12/06/2017

Crónicas y fotos del NOS Primavera Sound 2017, con Justice, Nicolas Jaar, Bon Iver, Sampha, Angel Olsen, Cigarettes After Sex y más.

La consolidación del NOS Primavera Sound como uno de los grandes festivales de la península es un hecho. Cerca de 90.000 personas han asistido esta edición a las tres jornadas centrales del evento, que tiene lugar cada año en el Parque da Cidade de Matosinhos, en la periferia de Porto, en un entorno natural precioso, la mar de cómodo y manejable. El viernes, de hecho, el festival colgó por primera vez en seis ediciones el cartel de sold out, alcanzando la cifra de 30.000 asistentes atraídos fundamentalmente por una de las escasas actuaciones de Bon Iver en Europa. Además, Justice y Nicolas Jaar, dos artistas que no constaban en el cartel del Primavera Sound de Barcelona, anticiparon lo que podremos ver esta semana en sus respectivos conciertos en el Sónar. Os lo contamos con palabras e imágenes.

JUEVES 8 DE JUNIO

Cigarettes After Sex

El NOS Primavera Sound de Porto era la última oportunidad de ver a Cigarettes After Sex antes de que su imparable éxito inicial se corroborase con el lanzamiento de su primer álbum, justo al día siguiente. Greg González, a plena luz de un día nublado muy atlántico, defendió a duras penas el frágil y exigente equilibrio de su fórmula musical, que reúne la capacidad envolvente del dreampop de Beach House, el minimalismo de Low o Mazzy Star, la paciencia de los grandes del post-rock instrumental y, por momentos, el vértigo de Slowdive. Su objetivo es mantenernos envainados en una atmósfera esférica y anestésica, casi casi un útero materno, por lo que si algún instrumento se atreve a sonar abrupto, todo el hechizo corre el riesgo de romperse. Así sucedió en varias de las piezas que interpretaron, especialmente debido a un bajo excesivamente vibrante: en ‘Sunsetz’, canción –en ese momento– todavía inédita de su debut –y que vienen presentando en directo en su gira durante las últimas semanas–, y en las insulsas ‘Dreaming of You’ y ‘Nothing Gonna Hurt You Baby’. No obstante, tanto el inicio como el final del concierto sí resultaron convincentes. Arrancando con la infalible ‘K’, su ya clásica versión de ‘Starry Eyes’ (de Roky Erickson) y ‘I’m Firefighter’, donde González metió una buena cantidad de distorsión, y cerrando con la dupla formada por ‘Affection’ –carismática y de una épica gélida– y ‘Apocalypse’ –capaz de lograr una especie de armonía comunitaria–, dibujaron un horizonte futuro más sólido donde su propuesta lucirá al nivel que merece. Confiamos en que será pronto.

Miguel

Arab Strap

De los doce conciertos que Arab Strap han ofrecido desde que supuestamente echaron el cierre allá por 2006, incluido aquel que dieron en Glasgow en 2011, solo dos se han producido fuera del Reino Unido: el del pasado 2 de junio en Barcelona y el del jueves 8 en el NOS Primavera de Porto, día en el que los ingleses elegían a su nuevo Primer Ministro, motivo por el cual Aidan Moffat aprovechó para exportar un muy compartido “fuck the tories”. Muchas cosas han cambiado en esta larga década: el pelo y la barba de Moffat se han llenado de canas, la banda alcanza los seis integrantes sobre el escenario –con refuerzo de guitarras y violín– y parecen haber convertido en relación seria su tradicional affair con la electrónica. No obstante, en su actuación no faltaron los clásicos inolvidables: las ‘Stink’ –muy fibrosa–, ‘Don’t Ask Me To Dance’, ‘Here We Go’ –en la órbita de los Massive Attack de Mezzanine–, ‘New Birds’, cuyo carismático cambio de ritmo sonó con una marcha más de ritmo y toneladas extra de potencia, como un océano de distorsión surcado por un violín precioso, ‘Speed-Date’ o  una ‘The First Big Weekend’ que puso a más de uno en pie (recuerden que el terreno, en forma de auditorio natural, permite a gran parte del público ver el concierto cómodamente sentado en la hierba). Pese a las limitaciones de la voz de Moffat, que no estuvo a la altura de su banda, no se le puede pedir más a un regreso tan esperado.

