03/06/2015

Crónicas de Antony and the Johnsons, The Black Keys, James Blake, The Replacements, Mikal Cronin...

ARTHUR RUSSELL’S INSTRUMENTALS

Pese a ser un gran desconocido, la reivindicación de la figura de Arthur Russell por músicos que van desde David Byrne hasta Sufjan Stevens, pasando por Hot Chip, Robyn, Julia Holter o Phosphorescent hacía atractiva la primera propuesta del día en el Auditorio del Parc del Fórum. Los homenajes hacia el músico de Iowa incluyen documentales, (Wild Combination: A Portrait of Arthur Russell) y tributos de destacados colegas actuales. En esa transversalidad que abarca desde el neoclasicismo hasta la electrónica se mueve también Peter Gordon, que dirigió a una decena de músicos para interpretar algunos de los Instrumentals de Russell con algún que otro tropiezo pero engradeciendo el legado del compositor fallecido en 1992. Prescindiendo de cualquier tipo de verborrea, el homenaje consistió en una actuación en la que la cálida ejecución de los diferentes temas estuvo acompañada de unas visuales que facilitaban la comunión con un compositor que probablemente para muchos era desconocido. Se trataba de una de esas propuestas que convierten el festival en un viaje atemporal a la historia de la música más reciente. Sin haber transformado esa revisión de piezas de hace cerca de cuatro décadas en algo memorable, el respeto y la proximidad con la que sonaron hicieron que la cita mereciera la pena y supusiera un acertado inicio del Primavera Sound. (Carlos)

HISS GOLDEN MESSENGER

Si la cuota de rock, country y blues del pasado año se vio inundada cuando empezó a caer la lluvia sobre Barcelona en plena actuación de Drive-By Truckers, en esta edición Hiss Golden Messenger se las arregló para hacer olvidar cualquier aguacero y ofrecer un enorme concierto con todos los ingredientes que se le pueden pedir al género. Luciendo pantalones vaqueros, camisas de cuadros y gafas de sol exigidas por el tempranero horario, la banda de MC Taylor y Scott Hirsch salió sin titubeos al escenario repasando el ‘Call Him Daylight’ que precedió a una acertada introducción al ‘Saturday’s Song’ de su reciente Lateness of Dancers. Con una impresionante pegada compuesta por la batería, los riffs que dibujaban las guitarras, la base rítmica del bajo y los polifacéticos teclados, la banda magnificó su presencia con un recital presidido por una loable autenticidad. El country profundo de ‘I’ve Got a Name For The Newborn Child’ contrastaba con una ‘Blue Country Music’ mucho más agresiva que la original con la que da comienzo su Poor Moon. Hubo duelos de guitarras e invitaciones a bailar, melenas de veinteañeros que se entremezclaban con vetustas calvorotas para marcar el mismo ritmo, el que impusieron unos Hiss Golden Messenger que no necesitaron excesivas carantoñas para sobresalir transformando las canciones de sus discos en un contundente directo. (Carlos)

HANS-JOACHIM ROEDELIUS

Menos es más”. Richie Hawtin estuvo en este Primavera Sound lejos de seguir su máxima con una sesión abultada y presidida por su faceta más tecno, pero quien sí se encargó de obedecer ese precepto fue Hans-Joachim Roedelius. Parco en palabras, el alemán supo traducir todo su universo experimental en cerca de una hora de intensidad musical. Acompañado de dos músicos y de unas visuales acordes a su concepto, las teclas de su piano humanizaban una sonoridad presidida por máquinas y sonidos imposibles, con un minimalismo capaz de trasladar un torrente de sensaciones a los presentes en el auditorio. A veces apocalipsis y otras génesis, Roedelius necesitó poco tiempo para crear un estado de hipnosis colectiva. Fue uno de esos conciertos en las que se está dentro o la experiencia puede ser tediosa. Pero en el primero de los casos supone una especie de éxtasis interior, el placer de haber conocido la magia de uno de los grandes artífices del llamado krautrock que Kraftwerk universalizó. Es probable que si al salir alguien nos preguntara “¿qué tal estuvo?” a muchos se nos quedaría cara da bobos. Pero a la vez algo se removería en las entrañas. (Carlos)

