07/03/2018

Crónica del primer concierto del grupo británico en una sala en Barcelona.

Por Jordi Isern

El pasado y el ahora. Todo encajó ayer para Slowdive en Barcelona. La visita del grupo británica fue un verdadero ajuste de cuentas con el tiempo más lejano de la banda y con la ciudad, ya que por primera vez tocaban en sala, y nada menos que con un “sold out” en Apolo para debutar. Y otro ajuste, este con su historia reciente: la banda volvía a Barcelona tras su actuación en el Primavera Sound 2014, el concierto que, como ellos mismos han contado en varias ocasiones, fue el punto de partida para volver a juntarse en el estudio y redescubrirse con el más que notable disco homónimo del año pasado (uno de los mejores del año para esta casa). Sin embargo, aunque el legado y la fuerza del grupo recae en ese pasado de los noventa, fue su faceta actual la que brilló y dio sentido al concierto. Un presente que parece pedir a gritos salir del anecdotario de grupo revival y empezar a disfrutar de lo que ofrece ahora… y quién sabe si también en adelante.

El hecho de que Slowdive en su momento fueran considerados un grupo que miraba desde abajo a My Bloody Valentine y que ahora se sitúen a su lado encabezando festivales planteaba la duda: ¿hubiesen llenado esta sala ellos solos en 1994? El reconocimiento ha llegado tarde, en todos esos años que transcurrieron desde que decidieron dejarlo en 1995 y decidieron juntarse en 2014, y ha hecho que recaiga una trascendencia algo forzada sobre el grupo, una suerte de nuevo estatus impuesto por el paso del tiempo y el ejercicio de nostalgia de su público, más que por una intencionalidad de la banda de Neil Halstead y Rachel Goswell.

Porque anoche, la auténtica reivindicación de Slowdive fue en el ahora. En los Slowdive que publicaron en 2017 temas como ‘Slomo‘ -canción que abre el disco y con la que empezaron anoche-, la musculosa ‘Star Roving‘ (desengrasando la bola de sonido de ‘Crazy for You‘ del Pygmalion) o ‘Sugar for the Pill‘, highlight del concierto y la que más IG Stories acumuló anoche (lo de los nuevos hábitos con las pantallas trasciende de edad y género). Un tridente que, junto a ‘Don’t Know Why‘ en el bis, supuso uno de los momentos más celebrados por público y banda. Estos fueron los temas en los que todo fluyó con naturalidad, se sintió el vitalismo que esconden las múltiples capas de sonido, y se abrieron los ojos para cerrar los puños, alzarlos y sonreír.

Con todo, tampoco podía faltar en este ajuste de cuentas colectivo clásicos como ‘Alison‘, ‘When The Sun Hits‘ o ‘Souvlaki Space Station‘, con visuales acorde a los tiempos en que fueron publicadas, tocadas con esmero pero también con cierta sensación de que estuvieran dándoles una última planchada antes de dejarlas en el cajón.

Todo encajó, en definitiva, para los Slowdive de ayer, pero sobretodo fue un encuentro maravilloso con los Slowdive de ahora, de 2018, los Slowdive de siempre pero renacidos. Y con ellos, ese público que, a partir de ahora, tiene motivos de peso para empezar a soñar con otro nuevo disco. “We’re no longer making time”.

Publicidad

Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos
Publicidad