03/03/2018

Crónica de la presentación oficial de Ídolo en Razzmatazz.

Se decía del Procés que cada día era una jornada histórica, irrepetible, que se iba a recordar a lo largo de los años. Da la sensación de que últimamente en el trap aka música urbana aka nuevo pop pasa un poco eso. Hace un mes Yung Beef publicaba su ADROMICFMS 4, otra obra destinada a ser icónica del género, y lo presentaba con un apoteósico concierto subido a una jaula que nos convirtió definitivamente. Esta semana, ‘Guerrera’ de C. Tangana y Dellafuente se ha llevado el Disco de Oro (20.000 copias vendidas) y ayer C. Tangana aka Pucho aka Antón Álvarez presentó su Ídolo en un concierto en Barcelona ante una sala Razzmatazz llena hasta arriba y rendida a sus pies, sin escatimar en un despliegue técnico sin precedentes para él.

Y, ayer, en otro momento memorable, C. Tangana quiso matar al Ídolo.

Como si la crudeza y visceralidad del espectáculo de Yung Beef hubiera llevado a C. Tangana al otro extremo, anoche tras un arranque espectacular con ‘Tiempo’, ‘Caballo Ganador’ y ‘De Pie’, ya convertidos en himnos, Pucho detuvo el concierto y, entre música malrollera e imágenes distorsionadas (de Risto, Amaia de Operación Triunfo…) en la pantalla gigante, se dedicó a explicar (en un rant a lo Kanye West) por qué estamos todos dentro del sistema aunque no queramos y por qué la única salida es montártelo por tu cuenta dentro del juego. Él, explicó, no se “salió con la suya” a la hora de hacer su disco, no se “salió con la suya” a la hora de construir el Ídolo… pero sí se iba a salir con la suya con la destrucción del Ídolo. Subir hasta lo más alto para que el espectáculo pirotécnico de la explosión sea más bonito. El Caballo de Troya de siempre. “Quería demostrar que se puede construir un ídolo”, dijo antes de lanzarse a ‘Inditex‘, canción emblema de esa infiltración en el mainstream que ha explicado tantas veces.

Más allá de alimentar esa dualidad entre la dimensión intelectual de Pucho y la descarnada realidad del Seco, el gesto de anoche no fue más allá de lo formal, del discurso. Si acaso, lo más imponente del concierto no fue que C. Tangana jugara al despiste en el arranque, apareciendo en la otra punta de la sala mientras un ‘suplantador’ estaba en el escenario en su lugar, ni las y los bailarinas y bailarines que se subieron a las dos barras de pole dance que había en el escenario, ni el fuego que se disparaba en los momentos cruciales, ni siquiera la exhibición de los productores Alizzz y Fabianni (de Agorazein) tras las bases.

 

No, lo más significativo de ayer fue, de nuevo, que dos mil personas corearon cada una de las letras de las canciones que sonaron, casi todas de Ídolo, alguna de anterior (‘Persiguiéndonos’, ‘Lo hace conmigo’), alguna de posterior (la celebradísima ‘Guerrera‘ y la explosiva ‘Still Rapping‘, soltada después de otro speech: “Espero que me hayáis escuchao“) y una versión ¡con banda! de ‘100k pasos’ de Agorazein junto a su compañero Sticky M.A., que fue el telonero de la noche. Lo más significativo de la histórica noche fue que C. Tangana, más allá de lo que él diga y venda, ya es en efecto una estrella para las masas. Y que la muerte del Ídolo es, seguro, solo la antesala del siguiente capítulo. Siempre parriba.

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Foto. Jordi A. Sintes   Conciertos
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