OUGHT

Ought (45)RP

Un poco tarde por los rigores del trabajo que me alimenta a más de 600 kilómetros del Fòrum, llegué con la lengua fuera al escenario maldito del Primavera Sound, ese que tiene la triste fama de dar todos los años algún disgusto acústico (este no fue excepción). Allí en el Pitchfork estaba a punto de sonar una de nuestras joyas recomendadas días antes del festival, los canadienses Ought. Tan sólidos como inclementes, no renunciaron ni un ápice al enredo y la aspereza ocasional de su versión grabada, hasta el punto de pasarse de obtusos por momentos. Los chavales tienen un repertorio todavía limitado y con sus consecuentes altibajos, pero las cumbres son tan elevadas que compensan casi cualquier valle. El jolgorio de guitarras cortantes y redobles de caja de la segunda mitad de la esquizofrénica ‘Today More Than Any Other Day”, con su desquiciado “together!! today!! together!! today!!”, fue espectacular. Encontramos como esperábamos una banda técnicamente impecable y un frontman de los que promete. El escuálido Tim Darcy tiene a cambio una voz que es puro músculo, además de una notable capacidad para dramatizar. Cierto es que sin los retorcidos violines de su excelsa versión grabada, nuestra adorada ‘Habit’ perdió un poco de punch, pero aun así nos erizó en esa escalada desgañitada en la que acaba. Notables. (Daniel)

MIKAL CRONIN

Mikal Cronin (13)RP

Mikal Cronin ha madurado de una forma extraña desde aquella primera vez que le vimos en un Día de la Música desparramar greñudo y pogueando con su propio público. Salía a uno de los escenarios de honor del Primavera, emergiendo entre otras propuestas del estilo, encumbrado ya a más de un altar indie tras sus tres discos de solitario, el último de este mismo año. Pelo a tazón, como cortado por una madre amateur, y notablemente menos eléctrico que la imagen que recordábamos de él. Niño bueno. Y lo cierto es que su concierto empezó así: para niños buenos, inundado de una euforia contenida que duró lo que el público tardó en rebelarse hasta contagiar al estrado. Empezó ahí un desmelene creciente que tocó techo cuando esta versión melódico-sensible de Ty Segall nos encadenó sin pausa ’Shout it Out’, ‘See It My Way’ (la mejor del bolo) y ‘Change’, imbatible triplete de su anterior álbum en el que Cronin terminó por desbocarse, meneando su pelo de Playmobil y haciéndole cicatrices a la guitarra, retorciéndola en los solos hasta el aullido, como por otra parte era menester. Uno estaba ahí, viendo el desmadre de ‘ii) Gold’ y no entendía cómo esa banda que estaba reventando el Ray Bay a guitarrazos podía ser la misma que había salido a jugar hacía media hora con un trote timidillo como de «esto me viene grande«. Al final, ‘vi) Cercle’ puso el contrapunto melódico a tanta furia y acabó por cerrar un concierto que necesitó calor para prender pero que terminó en incendio y cenizas de triunfo. (Daniel)

THE REPLACEMENTS

Cabeza de cartel de los clásicos del Primavera, de los de saldar la deuda con el festival y su público de vieja escuela. The Replacements salieron a por todas, con el alma de cuando eran uno de los grupos más queridos; las muecas, los saltos (esa entrada a por todas de Paul Westberg esquivando el backline) y la garra de carácter punk no faltaron. Tampoco los hits, los más queridos, los directos, los clásicos ‘Taking A Ride‘, ‘Favourite Thing‘, ‘Kiss Me On The Bus‘. Y con un sentido de banda aún compacto, Tommy Stinson sigue siendo ese líder de vestuario que hace que todo se mantenga como si su status fuera el de banda de taberna de entonces. Demostraron sentirse cómodos hasta el punto de perturbar el ‘I Want You Back‘ de Jackson 5 o el ‘Love Will Tear Us Apart‘ de Joy Divison, y fueron de los pocos que se permitieron hacer un bis, y fue cerrando con ‘Alex Chilton‘ para luego volver con ‘Nevermind‘ e ‘I.O.U.‘. Cabe destacar que entre ese público de edad cercana a ellos, también se amontanaron seguidores de nueva hornada, jóvenes que solo sabían de ellos como influencia, y que no temieron en levantar el puño como si les hubieran acompañado siempre. The Replacements, dignidad, himnos y deuda saldada. (Jordi)

ANTONY AND THE JOHNSONS

Antony se me venía resistiendo. Hace dos años vino al Jardins de Pedralbes pero pasé de ir, no por el pastón que costaban las entradas, sino porque su repertorio iba a constar sólo de versiones. En 2014 anunció cuatro fechas en el Teatro Real de Madrid y pensé: “esta es la mía”. Después vi que coincidía con el FIB y, yo que tengo fe ciega y un poco inocente en el festival que tantas alegrías me dio años atrás, dije “no, esperemos a ver qué hay en Benicàssim”. Pues nada, ni a un sitio ni al otro. Así que cuando en enero confirmaron al británico en el Primavera Sound me subí por las paredes. Mi festival se iba a resumir en eso: verle a él por fin, después de años de disfrutar de su música por diferentes vías.

