27/12/2017

Los discos por los que recordaremos este año.

1. Lorde – Melodrama

El triunfo del segundo disco de la neozelandesa Lorde simboliza el camino que ha recorrido el pop en los últimos años. Precisamente ahora que en Indiespot miramos atrás con motivo de nuestro décimo aniversario, vale la pena preguntarse si un disco como Melodrama hubiera logrado tanta unanimidad entre las distintas facciones de la crítica musical hace unos años. Si hubiera sido nuestro disco del año, por ejemplo. Probablemente no. Es más, quizá este disco no hubiera existido como tal. Al menos no en esta forma, en este constante juego al filo entre el pop mainstream y el del autor, el que es universal y el que le habla a los que nunca son los protagonistas. El pop en los márgenes de Ella Marija Lani Yelich-O’Connor es especial porque nos recuerda que la música siempre encontrará nuevas formas de emocionarnos y de retratar generaciones aún abordando los temas de siempre. Porque Melodrama, disco de primera ruptura, desengaño vital, regeneración emocional y al final autoafirmación, explica momentos, situaciones y sensaciones que muchos habremos pasado una y mil veces. Trata temas universales con teatralidad y verosimilitud, con intensidad pero al mismo tiempo una perspectiva alucinantemente lúcida para venir de alguien de 18-19 años. Y nos recuerda que por mucho que hayamos vivido y aprendido, hay cosas que siempre dolerán.

Max Martin, el Dios actual de los compositores de hits pop, escuchó el primer single del álbum, ‘Green Light’, y dijo que era un caso de “composición incorrecta”. Una pieza de música extraña, vino a decir. Le rompió los esquemas. Dentro de sus parámetros de creador de éxitos para las listas de ventas, entregado a una fórmula casi científica (por algo el reciente libro sobre Martin se llama La Fábrica de Canciones), estaba en lo cierto: ‘Green Light’ no es una ecuación, es un hit pop vivo y cambiante, inesperado, en el que la interpretación se come a la expectativa. No es lo que debería ser. El estribillo no llega hasta el minuto y pico, y antes el tema ya ha pasado por cuatro fases distintas. Si lo extrapoláramos a la vida, Max Martin sería lo que la sociedad espera de ti, mientras que Melodrama es el resultado de hacer lo que te venga en gana.

De hecho, esta descripción de ‘incorrección compositiva’ podría extenderse a todo Melodrama: no es un disco que fluya en primeras escuchas, no es el paradigma de concatenación de sonidos pensada para que el oyente no tenga que esforzarse. Tiene desnudos emocionales en momentos de máxima euforia, tiene canciones a modo de dos en uno (la marciana ‘Hard Feelings / Loveless’, conciliadora al principio, socarrona al final), reprises de cortes anteriores (‘Sober’ y ‘Liability’ vuelven para rubricar escenas) e incluso sus dos temas más luminosos (‘Supercut’ y ‘’Perfect Places’) se sitúan en los minutos finales. Tiene más preguntas que respuestas. Tiene esa esencia de pop electrónico escurridizo con ritmos hip hop, sensibilidad r&b y pegada synth pop que nos deslumbró en Pure Heroine, pero elevada al cubo gracias a incursiones como el piano house en ‘Green Light’, los vientos en ‘Sober’, el ruido controlado de ‘Hard Feelings/Loveless’, la épica de ‘The Louvre’ y la catarsis pop final de ‘Perfect Places’. Por eso es tan cautivador.

En ese sentido, sería un error buscarle una narrativa lineal, porque cada canción refleja una revelación de Lorde, una pieza de su periplo durante los últimos cuatro años a raíz del éxito de su debut, de su ascenso a la fama, de su mayoría de edad y de su primera ruptura amorosa de peso. Ella ha descrito las sensaciones que transmite el disco como las que pueden darse en una fiesta en casa, pero no es una historia explicada de principio a fin. En realidad una forma más adecuada de definirlo sería a través de la sinestesia que padece: cuenta que cuando escucha ciertas notas y sonidos, se le aparecen vívidamente sus colores correspondientes. Con esta idea en mente, Melodrama en un compendio de destellos fluorescentes, con la particularidad de que cada canción brilla aquí al máximo: las gamas, las texturas y los contornos han sido pulidos hasta el final. Todo suena de maravilla, emocionante, rotundo y al mismo tiempo verdadero, sincero, humano. La mención a la producción de Jack Antonoff (Bleachers) es necesaria como parte del proceso, pero el crédito final es todo para Ella.

Melodrama es importante por el conjunto, porque la conclusión final del álbum es una celebración del amor como ese sentimiento incontrolable y adictivo, una aceptación del dolor como consecuencia inevitable y una mirada hacia adelante, pero también es importante porque cada una de sus canciones se sostiene en solitario y de alguna manera contienen la moraleja final: es ante todo una afirmación de la propia Lorde ante lo que se ha convertido su vida. “Es un disco sobre estar solo, las partes buenas y las malas”, explica. Por eso hay la explosión de sentimientos y baile de ‘The Louvre’ y ‘Homemade Dynamite’ (“I’ll give you my best side, tell you my best lies”), la rabia y la esperanza (“But I hear sounds in my mind / Brand new sounds in my mind”) en ‘Green Light’, las verdades dolorosas (“But what will we do when we’re sober?”, se pregunta en ‘Sober’), la nostalgia (“In my head I do everything right”, rememora en la eufórica ‘Supercut’), la evasión química (‘Perfect Places’, sería una apología de las drogas si no cuestionara al final “What the fuck are perfect places anyway?”), la mala leche (“Seguro que te arrepientes del día en el que besaste a una escritora a oscuras”, le espeta a su ex en ‘Writer in the Dark’, para después soltar “I’ll find a way to be without you, babe”) y a la postre, lo que es más importante, la aceptación a través del desengaño. Del lamento desconsolado de la preciosa ‘Liability’ (“They say “You’re a little much for me, you’re a liability / You’re a little much for me”) a la conclusión a corazón abierto de ‘Liability (Reprise)’: “But you’re not what you thought you were”.

Lorde no solo ha hecho un disco sobre estar sola en el siglo XXI; ha hecho un disco sobre aceptarse a una misma por muchas cosas que sucedan y muchas personas que se muevan a tu alrededor. Y lo ha hecho con 20 años recién cumplidos, formando parte de una generación tildada de narcisista y llevando cada una de sus canciones hasta su mejor versión posible. Retrata toda una generación cuando se encienden las luces: “All the glamour and the trauma and the fuckin’ / Melodrama”, rompe en ‘Sober II (Melodrama)’. La juventud es esto: vuelas, te pegas la hostia, te haces más fuerte y sigues adelante. Bowie tenía razón: Lorde es el futuro. Pero ya es el presente, también. (Aleix Ibars)

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