28/06/2016

Soleá Morente, UMO, Imelda May, Parov Stelar y Motolov Jukebox celebraron en Madrid el Dia Europeo de la Música

Una madrileña, unos neozelandeses, un austriaco y una londinense. No es un chiste, sino el cartel del Madrid Music Day, cita a propósito del Día Europeo de la Música y enésimo asalto festivalero a Matadero (981 Festival, Primavera Club, Día de la Música, ¿recuerdan?), recinto madrileño con muchísimos pros y, eso sí, un par de grandes contras: su explanada central es abrasadora durante bastantes horas al día y su céntrica ubicación obliga a bajar los plomos antes de lo que muchos desearían. Contra lo uno, amplias zonas de sombra y vaporizadores de agua dispuestos por la organización; contra lo otro, resignación. Todo sea por festejar la música como ente universal, como prisma de infinitas caras. Flamenco, rock, blues, house, pop. Todo cupo en un cartel tan escueto como diverso (¿demasiado para tratarse de una única jornada?).

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Una personalidad heterogénea con la que comulgan los dos primeros nombres que esfilaron por un desangelado Matadero: Soleá Morente y Unknown Mortal Orchestra. La primera, escoltada por «toda Graná» en el escenario, es amiga de la fusión bien entendida ya desde su atuendo. Volantes y pulsera de pinchos. Perfecta definición gráfica de un repertorio que pivota entre esa vena folclórica a la que no puede ni debe renunciar y un rock polvoriento y cósmico prestado por Los Planetas, revisión actualizada y amable de la revolución que inició su padre hace más de veinte años. Ella, encantadora y agradecida, toma esa herencia (los guiños al valiente Omega son evidentes: también adapta a Leonard Cohen y Antonio Arias forma parte de su banda) y, además, da nuevos motivos para que los puristas se revuelvan en sus sofás, como ese final puramente tecnopop, con La Bien Querida siendo invitada para cantar ‘Tonto‘. Ante un escaso público que quizás no sea exactamente el suyo, y a pesar del solazo de cara y varios acoples de micrófono terroríficos, la cosa funcionó perfectamente tanto en los momentos más pegados a la tradición como en los más alejados de ella, juntos pero nunca revueltos. Un juego de intensidades y texturas fugaz (si acaso, tres cuartos de hora de set) aunque completamente disfrutable y, sobre todo, necesario.

Los segundos, dueños de algo muy cercano a un sello personal a pesar de sus mutaciones disco a disco, se presentaban por primera vez al aire libre en Madrid tras varias visitas a cubierto. Y, aunque su discurso musical sabe a verano, a pachorra en hamaca y brisita anticiclónica, aún sobraban luz y grados cuando Ruban Nielson, enorme guitarrista y cada vez mejor vocalista, asomó la visera a eso de las 19:30. «¿Esto es lo normal aquí?», preguntó el pobre hacia el ecuador de su actuación. Sí, hijo, sí. No pain, no gain; y el sábado hubo de los dos durante una hora justa de concierto. Sudamos y nos doramos, pero bailamos, una vez confirmada la deriva funk y disco de este grupo bastante único en su especie, adelantada con el estupendo Multi-Love (2015) y ratificada en la recienteFirst World Problem‘. Su último single no asomó en el setlist, pero a esas coordenadas más festivas y hedonistas se atuvieron todos los temas escogidos por Nielson y sus solventes músicos, las trajeran de fábrica (‘How Can U Lov Me‘ o la final ‘Can’t Keep Checking My Phone‘) o no (la áspera ‘Ffuny Ffrends‘ sonó más sedosa que nunca y ‘The World is Crowded‘, deliciosa, ganó en cuerpo y revoluciones). El ratito, entre solos de batería de concurso, paseos de Nielson entre el público y melodías pegajosas como un chicle, pasó volando. (Víctor Trapero)

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En adelante la cosa continuó por caminos menos indies. Se subió al escenario Imelda May acompañada de una banda de lo más brit (la camisa de su contrabajista era de museo) para saciar de ansia rockabilly al personal. Allí se acercaron enlutadas mozas con el pelo teñido de rojo, luciendo tatuajes de flores siniestras. Su idolesa canta, de eso no hay duda. Su guitarrista, engominado hacia atrás y levantando un tupé de lo más italoamericano, toca, tampoco se duda. Pero algo faltó. Vaya por delante que no soy yo conocedor de su discografía, pero sí que he ido a otros conciertos de rockabilly donde me he creído el gamberrismo y me lo he pasado como un enano. No fue el caso, aunque no sabría identificar fallos objetivo en la banda. Cuestión de feeling.

Los siguientes en subirse al escenario ejercieron de facto de cabezas de cartel. Parov Stelar no habían actuado nunca en España y se nota que tienen aquí una cosechada base de fans. Fueron los primeros (siendo los penúltimos en salir) en conseguir sensación de lleno ante el escenario único del Madrid Music City. Los austriacos tienen una fórmula que funciona como un tiro: un poquito de sampleo swing, una base electrónica contundente, una baterista marcando el contratiempo, un guitarrista dándole una miguita de funk, tres metales juguetones y una cabaretera microfonada y con saborcito.

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Con esos ingredientes, estuvieron hora y pico tocando 15 versiones de la misma canción. Vale, sí, canciones distintas, pero ya me entienden, escuchadas tres, previsibles todas. Arranque, subida, fraseo de metales, palmaditas, etc. Ahora bien, funcionó de lujo. La gente, que ya andaba entusiasmada de antemano, se vino arriba a la primera. No había nadie en las 20 primeras filas que no estuviese bailado como un descosido y nos parece fenomenal. No todo va a ser Graná. En ‘Booty Swing‘ tenían a Madrid en el bote. Triunfo total. El que no se lo pasó bien es porque no tenía colegas o le acababan de sacar dos muelas del juicio esa mañana. Mi caso este último, así que sufriendo ya la bajada en sangre del ibuprofeno del aperitivo, me vi obligado a faltar a mi cita con Molotov Jukebox, la banda de Natalia Tena, más conocida por ser la Osha de Juego de Tronos. Lo hice, prometo, con dolor (moral y físico). Otra vez será. (Daniel Boluda)

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Foto. Daniel Boluda   Festivales
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