20/12/2017

Empezamos el repaso a lo mejor de 2017.

Como ya es tradición, arrancamos el repaso a lo mejor del año con esos discos que se han quedado fuera del top final pero, para parte de nuestra redacción, merecen ser mencionados y rescatados del olvido. Discos que quizá no aparezcan en la mayoría de listas pero merece la pena escuchar cuando se busca algo distinto. Empezamos con el repaso a lo mejor de 2017.

Cabiria – C’est Lindy On

(Escúchalo)

Partamos de la base de que incluir este disco aquí es una trampa: la mayoría del material que contiene ya había aparecido en 2016 en un EP del mismo nombre. Pero la música de Eva Valero supone una excepción en la música nacional. Por una parte su dream pop consigue lo que pocas veces sucede en el género: es dulce y bonito, pero no pastoso y autocomplaciente. Las canciones suenan al tercero de Big Star pasado por el filtro de Johnny Jewel y producción lofi, a unos Yo La Tengo rejuvenecidos aprendiendo a usar el Ableton y cacharreando con un teclado midi: un prodigio de melancolía onírica. Por otra parte las letras trazan una curiosa línea entre lo surreal y el meme, difícil de asumir por quien no acepte sus códigos. No es un disco convencional, ni siquiera para los acostumbrados a la languidez vocal y las instrumentales densas, pero es un álbum que propone un mundo propio, sin dejar de ser una broma, aunque sea una broma que deja un regusto triste. (Santi Fernández)

Dj Seinfeld – Time Spent Away From U

En un año en el que la música no ha sido prioritaria, son muchas las tendencias, “tags” y matices de género que se nos han escapado. A modo de ejemplo, el que ha abanderado DJ Seinfeld, junto a otros nombres como DJ Boring y Ross From Friends este 2017, llamado lo-fi house. Música de gusto noventero mal grabada, temas de baile producidos (en apariencia) con pocos recursos. Hemos llegado a este género –perdiéndonos por el camino los tracks filtrados a través de Youtube y Bandcamps, la gran mayoría de ellos luego editados en el sello londinense Lobster Theremin– con el que puede ser el disco de cierre, el que lo ha oficializado: Time Spent Away From U de DJ Seinfeld. Cortes pensados para maxis de 12’ reducidos a los 5 minutos, mirada melancólica al house más primitivo con dosis de vocales femeninos, coreables algunas, más pisteras otras, pero todas con decapado final poco pulcro. Y ahí radica parte del encanto de este disco: un género como es el house, de carácter hedonista, disfrutable en su manera más pomposa y lleno de bolas de cristal, lanzado desde el underground más crudo. Todo el disco parece pensado para pincharse como cierre final de un after exhausto (los títulos ayudan): ‘I Saw Her Kissing Him In Front Of Me And I Was Like WTF?‘ o la maravillosa ‘Too Late For U and M1‘. Referencias a Robin S. pero también a las atmósferas de Burial. Sensaciones encontradas de tristeza por tiempos que nos parecen mejores, fundidos con la necesidad de seguir avanzando. El tiempo que hemos pasado sin ti, Seinfeld. (Jordi Isern)

Fionn Regan – The Meetings of the Waters

(Escúchalo)

Cada año hay uno. Un disco-refugio, un disco que te pones cuando quieres evadirte del mundo, cuando no quieres escuchar nada más ni tener que pensar demasiado. Un disco que te acompaña y te protege. Este año ese disco es el de Fionn Regan, el cantautor folk irlandés que hizo llorar a Justin Vernon. Cinco años después de su anterior álbum, el esquivo Regan (su cuenta de Instagram es oro) nos regala un disco que se abre con la placidez de ‘The Meetings of the Waters‘, y mantiene el ambiente cálido, neblinoso y delicado a lo largo de sus once canciones salvo en destellos de energía como ‘Cape of Diamonds‘, ‘Up into the Rafters‘ y ‘Babushka-Yai Ya‘, contrapeso ideal a un trabajo hecho con mimo y poesía en cada detalle. Los 12 minutos de ambient de ‘Tsuneni Ai‘ con los que termina el disco son mejor que un abrazo. (Aleix Ibars)

Flyte – The Loved Ones

(Escúchalo)

Cuatro voces que crean harmonías celestiales de pop tan puro como clásico y letras inapelables y nostálgicas. Estos serían, en cierta medida, los ingredientes del sorprendente debut de Flyte, quienes se dieron a conocer hace ya unos años con canciones como ‘Light Me Up’ o ‘We Are The Rain’. Pero no ha sido hasta el lanzamiento de su primer disco, The Loved Ones, cuando el cuarteto londinense capitaneado por William Taylor ha dado un golpe sobre la mesa sorprendiendo con un trabajo redondo, brillante y fresco que, actuando como garantía de calidad, ha sido producido por Burke Reid (encargado de producir también el debut de Courtney Barnett). El luminoso y cadencioso resultado de canciones como la arrebatadora ‘Faithless’ o la dinámica ‘Cathy Come Home’ ha llevado a la crítica a relacionarlos directamente con el sonido de grupos como The Beatles, Fleet Foxes o, incluso, Beach Boys. Referencias que ellos mismos afirman ser claras influencias pero que, más allá de eso, denotan ser un claro síntoma del prometedor futuro de este proyecto. (Raquel Pagès)

