficos resultados.

El Petit de Cal Eril sigue en un gran estado de forma, y se podrá comprobar mañana mismo, jueves 22 de marzo, con su concierto de presentación del disco en la Sala Apolo de Barcelona, junto a otro diamante (este aún en bruto) como es Ferran Palau, dentro del ciclo Curtcircuit. Pero lo que en un principio parecía una entrevista al uso derivó en una conversación metafísica, como su música, donde Pons pasó de hablar de su última obra a reflexionar sobre el funcionamiento de la vida y el universo.

Para empezar, enhorabuena por el nuevo disco. ¿Qué respuesta habéis tenido hasta ahora?
JOAN PONS: La verdad es que hemos tenido un muy buen feedback y nosotros estamos muy contentos pero cada vez intento que me afecte menos esto. Hace dos discos, más o menos, descubrí que el tempo de la gente y el mío respecto a un disco es muy distinto. Por ejemplo, puede que una persona me venga dentro de seis meses y me diga que le ha encantado el disco. Y seguramente para mí haya pasado una eternidad de todo aquello y ya esté inmerso en la grabación de otro.

El disco se llama ∆ , ¿cómo se os ocurrió?
Yo tenía claro que quería hacer un disco en tres partes ya que no lo había hecho nunca y, buscando un punto de unión entre las canciones, pensé en los símbolos. El primero que se me vino a cabeza fue el triángulo y me di cuenta de que era perfecto: unía los tres puntos y me gustaba gráficamente.

¿Y no os ha dado algunos problemas este título? Se puede llamar “disco triangular” o “el triángulo”, es difícil de buscar en Google…
La verdad es que enseguida que decidimos el título ya nos lo advirtieron pero a mí estos problemas ya me gustan. Me parece interesante que el título de un disco se convierta en algo confuso. Los de la discográfica nos comentaron que podría dar problemas a nivel de promoción y plataformas de escucha, entre otras cosas. Pero al final ha salido todo bien, el ∆ aparece.

El disco tiene tres partes y está grabado en tres bloques.
Sí. Al principio fue una decisión logística ya que yo tenía ganas de grabar el disco durante la gira de La Força pero fue imposible cuadrar las agendas de todos. Así que pensé en hacerlo en tres bloques/días de tres canciones cada uno. Cuando les conté la idea les pareció poco tiempo de grabación pero al fin y al cabo era una canción por día.

Y cada parte fue grabada en un estudio diferente, ¿verdad?
Sí, es que me costaba casarme con una sola cosa y tenía ganas de ver cómo todo confluía luego en una sola pieza. Es curioso porque yo escucho el disco y noto el cambio de espacios pero la gente no lo percibe del todo. Aún así, me gusta pensar que alguien pueda conectar con el disco y que, sin entender cuándo ni cómo está hecho, sienta alguna cosa especial.

Al ver los tres EPs y luego ver el LP me di cuenta de que el orden de las canciones cambiaba. ¿Por qué lo hicisteis?
Están salteadas entre ellas pero cada canción sigue respetando el orden del EP. Las tres primeras, las tres segundas y las tres terceras. Fue una decisión comercial, básicamente. Pero me gusta la idea de jugar con una experiencia diferente según el formato del disco que tengas.

Dentro de los primeros conciertos de la gira, destaca la presentación en Barcelona junto con Ferran Palau. ¿Qué nos tenéis preparado?
La verdad es que no haremos nada especial pero lo que tuvimos muy claro des del principio fue el apostar por un set continuo. No habrá pausa entre grupo y grupo ya que todos los miembros de ambas bandas estarán encima del escenario en todo momento, aunque estén sentados sin hacer nada.

Y con Ferran Palau habéis creado el concepto de “pop metafísico”. ¿Cómo surgió?
Ferran y yo nos conocimos cuando yo hice mi primera maqueta Per què es grillen les patates?. Un trabajo que llegó a manos de Jaume Sisa y este, cuando se lo pasó a un amigo, lo describió como “esto es interesante, es pop metafísico”. Con el tiempo siempre te van poniendo etiquetas como “folk, banda folk” y mierdas de estas con las que no nos sentimos identificados. Entonces, a finales de 2017 y con nuestros dos discos grabados, decidimos hacer un manifiesto y presentar el “pop metafísico” como una nueva corriente musical.

¿Y como lo lleváis? ¿Ya está escrito el manifiesto?
Aún le queda pero tenemos claro que queremos escribirlo a mano en Montserrat —para mí un lugar mágico— , hacer fotocopias y luego colgarlo en las redes sociales. Tiene cierta gracia esto de crear un estilo, redactar un manifiesto y hacerlo de una manera grandilocuente. Nos lo tomamos en serio pero a la vez lo vemos como algo ridículo que nos hace gracia.

Entonces, ¿os sentís más cómodos con esta auto-etiqueta?
Mucho, nos sentimos identificados con el término de “pop metafísico” porque es lo que hacemos, es nuestra música. Ahora hay muchos periodistas que te dicen “ya sé que esto de las etiquetas no os gusta pero, ¿cuál es la etiqueta que os define?”. No entiendo muy bien entonces por qué lo preguntan. Hace tiempo me etiquetaron como “folk rural”. El colmo de los colmos.

