02/03/2018

Entrevista con Francisco Contreras, que presenta Antología del Cante Flamenco Heterodoxo.

Una máquina capaz de resumir con vocablos la esencia del entorno, aplaudida por la concurrencia que la escucha pero que es incapaz de ingeniarla y que elimina el ego del poeta acercándole a la audiencia. La idea es de Antonio Machado tras el alias de Juan de Mairena. Algo menos de un siglo después, Niño de Elche (Francisco Contreras, Elche, 1985) da la vuelta a esas Coplas Mecánicas para que esa máquina recree “un poema de una historia de amor entre un hombre y una mujer, lo que planteamos es que de repente en vez de salir un poema amoroso entre un hombre y una mujer lo que sale un poema feminista o queer, según se lea”. La ambivalencia es una de las señas de identidad del creador y le queda a un oyente normalmente agradecido dar una última significación.

Su reciente Antología del Cante Flamenco Heterodoxo (lo presentará el 5 de marzo en el Teatro Lope de Vega de Madrid de la mano del ciclo SON Estrella Galicia y el 9 de marzo en la sala BARTS de Barcelona, entre otras fechas) tiene algo de la creación de Machado. La función, en este caso, es registrar la naturaleza flamenca en diferentes ámbitos y sonoridades y demostrar su universalidad alcanzando terrenos como, por ejemplo, el Rio de la Plata en el ‘Tango de la Menegilda’. “Es que el flamenco tiene esa capacidad, la heterodoxia en el flamenco se entiende desde ese punto de vista. Como un ente líquido, que se va mezclando, va robando, va chupando de su tiempo. Siempre me gusta seguir la línea de trabajo que yo llevo, pero con conceptos que me ayuden a desplazarme de la zona de confort. Venía de trabajos más rock y ahora necesitaba otro marco, otra zona de liberación pero a la vez un poco definida para poder trabajar y poder saltar a otros territorios como la música contemporánea, el tango, la zarzuela o la copla….”.

Tras la triunfal aventura de Exquirla, el proyecto concebido junto a los madrileños Toundra, el nuevo álbum representa una vuelta a las raíces, aunque es un género del que Contreras rechaza haberse separado: “Creo yo ni me acerco ni me alejo del flamenco, simplemente el flamenco viene en mí y según lo que quiera contar saco más o saco menos”. Pocos términos definen tan bien a su autor como ‘heterodoxia’. En algo menos de dos horas y veintisiete canciones, esas dosis se alternan con tambores, guitarras o elementos electrónicos. Quizá la dificultad que entraña este disco sea la de dotarlo de coherencia: “Una de las cosas más complicadas del disco es que cada tema era de su padre y de su madre, con una forma de producirlo, recomponerlo y componerlo totalmente diferente. No es lo mismo trabajar con las concepciones que plantean Mikel Laboa o Shostakóvich que con los textos de Eugenio Noel, cada cual tiene un territorio”. La idea es hacer una lectura propia de figuras que también incluyen al cineasta Val del Omar, el compositor Manuel de Falla o la propia Lola Flores. “Los discos hoy se hacen homogéneos, pero las antologías no son eso. Y paradójicamente una antología que se supone que es para conservar, para dar una idea global de lo que es un género muchas veces sirve para todo lo contrario, para dinamitarlo, porque la ortodoxia es una idea utópica”.

El deseo incontenible de sorprender y la inacabable capacidad creativa marcan esta Antología del Cante Flamenco Heterodoxo que se ha ido gestando a lo largo de más de un año. “Ha sido un trabajo maratoniano. Mi intención era trabajar ese flamenco que se le suele tildar de experimental, pero que para mí no es tan experimental en el sentido estético, sino en su lógica. Es decir, lo que el flamenco siempre ha sido para mí es una zona donde experimentar sin ningún tipo de complejo, de ahí que siempre decía que yo era un experimental porque yo soy realmente un flamenco. Para mí quien no experimenta en el flamenco no es flamenco, es otra cosa”. El nuevo proyecto también es una muestra de la diversidad que presenta el autor: “utilizo la voz de muchas formas diferentes, también lo hago desde la perspectiva de que yo no tengo una voz solamente, tengo muchísimas y todas son igualmente valorables y todas me pertenecen: cuando canto como una soprano, como un barítono, como un cantaor de principios del siglo XX o cuando canto cercano a la concepción de Tim Buckley o como cantautor, o con la música electrónica o el futurismo. Ese concepto también me gusta mucho. Me he enfrentado a esa amalagama que siempre llevo encima y le he ido dando forma”.

A pesar de su indiscutible preeminencia, Niño de Elche insiste en señalar un trabajo coral. Por un lado, el artista Pedro G. Romero, que ha sido responsable del proyecto principal de la capitalidad cultural de Donostia y cuyo trabajo se extiende durante más de tres décadas, “el director artístico, en toda la grandilocuencia de la etiqueta. El repertorio lo trabajamos entre los dos, pero él propone las ideas, cómo atacar algunos temas, la concepción, a dónde llevarlo, las fotos, todo ese marco conceptual”. La terna de creadores la completa Raúl Fernández ‘Refree’, el hombre en la sombra de la emergente nueva ola flamenca con su trabajo junto a Rocío Márquez, Silvia Pérez Cruz o Rosalía. También su más reciente socio se rinde ante él: “Demuestra su amplitud de conocimiento, de la estética de los géneros, las actitudes. No está haciendo un disco para gente que está empezando en el mundo del flamenco o que tiene clara una línea. Es una concepción de lo experimental muy radical. Él lo ha entendido perfectamente y lo ha ampliado a un nivel que yo no esperaba. Lo admiro muchísimo porque creo que era el único que podía hacerlo”.

Con el flamenco como leit motiv, las facetas de Francisco Contreras son múltiples y tras cada una de ellas se sucede un lógico aluvión de elogios. Puede resguardarse en un caparazón electrónico junto a Los Voluble, dar forma al músculo rock de Toundra, acentuar (aun más) su tendencia experimental en Voces del Extremo o ejercer de poeta. Ahora comienza la gira para la presentación de su reciente trabajo, pero el Sónar 2018 disfrutará en poco tiempo de un nuevo proyecto junto al bailaor Israel Galván. No teme que el eclecticismo, ese desconocimiento de lo que vendrá después, pueda mermar la atracción que suscita porque “si hay que ponerme un sello no está tanto en el resultado como en el proceso de crear interrogantes, mezclarte con gente, trabajar estéticas diferentes, pero que están enlazadas, trabajar distintas disciplinas: la danza, el teatro, performance, videoarte, literatura, poesía. Si tuviera un sello, mi sello sería ese, no tanto que escuches una música y sepas reconocer que soy yo”.

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