03/12/2016

La californiana Natalie Mering demuestra ser mucho más que un artista de folk en su visita a Barcelona de la mano de Primavera Sound, en cuyo cartel acaba de ser confirmada.

El mismo día en el que Primavera Sound iluminaba nuestras vidas después de horas de nervios y ansiedad, desvelando el cartel de su flamante nueva edición, pudimos saborear musicalmente uno de los alicientes más selectos de este en el centro de la ciudad donde se asienta el festival. Y es que en la sala Sidecar de Barcelona actuaría esa misma noche la californiana Weyes Blood, autora de varios trabajos notables durante la última década que, sin embargo, ha despertado una atención más bien discreta hasta la fecha. Quizá porque Natalie Mering, la cantautora, multiinstrumentista y productora de veintiocho años que defiende el proyecto, ha creado música desde niña como una necesidad, como un acto de devoción que no ansía grandes focos sino plasmar en notas y sonidos su particular mundo interior. Front Row Seat to Earth, sin embargo, es el disco que lo cambia todo, seguramente por tratarse de «una versión mejorada de todos los anteriores, todos metidos en uno«, como ella misma aseguraba en la entrevista que publicamos horas antes del concierto. Un álbum que veremos (y ya estamos viendo) entre lo mejor del año para los medios especializados, y que demuestra que la suya es una revelación tardía pero bien sustentada a lo largo del camino.

Pasadas las nueve de la noche, Natalie Mering y sus cuatro secuaces norteamericanos irrumpieron en el pequeño escenario de la sala de plaza Real. Ella, ataviada con el traje azul que luce en la portada del disco y algún que otro videoclip, esperó a que se solventara un problema técnico mientras cantaba, bailaba y bromeaba encima de música clásica y un tema de Cohen. Pronto nos tendría inmersos en su voz prototípica, genuina y atemporal, levitando entre las notas de piano de ‘Diary’, el tema que abre el disco. En ‘Used to Be’ pasaría a apropiarse de la mesa de sonido, escoltada por el resto de músicos a la guitarra, el bajo, los teclados, la batería y unos sintetizadores que añadieron pinceladas ruidistas a su sosegado canto espiritual. El momento más sedoso y delicado llegaría justo después con una preciosa ‘Be Free’ que sonó como los clásicos y con la que, guitarra en mano, hipnotizó a un público con la respiración contenida.

Con ‘Hang On’ rescataría The Innocents, su disco de 2014, y en ‘Seven Words’, el primer single que conocimos del nuevo disco, nos ganaría por completo. De vuelta al piano, en su segunda parte se conjugarían una voz desesperada y la inclusión de la pandereta en un despliegue de densidad instrumental caleidoscópica y de tintes psicodélicos. Otro momento de exaltación cósmica fue ‘Generation Why’, su canción sobre la conectividad millennial y el you only live once, tras la cual hizo un chiste feminista que ahora no recuerdo. Me sorprende cómo inmediatamenente después de hacer una broma o improvisar un discurso, ciertos artistas se transforman a la hora de ejecutar sus canciones. De repente son perfectos e inmaculados, como si hubiesen viajado a otra dimensión completamente distinta a la terrenal. Su oda al desamor y el cambio climático, ‘Do You Need My Love?’, llegaría a continuación con una fuerte base rítmica, sintetizadores espaciales, devaneos con el drone y algún resto de su pasado en la escena noise rock, siendo quizá el punto más álgido del concierto y provocando una intensa ovación al culminar.

Pero el aplauso definitivo fue la respuesta a la lacrimógena ‘Bad Magic’, de The Innocents, canción que afrontó ella sola a la guitarra. En ese momento fue cuando Weyes Blood más se acercó a sus admirados Jeff Buckley y Joni Mitchel, artistas que la de Santa Mónica citó como primeras influencias en nuestra entrevista, al hacer evidente que estábamos presenciando algo más que a una artista de folk que posee una bonita voz y sabe sujetar una guitarra. Durante más de cinco minutos, se condensó tal emoción en el ambiente que el aire se podría haber cortado con un cuchillo. La banda volvió para el primer bis, una versión de ‘A Certain Kind’ de Soft Machine en la que Mering se acercó por primera vez a las formas de un artista pop. Ante la insistencia al concluir, la californiana regresó sola una vez más para despedir la velada con una última canción. Aunque preguntó a la audiencia si alguien tenía alguna preferencia personal, a lo que algunas voces respondieron al grito de ‘Suddenly’, su exquisita colaboración con su amigo Drugdealer, desestimó la petición –disculpándose al no tener una banda más grande– interpretando en su lugar ‘Cardamon’. Con este tema de su EP de 2015 nos despidió hasta su próxima visita, que tendrá lugar en un conocido festival barcelonés entre los últimos días de mayo y los primeros de junio. Allí nos tendrá, llegue o no el apocalipsis.

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Foto. Max Martí   Conciertos
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