Run The Jewels

 

Flying Lotus

Justice

Aunque el último disco de Justice haya pasado bastante inadvertido, incluso cinco años de silencio mediante, que nadie ponga en duda las capacidades del dúo francés en cuestiones de directo. En absoluto hacen depender su show de novedades o labores promocionales: arremeten sin piedad usando sus hits habituales, que se expanden y multiplican sobre el setlist como auténticas bombas de racimo, intercalando entre ellos pasajes selectos de su material más reciente. La del NOS Primavera Sound de Porto era la segunda fecha de una gira europea con parada también en el Sónar, este próximo fin de semana, y en el Bilbao BBK Live de Bilbao el mes que viene. Por tanto, que sirva de aviso: Justice no dominan los tempos, los revientan. Con sus beats a grandes y monumentales zancadas, ponen el acento dance, disco, clubber o techno según les convenga, en un planteamiento que siempre resulta radical apoyado en un impresionante espectáculo escénico y lumínico. No faltaron las necesarias ‘D.A.N.C.E.’, ‘Civilization’ o ‘We Are Your Friends’, hitos del dúo francés sin los cuales la sesión no podría funcionar; pero también destacaron extractos de Woman, su último álbum, como ‘Alakazam!’, ‘Fire’ o ‘Safe and Sound’, con la que empezaron su actuación. Puede que en la práctica volvieran a finales del año pasado, sin posibilidad de recuperar un trono que para nada había quedado vacante; pero en lo simbólico su regreso no se ha completado hasta que no han vuelto al que es, sin duda, su hábitat natural.

VIERNES 9 DE JUNIO

First Breath After Coma

Pond

Whitney

Angel Olsen

La dimensión artística de Angel Olsen se ha multiplicado de manera exponencial a raíz de My Woman, su última publicación. Con él ha llegado a donde está, a una merecida y considerada posición dentro del universo de cantautoras norteamericanas, pero demuestra que sabe estar ahí, en la antesala de lo más alto, a base de soberbios directos. En Porto repitió el apabullante y delicado concierto que ofreció una semana antes en Barcelona, entregando las mismas dosis de garra, pasión, seguridad en sí misma y en su fantástica banda y de esa elegancia natural aunque adquirida tan suya. Y lo hizo apostando claramente por el mismo planteamiento del disco: arrancando más enérgica y cruda –aunque es difícil con otras dos guitarras en la banda–, para poco a poco ir fundiéndose en una pasión que se le desbocaba en forma de voz. Las ‘Shut Up Kiss Me’, ‘Give It Up’ o ‘Not Gonna Kill You’ –más PJ Harvey que nunca– dieron paso a las ‘Acrobat’, ‘Those Were The Days’ y a las que, hoy por hoy, se erigen como las dos canciones más grandes de Angel Olsen: ‘Sister’ y ‘Woman’, dos baladas que en directo adquieren proporciones asombrosas, con culminaciones muy aplaudidas. El resumen no puede ser más claro: Olsen tiene canciones mejores y más bonitas, y las defiende en directo con garra, pasión y con una banda con la que se siente arropada. Definitivamente ha nacido una estrella.

