15/12/2015

Empieza el repaso a los discos escogidos por la redacción para resumir un año de música.

60. Marika Hackman – We Slept At Last

MarikaHackman

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Marika Hackman no podía haber escogido un título más adecuado para su primer disco. We Slept At Last. Al fin pudimos dormir. Tiene varias connotaciones: por un lado, supone el final de un camino que ha acabado siendo más largo de lo habitual y lo esperado, un camino que empezó en 2012 con la publicación de ‘You Come Down’, primera canción de la artista británica, y que desde entonces ha visto cómo la chica decidía publicar tres EPs en vez de debutar en largo, y que cuando decidió hacerlo, fue sin incluir ninguna de las canciones previamente editada. El fin de ese camino es We Slept At Last, exhalación madura, sobria y reposada. Lo cual nos lleva a la segunda connotación de su título: la nocturnidad. Hay un halo de oscuridad que planea por todas las canciones de este disco, producido por Charlie Andrew (Alt-J, Sivu), una suerte de estado de duermevela en el que habitan todas sus canciones. Son detallistas al extremo (los coros y arreglos oníricos de ‘Ophelia’, la euforia contenida de ‘Animal Fear’, las cuerdas finales de ‘Let Me In’), pero desprenden una desnudez instrumental que cala (‘Skin’, ‘Claude’s Girl’). Hay niebla, bajos penetrantes, historias tormentosas. Pero nada está impostado. Todo el disco fluye con una misma sonoridad, hacia el mismo lugar, hacia esa duermevela mágica en la que Marika nos quiere sumir a su lado. Ya dormiremos otro día. (Aleix Ibars)

59. Baio – The Names

Baio

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Sinceramente, no esperábamos demasiado del primer disco en solitario de Chris Baio, bajista de Vampire Weekend. Principalmente porque cuando inició su carrera al margen de su grupo principal, hace ya unos pocos años, su orientación claramente electrónica hacía presagiar que se trataba más de un divertimento para sí mismo que de algo pensado para el público. Pero para sorpresa de muchos (entre ellos, nosotros), Baio ha ido modulando su discurso y asimilando influencias de cara a su debut en largo, que ha recibido el nombre de The Names y ha resultado ser una de las más gratas sorpresas del año. Decimos influencias porque resulta imposible no pensar en Caribou a la hora de definir el enfoque del disco, asentado en una electrónica más o menos cálida, de carácter orgánico, que sin embargo no tiene miedo ni de sonar excesivamente dulce (‘The Names’, ’Needs’) ni de arañar cuando lo cree conveniente (‘Brainwash yyrr Face’). Pero también es inevitable referirse a New Order e incluso a Talking Heads para escenificar la mezcla que ha conseguido Baio en The Names, que va desde la enormemente Vampire Weekend ‘Sister of Pearl’ a esa piedra angular que es ‘All The Idiots’, un colosal tour de force electrónico de siete minutos. Al menos el letargo de Vampire Weekend nos ha servido para algo. (Aleix Ibars)

58. Nacho Umbert – Familia

Nacho Umbert

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Esto no es un disco. Es un cuento. Una historia. Unas cuantas vidas. El cantautor catalán Nacho Umbert atesora la trayectoria más atípica de la escena estatal, con un disco seminal en su haber con el grupo Paperhouse en los años 90, y una desaparición posterior (de la música, se entiende) que incluso él creía definitiva hasta que en 2010 surgió, casi por casualidad, Ay…, su primer álbum en solitario. Publicó otro (No os creáis ni la mitad) al año siguiente, desmontando cualquier método de funcionamiento habitual de la industria, y ahora ha tardado cuatro años en ultimar el siguiente. No es uno cualquiera: Familia es un disco atípico por autobiográfico (no en su totalidad, pero sí en esencia), es un homenaje de Umbert a sus raíces, a las historias que toda familia tiene y que él ha sabido encontrar y capturar en pequeñas fábulas de folk íntimo con una maestría al alcance de pocos en joyas como ‘Sudamericano‘ (el inicio de todo), ‘Luz artificial‘ o ‘Que lo sepa Cary Grant‘. Familia es un disco que seduce por su forma, pero que enamora por su contenido, por hacernos partícipes de esas historias mágicas que dan sentido a la vida. (Aleix Ibars)

