18/12/2015

Segunda y definitiva parte del repaso a los discos para resumir un año de música.

30. The Suicide of Western Culture – Long Live Death! Down With Intelligence!

The Suicide of Western Culture

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El dúo del Vallès The Suicide Of Western Culture ya lleva un lustro entre nosotros y a pesar de que ya hemos gozado de ellos más de una, dos y tres veces en directo (y muchas más en casa), no acaban de despegar del todo. Pero intuyo que con este tercer largo, Long Live Death! Down With Intelligence!, darán el salto que merecían desde hace tiempo. No es que su música cualitativamente haya mejorado mucho o que hayan cambiado sus métodos de producción por otros más sofisticados (vamos, que siguen tirando de las joyas decrépitas que se encuentran en tiendas de segunda mano, sin ínfulas vintage). Pero el hecho de que hayan fichado por El Segell y que The Field, uno de sus referentes, les haya remezclado, les debería dar más proyección internacional y que se dejase ya de hablar de ellos como los Fuck Buttons españoles. Como decía, aquí Juanjo y Miqui siguen en sus trece, es decir, facturan un post-rock de altos quilates a partir de una producción electrónica analógica. Su música a veces puede sonar atmosférica y casi pop y otras abrasiva y cercana a lo que se puede entender por industrial. Todo ello con grabaciones de campo, samples chaladísimos y hasta pasajes spoken-word (para ello llamaron a Louise Sanson de Anímic). Se ha editado tarde después de varios retrasos, para ya que nos hemos columpiado a la hora de elaborar las listas, por lo menos no nos hemos olvidado de ellos, algo que merecían. (Álvaro García Montoliu)

29. Björk – Vulnicura

Bjork

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El noveno álbum de Björk es abrupto, visceral y doloroso de principio a fin. En su apertura ‘Stonemilker’, a la vez que pide “respeto emocional” a quien ha sido su pareja sentimental durante más de una década, la islandesa se sincera sobre sus intenciones: “Los momentos de claridad son tan raros / mejor que los documente”. Nos encontramos, pues, ante la obra más directa de este espíritu iconoclasta. Los discordantes beats de Arca y la mezcla de The Haxan Cloak son cruciales a la hora de ambientar y ensombrecer todavía más su desoladora ruptura, desgranada cronológicamente en episodios de la relación, pero la belleza que impregna el álbum recae sobre todo en la intensidad vocal de la artista y las violentas ráfagas de cuerdas que sólo desaparecen en ‘History of Touches’, el único pasaje en el cual los artificios del productor venezolano campan a sus anchas. Pronto vuelven para acompañar la devastadora oda a la tristeza ‘Black Lake’, que se erige como pieza central de una narración en la que que sólo Antony Hegarty, hacia el final, llega a su rescate para el dúo ‘Atom Dance’. ‘Vulnerabilidad’ y ‘curación’ parecen ser las dos palabras con cuyas raíces latinas Björk ha construido el título. No sabemos si el proceso artístico habrá sido tan terapéutico como para sanar sus heridas, pero desde luego ha conseguido gestar el disco más honesto de toda su carrera. (Max Martí)

28. Algiers – Algiers

Algiers

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Los bramidos contra la injusticia y la tiranía traspasan fronteras. Y también mares, tan extensos como el Océano Atlántico. Las almas de los tres componentes de Algiers se han unido, ignorando la distancia que separa Nueva York de Londres, para dar forma a su rabia en un debut en el que convergen la mística del góspel con el nervio del post punk. Un disco en el que caben las reminiscencias a The TemptationsSuicide, Nick Cave y sus Bad Seeds o Nine Inch Nails. Difícil salir airoso de una fusión tan heterogénea, una tarea solo apta para los mejor dotados. Pero el trío lo consigue con los coros de ‘Claudette’, el vómito estentóreo de ‘She Was Not Flying’ o la lírica resignación de ‘Games’. Su página web es un catálogo de iconos rebeldes, desde Malcolm X hasta Muhamad Alí, desde Marvin Gaye a Einstürzende Neubauten pasando por Public Enemy. Es el color oscuro del ghetto que se inicia en los campos de algodón sureños y alcanza los trazos de Basquiat. Un bofetón inconformista que sin duda constituye el mejor trabajo reivindicativo del año. (Carlos Marlasca)

