09/03/2018

Crónica de la presentación de 'Antología del Cante Flamenco Heterodoxo' en Madrid.

Fue alguien con mucho recorrido el que me recomendó hace unos años que asistiera a un concierto de Niño de Elche. Pese a los reparos por mis distancias con el flamenco, que la actualidad está recortando cada vez más, me decidí a ver el cierre de gira de Voces del Extremo. La sensación de estar viendo algo único e inimitable se ha repetido en las ocasiones restantes en las que el genio ha subido a un escenario, una vivencia que a día de hoy se antoja exclusiva.

Después de agrandar la leyenda de Toundra, Francisco Contreras ha regresado al ámbito desde el que despegó. La excusa es Antología del Cante Flamenco Heterodoxo, un larguísimo disco de casi dos horas “que ni siquiera yo he escuchado entero”, en el que las canciones han sido cuidadosamente seleccionadas para un directo destinado a teatros y que se inició con el cantaor cambiándose de atuendo sobre el escenario. Particularidades de la excelencia.

La Farruca de Juli Vallmitjana’ y ‘Seguiriyas del Silogismo’ marcaron un inicio sobrio con Raúl Cantizano pletórico a la guitarra y en el que parecía que Contreras había dejado de lado ese carácter guasón que abandono con Exquirla pero que siempre ha servido de contrapunto a la estremecedora atmósfera que crea cuando las cosas se ponen serias. Con Susana Hernández completando el trio, el Niño de Elche desplegó su descomunal talento, “llenando espacios vacíos” y poniendo dolor de estómago a los puristas del género.

Como él mismo constató, de eso precisamente se trata. De crear experiencias, de “probar” cómo funciona el nuevo trabajo. La solemnidad de ‘El Prefacio a la Malagueña de El Mellizo’ antecedió a una triada deslumbrante dedicada a Lorca. Con el virtuosismo vocal exigido en el inicio de la ‘Canción de Cuna de Crumb’, la tenebrosa ‘Petenera de Shostakóvich’ y, sobre todo la ‘Deep Song de Tim Buckley’, en la que sobresalían cadencias blues y en las que fue eterno el “hombre en las carreteras de la muerte”, Contreras volvía a demostrar tanto su capacidad para avasallar a su público como para trasvasar ese “flamenco líquido” a cualquier registro y género.

Las canas que se entremezclaron en Madrid con flequillos y piercings daban buena nota de la transversalidad del creador. También la atención que despiertan clásicos que los imberbes desconocen pero que a los más vetustos les transporta a otros tiempos, como el ‘Tango de la Menegilda’ que se cantaba en los alrededores de la Gran Vía madrileña desde finales del siglo XVIII y que ahora parece un reclamo de la vanguardia. Lo dicho, una cuestión de genialidad. Si bien el protagonismo de Niño de Elche es capaz de tapar las carencias, se echa en falta más músicos a la hora de afrontar piezas como la ‘Rumba y Bomba de Dolores Flores’, quizá único handicap de un formato tan reducido en el que el que quien quizá sea el mayor talento que ha emergido en años en nuestro territorio acentúa su carácter poliédrico.

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Foto. SON Estrella Galicia   Conciertos
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