Dejando de lado este tema, con seis discos y más de diez años de trayectoria, ¿qué caminos musicales te gustaría tomar ahora?
Muchísimos. Ya estoy pensando en grabar un nuevo disco y seguramente irá por una línea diferente. Me gusta pensar que no tenemos ningún disco que tenga una continuidad con otro.

¿Y hay artistas que te inspiren en estos nuevos caminos?
No sé, me gusta mucho escuchar a artistas que me flipan, como Ferran Palau o Chris Cohen, pero no llego al punto de querer hacer lo mismo que ellos. Por ejemplo, cuando grabamos nunca me pongo música porque no quiero ensuciar (en el sentido positivo) mis neuronas. Si escucho algún estilo de música sería algo que no tenga que ver con el mío, como el soul o el hip hop. Me gusta escuchar música que me aporte cosas nuevas o que sea nueva para mí, no escuchar a grupos que me recuerden a otros.

¿Y eso te pasa a menudo? ¿El escuchar a grupos que suenan a otros?
Mucho. Cuando pongo la radio me parece triste. Me da la sensación de que muchos grupos del panorama pop español están en el estudio de grabación escuchando a otros grupos, sobretodo a nivel de producción. O productores que aplican las mismas fórmulas. Por ejemplo, el otro día escuché lo último de las Hinds porque me gusta estar al día y no le encontré ninguna gracia: eran The Strokes. Y eso ya está hecho. Escuchar cosas que me recuerden a otras es algo que realmente me aburre de la música. Pero tenga la sensación de que esta tendencia es una cuestión social. Los referentes ya no son sólidos sino líquidos y, con esto, el objeto está cogiendo un mayor valor. Algo que para mí, a nivel artístico, no tiene interés.

Y, aprovechando que celebramos los diez años de Indiespot, ¿qué discos han sido los que más te han marcado en esta última década?
Hay muchos pero uno que me marcó con fuerza fue el Sometimes I Wish We Were An Eagle de Bill Callahan. Lo escuché muchísimo y me cambió mucho también. También hay otros, como Cripple Crow de Devendra Banhart, The Party de Andy Shauf o el Paper Mâché Dream Ballon de King Gizzard & The Lizard Wizard. La verdad es que durante el año me puedo escuchar muchos discos una sola vez pero luego solo me quedo con tres o cuatro que me escucho unas 200 veces.

¿Y qué papel crees que ha tenido y tiene el periodismo musical?
Para mí el papel del periodismo musical ha sido muy importante porque yo he crecido y sigo creciendo leyendo críticas y entrevistas, tanto mías como de los demás. Y también creo que el periodismo musical realmente afecta directamente en las corrientes musicales actuales. Pero, aún así, pienso que el periodismo bien hecho será más difícil de hacer en un futuro.

¿Qué es para ti un periodismo bien hecho?
Personas con criterio que hagan lo que crean que tienen que hacer. A veces leo artículos y tengo la sensación de que el redactor no se cree ni lo que está escribiendo, cosa que me pasa igual con la música. Por eso creo que la debacle de ambos campos irá de la mano. Las cosas que veo que no me gustan de la música también se reflejan en el periodismo, y al revés. Y también considero que hay mucha más crónica que crítica en la actualidad.

¿Desde cuándo crees que pasa esto?
No sé, yo creo que es una moda igual que la del consumismo rápido que se refleja en estilos de música como el trap. El trap tiene los días contados porque justamente vive de aprovechar mucha música existente. Si esta música de la que se nutre decrece y desaparece, no existirá. Creo que son modas y, sinceramente, no veo que esto esté cambiando el mundo ni que estén inventando nada. Yo escucho a artistas del trap de ahora y me parece lo mismo a cuando yo escuchaba hip hop. Aún así me gustan ciertas cosas como su actitud o el hecho de que es difícil controlar sus mecanismos y su manera de funcionar, pero creo que vamos cambiando de sistemas a pesar de estar girando en el mismo. La Luna es la misma.

¿Pasa algo parecido con la moda de la ropa?
Exacto. Yo ahora veo a gente por la calle que viste como vestía yo en los 90. Pero llevémoslo a un sentido más profundo: cuando estás solo, miras a la Luna y piensas por qué has venido a este mundo. Este pensamiento hace miles de años que las personas también lo tienen. Por tanto, más allá de lo que podamos hacer creativamente o vitalmente, estamos viviendo en unos mismos parámetros. Van cambiando los colores y las formas, pero los objetivos son los mismos.

¿Y sueles pensar en esto?
A veces, pero hacerlo me marea y me da miedo. Incluso cuando empiezo a estar en ese estado mental intento autocensurarme y parar. El otro día oía en la radio a un hombre hablar sobre el universo, algo que me atrae mucho. Yo cuando me voy a un festival y vuelvo al parking, me paro a mirar el cielo y los árboles y me impresiona la naturaleza, las cosas que no entiendo. Y este hombre explicaba sus ideas y descubrimientos y pensaba “ostras, yo no podría trabajar de esto”. Me volvería loco.

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Foto. Román Yñán   Entrevistas
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