27. Kurt Vile – b’lieve i’m goin down…

Kurt Vile

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El hombre está en plena forma: seguramente si ahora le diera una patada a una piedra, también sonaría de maravilla. Kurt Vile es un músico joven que va camino de ser leyenda, rescatando la esencia del rock panamericano –de este a oeste, se entiende– y filtrándolo por un estilo personal que crece y crece sin parar. Todavía estábamos bajo el influjo del excelente Waking on a Pretty Daze cuando el de Philadephia se embarcaba en la grabación nómada de este b’lieve i’m goin down…, su sexto trabajo. Un álbum en el que se respira más que nunca su idilio con la soledad –pese a ser marido y padre–, y que muestra su lado más contemplativo y ambiental. Vile marca una escueta pero riquísima línea de guitarra que flota eterna, cambiando de forma a cada canción durante una hora llena de matices, proponiéndonos un viaje a fuego lento en el que los ojos que miran se funden con el territorio explorado, y donde además da gusto perderse. Las melodías ceden protagonismo en favor del divagar de una guitarra colgante y transparente, y hasta sobran las palabras en los finales de ‘Wheelhouse’, ‘All in a Daze Work’ –¡qué arpegio, señores!–, ‘Lost my Head There’ –tiren el mapa–, ‘Kidding Around’ –atrévanse a soñar despiertos con él–, y en toda la elegante ‘Bad Omens’. Todo son formas suavizadas, producto de la paz interior de Vile con un medio que exprime de manera natural su inspiración sobre la línea ascendente de una impecable evolución discográfica. Mención aparte para la rústica y sofisticada ‘I’m an Outlaw’, con ese banjo que derrite, para la crepuscular ‘Wild Imagination’, pura belleza sobre ritmo enlatado, y para ‘Pretty Pimpin’, quizá el único hit que sobresale en un disco concéntrico, sólido y modestamente enorme. (Pablo Luna)

26. Unknown Mortal Orchestra – Multi-Love

Unknown Mortal Orchestra

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De banda rarita a secreto a voces, a confirmación absoluta para el que tuviese dudas. Unknown Mortal Orchestra han estado desde su debut en vueltos desde su debut en una especie de nebulosa de banda complicadita de la que creo que han ido emergiendo con brillo. Ya en II colaron dos temazos impepinables, ‘Swim And Sleep (Like A Shark)‘ y ‘So Good At Being In Trouble‘, que multiplicaron su número de oyentes de forma exponencial. Si aquellos brillaron por su sensibilidad, por sus melodías melosas, los pelotazos de su nueva entrega lo hacen a base de ritmo. ‘Can’t Keep Checking My Phone‘ es sin duda la cima de este Multi-Love promiscuo que besa la psicodelia mientras le mete mano al funk por las mañanas y a la electrónica por las noches. Pero no es la única. La propia ‘Multi-Love‘ o su hedonista sucesora, ‘Like Acid Rain‘, entran a la primera. Y las que no lo hacen, como la mayoría de la segunda mitad, calan con el tiempo. No se degusta uno a la primera la clase soulera de ‘The World Is Crowded‘, no se le mete a uno a la primera el funk anestesiado de ‘Necessary Evil‘, con ese glorioso estribillo, su guitarra diminuta y su trompeta ornamental. Difícil tener más clase que estos muchachos. De verdad. (Daniel Boluda)

