15/12/2015

Empieza el repaso a los discos escogidos por la redacción para resumir un año de música.

DESCUBRE AQUÍ LAS MENCIONES DE HONOR DE 2015.

75. Ocellot – Jelly Beat

Ocellot

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Parecía que eso de citar a los de Merriweather Post Pavilion iba a quedar como una meta. Pero la han traspasado. El cuarteto catalán estrena su militancia en Foehn Records con un segundo disco en el que han conjugado su pop efervescente, sus deshilados desarrollos y la alegría de sus directos. Solo son 8 temas, pero todos impecables en producción y mensaje. El estado de gracia de una banda que puede lanzar un torpedo de aire tribal como ‘Slow Dream‘ o la atrapada en loop de ‘Sun Is Up‘ y luego perderse entre la psicodelia compacta de ‘Fake Fat Jar‘ es absoluto. Un paisaje de sueños de colores y texturas moldeables que han sabido entregar sin que se atragante en ningún momento. Superadas las comparaciones, el vuelo de estos debe ser bien alto. (Jordi Isern)

74. !!! – As If

As If Ideas 10

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Independientemente de su explosivo y rico directo, da la sensación de que !!! empiezan a prescindir del pretexto funk para montar su desafío rítmico-festivo. A diferencia de otros álbumes anteriores, aquí lo más importante parece ser el beat, el pum-pam, y no tanto el inspirador aroma a música orgánica y negra. Prueba de ello es la apertura con ‘All U Writters’ y ‘Sick Ass Moon’, ambas muy directas, o la blancura de ‘Ooo’, ya en un plano más espaciado del ritmo. Y no digamos ‘All the Way’, emparentada en ese rollo cóctel bar setentero con ‘Standbar’ de Tod Terje; o ‘Til the Money Runs Out’ y ‘Bam City’, temas con alma y estructura de brit-pop revival encerradas para siempre en una pista de baile. El anzuelo rítmico sigue resultando apetecible, pero una vez probado el cebo echamos de menos algo más del sur que siempre nos proponían entre líneas. (Pablo Luna)

73. Boreals – S/T

Boreals

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El estreno de Boreals en Foehn Records coincidió con la reducción temporal de la banda de tres a dos –los gemelos Xavi y Víctor Paradís– integrantes, pero lejos de empobrecer su sonido –Miquel Serra participó también en el disco–, este hecho ha provocado una mayor precisión y concreción del mismo. A saber: una búsqueda constante de espacios y emociones a través del jugo ambiental que le sacan, no solo al engranaje electrónico que usan como materia prima, sino también a un montón de aportaciones orgánicas muy bien gestionadas. Sin renunciar a la experimentación como motivación de fondo, su música se mueve cada vez menos por territorios sombreados por el post-rock –como mucho, y de lejos, ‘El Gecko’ y ‘Mambo Jambo’–, y más por un imaginario propio que va ganando en personalidad. S/T destaca por la pulcritud en sus líneas melódicas, por ese aire sofisticado, contemplativo desde la distancia, que se mezcla con cierto acento melancólico y nostálgico, y por un entramado rítmico dócil y manejable que plantea el beat de forma más horizontal que vertical. Porque nada en Boreals suena atropellado. Todos los pasajes, desde el acelerado desarrollo de esa especie de hang digital en ‘Colibrí’ a las proyecciones latino aéreas de ‘Acapulco’, pasando por la atmósfera subterránea de ‘El Gecko’ o por el acercamiento al acid-jazz que es ‘Yo Nací’, parecen disponer de todo el tiempo del mundo para sonar a sus anchas. Con condiciones así, solo cabe augurar un gran futuro a los Paradís(Pablo Luna)

72. Ferran Palau – Santa Ferida

Ferran Palau

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Ferran Palau, guitarrista y parte fundamental de Anímic, ya dio muestras en 2012 de su talento como compositor al margen de su banda principal, cuando debutó en solitario con L’aigua del rierol. Pero ha sido con Santa Ferida, su segundo álbum, con el que ha conseguido cautivarnos gracias a canciones de folk de tintes oscuros con deliciosos momentos de luz casi espiritual. Una producción milimetrada (a medias con Jordi Matas de Seward), unas letras más tenebrosas a medida que uno se adentra en ellas, y una facilidad pasmosa para conectar con el oyente es lo que hace de este un disco especial. (Aleix Ibars)

