01/08/2015

Tres días mágicos en Ferropolis (Alemania) con Alt-J, Mogwai, Jon Hopkins, Jamie xx, Kylie Minogue, Flume...

Es fácil imaginar que lo que define a un festival es su cartel, su selección de artistas, su apuesta musical. Y eso implicaría que es mismo vivir un festival en Chicago que en Tokyo o en una aldea remota de Inglaterra. Pero un festival al final es una suma de experiencias, que por supuesto incluyen concierto y noches inolvidables pero que acaban configurando espacios en los recuerdos de cada uno que para muchos competirán con los más felices. Uno mira el cartel del festival Melt!, celebrado desde hace años en un lugar llamado Ferropolis a dos horas de Berlín, y puede enamorarse de su combinación, seleccionada a mano y con gusto impecable, entre electrónica refinada, electrónica de fiesta, pop de altos vuelos y algún revival. Pero es cuando se pisa por primera vez el lugar, un museo al aire libre de maquinaria industrial de mitad del siglo XX, cuando se constata que el Melt! es un festival único, de tamaño manejable y con una atmósfera en la que solo se respira entusiasmo y emoción.

Con cinco escenarios (el principal, dos en la playa –el recinto se estructura alrededor de un lado– y dos carpas) y un cuidado extremo a la hora de ambientar el espacio, bien con iluminación adornando las enormes grúas, bien con la propia estructura de los escenarios, todo en el Melt! está orientado a que el público pueda disfrutar cómodamente de una experiencia que este año contaba con nombres del calibre de Alt-J, Kylie Minogue, Mogwai, Jamie xx, Flume, Years & Years, Jon Hopkins y London Grammar, entre muchísimos otros. Y allí estuvimos para disfrutar del secreto mejor guardado a nivel de festivales europeos de tamaño medio, con maravillas como ese escenario casi legendario llamado Sleepless Floor en el que la música no deja de sonar en ningún momento, desde el fin de la primera noche de festival hasta las 12 de la mañana del lunes siguiente. Bienvenidos al Melt! Festival.

Melt

VIERNES 17 DE JULIO

Y nada mejor para darnos la bienvenida al festival en su primera jornada que Modeselektor, grandes amigos del Melt!, que cuentan con su propio escenario en una de las playas del lago. Precisamente ellos mismos lo inauguraron en pleno fragor de la tarde alemana (que, por si no lo saben, es casi tan calurosa como la de Benicàssim) con un set de canciones ambient para abrir el apetito y los espectros sonoros del personal, que pronto pudo ver a la futura estrella del pop Tove Lo sudar lo que no está escrito bajo un sol abrasador al son de hits como ‘Habits (Stay High)’.

Years & Years, uno de los atractivos de temporada de este año, hicieron bueno el dicho de que hay pocos grupos debutantes que rindan con garantías en un escenario. Empezaron con problemas técnicos y su cantante Olly Alexander todavía tiene un largo camino por recorrer en lo que a la voz en directo se refiere, pero su arsenal de hits (‘Take Shelter’, ‘Desire’, ‘Shine’, ‘King’…) es de los que levanta cualquier cosa. Eso sí, nos fuimos corriendo al escenario de la playa porque era el momento de Jamie xx, con el atardecer de fondo y su brillante In Colour listo para ser presentado. Con un set que fue prácticamente calcado al del Sónar, el británico maravilló al personal con sus temas clave y perlas externas (desde algunas joyas de carácter africano a la imprescindible ‘Just’ de Bicep), para terminar con ‘Loud Places’ y ‘I Know There’s Gonna Be (Good Times)’. Una raya más para el tigre.

Jamie

El final atronador de Mogwai con ‘My Father, My King’, en una de las solapaciones más duras del festival (con Jamie xx) fue suficiente para comprobar que todo sigue en orden con los escoceses. La oscuridad ya pedía un poco de ritmo, algo que la luminosa sesión de DJ de Bonobo se encargó de ofrecer, mezclando su característico sonido expansivo con una contundencia techno que muchos agradecieron. Y como el festival de deliciosos contrastes que es el Melt!, la siguiente hora se la repartieron entre el house comercial pero altamente divertido de Claptone, con un interesante directo, y la genialidad electrónica y clásica al mismo tiempo de un Nils Frahm que abrumó a todo el festival pese a actuar a la 1 de la madrugada.

