27/12/2017

Los discos por los que recordaremos este año.

10. Maria Arnal i Marcel Bagés – 45 cerebros y un corazón

Creo sinceramente que este es el disco en castellano (y catalán, claro) más importante del año. Mucho, muchísimo más, que esa maravillosa ‘Tú que vienes a rondarme’ de la que es casi imposible no quedar prendado a la primera. Maria Arnal y Marcel Bagés son dos forasteros del indie. Dos músicos pluriempleados que aquí ejercen también de exploradores, historiadores, antropólogos, juglares y atrevidos vanguardistas. Aquí hay canciones, experimentos, letras propias, poemas prestados y hasta canciones prestadas. A Arnal y Bagés les empuja la misma ola flamenca que ha aupado al pop Rosalía o a Sílvia Pérez Cruz, pero aquí, en mi opinión, todo es mejor, porque Arnal te llega tan dentro como la segunda y su flamenco mestizo, vestido de nieblas y truenos por la guitarra casi siempre eléctrica y nunca purista de Marcel Bagés, resulta mucho más refrescante que el de la primera. En ‘Jo no canto per la veu’ ella se te mete bajo la piel y él la empuja hasta el tuétano. Voz y guitarra ascienden juntas hasta desembocar en un minuto final de vello de punta. En ‘No he desitjat mai cap cos com el teu’, Arnal grita de deseo sobre la distorsión de Bagés. Ambos suben y bajan como en un baile convirtiendo este poema musicado en una tormenta. No hay apuesta que este disco no gane. Ni en la música ni en las letras. Es difícil apostar por el tono lorquiano de ‘Tú que vienes a rondarme’ y no hacer el ridículo. “Magia negra entre tus manos, mil caballos desbocados corren con el morro en llamas, el fuego baila y tu cantas, lamen lunas desorbitadas las mareas mareadas”, se atreve a escribir en la era del trap. No creo que haya letra más osada este año. Y funciona. Lo hace porque no fue escrita pensando en el qué dirán. Igual que ‘Canción Total’, original de Las víctimas civiles, escrita como un poema y convertida aquí, para mi gusto, en una de las canciones del año. Brutal. Recuerda en algo a esas canciones casi risibles de Pablo Und Destruktion, que tienen una convicción y una autenticidad detrás que transpira y que te cala. Y es que en este disco, como en los del mencionado, hay mucha política. El título del álbum hace referencia a la noticia sobre una fosa común y muchas canciones giran aquí en torno a la memoria. Las obvias, como la propia ‘45 cerebros y un corazón‘ o ese experimento genial que es ‘Desmemoria’, pero también algunas menos obvias, como ‘Ball del Velatori’, donde Arnal adapta un poema del valenciano Vicent Andrés Estellés. Hay un respeto tremendo a la historia y a la tradición en todo el álbum. No en vano, Arnal y Bagés se han dedicado a rescatar y revivir letras y músicas tradicionales. Lo acojonante es que esa visión tan activista y culta de la música y el arte haya cuajado en un disco tan accesible y bonito y moderno. Una auténtica joya. (Daniel Boluda)

9. King Krule – The Ooz

Archy Marshall es capaz de convertir en bello cualquier ápice de oscuridad o decadencia a través sus composiciones, y esa virtud es la que lleva anonadándonos desde su debut, 6 Feet Beneath The Moon, hace ya cuatro años. De voz rota y grave y energía hipnótica, el joven King Krule regresa con un segundo trabajo que expone una madurez sorprendente en su sonido. Una propuesta que se muestra más arriesgada al jugar tanto con el jazz y el rock como con el hip hop con el objetivo de explorar de manera magnética sentimientos y estados de ánimo como el insomnio, la claustrofobia o la depresión. Todos ellos indiscutibles protagonistas pero también contrarrestados por la presencia del amor. Por el romance que vivió intensamente con una chica catalana y que ve la luz con su forma más simple y arrolladora en ‘Bermondsey Blosom (Left)’. A simple vista, The Ooz es un disco intenso, lúgubre, largo y de difícil escucha. Pero aquello que podría alejarnos pasa a ser aquello que nos atrae de él. Un trabajo redondo y completo, tan agradable como asfixiante y tan bello como sombrío. En resumen: una obra fascinante. (Raquel Pagès)

