14/04/2015

Resumimos el primer trimestre del año en 15 discos.

El año pasado empezamos la sana costumbre de, cada tres meses, hacer un alto en el camino y recopilar los mejores discos de ese periodo de tiempo. 2015 ya lleva con nosotros tres meses y medio, y nos ha regalado una cantidad abrumadora de grandes discos, así que este primer resumen del año ha costado lo suyo. Pero aquí lo tienen: 17 discos que sin duda merecen una escucha, cada uno en su momento y a su manera. Si ya nos ha costado escoger en el primer trimestre, imaginen a final de año…

Aquí recopilamos todas nuestras recopilaciones (valga la redundancia).

BenjaminClementine

Benjamin Clementine – At Least For Now

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Quedará como el primer hype de 2015. Un año que, como sensación que se repite cada enero, ha tardado en arrancar, pero luego lo ha hecho, y de qué manera. Benjamine Clementine además de su contexto temporal, puede que también quede asociado al Vida Festival, que nos lo descubrió antes de que saliera este At Least For Now (Virgin EMI, 2015). No era difícil apostar por él cuando uno escuchaba ‘Cornerstone’, también presente en el disco y que condensa en una maravilla de canción la propuesta de Benjamin. Un joven británico, de Londres, que se mudó a París por estudios y que uno a la perfección la tradición más poética de ambos cancioneros. Los arreglos meticulosos al piano, la elegancia de una producción pulcra del legado pop de los creadores de hits del Reino Unido, con la poesía, el bohemismo y una cierta despreocupación en el cantar de una voz que en todo su encanto, guarda un punto de feísmo, de gruesa… de chanson francesa. ‘London’, ‘Nemesis’ o un título que habla de este encantador punto medio de dos maneras de entender la canción de autor ‘St-Clementine-On-Tea-And-Croissants’. El primer hype de 2015, el primer disco de Benjamine, lo veremos en el Vida, pero esto va a hacerse grande. (Jordi)

barnett

Cournet Barnett – Sometimes I Sit And Think, And Sometimes I Just Sit

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De la Barnett por estos lares nos gustan muchas cosas. Nos hace gracia esa caruza rapaz y esos ojos azulísimos asomando desde el alféizar de su flequillo noventero. Es una tía lista la de Melbourne. No hay más que leerle las letras para darse cuenta de que ve el mundo con los ojos afilados. Ya más que apuntó maneras con el doble EP A Sea of Split Peas. Suficiente para salir por la tele, girar por medio mundo y demostrarnos sobre un escenario que tonadillas mediotiemperas, estilo ‘Lance Jr.’, pueden transformarse en canciones rocosas, mala hostia y pedalera mediante. En su nuevo trabajo hay de eso, pero no sólo. ‘Pedestrian at Best’ ya avisó bebiendo de las fuentes guitarreras de Ty Segall, pero ‘Depreston’ nos dio el contrapunto: una canción descomunal sobre la bajona de moverse al extrarradio. Casas monas, qué guay tener un garaje para los trastos, etc. Brillante. Aquí lo mismo te cae un bofetón con ‘Aqua Profunda’ (120 segundos clavaditos de rock hedonista) que te metes en un problemón blusero de punteos retorcidos con gusto antípoda (‘Small Puppies’). Entretenidísimo. (Daniel)

SufjanStevens

Sufjan Stevens – Carrie & Lowell

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Si a uno no le da por leer la Wikipedia podría pensar que Sufjan Stevens es un pijo de Brooklyn. Un chavalote delicado, de vida fácil, clases de música, grupos con los colegas, mamá cómprame un piano, y tal. Pero no exactamente. Sufjan es hijo de un señor llamado Rasjid y de una señora, de nombre Carrie, que ya no está. Mamá Carrie era una joven depresiva, alcohólica y esquizofrénica que descubrió demasiado tarde que con semejante cóctel la maternidad podía ser una movida. Así que se fue y abandonó a sus hijos. Luego conoció a un señor, de nombre Lowell, con el que compartió la vida un rato. Durante los veranos en los que Sufjan creció de los cinco a los ocho años, Carrie, Lowell y él tuvieron algo parecido a una familia. Luego todo volvió a irse a la mierda. Hace tres años un cáncer de estómago atropelló a Carrie y se la llevó por delante. El disco que nos ocupa narra el duelo, el dolor y la nostalgia resultantes. El llanto musical por la pérdida de esa madre que se fue sin serlo. Sufjan no la culpa, la entiende. Asoman en flashes ideas suicidas, lágrimas a un Dios injusto, fotografías de aquellos veranos en Oregón, respirando olor delantal y sonriendo fuerte. Las letras te cortan las yemas como un papel, tricioneras, con frases afiladas cuando no se esperan. Será con pocas dudas el disco más bonito del año. El más desgarrador. Bellísimo y minimalista. De colección. Un disco de Sufjan Stevens, en resumen. (Daniel)