25. Panda Bear – Panda Bear Meets the Grim Reaper

Panda Bear

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Los álbumes de Noah Lennox, pieza clave de Animal Collective que desde hace más de una década también nos encandila en solitario, suelen ser un reflejo levemente críptico de su situación personal. Marido y padre de dos hijos afincado en Portugal, el oso panda ha sentado al fin cabeza y empieza a enfrentar la inevitable madurez, un proceso que implica renunciar a ciertas cosas para afianzar otro tipo de recompensas vitales. En Panda Bear Meets the Grim Reaper trasciende esa transformación personal, y por eso tiene algo de todos sus trabajos anteriores: cierto tono de gravedad litúrgica como en Young Prayer, su obra más cruda e impulsiva; longevos desarrollos caleidoscópicos, aunque con algo menos de densidad que en su maravilloso Person Pitch; la accesibilidad de las estructuras más breves de Tomboy –‘Mr Noah’ y ‘Boys Latin’ se encuentran entre las canciones más hipnóticas y pegadizas de toda su carrera–, para el cual ya confió en Peter Kember aka Sonic Boom en la parte técnica. La muerte, que cobra una tangible presencia incluso en el título, se presenta como una tensión amenazadora propia de cuando uno alcanza la mediana edad. Sin embargo, la sensación de disolución de los primeros temas acaba concretándose en la construcción de algo nuevo a partir de la mitad del disco. “Are you mad?”, se pregunta Lennox a sí mismo ante las dudas psicóticas que le asaltan en ‘Come To Your Senses’. Luego suena la trompeta que da inicio al magistral viaje ‘Tropic of Cancer’, una reconciliación con el cáncer que se llevó a su padre, y entre arpegios de arpa sampleadas de El Cascanueces de Tchaikovsky empezamos una ascención hacia lugares mucho más luminosos. Un loop de piano del Arabesque No. 1 de Debussy nos sumerge en la tranquilizadora ’Lonely Wanderer’, una última introspección hacia los recuerdos del pasado. La voz de Lennox, siempre generosa en cuanto a reverberación, acaba venciendo la oscuridad en este disco magmático, polícromo y purificador. (Max Martí)

24. Boduf Songs – Stench of Exist

Boduf Songs

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Una portada negrísima, un bodegón de flores mustias y un título, Hedor de Existir (Stench of Exist), que ya dice todo. Jamás había oído yo hablar de este proyecto ni del hombre que se esconde tras él, Mat Sweet, inglés, de Southampton. No es su primera remesa, ni mucho menos: lleva al menos 10 años componiendo y grabando, pero aquí nos ha cazado. Arranca el álbum con una suerte de crujiente digital, oscuro y peligroso. Tras su extinción empiezan las palabras: “The rain against the window in the morning / woke us up we lay there for a while / Then you said it was time to get things moving / We named the days and watch them fly by / I am what I have seen / A vessel for the fire / Completely bound by chance / And it will end how it began”. Tras esa estrofa, no sé salir. Flota uno como en un lago de tinta. Los graves del piano como un corazón, las texturas como nubes pasando en stop motion, los tonteos electrónicos jodidamente perturbadores, bien medidos y programados, como calambres en la espalda. Hay algo enfermo aquí. Algo efectivamente hiede con elegancia infinita allá en lo oscuro. Escuchen The Rotted Names y prueben a no estremecerse, a que no se les mueva un pelo. Respiro hondo, que empieza. (Daniel Boluda)

