15/10/2015

Repaso al festival más inconformista de Madrid.

Es admirable la obstinación con la que el Villamanuela intenta hacerse un hueco en Madrid. El eclecticismo underground de la cita y las dificultades inherentes a la capital española para acoger este tipo de eventos provocan que el lleno en algunos de los locales con paupérrimas condiciones que sirvieron de sedes se acogiera con cierta satisfacción. El barrio de Malasaña también presentaba su mejor cara durante un festival que puede presumir de coherencia y personalidad y de ser uno de los pocos, quizá junto con el Mulafest, que pelean por animar la esquelética escena musical de la ciudad y acortar la sideral distancia que la separa de Barcelona.

Huyendo siempre de las propuestas más accesibles y alegando a la curiosidad, la propuesta contó con un respaldo que hace pensar en una obligada mejora para próximas ediciones. Fat White Family fueron los encargados de dar el enérgico pistoletazo de salida. Presentes en el pasado festival de Glastonbury, los británicos pasaron por encima de la ostentación toxicómana de su cantante y se mostraron como una banda firme y solvente. Con las credenciales de Lias Saudi para formar parte del funesto club de Janis Joplin, Brian Jones o Amy Winehouse sobre la mesa, el quinteto supo dar brío a su punk de retazos folk y guiños a The Fall con los sólidos desarrollos instrumentales de canciones como ‘Auto Neutron’. El escepticismo inicial desembocó en el éxtasis de ‘Bomb Disneyland’ o ‘Is It Raining in Your Mouth?’ a una hora en la que nadie se esperaba una descarga de esa magnitud.

Igual de abrasivos que Fat White Family pero en una dimensión más atormentada se mueven Girl Band, que abrieron presentando parte del arsenal que conforma su debut. Digamos que si Lias Saudi representa al Jim Morrison del concierto de Miami de 1969, Dara Kiely (con muletas) es equiparable al Kurt Cobain más doliente. Una actuación contundente que valida temas tan rabiosos como ‘Pears For Lunch’.

Matana

Adrenalina a borbotones que debía dejar en algún momento que la música amansara a las fieras. Si es cierto que el entorno es adverso, es poco comprensible que los organizadores del festival encontraran espacio para el jazz de autor de Matana Roberts en un tugurio más destinado a los últimos fogonazos de la madrugada sin demasiadas exigencias. En la planta baja de Siroco, la mitad de la sala intentaba que la hipnosis propuesta por la estadounidense no se diluyera bajo los murmullos de la otra mitad. Ella, mientras tanto, se defendía sola en un escenario sonorizando con voz y saxo sus raíces negras mostradas en imágenes con un discurso complejo pero preciosista que nunca encontró la recepción que merecía, algo que sí hubiera posibilitado el escenario de El Cielo. La otra nota de exotismo la protagonizaron E.E:K junto a Islam Chispy, una formación egipcia con con dos baterías y un teclista que llevan a buen puerto la fusión de melodías árabes con su virtuosismo rítmico.

La actuación de E.S.G. era una de esas que se hacían esperar. Sus temas sirvieron para samplear la eclosión hip hop de los noventa y se transformaron en las bases de Wu Tang Clan o Beastie Boys, por poner algunos ejemplos. Pocos discos para una influencia tan pronunciada del post punk más rítmico, una versión negra y añeja de LCD Soundsystem, para entendernos. Suplieron las limitaciones de su edad con simpatía y actualizando clásicos como ‘Dance’ que encontraron un buen respaldo. El mismo precepto es el que marca la trayectoria de Golden Teacher, una banda que sigue la estela de !!! (Chk, Chk, Chk) con temas largos y una constante apelación al jolgorio.

Bailar también forma parte del ideario de C.A.R. La francesa es parte de la escudería de Kill The DJ’s, el sello regentado por Chloé e Ivan Smagghe. Junto a sus dos compañeros, se sobrepuso a un escenario inicialmente desangelado que nunca les amilanó. Y entre la presentación de nuevas canciones y su clásico ‘Idle Eyes’ consiguió hacer olvidar el bodrio protagonizado por su compatriota College el pasado año y dejar un buen recuerdo del french touch en la capital. El mayor reclamo en el ámbito de la electrónica, el noruego Lindstrøm, dejó saciados a los muchos que esperaban su directo en el que prevaleció su versión más discotequera, dejando su lado más morodiano para otras ocasiones.

Además de E.S.G había dos nombres fundamentales en el cartel. El primero era Moon Duo, cuya densidad puede ser excesiva para algunos oídos. Tienen claro cuál es su concepto y lo explotan hasta la saciedad con algunos de los mejores temas de su último y reciente trabajo como ‘Zero’. No sorprenden, pero tampoco defraudan a un público más preocupado por la introversión espiritual que por levantar los brazos. Lo de The Sonics no admite dudas. Por lo que representan y por lo que hicieron sobre las tablas su actuación merece el calificativo de ‘histórica’. Rock garajero sin tregua de unos setentones cuyo This Is The Sonics muestra un vigor inaudito para su longevidad. A canciones como ‘I Don’t Need No Doctor’ se unen otras con cincuenta años que suenan a himnos como ‘Psycho’ con unos instrumentistas que conocen perfectamente los entresijos del género. Cuesta comprender la sorpresa de los estadounidenses ante la memorable catarsis que provocaron. Su actuación, por sí sola, bien vale un Villamanuela.

Publicidad
Publicidad