07/02/2016

Con-cier-ta-zo.

Desde ayer por la noche está permitido oficialmente en Barcelona que tu grupo favorito sea Wolf Alice. Los británicos, tras un par de visitas al DCode y al FIB el verano pasado, presentaban por primera vez sus credenciales en la ciudad condal, en la sala Razzmatazz 2 ante un público más reducido de lo esperado, y el resultado de su actuación rozó de cerca la matrícula de honor. Pocas veces un servidor ha visto un directo tan convincente de una banda debutante, tan segura de sí misma; porque aunque no lo parecieran, esta gente –de entre 23 y 25 años– apenas tienen un disco y un par de EPs, y no hace ni cuatro años que existen como grupo (nosotros les presentamos hace dos). Pero su material, así como su actitud y seriedad sobre el escenario, preconizan un éxito de masas incontestable a corto plazo: mucho mayor que el que han cosechado hasta ahora por ejemplo en nuestro país. En el fondo, viéndolo desde el lado positivo, fue una suerte poder disfrutar de ellos en la distancia corta de una media entrada, porque dentro de no mucho llenarán recintos de sobra mayores mostrando la misma solvencia que anoche.

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En su fórmula conviven en perfecta y fructífera dialéctica la rabia contestataria del post-grunge más peleón y los modales impecables de un pop que se camufla muy bien en los estribillos. Una versión de rock colorido, contundente y con tendencia a la épica de salón de clase acomodada. El broche de oro lo pone Ellie Rowsell, con una voz elástica y aguerrida capaz de protagonizar también cadencias y solos para quitarse el sombrero. Ella dirige el cotarro, aunque es Joff Oddie, el guitarrista principal, quien ejecuta las descargas eléctricas y quien cose de riffs y potentes punteos el perímetro y la estructura de sonido de Wolf Alice, precintándolo todo con una precisión apabullante. Porque en su planteamiento en directo no sobra nada: es un desparrame musical perfectamente engarzado, un torrente acelerado de rock fresco y vertical que no se sale nunca de su caudal, basándolo todo en una evidente disciplina y en una disposición para la batalla casi paramilitar, de guerrilla bien armada.

En apenas hora y cuarto lograron regalarnos varios momentos que tienen madera de ser inolvidables en un futuro cercano, cuando su música tenga un alcance que se cuente por millones. Arrancaron con la cañera y desacomplejada ‘Your Loves Whore’, suavizaron después con ‘Bros’, un pequeño himno en ciernes, y se desahogaron con ‘Lisbon’, su primera coartada para la distorsión desatada. Pero el primer momentazo llegó con ‘Silk’: un tema que creció desde las entrañas de un acople hasta alcanzar proporciones monumentales, coronada además por un cambio de tono de voz espectacular protagonizado por Rowsell como si tal cosa. Emocionante, lenta y ceremonial, unió a todo el público en un suspiro de mutua comprensión y empatía que se instaló en el ambiente hasta el final de concierto. Otro gran momento, en la misma línea de luminosa espacialidad, fue el de ‘Swallowtail’, con las notas descolgadas por Oddie desde el techo a su guitarra, un fantástico dueto de voz entre Rowsell y Joey Amey, el batería, y ese culmen punk tan frenéticamente refrescante. Todo en una primera mitad que resultaría más tranquila y condescendiente que la segunda.

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Fluffy’ marcó ese punto de inflexión: con una intro que recordó a los mejores Smashing Pumpkins y un estribillo explosivo tipo riot grrrl, fue la enésima demostración de vozarrón de Rowsell, pero también un portal de no retorno hacia ritmos descaradamente noventeros. Con ‘She’, deliciosa cadencia melódica incluida, ‘You’re a Germ’ y ‘Moaning Lisa Smile’ nos trajeron de vuelta a la memoria a los Sonic Youth de Kim Gordon, a Thorowing Muses, e incluso a Veruca Salt, Hole, Elastica o Garbage. Referencias nada malas para dejarnos saborear, durante unos minutos ante de los bises, el gusto de un género totalmente rehidratado. El cierre lo marcaron con una sensacional interpretación de ‘Blush’, uno de sus temas más antiguos y acertados, y con ‘Giant Peach’, que sonó como un auténtico homenaje al rock más puro. Con una recta final así podría pensarse que estemos ante uno de los primeros grandes revivals del post-grunge de los ’90, pero lo cierto es que esta banda es mucho más: tienen la personalidad y la seriedad necesarias para convertirse en referencia. Y si no, tiempo al tiempo.

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Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos
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