8. The National – Sleep Well Beast

Luces estroboscópicas rompiendo la oscuridad, un lamento de terciopelo, la banda sonora de la melancolía…rasgos que impregnan la idiosincrasia de una banda única cuya autoridad, al menos a día de hoy, es poco discutible. Todo son esperanzas cada vez que The National entra en un estudio. Que Sleep Well Beast se sitúe como una de las cimas de su carrera es una cuestión de pequeños matices. En lo formal hay más presencia digital sobre la que se sustentan bellezas como ‘Born to Beg’ o la canción que da nombre a su séptimo trabajo, y mayor relevancia de las guitarras desnudas de sus primeros tiempos. Pero el calibre de este largo se refleja en sutiles detalles como la entrada hacia la última estrofa de ‘Nobody Else Will Be There’ o el cierre del desenfadado solo en la descomunal ‘The System Only Dreams in Total Darkness’. La inmaculada melodía vocal de ‘Walk It Back’ o los arpegios del piano de la deliciosa ‘Empire Line’ atestiguan que el quinteto tiene infinitos recovecos por donde extender su elegante teñido a negro. La cautivadora introversión queda rota por ‘The Day I Die’ y, sobre todo, ‘Turtleneck’, una brutal renovación de los tiempos de ‘Abel’, ‘Mr. November’ o ‘Available’. The National vuelve a reivindicar su absoluta hegemonía en un disco sin fisuras. (Carlos Marlasca)

7. Ibeyi – Ash

El trasiego de las gemelas Díaz entre París, Cuba, Londres y Barcelona habilita una permeabilidad absoluta en su música que se ve enriquecida por ser descendientes de un miembro de Buena Vista Social Club. Solo necesitaron unos videos en Youtube para llamar la atención de Richard Russell, capo de XL Recordings. Su debut fue una suerte de homenaje a las influencias tribales (las hermanas presumen de tener un profundo conocimiento de los rastros africanos en la isla caribeña) que descubría a unas arquitectas de excelentes hits como la sobresaliente ‘River’. Aun resuenan estertores de aquello en este Ash, como buena muestra están ‘Valé’ o ‘Transmission/Michaelion’, pero la ambición de sus compositoras se ha agigantado y, al igual que ocurre con su eclecticismo inspirativo, es majestuosa en su materialización. Solidarias en esta nueva dimensión, admiten colaboradores que le dan lustre al catálogo, como es el caso de Kamasi Washington, cuya aportación en ‘Deathless’ es algo más testimonial de que la de La Mala Rodríguez, inmensa en una ‘Me Voy’ que ya tiene una versión más ‘perrera’ (y prescindible) en manos del productor Jeffrey Peñalba. También Chilly Gonzales diseña las percusiones de otra joya como ‘When I Will Learn’. El caso de Ibeyi con las raíces caribeñas es parejo al de M.I.A. con las africanas, más vanguardia que clasicismo; aquí hay poco de afrocubism y mucho del downbeat de Bristol que carga ‘No Man Is Big Enough For My Arms’, convertida con toda justicia y de forma inmediata en himno feminista y que contiene un fragmento de un discurso de Michelle Obama. Con el auto-tune como principal innovación técnica, el dúo engendra nuevos hits indiscutibles como ‘Away, Away’ o la neo-soul ‘I Wanna Like You’. El mosaico esculpido con elementos de ambos lados del Atlántico embelesa y asciende de categoría a sus ya consolidadas autoras. (Carlos Marlasca)

