30/11/2017

Crónica del concierto de Mike Hadreas en Madrid, tras haber firmado uno de los discos del año.

El arte como forma de desinhibición… o de revancha. Ambos términos pueden identificar bien el arsenal de pop sofisticado e inevitablemente amanerado de Mike Hadreas. Apaleado en su niñez por su condición sexual, ha hecho de ella santo y seña de un catálogo que reafirma su condición y que burla a quienes pretendieron atormentarla. Lo resume el primer verso de ‘Go Ahead(“What you think?, I don’t remember asking. What you mean? Baby take a seat”). No es la de Perfume Genius una orgía desatada y epidérmica como la de Hercules & Love Affair ni un intimismo seductor como el de The xx. Lo suyo es tan provocativo como ajeno a la vulgaridad y, por qué no decirlo, hermoso.

Únicamente devaluado por algún exceso sobre unas tablas aun algo reducidas para sus permanentes delirios de grandeza, el estadounidense expuso con acierto lo mejor de su último No Shapes que tan buenos réditos le ha dado, comenzando por la explosividad de ‘Otherside’ y creando el primer clímax con la sucesión de ‘Wreath’, ‘Just Like Love’ y la propia ‘Go Ahead’, contoneos imposibles mediante. Se ve Hadreas en la necesidad de rebajar la intensidad de su paroxismo reivindicativo y concentrarlo en piezas introvertidas y preciosistas, como ‘Normal Song’, para después alcanzar un tono catedralicio con ‘All Waters’, ambas orientadas a sacar lustre a lo mejor de Put Your Back N 2 It.

Con una discografía con pocas fisuras, es irresistible el dominio de los tiempos que muestra la banda, intercalando las inmersiones post punk de ‘Grid’ con la sensualidad desbordada ‘Die 4 You’ y dejando al trio acompañante como espectador de una exposición de sexualidad. Cuenta Handreas, algo parco con la entrega incondicional de su público, que la música ha sido su mejor refugio, que Patti Smith, Björk o Queen le han aliviado y en sus actuaciones los homenajes son para Mary Margaret O’Hara (‘Body’s In Trouble‘) y Big Star (‘Kanga Roo’). Una pena que Weyes Blood no pasara por allí para hacer el maravilloso dueto de ‘Sides’.

Solo en el tramo final, y después del indiscutible cénit de ‘Slip Away’, una explosión indie de manual, se adivina la relación sentimental entre el maestro de ceremonias y el teclista Alan Wyffels. Después de los problemas técnicos que destrozaron la maravillosa ‘Alan’, sonó apabullante una ‘Learning’ a cuatro manos sobre las teclas. ‘Queen’ marcó el final de diva soñado por Hadreas, que abandonó antes el escenario dejando tras de sí un halo de genialidad, aún perfectible pero a todas luces incandescente.

Publicidad
Publicidad