13/12/2015

Empezamos el repaso a los mejores discos del año.

Ya estamos aquí. Empieza el repaso a un año de música, y empieza con los discos que han quedado fuera de esas listas (que publicaremos esta semana) pero que cada miembro de la redacción ha seleccionado para que no caigan en el olvido. Las menciones de honor, esa última oportunidad para que aquel disco fetiche de cada uno, sin el apoyo colectivo necesario, tenga su merecido homenaje. Lo cual da como resultado, claro, la lista más variopinta de todas, y también una de las más interesantes. Aquí empieza.

CONSULTA LAS LISTAS DE OTROS AÑOS AQUÍ.

Everything Everything – Get To Heaven

EE

En su tercer trabajo, los de Manchester se alejan de temas o líneas que irradian una felicidad digna del país de la piruleta, en gran parte quizás porque Jonathan Higgs –su vocalista–, no lo fue durante la grabación del mismo debido a una depresión. Eso se ha visto reflejado en este álbum claramente socio-político que habla sobre el mal hacer de los políticos que administran y controlan el mundo en el que vivimos, atentados, sobre las ganas de salir de ese pozo pero a la vez la incapacidad de salir de él porque no depende uno mismo, corrupción… por lo que si uno atiende con interés a las letras de este Get to Heaven, seguramente va a pasar un rato no demasiado agradable. Porque este disco no sirve para evadirse de los problemas de la sociedad, sino todo lo contrario; pero lo compensa siendo, de igual manera, uno de los mejores discos que han dado los países británicos este 2015. Porque Get To Heaven es un must listen de manual: temazos sin tregua con las indiscutibles ‘Distant Past’, Regrets (“Did you imagine it in a different way?”) y ‘Spring / Sun / Winter / Dread‘, pasando por ‘No Reptiles‘ (¿qué me dicen de ‘Fortunate 500‘, la gran tapada del disco?), ‘The Wheel (Is Turning Now)‘, ‘Blast Doors‘… Porque así se supone que es el cielo que nos pintan los que creen que existe, eterno. Aunque, como dirían Arcade Fire: “If this is heaven, I need something more”. Pero que Everything Everything se queden con nosotros. (Tomás Martínez)

Hop Along – Painted Shut

Hop

(En Spotify)

Hasta hace un par de días mi mención de honor la iba a ocupar el exquisito último trabajo de The Mountain Goats, probablemente el tapado del año, magistral a ratos y con un libreto de los que suele puede firmar un tipo como John Darnielle. Pero de pronto, habiendo ya emitido mis votos, se me cruza esta golosina indie en el reproductor y no puedo dejar de darle vueltas. Hop Along es el proyecto musical de una vocalista excepcional, Frances Quinlan. Painted Shut es oficialmente su tercer trabajo, aunque mediando 7 años entre el primero y el segundo más se puede considerar el segundo de una nueva etapa iniciada en 2012. No esperan aquí experimentos de ningún tipo: esto es indie rock con guitarras, primo hermano de Modest Mouse, Waxahatchee, Torres, Courtney Barnett, Built To Spill, Ted Leo & The Pharmacists… ya se hacen una idea. La clave está en quién le pone voz. Frances Quinlan es una bestia que lo mismo se desgañita en ‘Waitress’ rodeada de guitarras, que basta y se sobra de una acústica para emocionarte en ‘Happy To See Me’. La chica tiene tabasco en la voz y por eso este indie picante se despega de sus iguales. Denle una vuelta, cuando se extingan las últimas notas de la rocosa ‘Sister Cities’ probablemente quieran volver a empezar. (Daniel Boluda)

Jamie Woon – Making Time

Jamie_Woon_-_Making_Time

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Tanto lamentarnos porque este tampoco haya sido el año de Frank Ocean casi nos lleva a pasar por alto que, a decir verdad, en 2015 sí hemos tenido sucesor del enorme channel ORANGE. O algo así. No lo ha firmado el californiano, sino un Jamie Woon que en su segundo disco ha querido alejarse un poco de la sombra de James Blake. Continúa sin hacer algo demasiado personal, pero sigue teniendo gracia para hacer propias virtudes ajenas sin complejos. Él mismo reconoce que sí, que D’Angelo es una influencia vital en este Making Time en el que ya no hay ni rastro de aquel invento del post-dubstep del que algunos quisieron hacerle estandarte a principios de esta década. Ya en su debut, Mirrorwriting, se dejaba notar una inclinación por el r’n’b noventero y el soul clásico que aquí termina por romper para bien. Mucho más orgánico que su predecesor, de delicioso pulso jazzyMaking Time termina por ser esclavo de sus mejores momentos: el maravilloso cuarteto inicial (el que va de ‘Message‘ a ‘Celebration‘, el único tema no cantado por el propio Woon) pone el listón tan alto que el resto del minutaje palidece claramente en la comparación. Eso es, quizás, lo que le impide colarse en la lista definitiva, pero no ser disfrutado como un álbum íntegro y coherente, perfecto para escuchar de cabo a rabo. (Víctor Trapero)

