29/04/2015

Tidal, Spotify, Apple, Deezer, Google... 2015 será el año del streaming, y analizamos lo que nos espera.

La batalla del streaming está en su punto álgido. 2014 fue el primer año en el que el streaming generó más dinero que la venta de CDs, al menos en Estados Unidos según cifras de la Recording Industry Association of America, y 2015 será recordado, probablemente, como el año de la guerra del streaming.

Plataformas como Spotify y Deezer llevan años lidiándola, pero con la entrada en escena de Tidal y las ya anunciadas apuestas de Apple (tras la compra de Beats y de la mano de Zane Lowe) y Youtube (a su manera con Google), el pastel tiene cada veces más pretendientes. Y también despierta muchas preguntas: ¿Seguirá existiendo el modelo freemium –es decir, gratis con anuncios–? ¿Alta fidelidad o calidad normal? ¿Algoritmo tecnológico o selección personalizada de expertos? Y, sobre todo, ¿es este negocio rentable? ¿Lo será? ¿Para quién? Intentamos desgranar el apasionante panorama actual y futuro del streaming, la revolución que la industria discográfica llevaba años esperando. ¿Última oportunidad?

SPOTIFY: EL CLÁSICO

Spotify

Aunque incomprensiblemente no haya sido hasta 2015 que gigantes tecnológicos como Apple hayan decidido apostar por el streaming en serio, este es un modelo que se viene desarrollando desde hace casi diez años. Spotify nació en Suecia en 2007 y actualmente es la plataforma de streaming líder a nivel mundial, con más de 60 millones de usuarios (datos de enero de 2015 facilitados por la propia compañía) y un largo camino ya recorrido. Aunque tardó en desembarcar en Estados Unidos, al menos en nuestro país es la plataforma que viene a la cabeza cuando se habla de streaming, y eso ya de entrada es una ventaja fundamental en esta batalla.

Eso sí, Spotify ha recibido palos de todas partes: el hecho de ofrecer un modelo freemium en el que puedes escuchar música a cambio de que te inserten anuncios hace que la mayoría de sus usuarios opten por esta modalidad (concretamente, 45 de los 60 millones de usuarios), y la propia compañía ha afirmado que su modelo empezará solo a equilibrarse cuando alcancen los 40 millones de suscriptores de pago (ahora tienen 15).

Luego está el asunto de lo que Spotify paga por cada reproducción de canción en su plataforma. La compañía afirma que se trata del 70% de lo que se ingresa en total por suscripciones y publicidad (no es por reproducción, sino dividiendo el total generado durante un mes entre todas las reproducciones de los artistas), aunque resulta evidente que un porcentaje no dice nada. En cifras reales, esto corresponde entre 0,006 y 000,84 céntimos de dólar por reproducción. Y claro, ese 70% no va, ni mucho menos, íntegramente al artista, sino a los sellos, distribuidores y demás intermediaros que suelen tener el control legal de su música. Spotify afirma, con razón, que cómo se reparta ese 70% no es problema suyo, pero sí les corresponde a ellos que sea una cifra suficientemente elevada para que todo el mundo cobre dignamente.

Varias han sido las voces en la industria que se han alzado contra este sistema, siendo las más notorias las de Thom Yorke –que en 2013 dijo que Spotify era “el último pedo desesperado de un cadáver moribundo (sic)», y que el año pasado publicó su nuevo disco en solitario a través de BitTorrent–, Taylor Swift –que retiró su discografía de la plataforma por no estar de acuerdo con que su música se escuche gratis– y la más reciente siendo la de Geoff Barrow de Portishead, que puso en cifras muy claras y comprensibles para todo el mundo los números que se mueven hoy en día en esta plataforma: un caso que pone de manifiesto que hay un problema entre los sellos y los artistas/productores/escritores, uno que Spotify de alguna manera agrava y que hay que abordar.

Con todo, Spotify está a punto de cerrar otra ronda de inversión de 400 millones de dólares, cosa que sitúa el valor de la compañía en unos escalofriantes 8,4 billones de dólares (todo según informaciones del The Wall Street Journal), hecho que junto a los insistentes rumores de una próxima salida a bolsa dibujan un escenario alentador para el streaming y Spotify, y al final también para los grandes sellos discográficos, que poseen un porcentaje de acciones de la compañía (no es oficial, pero muchos lo sitúan alrededor del 18%).

Ahora, los enemigos de Spotify se multiplican: a su lado surgen nuevas plataformas con un enorme potencial, mientras en casa sigue lidiando con los artistas, las disocgráficas y, claro, el público. Los próximos meses se antojan apasionantes.

DEEZER: LA ALTERNATIVA

Deezer

Casi paralelamente al lanzamiento de Spotify, surgió una alternativa francesa: Deezer. Actualmente la plataforma goza de una fuerte presencia en Europa, y en general en muchos países del mundo, pero todavía no ha desembarcado en Estados Unidos, donde lógicamente se encuentra una parte muy importante del pastel, por lo que su influencia global queda un poco mermada. Con todo, afirman contar con 16 millones de usuarios activos cada mes, y 6 millones de suscriptores de pago en todo el mundo (también ofrece modelo gratis con anuncios), lo que sumado a apuestas como la modalidad de suscripción Elite –con audio de alta calidad–, un servicio llamado Flow bastante eficiente (que ofrece recomendaciones basadas en artistas escuchados; y suele acertar) y la reciente compra del servicio musical Muve Music para facilitar su llegada a Estados Unidos, la sitúan como una plataforma a tener en cuenta si bien parece ir a rebufo de Spotify en muchos aspectos y todavía no queda clara, al menos para quien escribe estas líneas, cuál es su principal virtud diferencial.

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