16/10/2015

Lorely Rodríguez, que actúa en breve en Primavera Club y como telonera de Purity Ring en su concierto de Madrid en noviembre, es la mujer del momento. Una artista total llamada a comerse el mundo.

Si habéis estado más o menos atentos a la actualidad musical en los últimos tres años, probablemente os hayáis topado con el nombre de Empress Of. Pero la artista que conocimos a finales de 2012 no tiene nada que ver con la que nos asombró hace un mes y la que es, sin lugar a dudas, la gran estrella de este Primavera Club 2015 con su álbum de debut recién salido del horno. Su trayectoria hasta ahora siempre era ascendente, pero los pasos que daba eran pequeños. Se la comparó con Class Actress, entrañable pero olvidada por muchos, Nite Jewel, completamente desaparecida en combate y demasiado añorada, Glasser, que ha perdido mecha tras un segundo disco algo fallido por sus intenciones arty, o Chairlift, que acaban de protagonizar uno de los retornos del año. El caso es que eso, su música no daba ninguna pista del alboroto que causaría un tiempo después. Pero vayamos al principio.

Empress Of es Lorely Rodríguez, una angelina de padres hondureños que dejó su ciudad natal para mudarse a Nueva York. Según cuenta ella, en Los Ángeles despertaba la mirada de los más impertinentes, que venían en ella a un bicho raro de pintas raras, atuendos con abundancia de tonos oscuros y un llamativo pelo de color rojizo y rizado. También había otro motivo de peso, que en la costa del Pacífico no pegaba ni sello y que quizá pensó que en la Gran Manzana encontraría la frenética actividad que echaba en falta en California. Acertó. Antes de emprender su carrera en solitario, formó parte brevemente del grupo de art-rock brooklynita Celestial Shore. A finales de 2012 colgó en Youtube sus primeras piezas de música. En total eran quince, numeradas, coloreadas y de un minuto de duración, que bautizó como ‘colorminutes’. Eran canciones predominantemente electrónicas que, como decíamos, recordaban a todos los artistas que hemos mencionado antes, pero también con toques de dream-pop tanto retro (Cocteau Twins) como actual (Beach House). Por aquel entonces, poco o nada se sabía de ella. Su web era una cachonda imitación de Craiglist en la que se decía: “Lorely Rodríguez es Empress Of, éste es un proyecto de vista y sonido”. Como tantos otros productores optó por jugar mostrarse misteriosa, pero conforme el boca a oreja crecía, no tuvo más remedio que revelar su verdadera identidad.

Medio mes después de esos ‘colorminutes’, la americana colgó su primer single propiamente dicho, ‘Champagne’, con un rollito muy Dirty Projectors en las voces (una pena que no actúe en el Primavera Club el mismo día que Deradoorian). Su cara B, ‘Dont’ Let Me‘, mostraba su lado más introspectivo en una balada arrebatadora. Con poco material ya quedaba claro el imaginario musical de Empress Of, pero en marzo de 2013 lanzó un EP de cuatro temas, algunos de ellos cantados en español, que no hacían más que confirmarla como la sensación del pop electrónico del momento, otra figura obsesionada con la música de los 80 y 90, pero que la reinventa a su antojo con unas producciones avanzas y fascinantes. Pero pasó el tiempo, fue ofreciendo bolos en festivales y conciertos, teloneando a Florence + The Machine, JUNGLE o Jamie Lidell y no hubo más material. Hasta que a mediados de este año se anunció su álbum de debut, Me, que edita Terrible Records, una boutique label, como dice los ingleses, dirigida por Chris Taylor de Grizzly Bear que ha sacado trabajos de Ramona Lisa (Caroline Polachek de Chairlift), Solange, Kindness o Twin Shadow.

Como bien explica Pitchfork en la crítica del disco, la evolución de Rodriguez tiene mucho que ver con la propia escena indie. Del pop de intenciones arty de sus inicios, pasando por el luminoso synth-pop y el bello dream-pop de sus primeros pasos como Empress Of, ha llegado a algo todo terreno. Podría llamarse pop, R&B o electrónica a lo que ella hace aquí. Pero en realidad es mucho más que eso. Es una música avanzada muy apropiada para unos tiempos en los que triunfan artistas de vocación experimental como FKA twigs. La artista lo tiene todo, una voz que arrebata desde la primera escucha, una pluma que, aunque tira de los tópicos del R&B, ya sabéis, rupturas, amores no correspondidos, sexo, utiliza un estilo muy cuidado y detallista, y una visión de la música panorámica. ‘Kitty Kat’, con unos sintes punzantes y casi dañinos tiene ecos de esa St. Vincent agresiva, ‘How Do You Do It’ es una de las mejores canciones house-pop del año, ‘To Get By’ tiene un ritmo endiabladamente divertido, ‘Standard’ sabe la conjugar oscuridad con accesibilidad o los acercamientos al disco como ‘Threat’. Me son 34 de los mejores minutos que disfrutarás de pop este año. Hay tanta variedad, tanta sorpresa, tanta originalidad, que es fácil que quieras volver a escucharlo una y otra vez. El tiempo lo dirá, pero tiene todo el potencial para convertirse en una superestrella del pop vanguardista. Aprovechen ahora que pasa por salas pequeñas para verla antes de que sea más difícil y caro disfrutar de ella en vivo.

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