14/11/2016

Francisco Contreras enmudeció la sala madrileña con su personal revolución del flamenco.

Es reducido el grupo de elegidos que consiguen convocar el aplauso unánime ante propuestas más inéditas incluso que innovadoras. Suelen ser raras avis cuyos arrebatos surgen a la espera de que alguien los distinga en un cajón inmenso en el que siempre hay propuestas extravagantes de contenido estéril. Ocurrió hace ahora cinco décadas con el Trout Mask Replica de Captain Beefheart, un disco que en su época se acercó a la raigambre blues con la misma peculiaridad que Niño de Elche lo ha hecho con el cante, flamenco o quejío, disculpas mediante hacia los puristas del género.

A las numerosas voces que con motivos más que razonables han venerado su Voces del Extremo, Francisco Contreras, nombre de la eminente criatura, debía añadir una exposición sincera para justificar su categoría de prodigio nacional, acotar el sentido a lo puramente sensorial, o emotivo si se prefiere, de canciones que tienen como leit motiv la musicalización de poemas contemporáneos. Otra vez esa poesía que abrazó Leonard Cohen para mostrar que la literatura contenida en canciones puede ser meritoria de un Nobel que quiso distinguir a Bob Dylan en el funesto año de la muerte del canadiense.

Quiso el irónico destino que el mismo día que se conocía el adiós del autor de ‘Hallelujah’, Niño de Elche generara en su fin de gira una hechizante atmósfera gracias a sus letras, edulcoradas con una música cuyo minimalismo nunca desmereció en cuanto a su poderío. Acalló a una Joy Eslava rebosante desde un inicio a media luz con su ‘Canción del Levantado / Notificaciones’. No pudo el público más que respetar con un estremecedor silencio el repertorio que avanzaba a través de significativos gorgoritos y bajos contundentes extraídos de los tiempos más prolíficos del krautrock alemán con temas como ‘Miénteme’ en una ceremonia mucho más abrumadora que la que pretendieron recientemente en el mismo escenario unos tótems del género como Faust.

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El universo –único por su singularidad– que diseña el ilicitano comprende también las pinceladas de pop independiente de ‘Mercados’, pero su eclecticismo habilita la colaboración con otros outsiders musicales como el cantautor vasco Beñat Achiary e incluso las alabanzas de Martirio tras sus duetos para interpretar ‘Informe para Costa Rica’ y una memorable ‘Las simples cosas’ de Chavela Vargas. Toda la trascendencia de lo que puede tildarse más de experiencia que de recital la elimina Contreras cuando se embarca en unos monólogos que le despojan de su misticismo y le descubren como un guasón de inmenso talento poco reprobable en cuanto a cualquier atisbo de pretenciosidad.

Que os follen’ era el falso final al que siguió un maravilloso ‘Oso Polar’, versión cañí del ‘Eisbaser’ de la banda post punk suiza Grauzone. Raúl Cantizano, ya consagrado como el músico más destacado gracias a elaborados fraseos o arpegios sencillos pero maravillosamente ejecutados como la que acompaña a ‘Nadie’, trazó junto al protagonista un antológico fin de fiesta. La ‘Canción de Amor de San Sebastián’ interpretada junto a los madrileños Toundra, esta vez como espectadores, fue un contenido éxtasis final, un cuadro de ojos a media asta y escalofríos recorriendo los pocos recovecos que aun quedaban inexpugnables. Enrique Morente y Silvia Pérez Cruz han supuesto una renovación del flamenco para los nuevos públicos. Han sido las señales que preconizaban la revolución protagonizada por Niño de Elche.

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Foto. Cortesía de SON Estrella Galicia   Conciertos
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