6. Kendrick Lamar – DAMN.

¿Es posible mantener el nivel tras una hazaña como To Pimp A Butterfly? La respuesta es que sí, pero solo si eres Kendrick Lamar. A diferencia de su anterior álbum, hoy ya un clásico del hip hop de esta década, DAMN. renuncia parcialmente a las producciones free jazz y funk en aras de un sonido más limpio, compacto y contemporáneo en el que, sin embargo, la maestría técnica sigue intacta, y su voz versátil sin rival, en el centro. A lo largo de sus catorce cortes, el de Compton nos sumerge en un complejo entramado filosófico de ambivalencias contempladas desde la cima: el orgullo (‘PRIDE.’) frente a la humildad (‘HUMBLE.’), el amor puro (‘LOVE.’) frente a la lujuria carnal (‘LUST.’), o Dios (‘GOD.’)… frente a él mismo. En un mundo en el que la espiritualidad está en jaque, Lamar profundiza en sus propias dualidades y las del entorno que le rodea, siendo ‘DNA.’ el corte más arrollador. Tanto en este tema como en otros dos hace referencia –o directamente samplea– a Geraldo Rivera, periodista de Fox News que llegó a asegurar que “el hip hop ha hecho más daño a los jóvenes afroamericanos que el racismo en los últimos años”. Pero si ‘Alright’ se convirtió en una canción protesta del Black Lives Matter, K-Dot opta aquí por simplemente reflexionar acerca de lo positvo y lo negativo que el género ha aportado a la comunidad. En vez de condenar el todo como hace el conservadurismo radical, Lamar es ante todo un ser humano que analiza las contradicciones de esta era y les da forma con su aventajado storytelling, que alcanza su momento más impactante en ‘DUCKWORTH.’. Con dicho tema cierra el trabajo recordándonos cómo su padre pudo haber muerto en un KFC debido a un disparo de Top Dawg, director creativo del sello que luego le fichó y, gracias al cual, hoy estamos hablando de este disco. (Max Martí)

5. Sampha – Process

Escuchando el debut largo de Sampha Sisay, uno siente un nudo en la garganta. Precisamente en dicho punto del cuerpo desde donde emana su voz imperfecta pero diferencial y genuina, el artista británico de raíces sierraleonesas nota desde hace algunos años un incómodo bulto que ningún médico ha logrado detectar. Con el tiempo ha aprendido a convivir con él, y en ‘Plastic 100ºC’, el corte de apertura de Process, se convierte en metáfora de su propia mortalidad. La eclosión pública de Sampha en 2010, momento en que publicó su primer EP y se embarcó junto a SBTRKT en un sinfín de aventuras colaborativas, se vio mancillada por un doloroso acontecimiento: su madre fue diagnosticada de cáncer ese mismo año. El cantautor y productor compaginaría desde entonces su atención y cuidados con el reclamo cada vez más frecuente por parte de los artistas más populares sobre la faz de la tierra: no cualquiera ha dejado su huella en los trabajos de DrakeBeyoncéKanye WestFrank Ocean y Solange. Paradójicamente, en Process nadie le acompaña más allá de sus propios demonios y Rodaidh McDonald (The xx, King Krule, Adele), quien entró como ingeniero pero acabó implicándose en la producción. En la lacerante balada ‘(No One Knows Me) Like the Piano’, escrita durante los últimos días en vida de su madre, Sampha vuelve a sentarse en el viejo piano que su padre trajo al hogar cuando tenía tres años, siendo el único momento del disco en el que no nos asaltan las producciones modernas que impregnan los otros nueve temas. Un momento de lucidez y honestidad en medio de la catarsis que convive con la ansiedad de la vigorosa ‘Blood on Me’, el groove importado de sus orígenes africanos de ‘Kora Sings’, la tensión futurística de ‘Reverse Faults’ en la línea de los recientes artificios diseñados para ANOHNI o el escurridizo soul electrónico de ‘Incomplete Kisses’, que bebe de la herencia de James Blake. Ni el proceso ha terminado ni las heridas se han cerrado por completo, pero dentro de un tiempo recordaremos 2017 como el año en el que la música de Sampha adquirió una identidad propia e irremplazable. (Max Martí)

4. The War On Drugs – A Deeper Understanding

Yo siento no ser objetivo. Creo que Adam Granduciel me gustaría hasta haciendo zarzuela, así que no lean este texto como una crítica imparcial: estoy ante el último disco de uno de los músicos que más me ha hecho disfrutar en los últimos 10 años. Dicho esto, A Deeper Understanding creo que tiene ingredientes más que de sobra para justificar el ensalzamiento. La producción vuelve a ser acojonante. La selva de sonidos, el enjambre de arreglos, las capas a mansalva… todo vuelve a estar en cooperación solidaria, sin estorbarse, sin empujar. Desde la orgullosa ‘Up All Night’ hasta la preciosa ‘You Don’t Have to Go’, Granduciel levanta, emociona y deslumbra. Teniendo lo que tiene en la cartera, habiendo sido su última publicación el mejor disco de su año para esta publicación remillenial, no mentimos al decir que tiene aquí algunas de las mejores canciones de su catálogo. Pocas este año con la emoción de ‘Pain’, con ese solo de noche fría; pocas con la potencia melódica de ’Strangest Thing’, el mejor polvo del año entre una guitarra y un sinte. Yo qué quieren que les diga, le compro hasta los piojos. (Daniel Boluda)