Por el camino ha habido alguna noticia. Por ejemplo, anunció su próximo disco, de inclinaciones electrónicas gracias a la ayuda de Oneohtrix Point Never y Hudson Mohawke, pero ningún adelanto. Así que hasta pocos días antes del festival era toda una incógnita por dónde iba a tirar Hegarty. Finalmente, la organización confirmó que sería una actuación de grandes éxitos acompañados, ni más ni menos, que por la OBC, la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña. Mejor imposible. Bueno, no. Claro, hubiese sido mejor en el Auditori como ese concierto de hace diez años al que no tuve el placer de ir porque por entonces era demasiado joven y me dejé engatusar por el minimal.

Lo cierto es que un concierto de Antony And The Johnsons da miedo en un escenario abierto de festival. Ya sabéis, la música sensible, de lenguaje clásico, no conjuga muy bien con el público cotorril que suele haber en estos eventos, pero lo cierto es que salvo algún momento puntual, se pudo disfrutar bastante de la actuación sin tener que hacer callar a los impertinentes. Todo empezó con un número de danza en el que la estrella apareció como una espantaja. No esperábamos menos. Y luego la treintena de músicos empezaron a tocar y llegó el éxtasis. Silencio respetuoso y admiración por una de las figuras más singulares que ha dado la música popular del siglo XXI.

Golpe a golpe, Antony fue desgranado lo más lustroso de su discografía con nuevos y sofisticados arreglos, esas canciones que le han puesto en primera línea de la vanguardia. Por faltar no faltó nada. Tocó lo que se esperaba (de clásicos como ‘Cripple And The Starfish’ a verdaderas obras de arte más recientes como ‘Salt Silver Oxygen’ pasando, claro está, por su sobado éxito, ‘Hope There’s Someone’, que muchos se perdieron para garantizarse buen sitio en The Black Keys) y lo que no. Hablamos concretamente de ‘Blind’ de Hercules And Love Affair, que apostaría el riñón izquierdo que no la ha interpretado nunca en vivo (eso parece indicar Setlist.fm). Fue todo un regalazo, uno de esos momentos que no se olvidan nunca. La orquesta sonó potente, atronadora, arrolladora, sustituyendo a la perfección el beat house.

Con todo y pese a esta sorpresa que todos los que estuvieron ahí agradecerán eternamente, no hubo altibajos en el concierto. Todas las canciones fueron recibidas con entusiasmo con un público no tan abarrotado como era de esperar (la competencia con Spiritualized era seria, pero tampoco terrible). Antony lo dio todo, contento igualmente por llenar espacios abiertos en lugar de los habituales anfiteatros en los que toca. El suyo fue un concierto mágico, balsámico. Ya sea por la aportación majestuosa de la OBC, por su frágil pero entrañable voz o sus momentos más meditabundos al piano, el inglés se alzó como ganador de la jornada. No sé otros, pero yo salí con la sensación de que no sólo tenía el abono amortizado de esta edición, sino de las tres siguientes. Y aún quedaban dos días. (Álvaro García Montoliu)

BRAND NEW

En el escenario más pequeño de la programación principal y con una ligera sensación de pulpo en un garaje, los norteamericanos Brand New actuaron por primera vez en Barcelona gracias al Primavera Sound. Explicar su trayectoria, que se extiende a lo largo de 15 años y cuatro disco publicados, sería demasiado largo para estas líneas, pero valga como resumen decir que en su día fueron un grupo de pop-punk más bien adolescente y que ahora transitan por los cauces del grupo de culto a medio camino entre el post-hardcore y el rock alternativo, y que su público también se divide entre las dos vertientes. Al grupo liderado por Jesse Lacey le place ir a contracorriente, como hicieron cuando se negaron a dar una sola entrevista para promocionar su tercer disco, The Devil And God Are Raging Inside Me, o resistiéndose a publicar un nuevo disco pese a que el último, Daisy, salió hace seis años. Y eso es lo que hicieron con su concierto en el Primavera Sound: en lugar de regalar una suerte de greatest hits a todo el público que les veía por primera vez, dividieron el concierto entre una primera parte donde repasaron algunos de sus temas más áridos y estridentes (‘Sink’, ‘Gasoline’, la flamante ‘Mene’), interpretados con una afectación siempre al borde de desdibujar en exceso la canción, y sí repasaron algunos de sus gloriosos hits en la segunda mitad (‘’Jesus’, ‘Sic Transit Gloria…’, ‘Okay I Believe You…’). Fue corto y contundente a rabiar (dos baterías, a menudo tres guitarras, capas de ruido), pero la brevedad les impidió demostrar lo brutales que son cuando se mueven por atmósferas más oscuras (‘Welcome To Bangkok’, ‘Limousine’, ‘You Stole’), y el setlist dejó grandes olvidadas (‘Archers’, ‘I Will Play My Game…’) . Con todo, una deuda saldada de las gordas. (Aleix)