Bon Iver

Independientemente de si nos gusta –en esta casa hemos dejado bastante claro que sí–, entendemos o compramos el último disco de Bon Iver, hablar de su directo es otra cosa. Estamos ante una de las figuras –seguramente la más importante– que marcan la presente generación musical: un pionero, un artista atormentado y brillante que vislumbra, dibuja y sufre el futuro antes que nadie. Y puede que su relato asuste, máxime cuando del lenguaje folk apenas queda rastro y de la sencillez hemos pasado a un extremo e intrincado simbolismo; pero cuando nos lleva de la mano al mágico universo que recrea con su música todos los miedos se escampan. El sábado en el NOS Primavera Sound de Porto, bajo una tremenda luna casi llena, Justin Vernon volvió a desbordar las mejores expectativas con un concierto emocionante, sorprendente y de una riqueza incalculable. Sobre todo porque, si bien conocemos los temas, Vernon los modifica, reformula y ennoblece con un gusto exquisito. Especialmente los clásicos, como ‘Perth’ –henchida de luz–, ‘Minnesota, WI’ –vibrante y un puntito desesperada– ‘Towers’ y las enormemente agrandadas ‘Holocene’ y ‘Calgary’, pero los centenares de detalles y recovecos que esconde 22, A Million también quedaron plasmados de manera incontestable. De hecho, como viene siendo habitual en esta gira, plantó casi entero y en orden su nuevo disco enlazando los primeros siete temas, interrumpiéndolo solo para volcarse en algunos de sus temas antiguos más alabados. Durante ese primer tramo, protagonizado de una manera o de otra por lo electrónico, asistimos a la metafórica e interna batalla del Vernon humano, el que queda de cantautor norteño y rural, frente al robótico, al que ha recogido el testigo de su amigo James Blake en la vanguardia. Un cuerpo abatido de folk remendado con partes de una máquina. Escalofriante y profundo en ‘10 d E A T h b R E a s T ⚄ ⚄’, enérgico y con cierto carácter soul en ‘33 “GOD”’ y con esa épica pedregosa en ‘666’. En conjunto el concierto solo puede definirse con adjetivos relativos a la belleza más absoluta, a la genialidad más desbordante y referencial y al arte en estado puro: ese ánimo incontrolable de modificar la realidad, aunque sea una representación de ella, y dibujar algo totalmente nuevo. La gira del año.

Nicolas Jaar

Como novedad en esta edición, al margen de cuentas saldadas –Death Cab For Cutie, Explosions in the Sky– en el pasado, el cartel del NOS Primavera Sound de Porto presentaba este año dos nombres ausentes del de Barcelona, aunque sí estarán en el Sónar la próxima semana: Justice y Nicolas Jaar, que el viernes de madrugada se marcó un Jamie xx en toda regla. Esto es: sacar un pedazo de disco –remarcamos: disco– de electrónica y presentarlo en un live más parecido a un Dj set. El niño prodigio chileno-norteamericano lleva los últimos meses dando la vuelta al mundo con Sirens bajo el brazo, pero rara vez lo debe haber interpretado de manera literal. Lo que nos ofreció en Porto, por el contrario, fue un auténtico monumento a la electrónica en su conjunto, abarcando una variedad abrumadora de palos, ritmos y subgéneros, todos al servicio de su particular idea. Aunque no lo pareció hasta pasados 25 minutos, lo suyo fue una sesión de electrónica propiamente dicha, y como tal, completa y exigente: arriesgada, entre lo críptico y lo subterráneo; arrancando en paisajes oscuros, pegajosos y sinuosos antes de darle la forma clubber con la que quería engancharnos. No hubo trazas de su alabada última publicación hasta bien entrado el espectáculo, siempre basado en una estética hostil traducida en un inistente color rojo. ‘Three Sides of Nazareth’, ya con las espadas en alto, y ‘No’ –era necesaria, y sin demasiadas modificaciones–, fueron las únicas piezas medianamente reconocibles en una larga avalancha final culminada con ‘Space Is Only Noise’, agigantada con la excusa de meterle house y techno a modo de cierre. No esperábamos que Jaar optase por una presentación tan difuminada de un disco tan concreto; no obstante, el productor siempre se ha caracterizado por desarrollar su música un paso por delante de lo que él mismo previamente ha establecido. Así ocurrió al poner en escena su álbum de debut –con Dave Harrington, recuerden, derivando en Darkside–, así que quién sabe a dónde nos llevarán esta nueva perspectiva de ángulo más obtuso.

