17/11/2015

Noche de ensueño para los amantes del pop electrónico menos obvio.

El sábado, con los disparos y explosiones de París aún retumbando, era un día bastante complicado para casi todo. Especialmente para asistir a un concierto: ese fue, precisamente, el plan maldito de muchas de las víctimas. Es probable que más de uno hasta se quedara en casa entrada en mano. En todo caso, fueron los menos: unos mil imprudentes (o, más bien, consecuentes) llenaron prácticamente la Joy Eslava, donde en diciembre debían actuar Eagles of Death Metal. Hubo detalles elocuentes en el repertorio, como que Empress Of, la fantástica telonera, recordara sus raíces hondureñas repescando ‘Tristeza‘, una de sus primeras canciones. En el resto de la gira no ha sido costumbre. También que Purity Ring, los protagonistas, echaran el cierre con ‘begin again‘ para después abandonar un escenario iluminado con los colores de la bandera gala. Tras la tristeza, volver a empezar. No queda otra.

Entre uno y otro momento, dos demostraciones bastante similares de cómo reformular el pop (electrónico) y una sospecha: ambos proyectos no son más populares, no han saltado de círculos relativamente alternativos, porque de momento no parece interesarles. Empress Of y Purity Ring tienen tics y maneras de cosa grande y están encabezados por mujeres con madera de estrella, pero el revestimiento de su discurso (nada obvio, ligeramente intrincado) les hace todavía algo esquivos para el gran público. Ya habrá justicia.

Empress-Of-(102)R

La primera, una bailonga Lorely Rodríguez acompañada por batería y teclista, ya está para retos mayores. Entre manos tiene material y actitud suficiente como para ser el reclamo principal del cartel. Mucho más suelta que en el reciente Primavera Club, acertó al dividir su escueto show en dos mitades claramente diferenciadas: una más introspectiva y reposada que concluyó con la citada ‘Tristeza‘ (y que sirvió para comprobar que la chica tiene voz) y otra desbocada, casi rave, en la que se sucedieron ‘To Get By‘, ese pequeño gran hit que ya es ‘How Do You Do It‘ (empalmadas magistralmente sin pausa entre una y otra) y ‘Kitty Kat‘ y, con ellas, esa bendita pero algo peligrosa sensación de estar prácticamente saciado a la altura de los entrantes.

No fue problema para unos Purity Ring que, sencillamente, avasallaron. El paso adelante ejecutado en su segundo álbum, ese adictivo another eternity que fue presentado de cabo a rabo, tuvo reflejo en escena: la inicial ‘stranger than earth‘, ‘flood on the floor‘ o ‘bodyache‘ sonaron aún más expansivas, directas y musculosas que en su versión de estudio. Que ya es decir. Un ambiente de euforia del que se contagian los temas repescados de su debut (‘Obedear‘, ‘Belispeak‘, ‘Fineshrine‘), en principio bastante más vaporosos y escurridizos. Casi da cosa entregarse al baile mientras Megan James desgrana letras esencialmente amargas, pero no queda otra: lo que los canadienses proponen en directo, entre el carisma de James, un juego de luces maravilloso y su tendencia a entregarse a pasajes poco menos que makineros, es una experiencia tirando a arrolladora. También sabiamente efectista: truquitos como los cachivaches de ciencia ficción de Corin Roddick o el gong luminoso que James aporrea en ‘dust hymn‘ consiguen que cierta impresión de homogeneidad se esfume y que, para disgusto de los puristas anti-pregrabados, el triunfo sea incontestable. Armas buenas para que todos ganemos.

Purity-Ring-(89)R

Purity-Ring-(126)R

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Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos
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