James Holden & The Animal Spirits – The Animal Spirits

(Escúchalo)

The Animal Spirits es una especie de banda de improvisación creada a partir de la presentación en directo de The Inheritors, el anterior y muy alabado álbum de James Holden. Junto al productor británico figuraban en un principio el saxofonista Etienne Jaumet y el baterista Tom Page, a los que posteriormente se han sumado el cornetista Marcus Hamblett, la multi-instrumentista Liza Bec y Lascelle Gordon, percusionista del grupo de jazz Free Woven Entity. El resultado de esta asociación es un fascinante disco híbrido entre el free-jazz, el post-rock electrónico, el caos y el trance. Folk-trance, en palabras del propio autor. Dicho planteamiento toca techo en ‘Pass Through the Fire’ y ‘Thunder Moon Gathering’, dos piezas delirantes y desbocadas que extraen el máximo partido a todo ese instrumental, pasándolo por la batidora de sintes de Holden. Éstos se quedan prácticamente solos en ‘The Animal Spirits’, en un mano a mano con un saxo desgañitado; y se integran bien en el entramado de batería y vientos de ‘The Neverending’, uno de los varios pasajes con cinemática de post-rock instrumental. En ese sentido, la influencia de Mogwai –a quienes Holden ha remezclado– es evidente sobre todo en la cósmica ‘Each Moment Like The First’, pero también en la espacial y atmosférica ‘The Beginning & End Of The World’, muy de Atomic o de los primeros álbumes de M83. Mientras el británico siga con voluntad de explorar y recrear su propia versión del caos, del orden y del trance, tenemos diversión asegurada. (Pablo Luna)

Tornado Wallace – Lonely Planer

(Escúchalo)

La carta de presentación de Tornado Wallace es un puñado de EPs y una colaboración con un desconocido Chet Faker cuando todavía permanecía en el anonimato. El de este último fue un salto con pompa y boato, mientras que el de Lewis Day sido más discreto. La electrónica del australiano se antoja como uno de los mejores debuts del presente año. No es tan inmaculado como ƒin de John Talabot, pero, al igual que el catalán, opta por dotar a sus producciones de un halo analógico, especialmente acentuado en las percusiones, y aboga por evasiones selváticas en temas como ‘Lonely Planet’, que le da título a este disco, o ‘Kingdom Animalia’. En plena efervescencia nórdica por el sonido disco de los setenta y con tótems cono Lindstrøm o Todd Terje, Day roza ese ámbito, pero lo acompaña de unos desarrollos prodigiosos en ‘Voices’, quizá la mejor canción de este largo. Podría ser una versión terrenal de Space Dimension Controler, una apuesta evasiva dentro de la estratosfera a la que aplica guitarras cristalinas en ‘Trance Encounters’, y que reclama a Shui Zhen para construir ‘Today’, la imprescindible pieza vocal de este trabajo. Poca pretenciosidad y una delicada elaboración para un nuevo nombre a tener en cuenta en la fértil escena australiana. (Carlos Marlasca)

Vagabon – Infinite Worlds

(Escúchalo)

Los ocho temas del debut largo de Lætitia Tamko, como su pseudónimo, evocan destellos de una vida errante, recuerdos de lugares y situaciones nebulosas de su historia ligadas a un fuerte sentimiento de validación y crecimiento personal. “Me siento tan pequeña / mis pies apenas tocan el suelo / en el autobús, donde todos son altos“, canta en ‘The Embers’, un pequeño himno de rock destartalado y rugiente que sirve como corte de apertura. No es la única letra del disco que reflexiona sobre encontrar un espacio propio, ya sea físico o emocional: “Me he estado escondiendo en el espacio más pequeño / me muero por irme / este no es mi hogar“, lamenta en ‘Fear & Force’, la delicada balada folk en la que su compañera de escena neoyorquina Frankie Cosmos aporta segundas voces. Sin embargo, ‘Minneapolis’ es pura fuerza y caos: guitarras ruidosas, bajos estridentes y percusión desordenada. En ella, la camerunesa se inspira en un turbulento viaje en avión para descubrir que, al final, el hogar no es tanto un espacio físico sino un estado mental. El álbum cambia completamente de tercio en canciones como ‘Mai à L’aise‘, cantada completamente en francés y a medio camino entre el ambient y el dream pop, y cuando parece que la joven multiinstrumentista ya ha jugado todas sus bazas, temas como ‘Cold Apartment‘ y ‘Alive and a Well’ nos conectan con su propia intimidad de una forma poética e inimitable. (Max Martí)

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