23. Foals – What Went Down

Foals

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Con Holy Fire, Foals llegaron a una suerte de final de trayecto, al equilibrio perfecto entre su lado salvaje y una épica atmosférica que siempre han exhibido con maestría. Hasta entonces, cada uno de sus discos podía contarse como un gran salto, escenificados en canciones como ‘Spanish Sahara’ en el caso de Total Life Forever, y de ‘Inhaler’ en el de Holy Fire. Pero al quinteto británico le debió de gustar lo que vio, porque han decidido quedarse a vivir en el mundo de Holy Fire un ratito más. Y es que, de alguna forma, What Went Down es una versión mejorada de Holy Fire: con los mismos contrastes (entre las deliciosamente contemplativas ‘Give It All’ y ‘London Thunder’ y la apoteosis final de ‘What Went Down’ o la locura de ‘Snake Oil’), con los mismos momentos de maestría pop (‘Mountain At My Gates’ es probablemente su canción más pegadiza, pero ‘Lonely Hunter’ no se queda atrás), y con canciones que llevan impresa la esencia de Foals a cada segundo (‘Albatross’, ‘Night Swimmers’, ‘A Knife In The Ocean’). Y si bien es cierto que en este disco no hay ninguna sorpresa mayúscula en cuanto a evolución sonora, también lo es que posiblemente sea su colección de canciones más completa y compensada hasta la fecha. Y ahora, ¿hacia dónde? (Aleix Ibars)

22. Chvrches – Every Open Eye

CHVRCHES

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Qué difícil era afrontar este segundo para Chvrches después de lo adictivo que resultó su debut para medio mundo, y qué fácil lo han hecho. La premisa parece haber sido, básicamente, la de dejarse de historias, huir de todo lo innecesario e ir directamente al grano en estas once canciones de las cuales no sobra absolutamente nada. Qué mejor muestra de ello que ‘Keep You On My Side’, uno de los cortes más acelerados y contundentes de su trayectoria, en el límite entre lo aceptable y lo machacón, y con todo dotado de una irresistible melodía cuando llega el estribillo que te deja de rodillas a los pies del trío escocés. “Harder, Better, Faster, Stronger”, que decían Daft Punk: eso es lo que han hecho Chvrches en Every Open Eye, cómodamente asentados en un sonido ochentero repleto de homenajes (y alguna incursión en el r&b, caso de ‘High Enough To Carry You Over’ y ‘Down Side Of Me’) que sin embargo se han hecho suyo con solo dos discos, con una Lauren Mayberry que se ha convertido en una líder de armas tomar (del aspecto dulce con el que emergió hace tres años al combativo inconformismo de la actualidad) y una aplastante versatilidad instrumental. Chvrches son la prueba de que aunque en la música pueda estar (casi) todo inventado, siempre nos rendiremos ante un disco de grandes canciones. Y ‘Leave A Trace’, ‘Never Ending Circles’, ‘Clearest Blue’ (qué tensión, siempre hacia arriba), ‘Empty Threat’ y ‘Bury It’ lo son… Bueno, en realidad todas, joder. Imparables. (Aleix Ibars)

21. Beach House – Depression Cherry

Beach House 1

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Nadie podrá negar que Beach House siguen representando el paradigma actual del dream pop ni que Depression Cherry es un muy buen disco de estilo, pero a estas alturas de la carrera de los de Baltimore quizá se esperaba un paso más hacia adelante, y no la repetición de una fórmula que, lejos de agotarse, sí puede dejar de sorprendernos. El grado de sorpresa decrece a medida que reconocemos los mismos ecos, efectos, ritmos, texturas y perfecciones, siguiendo casi a rajatabla los dictámenes del Bloom, probablemente su obra más esférica y completa hasta la fecha. Con líneas melódicas un punto menos arriesgadas, no aporta ningún valor añadido a lo ya conocido, aunque sus canciones, intercaladas entre sus más destacadas, encajarían sin chirrío alguno. No infravaloramos el valor terapéutico de temas como ‘Levitation’, ’10:37’ o ‘Days of Candys’, auténticos remansos de paz onírica, la redondez de cortes como ‘Space Song’, ‘Beyond Love’ o ‘PPP’, cristalinos y bien barnizados, o los infinitos momentos de armonía extrema entre notas, voces y teclados, pero sí da la impresión de que Beach House están entrando en esa acomodada fase creativa en la que la manufactura artesana da paso gradualmente a la producción en serie. Estamos ante un disco formalmente perfecto en sí mismo, otra vez; que sucumbe bajo la sombra de su predecesor, pero que aún así es mejor que la mayoría de álbumes publicados este año. (Pablo Luna)

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