Después, el directo del australiano Flume, uno de los nuevos valores de la electrónica a nivel mundial, brilló por su puesta en escena, aunque tiene lo mismo de epatante que de prefabricado, dando la sensación de que el productor apenas tiene margen de improvisación encima del escenario. Aún así, bailar ‘Sleepless’, ‘Drop The Game’ o su remix de ‘You & Me’ de Disclosure mereció la pena. Un set, el de Flume, completamente distinto al de Modeselektor, que repartieron cera como nunca en su propio escenario para cerrarlo, dejando paso en otro escenario a los valientes que, ya con el sol apareciendo, vibraron con la fusión entre techno, hip hop y virtuosismo a los platos de A-Trak (su célebre remix de ‘Heads Will Roll’ casi hunde la carpa que lo albergaba).

Flume

SÁBADO 18 DE JULIO

El segundo día de un festival de tres es particularmente clave para el desarrollo del mismo, especialmente si uno ya tiene cierta edad y la acampada es la única opción de alojamiento y “descanso” existente en el festival, como es el caso del Melt! (es lo que tiene que se celebre lejos de cualquier núcleo urbano, el pueblo más cercano está a unos 30 minutos en coche). Por eso la segunda jornada empezó algo tardía con el pop psicodélico de Django Django, que pese a mostrarse voluntariosos no terminaron de conseguir un concierto fluido, en parte debido a la distancia que separa hits como ‘Default’ o esa ‘First Light’ de su nuevo disco con el resto de su discografía.

La indietronica emocional de Funkstörung en el escenario situado en la playa del lago fue una bonita banda sonora a los últimos rayos de sol del día, si bien se quedó en eso, banda sonora algo insustancial sin arrancar en ningún momento. Lo contrario que Kink, productor búlgaro, que ofreció una exhibición de contundencia electrónica construyendo sus temas de forma totalmente orgánica, y llevando al público con sus continuas subidas, explosiones, y vueltas a empezar. De aquellas sesiones que se disfrutan mucho más sabiendo que todo lo que suena surge en ese momento.

Melt! Festival Friday

Lo de abandonar Kink para ir a ver Giorgio Moroder fue el gran error del festival: el legendario productor italiano llegaba al festival con su inacable trayectoria como excusa, pero especialmente con su resurgimiento de la mano de Daft Punk y de ese nuevo disco, probablemente innecesario y vapuleado por la crítica, que es Déjà Vu, publicado este año. Pero su presentación en directo, fundamentada en un Moroder escudado detrás de una mesa de DJ, con lo que parecía a todas luces ser una sesión pregrabada de remixes de sus éxitos en clave bakala, no ayudó en absoluto. Con decir que ni siquiera Kylie Minogue, que actuaba minutos después en el mismo escenario, salió a cantar ‘Right Here, Right Now’, la canción en la que ha colaborado con Moroder para su último disco, es suficiente.

¿Y qué decir de Kylie? La diva australiana aterrizaba en el festival como el gran reclamo pop que es, congregando a la mayor cantidad de público del fin de semana, y como viene siendo habitual en ella, no defraudó: arsenal de hits de todas las épocas (hablamos de una artista que lleva publicando hits desde los años 80, cuando Lady Gaga y Katy Perry ni habían nacido), simpatía y sensualidad a raudales, versión de la adorada por los alemanes ’99 Red Balloons’ por sorpresa, y aclamación popular. Todos contentos.