3. The xx – I See You

“Las dos canciones más importantes de I See You están al principio y al final. ‘Dangerous’ abre el álbum, como ya habrán escuchado una y mil veces, con el sonido más alejado a la ‘fórmula The xx’ que encontraremos en todo el disco, unos vientos eufóricos seguidos de una trepidante base de UK garage. La letra también ofrece una declaración de intenciones: “They say we’re in danger / But I disagree / If proven wrong, shame on me”. Dicen que estamos en peligro, pero me da igual, si me equivoco serás mi error favorito. Un mensaje sorprendentemente asertivo para tratarse de una banda que fundamentaba su discurso entre las declaraciones incondicionales de amor y, a la primera de cambio, las inseguridades.

No sería justo decir que I See You se basa solo en experiencias traumáticas, pero sí le aportan una profundidad necesaria. En muchos momentos es el disco más ligero y abiertamente disfrutable de The xx, gracias a que la experiencia de autolimitarse con Coexist había sido fallida. “Esta vez queríamos crear sonidos que tuviéramos ganas de escuchar”, han dicho ellos. Y por eso se levantaron las barreras, y se olvidaron de únicamente grabar sonidos que pudieran tocar en directo (norma 1) y de cantar lo que cada uno había escrito (norma 2). Prueba de ello es ‘On Hold‘, el primer single, en el que un estribillo explosivo a base de un sample colisiona con una letra que habla de una relación tóxica en la que el o la protagonista asume que la otra persona le esperará el tiempo que haga falta. Y se hace difícil leer “Now you’ve found a new star to orbit” y no pensar en las expectativas fallidas y el distanciamiento vivido por los tres miembros de The xx.(Crítica completa) (Aleix Ibars)

2. Arca – Arca

En su camino hacia este álbum homónimo, el tercero, Arca ha confeccionado un genuino universo sonoro fácilmente reconocible en el marco de la hipermodernidad, pero con la virtud de que difícilmente puede ser clasificado mediante los patrones formales existentes. Que Björk le recomendara, por vez primera, usar su voz histriónica en este trabajo, es un acierto en cuanto a que nos encontramos ante sus composiciones más accesibles hasta la fecha –no en vano, en los últimos años Alejandro Ghersi ha demostrado con creces su maestría como productor en el pop mainstream y urbano contemporáneos–, si bien el aura que rodea cada uno de los cortes sigue siendo fiel a su disruptivo discurso electrónico, siempre en tensión con la propia naturaleza humana. De ahí que ‘Desafío’, la canción más excepcional del disco, adquiera una brillantez melódica que firmaría cualquier hitmaker eurovisivo de no ser por sus múltiples contorsiones instrumentales y la obscenidad de sus letras (Ámame y átame y dególlame / Búscame y penétrame y devórame). Y mientras que el falsete que el venezolano desvela en la apertura, ‘Piel’, nos calma como un bálsamo pese al chirrido que le acompaña, y en ‘Anoche’ nos protege del abrasivo caos sintético que construye a su alrededor, en cortes como ‘Saunter’, ‘Urchin’, ‘Castration’ y ‘Whip’ simplemente somos expuestos a todo tipo de quemaduras, latigazos y cuchilladas de objetos afilados. Como en Xen y Mutant, en Arca hay dolor, pero también redención, e incluso una tierna mirada al folclore, concretamente a las tonadas de su Venezuela rural. Como en la última actuación de Ghersi en el Sónar, en la que tanto le daba por castigarnos visualmente con dolorosas prácticas BDSM como por fundirse en el más piadoso de los abrazos con uno de sus fans. (Max Martí)

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