SÁBADO 10 DE JUNIO

Núria Graham

Elza Soares

The Growlers

Sampha

Las canciones de Sampha Sisay están vivas. Lejos de calcar un álbum sobresaliente que le ha valido tres cuartos de estrellato en su debut, el músico de Londres reformuló en Porto un repertorio idéntico en títulos pero notablemente distinto en contenido con respecto al de Barcelona. No fue, seguramente, tan brillante como el de hace una semana, pero sí otra demostración más de recursos y de bagaje musical por parte del prometedor artista inglés. En general podríamos decir que Sampha intentó hacer algo más glamuroso con su material, más sofisticado; y, aunque es encomiable, por momentos también fue discutible, restándole veracidad, cercanía y emoción al asunto, y haciendo que nos preguntásemos en más de una ocasión por qué cambiaba algo que ya funcionaba por algo que no siempre parecía estar cuajando. Aunque siempre dentro de la excelencia, la conexión y sincronía entre los elementos de su música fue algo irregular durante su actuación, dando como resultado canciones más acertadas que otras. No lo fueron del todo ‘Timmy’s Prayer’, revestida de un final épico-pop, ‘Under’, presidida por una voz un tanto dubitativa, ni ‘Incomplete Kisses’, más pastelosa aún que en el disco. Sí lo fueron, en cambio, ‘Reverse Fault’, más sutil pero sin perder la contundencia del beat, una ‘Plastic 100ºC’ más lenta, grave y profunda, o ‘Blood On Me’, con extra de presencia del londinense y un final catártico para caerte de culo. Ahora bien, lo que en intención empezó como un concierto más estilizado, interpretado y, de algún modo, teatralizado, acabó cediendo ante el lado más sensible, natural y sincero de Sampha, que terminó con los ojos vidriosos al cantar ‘(No Ones Know Me) Like the Piano’ en solitario a modo de cierre. Porque se puede llegar muy lejos con la verdad por delante.

Metronomy

Weyes Blood

Japandroids

A la sombra de una actuación mucho más acertada en Barcelona, Japandroids decepcionaron en su paso por el NOS Primavera Sound de Porto. Los canadienses, que no tienen más armas que las que empuñan, pusieron tanta carne en el asador que ésta acabó quemada y con todos sus sabores reducidos a uno solo. Lo que no se puede negar es su entrega: ese brío instrumental con el que podrían habernos saciado el picor de rabia, pero fue tal el destrozo en los apartados vocal y coral que echaron por tierra cualquier posible defensa de su ya de por sí desgañitada fórmula. Se salvaron ‘Near to the Wild Heart of Life’, una ‘Evil’s Sway’ desacelerada, ‘North East South West’, con unos quilitos de sobre, y poco más. En cambio, desafinaron en ‘Wet Hair’ y, sobre todo, en ‘The Nights of Wine and Roses’ y en ‘The House That Heaven Built’ –con la que acabaron–, dos canciones franquicia que sirven de termómetro para examinar el estado de forma del dúo en directo. En esta última, la voz de Brian King recordó a la de un vocalista de hardcore melódico en sus peores momentos, mientras que la de David Prowse se salió de tono sin remedio. Lo único que sacamos de renta de su actuación fue comprobar hasta qué punto son capaces de exprimir sus virtudes instrumentales, haciendo de la sencillez y lo directo un órdago a la grande. Aunque por momentos también en este apartado resultaron monolíticos, fue lo mejor de un concierto del que concluimos que Japandroids son mejores desde cierta distancia: una que no nos deje vez sus costuras mal zurcidas.

The Black Angels

Tycho

 

Publicidad

Foto. Pablo Luna Chao (excepto las de Bon Iver y Sampha, de Hugo Lima)   Festivales
Publicidad