CHET FAKER

A pesar de lo opuesto en lo estilístico, es bien cierto que compartían gran parte de público, y era considerado uno de los solapes más difíciles de afrontar: The Black Keys vs Chet Faker. Los primeros con una larga trayectoria pero una eclosión comercial escandolosa desde solo hace un par de temporadas, el australiano con el hype del debut y el ‘No Diggity‘ ya superados. Ahora le tocaba encararse a un escenario grande, y lo llenó tanto en cuanto a público (para el final de su concierto el río de gente iba en sentido opuesto a Mordor), como en lo artístico (se oyeron gritos de histeria desbordada en cada uno de los hits). Chet Faker ha pasado de ser el nombre de moda en los medios más avispados al cantante de barba de buen ver que canta ‘Talk is Cheap‘, pero tiene fondo y deja poso. Supo ver la hora y tiró de un repertorio más pistero, cortando solos de guitarra y batería que lo acompañan, para retorcer y hacer subir las pulsaciones a través de la lanzadora que comandaba en el centro. ‘Cigarrettes & Loneliness‘ llevó en volandas la recta final de un concierto que no bajó de la catarsis, y que mostró, además de saber hacer bailar a las masas, tener un largo recorrido en la tangente del soul a lo James Blake con la que coquetea, ese ‘Melt‘ profundo y rompedor. (Jordi)

THE BLACK KEYS

The Black Keys (17)RP

Si de algo a podido pecar este Primavera Sound es una excesiva bisoñez en los más alto del cartel. A veces la apuesta puede salir bien, como en el caso de Alt-J. En otras ocasiones se corrobora eso de que la experiencia es un grado. Bien, podemos estar de acuerdo: con ocho discos y más de una década juntos no se puede hablar de novatos. Pero tampoco The Black Keys son una banda como Nick Cave y los suyos o la propia Patti Smith. En cualquier caso, Dan Auerbach y Patrick Carney tenían la ventaja de un escenario atestado y de ser una de las grandes atracciones de esta edición, además de contar desde el inicio de ‘Dead And Gone’ con un público entregado. Pero no supieron aprovechar ninguna de esas condiciones. A pesar de que se podrían excusar con un sonido que sí funcionó en cambio para la marabunta en el concierto de The Strokes, la pareja no hizo nunca gala de una entrega proporcional a lo que tenían enfrente ni de una capacidad como la de Hiss Golden Messenger para que sus temas adquirieran otra dimensión sobre las tablas. Y eso con algunas canciones que se pueden considerar con merecimiento clásicos, como ‘Gold On The Ceiling’ o la stoniana ‘Gotta Get Away’. Pero ninguna de ellas provocó el supuesto delirio general (que sí provocó, claro, ‘Lonely Boy‘). Una decepción que sin duda quedó compensada por otras bandas que gozaban de menos caché. (Carlos)

JAMES BLAKE

James Blake (42)RP

Vamos a decir muy rápido dos verdades que me parecen innegables sobre el directo de James Blake, para quitarnos la tesis de estas líneas cuanto antes: es muy bueno, pero también puede ser muy pesado. Ale, ya está. Aviso que lo dice uno que no es muy fan de su versión grabada. Le reconozco el talento, qué duda cabe: el tipo es un genio, no se hace uno ‘Retrograde’ si no es condenadamente bueno. Ahora bien, hay que saber dónde se juega. Blake abrió con ‘CMYK’ en un escenario que suena que te arrasa y nos puso en todo lo alto. Impresionante, son casi la 1:45h de la madrugada y aquello te atropella. Pero de pronto, el inglés te mete entre tímpano y tímpano ‘I Never Learn To Share’ y ’To The Last’. Bajón de los de “qué bueno eres, pero dame lo mío que me duermo”. No lo arreglaron las preciosas pero igualmente lentas ‘Limit to Your Love’ y ‘A Case of You’, que nos hicieron sentir profundamente culpables de cada bostezo. Afortunadamente, el recital tocó momentáneamente a su fin y pudimos deleitarnos con su versión clubbera, más apropiada para las horas de madrugada en las que ya estábamos más que de lleno. La ovación del público tras el cambio de tercio evidenció lo que quería el pueblo llano. «Ah, so now we’ve got you«, dijo Blake como recriminando en diferido los aplausos sin alaridos precedentes. El cierre con la maravillosa ‘The Wilhem Stream’ (otra de genio) nos devolvió a las pulsaciones iniciales, pero ya con una sonrisa agradecida tras un concierto que no sabemos si estuvo mal programado por horario o mal planteado por el artista. Opinión personalísima, qué duda cabe. (Daniel)

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Foto. Pablo Luna Chao (menos la de portada, de Éric Pàmies)   Festivales
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