29/12/2017

Las 100 canciones del año.

10. Calvin Harris – ‘Slide’ (feat. Frank Ocean & Migos)

Seamos sinceros: este petardazo nos pilló desprevenidos. Sin embargo, ‘Slide’ ha resultado ser la mejor invitación posible a Funk Waves Bounces Vol.1, un guateque estival en forma de disco en el que el DJ y productor Calvin Harris entierra la EDM para codearse con superestrellas del pop y la música urbana mainstream al son del boogie de los 80. Y no es para menos: el anfitrión escocés realiza un traje a medida para Frank Ocean, irresistible en un registro que no habría tenido cabida en el delicado Blonde, e invita a rapear a dos tercios del triunvirato del año, Migos. La canción del verano.

9. Arca – ‘Desafío’

La eclosión pop de Arca lleva por nombre ‘Desafío’, y revela más que ningún otro corte de su homónimo tercer álbum la confianza que ha adquirido a la hora de mostrarse al mundo. “Hay un abismo dentro de mi”, confiesa el falsete casi operístico de Alejandro Ghersi entre ruidos de sirenas, sintes metálicos, cuerdas punzantes y sollozantes coros intermitentes. Con algún que otro gancho a la altura de sus mejores producciones para Kanye West, FKA twigs y Björk, el singular artista venezolano parece sentirse cada vez más cómodo fuera de su crisálida alienígena. Detrás de unas letras que podrían parecer perturbadoras (Ámame y átame y dególlame / Búscame y penétrame y devórame), su caos interno ha sido armonizado, y sus miedos, redimidos.

8. The War On Drugs – ‘Pain’

Podríamos haber escogido cualquier otro tema de A Deeper Understanding, ya que en el último trabajo de The War On Drugs no hay fisuras más allá de las que nos sirven para escapar de la realidad, pero le ha tocado a ‘Pain’, una joya expansiva y reverberante que ejemplifica por qué Adam Granduciel no tiene rival entre sus contemporáneos a la hora de encapsular musicalmente la vulnerabilidad existencial. Pese a la imposibilidad de encontrar la fuente primaria de donde emana su dolor (“I want to find what can’t be found”), la meticulosa producción de Granduciel llena el vacío al conjurar todo tipo de arreglos atmosféricos, teclados zigzagueantes, remolinos percutivos y un glorioso solo de guitarra en el que no lamentaríamos ahogarnos.

7. C. Tangana – ‘Mala Mujer’

Si bien Ídolo ha sido el caballo de Troya de C. Tangana al mainstream español, sin una canción tan indestructible como ‘Mala Mujer’ el rapero madrileño difícilmente habría acertado de pleno en el talón de Aquiles de traperos, pijos, hipsters y personas de todos los estratos sociales y culturales –y quien diga que este 2017 no la ha bailado miente– hasta colarse en las radiofórmulas. Casi una rareza en el conjunto del disco, estamos ante una máquina de petar reproducciones aliñada con sabrosos ingredientes latinos (salsa, dancehall, reggaeton) que al mismo tiempo conserva todo aquello que nos gusta del Puchito más cercano a Drake. Mención especial merece Alizzz, catapultado a productor nacional del momento tras esculpir este temazo.

6. Kendrick Lamar – ‘HUMBLE.’

Asaltar los actuales sonidos mainstream tras un un disco como To Pimp A Butterfly, que principalmente coqueteaba con el funk y el free jazz, es una apuesta arriesgada, pero cuando le toca reclamar su corona de salvador del hip hop Kendrick Lamar no le teme a nada. Prueba de ello es ‘HUMBLE.’, un single con todas las letras en el que sus desafiantes rimas brotan como una descarga eléctrica por encima de un colosal beat de piano a cargo de Mike WiLL Made It. De connotaciones tanto religiosas como callejeras, quienes pretendían disputarle el trono al de Compton se han dado con un canto en los dientes tras escuchar este sólido manifiesto en el que la humildad, palabra que le da título, brilla por su ausiencia: “If I quit this season, I still be the greatest”.