Jenny Hval – Apocalypse, Girl

Jenny

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“What is soft dick rock?”, pregunta la siempre provocativa Jenny Hval antes de llegar al primer minuto de ‘Kingsize’, el prólogo de apertura de una obra conceptual en la que han colaborado el artista noise Lasse Marhaug, Øystein Moen (de Jaga Jazzist), el batería Thor Harris (de Swans), el arpista Rhodri Davis y la violoncelista Okkyung Lee. La respuesta, que queda en el aire, nos invita a reflexionar sobre la vulnerabilidad del género masculino respecto a la mujer. Podríamos esperar algo muy ruidoso dadas las contribuciones, pero la producción experimental en su conjunto es bastante comedida y sutil esta vez; no nos invaden los efectos ásperos y las guitarras rugientes que sí cobraban notoria presencia en Innocence Is Kinky. Si en ese álbum Hval ya hablaba con explícita crudeza de cuestiones como la identidad sexual, en Apocalypse, Girl sigue explorando los límites y ambigüedades de la condición humana enlazando un sinfín de abstracciones. En ‘The Battle Is Over’ encontramos una crítica mordaz a la pasividad de quienes niegan la existencia del movimiento feminista, cómodamente instalados en el patriarcado capitalista, y en ’Sabbath’, corte más surrealista, vemos a la Jenny Hval más accesible de toda su carrera. Su voz privilegiada va mutando durante el transcurso de cada una de las canciones, pasando de la palabra recitada a fraseos más propios del jazz, o de susurros a gritos desgarrados que explosionan desde la garganta. En un juego de confrontaciones constantes entre tonos, timbres e intensidades, la noruega logra convertir la intimidad en algo trascendente, tan incómodo como liberador. (Max Martí)

Julien Baker – Sprained Ankle

Julien-Baker-Sprained-Ankle

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¿Por qué nos gustan tanto los discos que duelen? En tiempos de electrónica musculosa, de súperproducciones pop adictivas pero inofensivas, y de las infinitas posibilidades sonoras que las aplicaciones digitales ofrecen hoy en día, llega una chica de 20 años de Memphis, con su guitarra colgada, sus canciones de dormitorio y su voz rota, y demuestra una vez más que donde hay verdad no es necesario ningún recubrimiento. Sprained Ankle es un disco que duele desde su primera imagen, ese tobillo torcido de su título que a todos nos habrá hecho ver la estrellas en algún momento de nuestra vida. Después duele por esa tensión palpable en sus canciones, intensas como exhalaciones y que terminan, tajantes, antes de tiempo. Por esos rasgados imperfectos y esas estructuras abruptas. Si uno se adentra en sus letras, se da cuenta de que Baker apenas alberga esperanza: “Wish I could write songs about anything other than death” dice en ‘Sprained Ankle‘, “‘Cause I’m good at hurting myself” en ‘Brittle Boned‘, “You’re gonna run / When you find out who I am” en ‘Everybody Does‘, incluso en la final ‘Go Home‘ solo habla de whisky, alquitrán y agujas. Y con todo, Sprained Ankle conmueve como pocos otros discos este año, duele porque todos hemos tenido 20 años y hemos pasado por épocas dolorosas, pero también reconforta porque sabemos que sirve de catarsis, como en su día hicieran For Emma, Forever Ago de Bon Iver y Hospice de The Antlers. (Aleix Ibars)

Majical Cloudz – Are You Alone?

Majical

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¿Estás solo? Pues ponte este disco y disfrútalo”. Así debería concluir el título de este álbum, el tercero del dúo canadiense compuesto por Matthew Otto Kolaitis y Devon Welsh, ya que se trata de una experiencia para vivir en primera, única y exclusiva persona. Incluso con unas décimas de fiebre y encamado, si me apuran. Partiendo de las bases minimalistas y electrónicas de Kolaitis, y de la conjugación verbal casi hablada de Welsh, el dúo ha restablecido su lenguaje en Are You Alone? con un tono ligeramente más etéreo, volátil, claro y optimista con respecto a su anterior obra, Impersonator. Las canciones son paradas casi imperceptibles de un viaje sin turbulencias entre la bruma de los buenos recuerdos. Conformando, en conjunto, un discurso delicado y poético sobre una envoltura tapizada. La voz tierna y sólida de Welsh sigue marcando las líneas maestras de la melodía global, como una hilera de boyas flotando en el amanecer de un mar en calma. Casi parecen flotar en el vacío, de hecho, pero la contribución de Kolaitis colorea de tonos pálidos el dibujo de fondo, discreto y subordinado a la siempre impecable conducción rítmica del cantante. Ahora bien, el discurso es tan homogéneo y ordenado que en esta ocasión cuesta individualizar los más grandes aciertos. Son destacables, por excepción, las sugerencias de un ritmo “acelerado” en ‘Control’ y ‘Are You Alone?, la familiaridad de ‘Heavy’ –mirar I Am Dive–, o la sutileza en el manejo del beat en ‘Downtown’; pero es de esos discos para poner en bucle y en random hasta que se pase la fiebre. Imprescindible esta temporada invernal. (Pablo Luna)

