19/04/2015

Según ha declarado, 34 millones de reproducciones de canciones de Portishead les han reportado solo 2500€ de beneficios.

Seguramente todos estamos de acuerdo en la afirmación de que el mundo de la música, y en concreto el de la forma de escuchar música, sufrió una auténtica revolución con la llegada de los servicios de streaming hace ya unos cuantos años. Hoy en día se sigue pirateando mucho, no seamos ingenuos, pero la creación de una serie de canales de bajo coste para tener, básicamente, tarifa plana de música, significó una suerte de democratización en el acceso al contenido cultural que, en nuestra opinión, enriquece a la sociedad indudablemente. Una solución que, en su planteamiento más utópico, debería contentar a discográficas, artistas y por supuesto al público. Pero no todo el monte es orégano. Coincidiendo con la noticia que reza que, por primera vez, las ventas de música online han superado a las ventas de discos físicos, surge otra polémica al respecto del streaming, esta vez en boca de Geoff Barrow, pieza clave de Portishead.

El productor de la mítica banda de Bristol, y creador del sello de música experimental Invada UK –filial del sello australiano Invada, del que es también co-fundador–, sorprendió a la comunidad musical el pasado martes al hacer público en Twitter el cálculo de los beneficios que han reportado a Portishead los 34 millones de streamings generados por su música en las diferentes plataformas. La respuesta es, aproximadamente, unos 2500€. Ridículo, ¿verdad? Lo que no ha declarado es cuántos beneficios totales han dado, ya que la cifra estimada es el resultado final tras haber abonado los respectivos impuestos, y dando por hecho que no son exclusivamente suyos los derechos. En cualquier caso, el artista ha arremetido contra Universal Music Group, con quienes han tenido firmado un contrato de producción (Island) y distribución durante años, y ha mostrado un sarcástico agradecimiento a YouTube, Spotify y Apple, pese a no declararse contrario en absoluto a que la gente pueda disfrutar de los servicios de streaming. La crítica, más bien, iba hacia quienes venden su música tan barata, según sus propias palabras y tweets.

El debate está servido. Barrow ha tenido que defenderse de quienes le han acusado de excesiva ambición. El músico, de alguna manera, pone el grito en el cielo más que por él y por Portishead, venerables y con caché suficiente como para sobrevivir y vivir bien con dos o tres bolos al año, por las bandas jóvenes y desconocidas que integran, por ejemplo, su propio sello. ¿Qué migajas obtendrán esos grupos por tener su música en las plataformas de streaming? ¿Es realmente beneficioso y sostenible este modelo de negocio y de acceso a la música? No son preguntas nuevas, pero lo que no podemos es hacer oídos sordos a una queja formal y bastante educada, proveniente de un tipo cuya carrera habla por sí sola, sobre una situación en la que parece que se reproducen los viejos y viciosos hábitos. Esto es: que entre músicos y público sigue habiendo demasiados eslabones que se llevan pasta, y que chupan del bote. Os dejamos la serie de tweets que Barrow ha escrito sobre el tema.

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