10/03/2016

Crónica del incendiario concierto de la banda de Luis Vasquez ayer en La [2] de Apolo de Barcelona.

Anoche las verjas reticuladas de La[2] de Apolo de Barcelona se estrecharon amenazantes para dar cabida al fogoso concierto de The Soft Moon, el trío de post-punk liderado por el californiano Luis Vasquez. Venían a presentar por segunda vez a la condal su tercer álbum, Deeper, tras haberlo hecho en la última edición de Primavera Sound con el disco recién estrenado; pero sin duda alguna es a cubierto donde su propuesta surte un efecto más letal. En el pequeño bunker de Apolo sobrevoló la metralla durante algo más de una hora en todas direcciones, la reverberación supo a lata, el olor a keroseno, impregnándose en las paredes, y la atmósfera describió lo que bien podría haber sido una visita fugaz al infierno metálico. Por momentos pareció como si la banda pretendiera quemar hasta la última molécula de oxígeno de la sala, pero afortunadamente, y pese a la retórica, jamás llegaron a perder los papeles. Porque en su rol, y en el terreno minado sobre el que bailan con el diablo, puede que estemos ante la banda más en forma del circuito.

The Soft Moon (196)Rbnp

El sonido de The Soft Moon se pareció más que nunca a un espeluznante agujero negro, con un poder de atracción solo comparable a su capacidad para aplastar la materia. Una especie de pesadilla galopante y oscura que se movía por el espacio a una velocidad nunca inferior a los 120 bpm. Luis Vasquez apenas sale de las sombras, pero su música es su forma de sacárselas de dentro. Con la guitarra siempre colgada, de la que destila tanto puntas de cuchillo acristaladas como gruesas capas de textura áspera y plomiza, este norteamericano de origen hispano utiliza la creación musical como mecanismo para encontrar la paz interior, y como purgante de los malos sueños sobre el apocalipsis que ha tenido desde niño. Y es cierto: sus canciones en directo sonaron como chupitos de una psique realmente atormentada por la penumbra; pero la manera en la que las ejecutaba nos fue descubriendo a un artista que ha sabido gestionar sus emociones y sus miedos más profundos para plasmarlos de manera sincera, radical y racional a través de un género que, por definición, resulta salvaje y primario.

Lo más raro que podía esperarse de ayer noche es que implementara de algún modo en el directo su acercamiento a la electrónica, pero no fue así. El leve viraje de su último trabajo, así como su recién establecida residencia en Berlín, no han cambiado los planes de Vasquez en lo que concierne a la puesta en escena de The Soft Moon. De hecho, ni siquiera fue Deeper el álbum del que más canciones extrajeron para su actuación de anoche: su disco de debut homónimo y, sobre todo, Zeros protagonizaron la mayor parte del espectáculo. La definición del concierto, en cualquier caso, se ajusta más a la de una retahíla de angustiosos y furiosos estados de ánimo, pasando del asfixiante nerviosismo de las inaugurales ‘Black’, ‘Dead Love’ –aquí se creció– o ‘Machines’, al arisco frenetismo de ‘Far’, ‘Crush’ o ‘Being’, con la que cerraron antes de los bises. Siempre bordeando cierta desesperación claustrofóbica, que apenas encontró alivio en la pausada –para la media– ‘Try’ o en los desquites cañeros al estilo post-grunge garajero como ‘Alive’, de su Ep Total Decay, o ‘Tiny Spiders’.

The Soft Moon (173)Rbnp

Ante una propuesta de este tipo, con inflamables provocaciones resumidas en canciones de mecha corta, ni siquiera cabe el reproche del tiempo. Su discurso es tan sostenible como un paseo descalzo sobre las brasas: un ejercicio de aguante destinado por prudencia a ser breve. Pero la sensación general, basándonos en la exaltación del ritmo con el que la gente se fue saciando, nos remite de nuevo a ese agujero negro del que hablábamos anteriormente. A su alrededor dicen que el tiempo existe de una manera distinta: no exactamente más lenta, sino más bien dilatada. Como si alguien espaciara los segundos de la línea temporal con los dedos. Por eso la percepción de quienes más se acercaron a Vasquez pudo quedar algo distorsionada: sonaron 16 canciones disparadas en batería en unos 70 minutos, pero mucha gente del público salió de la sala con un desgaste proporcionalmente muy superior. De alguna manera, se nota que The Soft Moon en una enorme lupa a través de la cual penetramos en el inquietante mundo interior de su líder. Un lugar donde se enraízan con fuerza los pilares de su post-punk.

Publicidad

Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos
Publicidad