The Sonics – This Is The Sonics

Sonics

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Hablar en pleno siglo XXI de una banda que se erigía como un indiscriminado bofetón contra el pop de los Beatles o incluso contra unos rebeldes Rolling Stones allá en la década en que nació todo puede parecer una osadía atemporal. Pero, despojados de cualquier ornamento que pueda vincularles con la modernidad, el último trabajo de The Sonics activa los instintos más rudimentarios y es un testimonio vívido de unos septuagenarios con el vigor de unos imberbes a los que le queda todo el camino por delante. Arrolladores desde el magistral inicio de ‘I Don’t Need No Doctor’, los estadounidenses continúan su carrera tras un silencio de cinco décadas versionando a muchos de los grandes como Ray Charles o Bo Didley, que hizo grande el ‘You’ Can’t Judge a Book By It’s Cover‘ de Willie Dixon. No hay nada artificial en el mejor álbum añejo de esta temporada, que reivindica la autenticidad del pasado con la feroz contundencia que desprenden canciones como ‘Be A Woman’ o ‘I Got A Number’. Olvidemos sintetizadores y milagros informáticos, las máquinas no resisten la garra de unas cuerdas vocales bien afiladas con entrañas garajeras. Es solo rock & roll. El resto es de sobra conocido. (Carlos Marlasca)

The Weeknd – Beauty Behind The Madness

Weekdn

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Con Kiss Land, su ligeramente decepcionante álbum de debut, The Weeknd corría el riesgo de quedarse en tierra de nadie. Tras una trilogía de mixtapes publicada a lo largo de 2011 Tesfaye sentó las bases de un nuevo R&B, más lascivo que nunca, tenebroso y tortuoso y con interés y atractivo por y para el indie, por lo que se esperaba del canadiense un auténtico pelotazo que acabó en gatillazo. En lugar de esconderse y lamerse las heridas, decidió contraatacar en el momento oportuno y con las armas adecuadas para tocar el cielo del mainstream. Primero llegó su brutal alianza con Ariana Grande, ‘Love Me Harder’, después ‘Earned It’, su genial contribución a la banda sonora de Cincuenta Sombras de Grey y ya este verano, la presentación del sencillo de Beauty Behind The Madness, ‘Can’t Feel My Face’, en la puesta de largo de Apple Music, con toda una serie de ejecutivos que no le habían escuchado nunca y vieron en él al nuevo Michael Jackson. Este segundo disco era todo lo que se esperaba de él. No, no repitió la jugada de esas perfectas mixtapes, pero entregó una música que suponía un equilibrio perfecto entre el Abel de los principios y el que aspiraba a comerse el mundo (seguía Illangelo, su mano derecha de toda la vida, pero se sumaron caras nuevas como Max Martin, el rey midas del pop). No es el típico LP de estrella del pop plagado de artistas invitados. De hecho, las colaboraciones que hay son de lo peorcito del largo, salvando ‘Tell Your Friends’, una fábula sobre su meteórica ascensión coproducida por Kanye West, y un poco por los pelos ‘Prisoner’ con Lana Del Rey, una artista con la que tiene más en común de lo que parece. Entre medio, brillantes líneas sobre drogas (sí, van con segundas) y sexo (unas veces explícito y otras sutil). (Álvaro García Montoliu)

Yung Beef – ADROMICFMS 2

Yung

¿Es posible que todo lo que se ha generado alrededor del PXXR GVNG sea una alucinación colectiva? Pasaron de ser una minúscula referencia que brillaba en portales de rap underground como elúltimoplanb a convertirse en figuras centrales del panorama español en una escalada viral sin precedentes, apoyándose tanto en el provocar opiniones muy extremas (no sería exagerado decir que son el grupo que más polariza al público español a día de hoy) como en una desprejuiciada revisión de todas –absolutamente todas– las tendencias de la música urbana reciente. La segunda parte del emocionantísimo ADROMICFMS es un paso hacia el manierismo. El Seco, desatadísimo, oscila entre el trap intoxicadísimo y chillón (en ‘Michael Juggson‘ se cuela el espíritu de Chief Keef) y una suerte de baladas en la que explora un alter ego mesiánico que él mismo compara, muy acertadamente, con Lana del Rey. Con ella comparte un universo referencial entre lo criminal, el romanticismo y un aire nostálgico enrarecido que llega a su cima en la monumental ‘Ready pa morir‘. El granadino no deja de añadir clásicos a un repertorio que cada vez permite menos odios gratuitos. Hasta los que hace no tanto se reían de él terminan rindiéndose a la evidencia de que, por extraño que parezca, un MC así puede salir del nicho mochilero para gustar a indies y reggaetoneros. (Santi Fernández)

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