28/11/2017

La presentación en directo de 'ese' disco de este año.

A Madrid ha llegado, por fin, el frío mesetario. Ese duro y seco que te corta la cara cuando sopla fuerte, que se embalsa en las zonas bajas de la ciudad, junto al río, y te congela las orejas y la punta de la nariz. Un frío de los que pide lumbre y discos cálidos como el debut estratosférico de Cigarettes After Sex. Los tejanos tendrían que haber tocado en la sala Sol, ese sótano mítico de la calle Jardines que tantas noches de gloria nos ha dado, pero su concierto fue movido a la menos ilustre, pero más grande, sala Copérnico tras un sold out quizás imprevisto. A pesar del aumento de aforo las entradas volvieron a agotarse y ya hace meses, en pleno verano, era imposible hacerse con una. Los de Greg González han hecho ese disco de 2017. El que el año pasado hicieron Whitney y el anterior hizo Tobias Jesso Jr. El debut redondo, sencillo y honesto. Esa obra tan cuasi perfecta que uno no puede evitar sentir como la cima anticipada de una carrera casi recién nacida. Ojalá no. 

En la sala, de estética pirata, los afortunados llegaron con tiempo. Casi a media hora de empezar el bolo estaba el aforo completo. Parejas acarameladas hablándose a un palmo. Otras esperando pacientes. Ella delante, él detrás, con sus bazos rodeando el cuerpo de ella, las manos perezosas entrelazadas bajo el vientre, la barbilla apoyada en el hombro, las cabezas juntas. Listos para escuchar en público esas canciones que tanto se prestan a lo privado. Para ver en directo el disco de follar del año, si quieren quitarle poesía. Se apagaron las luces y aparecieron los músicos, ovacionados hasta que la guitarra de ‘Sunsetz’ hizo el silencio. “Se pone el sol, vagamos por una ciudad extranjera. Extrañamente, no hay nadie alrededor. Te vi abrirte el vestido y enseñarme las tetas”. Inevitablemente más tosco en lo sonoro, pero casi igual de íntimo en general, Cigarettes After Sex no intentan subvertir las normas fundamentales de su música en directo. No divagan, no inventan: lo hacen suave, elegante y lento. Muy lento.

Suena ‘Young & Dumb‘. “Bueno, ya sé muy bien que eres la santa patrona de comer pollas. Señorita, eres una tramposa. Y yo también”. Traducción libre, de nuevo, pero necesaria. Es el contraste entre letra y música uno de los secretos de este disco, porque Greg, que podría pasar por un primo de Paul Giamatti pasado de tranquimazines, no siempre canta lo que sugiere que canta. Yo, lo reconozco, me pasé semanas pensando que esa voz era la de una mujer. Imagínense la primera vez que vi un youtube. Flipé. En directo no decepciona, canta contenido, sensual, anestesiado. Perfecto. Greg nos dio las gracias por venir antes de ‘John Wayne’ y descubrimos que hablando gasta voz de locutor de radio nocturna. Sorpresa. No se extrañen si el año que viene ven el feat. Greg González tanto como vimos en su día el feat. Justin Vernon: ha podido nacer una estrella. 

Así lo sugirió el arranque de ‘K’, la canción que abre su debut y que pobló durante un buen rato los stories de mucho instagramer indie (nota: sois pelín pesaos a veces). La canción llega al valle y se queda casi desnuda. De pronto un coro de susurros acompaña “and I’m kissing you, lying in my room, holding you until you fall asleep…”. Y es inevitable pensar que muchos ahí asociamos ya ese verso a alguien. Muchas de estas canciones tienen ese poder: compartidas, se anclan. Por eso este disco es también tan potente, porque cuando dentro de cinco años alguien vuelva a encontrarse con ‘Opera House’ y escuche su “I was meant to love you and always keep you in my life” quizás recuerde aquella persona con la que fue a este concierto y con la que todo acabó yéndose a la mierda (porque a veces pasa) y dolerá (porque a veces duele). ‘Opera House’, por cierto, fue increíble. Diría que incluso la ralentizaron. Sonaba como una ballena gigante a cámara lenta, con un corazón enorme latiendo dos veces por minuto, dejando ondas gruesas azul oscuro a su paso. Qué difícil mantener esa tensión, sostener ese embrujo. Favorita. 

La del universo en general es ‘Apocalypse’, y ellos lo saben. El rumor de ‘K’ fue ya casi canto en “your lips my lips, apocalypse”, y certificó que el tema acabará colándose con muchos méritos entre las canciones que recordaremos de este año. Tras ella se fueron, casi con todo el debut interpretado, y volvieron para cerrar con la preciosa ‘Please Don’t Cry’ (va para 17 millones de reproducciones en youtube) y una impresionante ‘Dreaming of You’ donde Greg pisó el pedal de la herrumbre para hacer sonar su guitarra más dolorosa que suave y mandarnos a casa con ganas de una calada postcoital. 

Publicidad

Foto. Dani Cantó (Primavera Sound 2017)   Conciertos
Publicidad