57. Amatria – Amatria

amatria

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Pocos discos más abiertamente disfrutables se han hecho por estos lares este curso que Amatria, el disco homónimo (pero no el primero, sino el tercero) del proyecto de Joni Antequera. Pop electrónico desacomplejado y adictivo que, según el propio autor reconoce, ha dado tal salto cualitativo en este tercer largo que merecía recibir el nombre de un debut. Con todo, entre hits indiscutibles como ‘Me Falta Algo‘, la espectacular ‘El Golpe‘ y el single ‘Chinches‘ encontramos también momentos de bonita calma (‘El Perro del Vecino‘) y hasta una versión de la clásica ‘La Copa de Europa‘ de Los Planetas que, si bien no iguala la original (nada lo consigue), sí resulta un ejercicio curioso y valiente que plasma el grado de confianza con el que se ha afrontado este álbum. Si adoramos los discos de Chvrches o Purity Ring, deberíamos hacer lo mismo con el de Amatria. (Aleix Ibars)

56. Tulsa – La calma chicha

Tulsa

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Miren Iza nos comentaba, en su entrevista a principios de año para esta casa, que se dio cuenta del poco sentido que tenía hacer americana al girar con su banda por Estados Unidos, tras completar una estancia de año y medio en Nueva York por motivos laborales. Aquel contacto con el nuevo mundo marcó un punto y aparte en la vida de Tulsa como banda, y La calma chicha es el primer párrafo de su nuevo capítulo. En el epicentro de su fórmula sigue estando el mismo encanto en la voz de Iza, pero ahora se localiza en unas coordenadas cercanas al dreampop –‘Leña’, con ese aire a Beach House, ‘Los amantes del puente’– y al pop sintético – ‘Gente común’, ‘Los ilusos’ – que muestran un lado todavía más dulcificado de la cantautora vasca. Un sustancioso cambio de rumbo que no hace sino adentrarse todavía más en el interior de la propia Iza. (Pablo Luna)

55. Other Lives – Rituals

Other Lives

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Entrar en Rituals es cruzar un umbral tras el cual todo es magia y nocturnidad: su morfología y ambientación es como la de una opereta ligera y onírica en la que aparecen cupidos alados, faunos y ninfas semidesnudas perturbando a jóvenes enamorados. Los de Oklahoma, cuya formación se ha reducido a tres integrantes, recuerdan a la vez a RadioheadJoey Waronker, batería en Atoms for Peace, ha vuelto a producirles– Grizzly Bear, Alt-J, y a los mejores Wild Beasts; con el tono y la perfección de los agudos en la voz, la de Jesse Tabish, en la línea aterciopelada de José González o de Bon Iver. Plagado de arreglos y con una flora instrumental espectacular, el disco peca quizá de excesiva voluptuosidad y de un exacerbado barroquismo a la hora de ondular las melodías. Pero es innegable su magnetismo. Porque aparte de preciosista es bonito, emocionante y, por momentos, descarnado. Algo inconstante en intensidad –y por tanto en credibilidad–, Rituals nos ofrece grandes momentos de poprock, artístico e intimista, joyas como la amarga ‘Easy Way Out’, ‘Best Primal’, uno de los cortes más cautivadores, el ramillete de ‘New Fog’, o el delicioso paseo imaginario de ‘2 Pyramids’, además de la tripleta final de ‘No Trouble‘–‘For the Last’–’It’s Not Magic’; y también un mundo aparte donde poder evadirnos sin miedo. (Pablo Luna)

