23/02/2016

El trío formado por miembros de The National y Beirut publicó el pasado viernes su sobresaliente álbum de debut.

Pablo:LNZNDRF. Escuchadlos.”
Jorge: “¿Es un grupo de música o un código de reserva de Ryanair?
Caneda: “Es un nuevo partido político. Es como se va a llamar el gobierno del PSOE, Ciudadanos, Podemos, CUP, las Mareas y En Comú. Es por simplificar.”
Jorge: “Liga Nacional de Zurdos Nacionalistas Demócratas por la Refundación Federal.”
Caneda: “Sasto.”

Un caso real. Pero insistan: vayan más allá de la coña de las consonantes y denle un tiento al álbum de debut de esta gente. LNZNDRF, como ya deberían saber, es la unión de los hermanos Devendorf –de The National– con Ben Lanz, multiinstrumentalista asociado a Beirut y colaborador habitual de Sufjan Stevens. El pasado viernes pusieron en circulación su carta de presentación: un trabajo que, aun pudiendo ser del agrado de los fans de ambas bandas mater, tiene un espíritu de identidad propio basado en la guitarra y en el rock sin correas ni apellidos insignificantes.

En líneas generales podríamos definir su música con adjetivos cercanos a los que usamos con The National: elegancia, nobleza, intensidad sentimental; y ‘Beneath the Black Sea’, una de sus mejores canciones, nos darían la razón. En ella solo falta la voz de Berninger, pero está presente hasta su reposada forma de cantar. Puede que este tema, el segundo, funcione bien como salón recibidor, haciendo gala de una decoración distinguida y familiar, pero la verdadera puerta de acceso a LNZNDRF es ‘Future You’, una monumental pieza instrumental que transforma en música la fiereza de una marea brava de pleno invierno. Una puerta que engancha y absorbe hacia dentro.

Luego hay temas que sobrepasan las fronteras de lo que esperaríamos por ser quienes son. ‘Mt Storm’, por ejemplo, es una enorme expiración de rock espacial, dilatada y aguda, con preciosos y contundentes arranques de escalada emocional. O ‘King Things’, un sofisticado corte con inclinación hacia la rítmica de la música negra. Pero sin duda alguna, los mejores momentos están protagonizados por cuerpos instrumentales que se agigantan en su propio jugo, como ‘Hypno-Skate’ y, sobre todo, ‘Samarra’: una tensionada marcha hacia la batalla, cuya atmósfera se va cargando y disparatando a medida que crecen las fascinantes distorsiones de guitarra. Un cierre incontestable para un álbum sensacional. Aprendan pronto a pronunciarlo, porque van a dar de qué hablar, y habrá que hacerlo con propiedad.

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