09/11/2015

Luces y sombras en el concierto de presentación del exquisito Divers.

Hasta cuatro periodistas musicales (que yo conociera) conté solo en las dos primeras filas del concierto de Joanna Newsom en el BARTS de Barcelona. Todos ellos, hasta donde yo sé, con su entrada comprada, nada de acreditados por la promotora y situados en el espacio preferente. Un detalle totalmente anecdótico de no ser por el contexto general de pequeña decepción que sobrevoló la velada, ya que la artista de Nevada City no logró (ni se acercó a) llenar el aforo de 900 personas que, en un mundo normal, debería haber agotado con facilidad.

¿Cómo llegamos a esta situación, teniendo en cuenta que su última visita en sala, en el Palau de la Música, registró un lleno casi total con más del doble de aforo? Los motivos pueden ser varios. Por un lado, que el concierto se anunció solo un mes y medio antes de su celebración (aunque todos sabemos que si el artista tiene tirón, 24 horas son suficientes para llenar una sala de aforo medio). Por otro, Divers, su nuevo álbum, no lleva ni un mes en la calle, y a pesar de ser su trabajo más meridiano, contenido y abordable, sigue requiriendo de un tiempo de inmersión para percibirlo como la obra maestra que es. Y en último lugar, la nula presencia de Joanna Newsom en el mundo digital (esto es, desde Twitter a Facebook pasando por las plataformas de streaming como Spotify), que tanto nos gusta a sus fans por la coherencia que destila, puede estar empezando a pasarle factura a la hora de llegar un poco más allá de su comunidad de fieles.

Porque es muy irónico que la Joanna Newsom más accesible de toda su carrera se encontrara con la menor recepción de público de los últimos años. Quizá, con ella, sí se cumpla ese tópico de que la crítica la adora por encima de las posibilidades (y gustos) del público.

Joanna Newsom

Ella, como siempre, estuvo espléndida. Que no perfecta. Se notó desde el principio que era tan solo la cuarta fecha de la gira de Divers, y que este no es un repertorio que se ensaye en una semana. Era fácil percibirlo en las miradas constantes que se cruzaban sus tres acompañantes (su hermano Pete Newsom, la –no solo, aunque especialmente– violinista y corista Mirabai Peart, y el multi-instrumentista Ryan Francesconi) con la protagonista de la velada, y en la actitud de la propia Newsom, sonriente y encantadora como siempre pero con algún que otro traspié (con su arpa, con el orden de las canciones) que, lejos de empañar en absoluto la calidad global de su puesta en escena, solo la hizo un poco más humana. Eso, sumado al indiscutible talento musical de sus tres escuderos permitió que, si bien se notaba que dentro de unos días, con la gira ya rodada, su ejecución será impecable, se percibieran algunas costuras, en parte también propiciadas por una formación algo más reducida que en otras ocasiones.

Una puesta en escena, la de esta gira, centrada casi exclusivamente en Divers, hecho que modificó ligeramente la experiencia vivida en el concierto. Más que una noche de celebración y degustación de los lugares comunes de las canciones de Newsom, la noche sirvió para descubrir los entresijos de su último álbum. Para rendirnos sin contemplaciones a la magia de ‘Anecdotes‘, el tema que abre Divers, y que llegó en el concierto justo después de ese inesperado arranque con ‘Bridges And Balloons‘, probablemente su canción más popular todavía a estas alturas. Curioso que la artista decidiera empezar y terminar el concierto con las dos únicas canciones de su primer disco que tocó, siendo la última de ellas la portentosa ‘Peach, Plum, Pear‘, como si de un reconocimiento a su propia trayectoria se tratara.

Porque la Joanna Newsom de ahora es distinta. Sigue alternándose entre su inseparable arpa y el piano de cola, a veces incluso durante la misma canción, pero ha cambiado: su voz es mucho más comedida, ya no hace esas muecas para intentar llegar a los límites de sus cuerdas vocales, y su discurso musical ha llegado a un punto en el que puede emocionar igual o más que antes con menos elementos. De ahí que algunos de los momentos de la noche provinieran de temas nuevos menos grandilocuentes como ‘Divers‘, una ‘Sapokonikan‘ que va directa a lo más alto de la lista de canciones del año y que en el quiebro de su parte central derrumbó a más de uno, o esa ‘Time, As A Sympton‘ con un trepidante final en el que Joanna lucha con su voz contra todos los elementos instrumentales de la canción.

A su lado, piezas de trayectoria más que consumada como ‘Cosmia‘, ‘In California‘ (también con glorioso final) o la demoledora ‘Baby Birch‘ casi logran hacernos olvidar la ausencia de ‘Emily‘, ‘81‘, ‘On A Good Day‘ o ‘Sawdust & Diamons‘ (sin conseguirlo del todo), aunque con la extensión de sus canciones queda claro de antemano que habrá que hacer grandes sacrificios en lo que a repertorio se refiere.

Y al final, más allá de haber tenido la oportunidad de ver a una artista con el talento desbordante de Joanna Newsom –y en el estado de gracia creativa que ha demostrado con Divers– encima de un escenario otra vez, y de dirimir si los pequeños fallos mueven su sobresaliente habitual al notable, lo que asomaba al ver las sillas vacías dirigiéndonos hacia la salida era pensar que esta podría haber sido la última vez. Ojalá no.

Y que no se quede entre sus devotos: escúchenla sin prejuicios, degusten sus canciones con paciencia, déjenlas crecer y verán cómo, al final, un fragmento emotivo a la vez, llega la recompensa.

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Foto. Rosario López   Conciertos
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