54. Vessels – Dilate

Vessels

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La electrónica con instrumentos. Debería ser una etiqueta ya. Sabemos de Caribou, Battles o Holy Fuck, ejemplos de notables e incluso excelentes discos. Y ahora, gracias a este Dilate, tenemos a Vessels. A diferencia de estos tres, los de Leeds no encajarían en otro sitio que no fuera oscuro, de pocas luces y con una pista de baile entregada. Su punto de partida, a pesar de ser orgánico, son los BPM subidos, el recorrido se hilvana como una sesión, tema tras tema, cuadrados sin fallo, y el final –tras una última dosis de músculo– es la relajación necesaria. Por el camino, llegan hasta lo más alto con ‘Eliptic‘ y ‘On Monos‘. Sin duda, una de las sorpresas menos populares de este año. (Jordi Isern)

53. Joan Miquel Oliver – Pegasus

Joan Miquel Oliver

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Joan Miquel Oliver podría publicar un disco al año hasta el fin de los tiempos y nunca bajaría el nivel. Ahora, huérfanos como estamos sin Antònia Font, necesitábamos otro disco en solitario del mallorquín para como mínimo saciar la sed. Y, como no podía ser de otra forma, Pegasus no ha defraudado. Con su proyecto personal, Oliver se dedica a experimentar menos que con Antònia Font, y mantiene las referencias que han caracterizado su discurso paralelo: camisas hawaianas de colores, sonoridad tropical, universos (en plural) surrealistas, y una sonoridad lo-fi que no esconde su don para crear melodías extraordinarias, caso de ‘Pegasus‘, ‘Flors de Cactus‘ y ‘Mil Bilions en Estrelletes‘. Otra pequeña e indiscutible genialidad. (Aleix Ibars)

52. Leon Bridges – Coming Home

Leon Bridges

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El destino ha sido más clemente con Leon Bridges que con Charles Bradley. Como Eli ‘Paperboy’ Reed o Lee Fields, ambos forman parte de los dichosos que salen del circuito más estricto del soul, funk y R&B clásicos y del que seguramente nos perdemos demasiado. Ambos han pasado por barras de bar, pero al primero le han bastado tan solo 26 primaveras para imponerse con su voz  aterciopelada, como hicieron Smokey Robinson o Sam Cooke hace ya unas cuantas décadas. Abrió boca con la extraordinaria ‘Coming Home’ que tan solo fue un preámbulo para asombrar con ‘Better Man’ o ‘Smooth Satin’ o cualquiera de las diez maravillosas pistas de este enorme debut. Mientras Kendrick Lamar reclama su reinado rap y los ritmos del hip hop inundan una buena parte de la música electrónica, un niño inmaculado restaura la época dorada de la música negra. (Carlos Marlasca)

51. Beach House – Thank Your Lucky Stars

Beach House 2

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Por mucho que se ame a Beach House y de que ninguna de sus canciones baje del notable esta estrategia que han seguido de lanzar dos discos en un plazo de mes y medio ha jugado en su contra. Depression Cherry ya no fue excesivamente bien recibido por buena parte de sus seguidores, que esperaba otro Bloom. Y, éste, sin apenas haber digerido su predecesor, llegó precipitadamente. Quién sabe si lo hubiesen editado dentro de un año qué reacción hubiese tenido la gente. El caso es que Thank Your Lucky Stars, por el motivo que sea, ha quedado injustamente ensombrecido, cometiendo el dúo de Baltimore un muy perdonable pecado de saturación. Pero si lo escuchamos detenidamente encontramos verdaderas joyas para añadir a su colección. ‘One Thing’ sigue la onda shoegaze de ‘Sparks’ y en directo es apabullante. Si la primera vez que escuchamos en vivo ‘Wild’ en el Fly Me To The Moon flipamos con esa percusión, cuando sonó el tema en sus conciertos del pasado noviembre con una Victoria a la guitarra el impacto sensorial fue similar. Luego hay que añadir una ‘All Your Yeahs’, de sintes palpitantes y ambientes nocturnos, o ‘Elegy To The Void’, el acercamiento más descarado que han hecho hasta la fecha al lado oscuro de la música, que son inclusiones muy refrescantes a su homogéneo repertorio. El tiempo dirá, pero me apuesto un riñón a que está obra será mucho mejor considerada dentro de unos años. (Álvaro García Montoliu)

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