5. Lorde – ‘Green Light’

Max Martin, el Dios actual de los compositores de hits pop, escuchó ‘Green Light’, y dijo que era un caso de “composición incorrecta”. Una pieza de música extraña, vino a decir. Le rompió los esquemas. Dentro de sus parámetros de creador de éxitos para las listas de ventas, entregado a una fórmula casi científica (por algo el reciente libro sobre Martin se llama La Fábrica de Canciones), estaba en lo cierto: ‘Green Light’ no es una ecuación, es un hit pop vivo y cambiante, inesperado, en el que la interpretación se come a la expectativa. No es lo que debería ser. El estribillo no llega hasta el minuto y pico, y antes el tema ya ha pasado por cuatro fases distintas. Tiene imágenes poderosas (“I do my makeup in somebody else’s car”), escupe veneno (“Well those great whites, they have big teeth / Hope they bite you”) y sobre todo cree futuro (“But I hear sounds in my mind / Brand new sounds in my mind”). El semáforo verde para seguir adelante. Ah, ¡y se puede bailar!

4. Kamasi Washington – ‘Truth’

Con The Epic, su primer disco de estudio al uso, el saxofonista norteamericano Kamasi Washington acaparó muchas miradas gracias a su desbordante (dura 178 minutos) aproximación al jazz, que le valió innumerables elogios por parte de la crítica especializada. Apenas dos años después, el artista de Los Ángeles está de vuelta con ‘Truth‘, una nueva canción que se expande hasta los 13 minutos y marca su nueva etapa, esta vez en el sello Young Turks. Y lo hace con una canción espectacular comandada por un ritmo sedoso que solo crece en emoción a cada repetición de su coro de aroma gospel, para pasar a una suerte de interludio central más cercano a la improvisación y acabar regresando a su melodía principal en un estallido de épica que resulta francamente emocionante. Solo hay que dejarse llevar durante los 13 minutos y 30 segundos para entenderlo. O, si se quiere, abrir los ojos para ver el precioso vídeo –un cortometraje, más bien– firmado por el barcelonés (afincado en Los Ángeles) AG Rojas, que acompaña con una sensibilidad exquisita la canción, ahondando en la idea que transmite el título de su nuevo lanzamiento: la harmonía colectiva de la diferencia.

https://www.youtube.com/watch?v=rtW1S5EbHgU

3. St. Vincent – ‘New York’

Cuando ya parecía que tras su disco a medias con David Byrne en 2012 y la publicación de St. Vincent en 2014 la estadounidense Annie Clark iba a decantarse por derroteros cada vez más experimentales, St. Vincent nos descoloca con una sencilla canción que se hace un poco más inmensa a cada escucha. ‘New York‘ es una puñalada, un golpe de rodilla, una balada envenenada al piano con base electrónica y cuerdas que apenas llega a los dos minutos y medio. De una pulcritud melódica apabullante, a nivel lírico las capas son varias (Clark dice que en esta canción está “toda su vida”): hay una nostalgia de su ciudad de acogida (Nueva York), amores perdidos (suelta lo de “You’re the only motherfucker in the city / Who can handle me”), un recuerdo a Bowie, Prince y Leonard Cohen en la estremecedora “I have lost a hero”, y una rubrica final: “But for you, darling / I’ll do it all again”. A sus pies.