71. George Fitzgerald – Fading Love

George

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Berlín, Londres e Ibiza. Tres puntos cardinales de la electrónica, el baile, el hedonismo, las grandes noches de subida… y los amaneceres de bajón. En más de un mañaneo deben de haber sonado canciones de este Fading Love con el que debuta el británico George Fitzgerald, y eso, según hemos entendido, era lo que buscaba. Alejado del músculo de sus sesiones, con este debut FitzGerald ha ido a por las sensaciones del después, las bajadas de pulsaciones y la belleza (o tristeza) de cuando todo se va diluyendo hasta que termina. A pesar de la pegada de temas como ‘Call It Love (If You Want To)‘, la patina general de este disco viene regida por la que es una de las canciones de este 2015: ‘Full Circle‘. Sentimientos encontrados de poner fin a una noche y desenmascarar lo que está por llegar. Belleza en lo más inesperado. (Jordi Isern)

70. Major Lazer – Peace Is The Mission

Major Lazer

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El hecho de contar con el mayor pelotazo del año probablemente haga que el tercer disco de Major Lazer quede en un segundo plano, pero si nos quitamos de encima los prejuicios y buscamos más allá de ‘Lean On‘ encontraremos en Peace Is The Mission un buen muestreo de lo que ha venido siendo la electrónica en los últimos tiempos, combinado con movimientos como el dancehall, el trap, y el reggae más clásico –cuyo ritmo planea por casi todos los cortes–. Pero si algo define este tercer disco de Major Lazer es en su vertiente pop, lógicamente destapada por ‘Lean On‘ pero también representada por la poderosa (ya lo dice su nombre) ‘Powerful‘ con Ellie Goulding, por esa juguetona ‘Be Together‘ con Wild Belle, e incluso esa nueva versión de ‘All My Love‘ con Ariana Grande que, aunque quizá demasiado explícita, funciona para lo que quiere conseguir Diplo con este trabajo: llevar los estilos que le han influenciado y definido al gran público. (Aleix Ibars)

69. Titus Andronicus – The Most Lamentable Tragedy

Titus Andronicus

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Tras dejar un disco de culto con The Monitor y despistarnos hace un par de años con una obra menor (y que ahora sabemos de transición), Local Business, el cabrón más inestable musicalmente de New Jersey vuelve con una ópera rock de cinco actos repartidos en 29 cortes (no todos merecen el calificativo de canciones) que dejan el metraje del disco en lo que dura una película media: 1 hora y 32 minutos. Ante semejante atrocidad uno tiene varias opciones: 1. Pensar “mira, que te den”, y ni escucharlo; 2. Pegarle un repaso, localizar los hits (darían para un discazo por sí solos), descartar eso que parece paja (¿una ‘More Perfect Union’ de 9:39, really?) y esperar tiempos mejores; o 3. Leerse alguna review elaborada, bucear en las entrevistas recientes del personaje y ponerse el disco libreto en mano enfrentándolo como el estudiante que aborda por primera vez un tratado que le viene grande. Así, descubriendo en el camino los personajes, referencias, autorreferencias, guiños, genialidades y miserias de este álbum inabarcable, excesivo, verborreico y desquiciado como la cabeza de la que nace, es como The Most Lamentable Tragedy brilla con más fuerza, donde se acerca más a ser lo que su autor pretende. No es perfecto, no es mejor que The Monitor, no ganará nuevos fans a la causa, pero sí es único: no habrá en 2015 disco igual ni parecido, desvarío punk de esta envergadura, semejante ansia guitarrera o aspiración literaria tan rocambolesca. Y sólo por eso ya merece reverencia. (Daniel Boluda)

68. Seward – Second Two: Chapter One

Seward

Después de años de militancia absoluta en el underground, renunciando a tener presencia online (cosa que mantienen) y a que su música fuera escuchada más que en directo, Seward debutan en Foehn con Second Two: Chapter One, un nuevo capítulo en su siempre misteriosa e intrincada trayectoria. Y aunque siguen firmes en su respeto por y para su música, que les lleva a seguir renunciando a entrar en la dinámica actual de webs, redes sociales y ruido constante, como mínimo han cedido en el aspecto de hacer un poco más accesible su propuesta, y en Bandcamp podemos escuchar cuatro cortes de este disco. Allí, los que lo conocían pueden seguir deleitándose con su música, y los que no podrán descubrir esa amalgama indescriptible de referencias cruzadas, que van de los desarrollos jazz a Sparklehorse, de una épica a lo Sigur Rós a momentos de caos absoluto. Un grupo único. (Aleix Ibars)

