19/08/2015

Crónica de la visita sorpresa del proyecto principal de Diplo a la ciudad condal.

Cada generación tiene sus códigos, sus adversarios, sus ídolos y sus propios momentos definitorios. Son momentos en lo que de alguna forma todo lo que lleva tiempo gestándose se visualiza, toma forma y deja su huella para el futuro. La sala Razzmatazz de Barcelona vivió ayer una de esas noches con la actuación (no sé si concierto sigue siendo la palabra adecuada) de Major Lazer. Si hace precisamente 10 años unos imberbes llamados Arctic Monkeys tomaron el escenario de la misma sala en uno de esos conciertos que han definido una época, y hace 13 (glups) hicieron lo propio unos neoyorkinos descarados llamados The Strokes, anoche cristalizó en la ciudad condal el evidente reinado de Diplo a través de Major Lazer, su proyecto principal, que sorprendentemente nunca había actuado como tal en sala por estos lares (sí estuvieron en el Sónar 2013, y su protagonista es más o menos habitual en las cabinas de la ciudad). Las coordenadas estructurales, que no estilísticas, pueden resultar similares: surgidos de un cierto underground, todos poseen el atractivo suficiente para penetrar en las masas, con la diferencia de que actualmente los modelos de distribución (y las ganas de jarana del personal en general) permiten que si cuentas con bombazos como ‘Lean On’ o ‘Watch Out For This’ estos se extiendan como la pólvora a nivel planetario, y que 2015 haya sido el año definitivo para ello.

Desde su anuncio relámpago 24 horas antes a través de las redes sociales, hasta la propia concepción, todo en Major Lazer responde a los gustos de una nueva generación: buffet libre de canciones que van sonando sin pausa y sin espacio para el aburrimiento ni tampoco la degustación paciente, y un constante bombardeo de estímulos para la generación Spring Breakers que no conoce el aburrimiento. Podría parecer que Diplo y compañía nos toman por hámsters con trastorno de deficit de atención y poca cultura musical si no fuera porque su actuación acaba resultando tan condenadamente divertida. Y digo actuación porque Major Lazer Soundsystem (que así es cómo se presentaba el combo) básicamente consistió en Diplo y Jillionaire tras los platos y encima de ellos dirigiéndose constantemente al público –uno de esos códigos del EDM que desesperan, y con razón, a los no iniciados–, junto a cuatro incansables bailarinas perfectamente seleccionadas (dos negras, una rubia y una asiática) y, cómo no, dosis constantes de confeti, luces, gases, y cosas gratis (esto me sorprendió, Diplo se pasó los primeros minutos del show tirando cosas al público, desde toallas a lo que parecían ser caramelos). No hubo ni rastro de Walshy Fire, tercera pata del grupo, que en cambio sí estuvo la noche antes en el festival Rototom Sunsplash de Benicàssim, pero tampoco se le echó en falta en la bacanal sensorial que comandó el productor norteamericano.

Major-Lazer-1

Así que por si el repertorio de Major Lazer –cimentado en tres discos que cuentan con un desfile de ritmos y voces que van del dancehall al pop pasando por la electrónica de masas– no fuera suficiente, ellos aderezan su espectáculo con píldoras externas, sea el hit del momento en Estados Unidos (‘Trap Queen’ de Fetty Wrap), un remix de la renacida ‘Heads Will Roll’ de Yeah Yeah Yeahs, o fases completas dedicadas al trap, el género que lleva ya un tiempo llamando poderosamente a la puerta y que protagonizó buena parte del tramo central. Todo, por supuesto, en cápsulas de apenas 30 segundos, suficientes para el «ohhh» de rigor si conoces la canción, y para que le puedas dar metafóricamente al «next» (o al Shazam) en caso contrario.

Los nuevos códigos, siempre pensando en el público, también implican no encariñarse ni siquiera con sus propios temas: joyitas propias como ‘Powerful’ o ‘Be Together’ apenas asomaron la cabeza durante unos segundos en el set, conscientes de que no podían competir con el poder abrumador de una ‘Get Free’ remezclada en clave trap, una ‘Watch Out For This’ que le debe media vida al anuncio de Pepsi, y, cómo no, a la joya de la corona que fue ‘Lean On’, la canción del verano y quién sabe si del año, que en la recta final del set fue de las pocas que superó los dos minutos de duración (sin que eso signifique que sonó entera, ni mucho menos; no va de esto el asunto) y que supuso el cénit melódico de una noche de beats y bajos gruesos.

«All we need is somebody to lean on» #LeanOn #MajorLazer

Un vídeo publicado por Indiespot (@indiespots) el

Si además al amigo Diplo, que recordará el año 2015 como el de su asalto definitivo al mainstream, le da por rescatar en el tramo final las dos piezas clave de Jack Ü, su proyecto con Skrillex, como son ‘Take Ü There’ con Kiesza y ‘Where R Ü Now’ con Justin Bieber, y difumina el final de su actuación porque, aunque el resto de su equipo –Jillionaire y las bailarinas– se baja del escenario, él se queda pinchando sin previo aviso y por simple placer, queda claro que la noche de ayer en Razzmatazz es una de aquellas que podrán rememorarse durante muchos años.

MAJOR

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