12/06/2015

Los viejos conocidos del cartel.

Son 22 ya las ediciones de un Sónar que nació en una sala minúscula y ambiciones igual de moderadas para acabar erigiéndose en el referente y el escaparate de todo lo que sucede en el mundo de la electrónica mundial, al menos durante la semana de su celebración. Y todo eso gracias al apoyo de los que pensaron que lo de música avanzada tenía que dejar de ser un sueño futuro para presidir el presente musical, un público que respondió al envite y al que se ha ido sumando cada día más adeptos, y un buen puñado de músicos que han hecho suyo este festival. Hoy comenzamos a repasar el Sónar 2015 hablando de alguno de esos viejos conocidos que suelen encabezar el cartel y que por un motivo u otro siempre serán bienvenidos en las huestes barcelonesas. Que repitan cuando quieran.

The Chemical Brothers, a la tercera va la vencida

The Chemical Brothers

La primera visita de los hermanos químicos al Sónar supuso un antes y un después, no para ellos (ya curtidos en mil batallas y en proceso de vivir de rentas) sino para propia la cita musical barcelonesa: el festival había aceptado ya su madurez, esto es, que la electrónica dejaba de ser el coto cerrado de los que querían vivir al margen de las listas de ventas para abrazar la popularidad sin por ello perder la esencia. Aunque no lo parezca, se había ganado la batalla.

La asociación musical entre Tom Rowlands y Ed Simons fue (y es) una de las cuatro patas de la mesa (las otras tres, para el que esto escribe son Daft Punk, The Prodigy y Underworld sin olvidarme de la vertiente más hooliganera de Fatboy Slim y experimental de The Orbital) que asentaron el género y lo llevaron las radiofórmulas a mediados de los 90, justo cuando el grunge cangrenaba y el brit pop comenzaba demasiado pronto a dar síntomas de agotamiento. Recordaremos esa primer contacto de los Chemical con el Sónar, en 2005, porque fueron a dar lo que se les pedía: un torbellino de big beat de hora y media para despachar todo ese arsenal de hits de los que aún podían subsistir sin levantar demasiadas sospechas. Bien, aunque con más entusiasmo por el hecho histórico de tenerlos allí que por la propia calidad del show.

La segunda ocasión que invitaron al dúo británico en el mastodóntico SónarClub traían bajo el brazo un álbum que intentaba romper la espiral autocontemplativa de sus últimas obras donde ya habían quemado todos sus cartuchos bailables (había llegado a un punto que todo sonaba a refrito de otro refrito), y con Further, un disco más paisajístico de lo que nos tenía acostumbrado, también menos escorado a la pista de baile, y una puesta en escena visualmente espectacular, intentaron dar un soplo de aire fresco a su propuesta. División de opiniones (yo soy de los que valoró el riesgo pero que se amuermó durante todo el concierto) y con la sensación de que el verdadero homenaje en directo estaba por llegar.

Y llegó. Será este mismo mes, por partida doble (jueves y sábado), con el octavo disco a punto de caramelo, Born in the Echoes, con el que intentan recuperar el pulso de su mejor época. Y, por lo adelantado, lo mantiene con cierta dignidad tras la escucha de la comercial aunque algo anodina ‘Go‘ (con videoclip del últimamente muy perdido Michel Gondry) y la pistera y atrayente ‘Sometimes I Feel So Deserted‘, y las ganas que tendremos muchos de los presentes de rendir tributo a un dúo que al que le debemos nuestra entrada por la puerta grande a la música electrónica.

Squarepusher, sinfonía de la distopia  

Squarepusher

Aunque es cierto que con el paso de los años el Sónar ha equilibrado y posicionado todas las piezas que componen su parrilla anual de artistas en una ubicación óptima para el eco y tipo de propuesta que ofrecen, siempre hay algún momento de arrojo, de salto al vacío, de a ver qué pasa, que en ciertas ocasiones les ha salido tan redonda como para acabar convirtiéndose en uno de los momentos álgidos y más recordados del festival. Squarepusher data su primer paso por el Sónar de hace ya casi dos décadas, tiempo y confianza suficiente como para que la gente de Advanced Music le entregase en un momento determinado las llaves del SónarClub para ofrecer uno de los directos más epilépticamente (por lo visual) epatantates (por la parte sonora) que se recuerdan. Fue en 2012, en horario prime time nocturno y dejó a los presentes boquiabiertos con un show de luces y ritmos rotos que volverán aún más potenciados gracias a un disco de esos que queman en las manos y de los que no puedes dejar de hacer movimientos espasmódicos con la cabeza, Ufabulum. Ese mismo año, otra actuación en las coordenadas de la del artista británico, ISAM de Atom Tobin, certificaría la capacidad del festival para asumir apuestas alejadas de la pista de baile y trasladarlas en esos horarios en los que todo el mundo comienza a aceptar la dictadura de la zapatilla si que haya una revuelta popular. La alucinación de Chris Cunnigham en ese mismo escenario fue, sin duda, el primer aviso.