67. Benjamin Clementine – At Least For Now

Benjamin Clementine

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El magnético feísmo de una voz gruesa, un físico descomunal y una sensibilidad inusual han aupado a este joven medio francés, medio londinense hasta el Mercury Prize 2015. Su debut At Least For Now fue todo lo que escuchamos a principios de año, cuando salió el disco tras la expectación de esa maravillosa ‘Cornerstone‘. Y a pesar de que, seamos sinceros, pasado el Vida Festival no es un disco al que hayamos recurrido mucho, hay canciones que aguantarán estaciones y años. Un primer paso de un tipo que no debe temer al horizonte y a la página blanco. Un compositor que dejará poso canalizando su frescura al piano con la lírica más trabajada. (Jordi Isern)

66. The Maccabees – Marks To Prove It

The Maccabees

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Los británicos dejaron el listón muy alto en 2012 con Given To The Wild24º mejor del año para esta casa–; pero con su cuarto y último disco se ha reafirmado desde una clave más rockera y desafiante, sin necesidad de sacrificar sus sutilezas ni las formulaciones de ambientación mágica. El atractivo de Marks To Prove It se inclina levemente hacia sus primeros cortes, con un inicio homónimo trepidante, la intensa y emotiva ‘Kamakura’, ‘Ribbon Road’, muy a lo Grizzly Bear, y una impetuosa y siempre creciente ‘Spit It Out’. Pero también destacan la crepuscular ‘Slow Sun’, el condimento de vientos de ‘River Song’ o la monumental felicidad de ‘Something Like Happiness’; en el que probablemente es el trabajo más variado y policromado de la trayectoria de The Maccabees. Un álbum que, sin acelerar lo suficiente como para que el paseo se convierta en una carrera hacia el estrellato, sí que revela un alto grado de madurez estilística por parte de los ingleses, además de un carácter fibroso que, lejos de agarrotarse con el paso del tiempo, gana en elasticidad y versatilidad. Un álbum, en definitiva, para sacar pecho. (Pablo Luna)

65. Lower Dens – Escape From Evil

Lower Dens

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Aunque no le guste el término freak-folk, Jana Hunter empezó en esa corriente junto a Devendra Banhart hace diez años, mucho antes de que existiesen Lower Dens, y en el lustro que lleva en activo esta banda ha recorrido toda clase de sonidos en sólo tres discos. El debut contaba con una producción algo descuidada y podía pasar por una versión descafeinada de Deerhunter. Con su continuación, Nootropics, dieron un salto de gigante, enfatizando y reforzando su discurso dream-pop y añadiendo unas mecánicas krautrock, y de él salió su primer gran hit, ‘Brains’. Escape From Evil es la continuación lógica de ese trabajo. No abandonan del todo las influencias teutónicas pero hay acercamiento descarado a un pop accesible que conecta con esa new wave con la que creció su líder (de hecho, últimamente cierran sus conciertos con una genial versión del ‘Maneater’ de Hall & Oates). Con Chris Coady al mando de la producción consiguen un sonido más cristalino, que la voz se imponga a los instrumentos, pero sin descuidar su fijación por temáticas más densas. En definitiva, una demostración de que el adjetivo accesible no se tiene que entender como algo peyorativo en la música, y de que echar la vista atrás no significa ni mucho menos estancarse en la nostalgia, sino que sirve como herramienta para mejorar el presente. (Álvaro García Montoliu)

64. Autumn Comets – We Are Here / You Are Not

Autumn

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Mientras la tendencia generalizada de la mayoría de grupos es a ir limando su propuesta para que cada vez pueda ser recibida por un público mayor, en el caso de Autumn Comets y su cuarto álbum el sentido parece ser el inverso. Cuentan los madrileños que este disco podría no haber existido, y quizá de ahí surja ese cierto endurecimiento de su propuesta, menos contemplativa y más ruidosa que en anteriores obras (sin olvidar eso sí su marcada apuesta por las cuerdas, que sigue muy presente). Sin moverse demasiado de las coordenadas del post-rock, con la referencia ineludible de Mogwai, Autumn Comets suenan más vivos que nunca en temas como la espectacular ‘Cavar Una Fosa‘ o ‘Todos Están Esperando‘ (con un punto muy Sigur Rós), que además de suponer su primera incursión en lengua castellana (con éxito, además) marcan claramente el camino a seguir para el grupo tras este muy notable trabajo. A por él. (Aleix Ibars)

