09/06/2015

Fotos y crónicas de los tres días, con Interpol, José González, Run The Jewels, Death Cab For Cutie, Ride...

Como cada año desde hace cuatro, una semana después del Primavera Sound en Barcelona la fiesta se traslada a la ciudad portuguesa de Porto, donde el NOS Primavera Sound ya se considera como uno de los mejores festivales del país. Un evento de tamaño familiar y manejable en comparación al de la ciudad condal, que presenta sin embargo un gran número de bandas de reconocido prestigio en su cartel, uno de los más recomendables en relación calidad-precio-comodidad de toda la península. No vienen todos los cabezas de cartel de Barcelona, pero sí los suficientes como para el NOS atraiga a un público numeroso y variado, y para que el recinto, tapizado por el césped verde atlántico, tenga a todas horas un gran aspecto. Cuatro escenarios, casi 50 bandas, y un solo objetivo: disfrutar de la música en vivo .

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JUEVES 4 DE JUNIO

MIKAL CRONIN

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Mikal Cronin con el pelo corto se parece a Edward Norton, pero no al de El club de la lucha o al de American History X, en su faceta macarra y agresiva, sino al de cara de cordero que se esconde tras la caracterización. Es una imagen que pega con su último disco, plácido y destensado, pero que no acaba de corresponderse con su planteamiento en directo, derivando en una especie de confusión entre actor y personaje. En su concierto del jueves en Porto, el norteamericano esgrimió con su banda un volumen y una contundencia musical que, en general, se comió su voz, su guitarra y su participación prominente como comandante del cuarteto. Una maraña de cuerdas; una marejada de sonido. Se le notó acelerado, encerrado en una música excesivamente abrupta, sin esa sensación de libre albedrío paseando por encima de las notas, y sin el disfrute de esas texturas suyas tan soleadas y liberadas. Como si de alguna manera aceptara un rol de reparto en el sonido de su propia música, girándose constantemente, punteando más bien poco, y dejando medio vacante la plaza de frontman.

Tuvo que afilarse las uñas para imponerse en temas como ‘Say’ o ‘Weight’, pero la norma general fue que entre la otra guitarra, el teclado y el bajo – sobre todo ese bajo que empedró todo el rato en exceso la travesía – conformaron un mazacote muy alejado del sonido sedoso del Mikal Cornin de su último y más alabado álbum; sin que de todo ello dejara de percibirse su tremendo talento creativo. Se perdieron matices, sobre todo en relación a cambios de textura – el ejemplo más claro fue ‘iii) Control’ – y de ritmo, debido a la brusquedad del acople de los instrumentos – llamémosles – secundarios; y aunque la cosa empezó a funcionar al final cuando tocaron temas más planos y frontales, como ‘Shout It Out’ o ‘ii) Gold’, fue inevitable quedarse con cierta sensación de que el concierto había sido algo tormentoso, como llamando a una lluvia que siempre acecha en Porto. Para el final dejó ‘vi) Circle’, seguramente el tema más bonito y sentido del MCIII. Las maravillosas notas de piano tuvieron que sacar la cabeza para no ahogarse en la marejada de cuerdas, ya en retroceso, pero funcionó bastante bien; pese al bajo. Una pena el sonido; tal vez en sala todo se acople mejor.

MAC DEMARCO

Mac DeMarco (7)RP

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FKA TWIGS

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INTERPOL

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Pienso, y no sé si espero confundirme o no, que estamos ante la última gran gira de Interpol antes de que anuncien su separación. Hace tiempo que se ha impuesto como mayoritaria la opinión de que su calidad y atractivo han ido decreciendo exponencialmente desde su primer disco, pilar sobre el que se ha sostenido siempre ese carácter musical suyo como banda tan identificable y magnético. No es de extrañar, por tanto, pero sí muy significativo, que planteen la presentación de su último álbum como un repaso nostálgico – ¿una despedida como los dioses mandan? – de sus primeros pasos, centrándose en aquel Turn On The Bright Lights tan brillante, y en los mejores momentos de Antics. Saben muy bien quiénes son, y cómo han llegado hasta aquí; y eso es encomiable.

En Porto, perfecta y milimétricamente bien enmarcados en esas guitarras básicas y prominentes, dieron otro conciertazo inolvidable, como hace una semana en Barcelona. Sólido, serio, sobrio, y con un setlist para caerse de culo. Pero de alguna forma se percibió en ambas citas una especie de fatiga crónica e irreversible en su puesta en escena. No es que parezcan cansados de sí mismos, pero sí les costó elevar y hacer volar algunas canciones, como si fueran aviones con sobrepeso –‘Hands Away’, ‘Leif Erikson’, ‘Narc’– mostrando un punto menos de fogosidad y energía, en favor de la clase y la seguridad que da la experiencia, cuando empieza a teñirse de canas. En general, se podría decir que les pesan más las canciones; pero eso no impidió que, una vez cogieron aire, plantearan un directo monumental.

Desde ‘Rest My Chemistry’, prístina, líquida y mágica, hasta los bises – ‘Untitled’, esquelética y ligeramente desmerecida, una ‘Stella Was a Driver…’ no del todo estelar, y el hit de su último disco ‘All the Rage Back Home’, que realmente se mueve con un motor distinto, más nuevo pero menos auténtico – fueron soltando ases como ‘The New’, ‘Not Even Jail’, ‘Slow Hands’ o ‘PDA’, marcando una línea muy clara, reconocible y admirada. Rehuyendo ese halo de ceremonialidad y trascendencia, propia de sus ‘herederos’ The National – aunque en ciertos desafines geniales Banks recordó de lejos al Berninger de ese mismo escenario un año antes –, resguardándose en una pose y un discurso más escueto y mundano. Una retirada a tiempo no haría sino incrementar el valor de un concierto como el del jueves en Porto: una despedida como todos hubiésemos deseado.

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Foto. Pablo Luna Chao   Festivales
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