La base de operaciones se traslada al SónarHall que, ahora sí, tiene las dimensiones, calidad acústica y el encanto necesarios para este tipo de directos en el que lo visual es parte del ADN de la propuesta musical. Y a tenor de lo que nos tiene preparado Tom Jenkinson podemos avanzar que doblará la apuesta. Los avances de lo que representa su nueva producción Damogen Furies, un viaje alucinógeno y pesadillesco en el que Rayc Fire 2 se muestra como una impecable carta de presentación, uno de los temazos del año que sumar a un fin de fiesta para el viernes de día (20.45h) que no hay que perderse.

Róisín Murphy, ella siempre estuvo aquí  

Roisin Murphy

Uno de mis primeros recuerdos del Sónar, de cuando era un (aún más) paquete en esto de la música electrónica, está vinculado a la voz de la británica cuando era líder de Moloko. Y no, no estaban actuando en el festival (una pena), simplemente Roger Sánchez coronó la noche pinchando  ‘Sing It Back‘ de telón de fondo, el culmen de una gran sesión en el añorado, pero ya difuso en el recuerdo, Pavelló de la Mar Bella. La canción perfecta… hasta que luego los mismos que la parieron se sacaron de la manga algo insultantemente superior como es la bellísima  ‘The Time Is Now‘.

Róisín Murphy ha sido una habitual del festival, presentando cada uno de sus discos en solitario con una base de fieles que le siguen, y le seguirán, hasta el último de los confines. Y  aunque muchos temíamos que esa pausa semiforzada por la maternidad (solo roto con un curioso EP en el que rinde tributo a la canción italiana) la iba a convertir en un nuevo caso Lauryn Hill (que solo se levanta si tiene una pistola apuntando a la cabeza reclamando justicia financiera) la irlandesa aparecerá de nuevo por la ciudad con un nuevo regalo sonoro para los presentes, Hairless Toys, otra muestra del talento de la ex Moloko para rodearse de grandes productores, dar su toque personal a todo lo que canta, mimar cada una de las canciones que componen el álbum (esa nocturnidad vaporosa de ‘Gone Fishing‘ me tiene arrebatado)  y alejarse del recurso fácil como hubiera sido repetir la fórmula de Overpowered.

Skrillex, el chico que no murió de EDM 

Skrillex

Si hemos dicho que la bienvenida popular y crítica a de The Chemical Brothers fue un punto y aparte en la historia del Sónar, algo parecido sucedió con el ya no tan polémico y cada vez más aceptado por la platea Skrillex. Y es que con los toscos sucedáneos que han surgido a la sombra de su éxito las producciones del menudo californiano, especialmente la primera hornada, comienzan a verse con otros ojos.

Reconvertido se consagró hace dos años con un directo de brocha gorda (esos topicazos barceloneses eran propios de cualquier souvenir de La Rambla) pero totalmente epatante que convenció a casi todos. Acogido por el Sónar desde ese momento vuelve a la sede central de Barcelona (viernes, SónarClub) tras orbitar por alguno de sus satélites (Sónar Reykjavik).

El fenómeno Skrillex, en contra de lo que se pensaba, no decae merced a un álbum de debut que se salió por la tangente (todo el mundo esperaba dubstep para las masas a piñón fijo… y no, en Recess había algo de enjundia y variedad aunque no saliera tan redondo como su EP Scary Monsters and Nice Sprites), y otro disco reciente junto a esa fábrica de hits bailables que es Diplo y que  bajo el nombre de Jack U que huele a que va a arrasar este verano. Un chico que a pesar de estar bañando en dinero y poder vivir plácidamente de repetir fórmula intenta dar una vuelta de tuerca. Y es que un chaval que mantiene como referente a Aphex Twin sin parecer el clásico postureo de ponlo en la lista de lo mejor del año que le da empaque y a Daft Punk sin sonar ni irónico ni recalcitrante, merece ya su pequeño rinconcito en la historia del Sónar.

Die Antwoord, chonismo ilustrado

«Por aclamación popular«, así argumentaron la gente de Advanced Music que repitiesen Die Antwoord al año siguiente de su debut (y subiendo un peldaño en cuanto a popularidad, trasladándolos del SónarPub al SónarClub) la pareja de hip hop ravero sudafricano más cochambrosamente delirante del último lustro. No era para menos, un disco lleno de hits, un directo que apabulla y hace hincar la rodilla al más mustio y ese aura de controversia que siempre les ha acompañado.

Superado ese trance mediático en el que se ha discutido hasta la saciedad si lo de Ninja, Yo-Landi y el nunca suficientemente reivindicado DJ Hi-Tek está más cerca de la broma cafre y la pose (que se lo digan al equipo de rodaje de Chappie que parece ser que tuvieron que sufrir sus mofas, aunque ellos lo desmientan) que del talento y la autenticidad  (yo creo que ahí está su gracia, en la ambiguedad), el trío de Ciudad del Cabo ha sobrevivido al hype a base mantenerse firmes en una fórmula y un directo que dan el escopetazo de salida a cualquiera de esas noches locas que se te acaban escapando de las manos. Donker Mag, un disco que no entra tan a la primera como los previos y que no se llevó en su momento los mismos elogios aguerridos y críticas furibundas que los precedentes, quizá porque musicalmente se encuentran en ese punto de madurez, si se puede decir así, en el que se ha aceptado la polémica como parte de su ADN, es la excusa perfecta para traerlos de vuelta a la ciudad. Como con el chupito de Jägermesiter, siempre hay un camino de no retorno, luego ya todo lo que se presenta es muerte y destrucción.

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