63. Florence + The Machine – How Big, How Blue, How Beautiful

Florence

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A veces somos egoístas y no queremos que nuestros artistas favoritos encuentren el amor. Preferimos que vivan en ese bucle de oscuridad que provoca que te deje alguien a quien has querido con todas tus fuerzas y que lo transformen en versos que nos sirvan para comprobar que no somos los únicos que lo han pasado mal alguna vez en la vida por la conclusión de una relación con otra persona. Pero ahora Florence ya no es esa chica que se esconde de las situaciones complicadas que le ha tocado vivir —relaciones tormentosas, algún problema con el alcohol…—; ahora las afronta y con toda su fuerza sale del agujero, aunque tenga sus momentos de introspección como ocurre en ‘Various Sants and Storms’ porque como confiesa en la vulnerable ‘St. Jude‘: «Maybe I’ve always been more comfortable in chaos«. Momentos que se convierten en espejismos cuando les toca el turno a las deíficas ‘What Kind of Man‘ y ‘Delilah‘ junto a ‘Queen of Peace‘ y ‘Ship to Wreck‘, hits indiscutibles que tardarán en envejecer. Ahora bien: el punto de inflexión con Florence y su inseparable banda, llega en directo, donde se mueve como pez en el agua y son capaces de ofrecer uno de los conciertos más apoteósicos que se pueden vivir en la actualidad, y así es imposible no querer permanecer siempre en la galaxia de Florence + the Machine. Porque Florence es una galaxia, su Machine son sus planetas y nosotros somos sus estrellas, y nos entregan todo su potencial, logran crear una empatía irresistible y nos cuidan. Así nos hacen sentir cuando nos pide en los conciertos que «nos abracemos y besemos con la persona que tenemos al lado. Que nos amemos los unos a los otros«. Justo lo que necesita la humanidad en la que vivimos. En la mayoría de las ocasiones hay que dar lo que se recibe, por eso debemos mantener en lo más alto a la buena de Welch. (Tomás Martínez)

62. Wolf Alice – My Love Is Cool

Wolf Alice

(En Spotify)

Con la credibilidad del NME y los hypes formando parte del pasado, Wolf Alice se han sobrepuesto a los ríos de tinta antes, durante y después de su debut My Love Is Cool. Y la única manera que existe de hacerlo es con talento, esto es buenas canciones. Shoegaze, grunge, indie universitario de USA… todas las referencias son acertadas para describir ‘Bros‘, ‘You’re a Gem‘ o ‘Lisbon‘, cortes ganadores en un disco quizás demasiado disperso pero efectivo al final como colección de singles. La carrera de estos británicos es de las que ha empezado de manera meteórica y queremos seguir de cerca hasta donde tiene el destino. Por nuestra parte, contentos de acompañarlos ahora que las guitarras y las canciones pop (al final todo es pop) nos escasean. (Jordi Isern)

61. Car Seat Headrest  – Teens of Style

Car Seat Headrest

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El de Will Toledo (sic), la mente que opera tras Car Seat Headrest, no es presicamente el típico relato de éxito relámpago a rebufo de un single de debut requeteblogueado. Ni por asomo. Once discos (¡once!) ha tenido que colgar en su Bandcamp desde 2010 hasta que Matador Records le ha echado el ojo. Una historia de tozuda ambición o, más bien, de total falta de ella: solo se explica semejante caudal artístico desde la ausencia de grandes objetivos. De un par de esos trabajos pretéritos, grabados en la parte trasera del coche familiar, salen los once cortes que componen este Teens of Style ubicado en ese esquivo punto entre ruido y melodía, pero bien podrían provenir de algún greatest hits de Yo La Tengo, Pavement, Bob Mould o Guided By Voices. Con esos referentes, a Toledo, de 23 añitos, podría pasarle como al chavalín que se planta en una boda con una traje heredado de su hermano mayor y se le nota, pero el resultado nunca luce postizo. Tampoco su abatido y enfurruñado discurso, por más que parezca más propio de un cincuentón de vuelta de todo. Que le dure el cabreo y que nosotros lo disfrutemos. (Víctor Trapero)

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