2. Los Planetas – ‘Islamabad’

¿Es ‘Islamabad’ la mejor canción de la historia reciente de Los Planetas? Ahora ya podemos decirlo con seguridad: sí. Una obra monumental construida a partir de la melodía del estribillo de ‘Ready pa morir’ de Yung Beef, que en realidad impregna toda la canción, llevando a J a un fraseo en los versos que si bien no llega al hip hop sí ofrece cierta cadencia menos musical que de costumbre. El traje para la ocasión también es impecable: los destellos sonoros submarinos de ‘Islamabad‘ recuerdan a los Sigur Rós más emocionales, y la progresión sostenida en bucles que podrían durar para siempre es capaz de romperse cuando la canción lo necesita (el momento previo al estribillo, con las frases “El espacio es infinito y estamos solos / Todo es inerte, solo estamos nosotros / Luchando contra la naturaleza / Porque solo existe vida en este planeta” pone los pelos de punta). Pero en realidad incluso lo de Yung Beef pasa a un segundo plano, porque Los Planetas consiguen crear algo mucho más grande alrededor –a partir– de la semilla que es ese estribillo. Para empezar, si ‘Ready pa morir‘ es una canción introspectiva sobre miedos y ansiedades, ‘Islamabad‘ es una de las canciones más universales y ‘hacia fuera’ de Los Planetas, que puede entenderse tanto como un alegato contra la guerra de religiones (“El hombre llama Dios a todo lo que no conoce” / “Si le cambias el nombre lo que consigues es partirnos en bandos“) como de las estructuras de poder que controlan lo que llamamos sociedades civilizadas (“Sabes que sin violencia estarías perdido / Y le metes tu mierda de miedo en el hocico / A los ignorantes y a los corrompidos / A los gregarios y serviles a los que has dormido / Con tele mala y con ansiolíticos“). Con todo, si hay que buscarle la sintonía esencial entre la canción original y la de Los Planetas, parece claro que sería ese ansia de redención: Yung Beef canta lo de “Yo creo en cosas que no se pueden decir” y pide la bendición entre múltiples referencias al Diablo, y J juega a proclamar tanto que “Dios sabrá vengarnos, Dios es grande siempre” como que “Deberías temerle al Todopoderoso / Porque él quiere vernos muertos a todos” e incluso que “El espacio es infinito y estamos solos / (…) Porque solo existe vida en este planeta” (permítanme que insista), poniéndose en la piel de todos. Más grande que la vida.

1. Maria Arnal i Marcel Bagés – ‘Tú que vienes a rondarme’

La canción del año. Un himno cuando ya casi no se hacen himnos. ¿Hay algo que Maria Arnal y Marcel Bagés no hagan bien? En sus inicios, cuando recuperaban canciones, letras e historias de la tradición oral y del folclore, lo hacían con un gusto y una lucidez pasmosa. Le daban nueva vida a nuestro pasado olvidado. Y cuando afrontaron su primer disco, además de mirar atrás decidieron ser valientes y lanzarse a componer, a un terreno para ellos inexplorado. Y la clavaron a la primera. Como decía mi compañero Daniel en su crítica del disco: “Es difícil apostar por el tono lorquiano de ‘Tú que vienes a rondarme’ y no hacer el ridículo. “Magia negra entre tus manos, mil caballos desbocados corren con el morro en llamas, el fuego baila y tú cantas, lamen lunas desorbitadas las mareas mareadas”, se atreve a escribir en la era del trap. No creo que haya letra más osada este año. Y funciona. Lo hace porque no fue escrita pensando en el qué dirán”. También funciona porque no hay demasiados elementos en esta canción, pero todos están colocados a la perfección: la infecciosa base electrónica obra de Grey Filastine (construida a partir de un sample de la sonda espacial Voyager de la NASA en 1977), la guitarra de Marcel Bagés más preciosista y rítmica que aletargada, y la enorme interpretación vocal de Maria Arnal, modulada al servicio de la canción (seca en los versos iniciales, lírica en el estribillo, delicada y sensual en la confesión final, ese “diiiminuuuto muuundo”). Es ella quien nos guía por los vaivenes de la canción, acompañándonos siempre como cuando nos invaden las sensaciones de euforia, bienestar y deseo que la letra describe con una poética arrolladora. “Tú que vienes a rondarme / amárrate a mí / Tú que vienes a rondarme / arrímate aquí”. Una canción inmensa que siempre brillará en nuestro diminuto mundo.

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