Melt! Festival Saturday

Y acto seguido, en otro de los contrastes que define la grandeza del Melt!, un portentoso directo de Jon Hopkins, plagado de techno sombrío, instantes preciosos de ambient, visuales que combinaban las luces con vídeos a pantalla gigante, y un Hopkins hiperactivo por el que parecía que la música circulaba a través. La mejor hora, sin duda alguna, de todo el festival. Pasar de las bofetadas sonoras de Hopkins a la caricia bailable y seductora de Odesza fue el mejor aterrizaje posible para una noche de idas y venidas, que después de bailar hits de electrónica elegante como ‘Say My Name’ y ‘Sun Models’ se embarcaron hacia la oscuridad de la noche y el posterior amanecer con las sesiones implacables de Sven Vath y Ryan Elliott.

DOMINGO 19 DE JULIO

Y el último día, la tormenta llegó (otro clásico del festival alemán: calor durante el día, fresquito por la noche… y probabilidad alta de lluvia) y nos privó de ver a los emergentes Gengahr, uno de aquellos nombres pequeños del cartel que apetecía ver dando sus primeros pasos. La lluvia, sin embargo, no fue suficiente para evitar que viéramos a Catfish And The Bottlemen, también debutantes pero mucho más rodados debido a su infeccioso debut y a su meteórico ascenso en el Reino Unido, donde ya suenan como sucesores de The Strokes y Two Door Cinema Club. Viendo las tablas que gastan encima del escenario, pese a la lluvia y los constantes problemas técnicos, y escuchando himnos como ‘Cocoon’ y ‘Kathleen’, queda claro que son una de las esperanzas británicas del pop guitarrero actual.

Poco después, la sueca Seinabo Sey se ganaba a toda la carpa del escenario Intro con su carisma, su sencillez y una voz que le permitirá llegar hasta donde quiera. Con alma soul pero producción a la orden del día, la versión de ‘Rather Be’ de Clean Bandit fue emotiva, pero con la emocionante ‘Younger’ más de uno y de dos tuvieron que reprimir las lágrimas y los escalofríos. Increíble.

Jamie T, sin embargo, fue una desilusión en el escenario principal: pese a ser recibido por una lluvia suave, algo que le debió de hacer sentir como en casa, su propuesta es de las que necesita de un público eufórico y participativo para brillar, algo que sacado del contexto británico y con la frialdad germánica costó de conseguir. Pasó sin pena ni gloria, y eso que en esta casa somos fans tanto del Jamie gamberro de ‘If You Got The Money’ como del maduro de ‘Don’t You Find’. Algo similar les pasó a Ride, que probaron la cara más amarga del fracaso al actuar en un escenario principal ni medio lleno, ante la indiferencia generalizada de un público muy poco receptivo ante una de las consideradas reuniones del año. Ellos cumplieron sobradamente, todo sea dicho.

Melt! Festival Sunday

Donde sí hubo comunión, como era de esperar, fue con Alt-J. Tanta fue la conexión que ellos mismo afirmaron que era uno de los mejores espacios en los que habían tocado (y les creemos). Sobriedad, coherencia y refinamiento fueron las claves de su directo, en todo momento controladísimo y sin momentos para la dispersión. Si algo hay que lamentar es la falta de intensidad de los puntos álgidos, algo que sacrifican a favor de que sus voces brillen como en el estudio y que todo acabe resultando uniforme. Con todo, nadie diría que son un grupo con solo dos discos, y resulta evidente que esto solo acaba de empezar.

Para después, un paso rápido por la sesión del héroe local Alle Farben y su macrohit ‘She Moves (Far Away)’ y la consiguiente despedida del recinto del festival, y directos a la despedida del Melt!, en un Sleepless Floor primero calentada por el house de Hot Since 82, y rubricada con letras de oro por Ellen Allien, que con su tradicional set de 4 horas de cierre fue la encargada de poner el broche de oro a una edición que, para los más valientes, todavía se alargaría hasta las 12 de la mañana del mismo día, pero que para quien escribe esto terminaba con un autobús directo al aeropuerto de Berlín, ya con la nostalgia de haber vivido un festival mágico en el que, sin duda, habrá que repetir. ¡Hasta el año que viene, Ferropolis!

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Foto. Stephan Flad, Robert Winter, Thomas Quack   Festivales
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