BodufSongs

Boduf Songs – Stench Of Exist

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Una portada negrísima, un bodegón de flores mustias y un título, Hedor de Existir (Stench of Exist), que ya dice todo. Jamás había oído yo hablar de este proyecto ni del hombre que se esconde tras él, Mat Sweet, inglés, de Southampton. No es su primera remesa, ni mucho menos: lleva al menos 10 años componiendo y grabando, pero aquí nos ha cazado. Arranca el álbum con una suerte de crujiente digital, oscuro y peligroso. Tras su extinción empiezan las palabras. «The rain against the window in the morning / woke us up we lay there for a while / Then you said it was time to get things moving / We named the days and watch them fly by / I am what I have seen / A vessel for the fire / Completely bound by chance / And it will end how it began». Tras esa estrofa, no sé salir. Flota uno como en un lago de tinta. Los graves del piano como un corazón, las texturas como nubes pasando en stop motion, los tonteos electrónicos jodidamente perturbadores, bien medidos y programados, como calambres en la espalda. Hay algo enfermo aquí. Algo efectivamente hiede con elegancia infinita allá en lo oscuro. Escuchen ‘The Rotted Names’ y prueben a no estremecerse, a que no se les mueva un pelo. Repiro hondo, que empieza. (Daniel)

ModestMouse

Modest Mouse – Strangers To Ourselves

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Modest Mouse, la banda capaz de hacer grande la mediocridad, de extraer melodías del desorden, y de tejer extensos álbumes desde un cabo suelto deshilachado, ha vuelto a hacer de las suyas: escapar de los cánones, esconder diamantes en bruto en la envoltura de una esquina en cada tema, y reinventarse desde la soltura estética. Tras ocho –demasiados– años de silencio, los de Washington han publicado Strangers To Ourselves, un álbum que no pasará a la historia ni al top 3 de la banda, pero que durante su extenso y enrevesado itinerario de 15 canciones nos deja pasajes que sería una pena pasar por alto. Puede que suenen cada vez más enfrascados en el aroma de un tiempo pasado, pero conservan inalterado el particular e inconfundible sello de su estilo. Hay temas saltarines y juguetones como ‘Lampshades of Fire’, ‘The Ground Walks, with Time in a Box’ y ‘Sugar Boats’; introspectivos y emocionales como ‘Shit in Your Cut’ y ‘Pups To Dust’ y la tiernísima ‘Coyotes’. Todas muy suyas, de alguna de sus miles de maneras. No abunda el caos instrumental, ni las guitarras afiladas ni los gritos declamados como norma de canto de Isaac Brock, pero Modest Mouse tiran de oficio para no perder el hilo del que sacan sus discos, que sigue teniendo chicha en la madeja. (Pablo)

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Panda Bear – Panda Bear Meets The Grim Reaper

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Para Noah Lennox ya vale aquella frase que acuñara el inmenso John Peel sobre The Fall, aquello de «always different, always the same«. Y es que desde una simpleza aparente y de la eterna deconstrucción de los sonidos de los Beach Boys que nos voló la cabeza allá por 2007 ha ido construyendo un universo personal que se erige como el reverso melancólico, introspectivo y sin embargo lleno de vida de los sonidos de la banda madre, Animal Collective. Pasado el momento de gloria mediático de estos, que huyeron del hype por la vía del autismo recalcitrante (aquellos conciertos en los que se tocaba de todo menos los hits del pasado…), Lennox se ha concentrado en preparar unas canciones que amplían la paleta de sonidos del ya de por si impresionante Tomboy, con excursiones a sonidos groovies, como en la sutil «Principe Real» o la hipnótica «Mr Noah». Nada sorprende, pero todo arropa y crece con las escuchas. El mayor triunfo del álbum es el poder envejecer con dignidad, sin recurrir ni al autoplagio ridículo ni a los cambios neuróticos de estilo. Para Panda Bear sus álbumes tenían siempre algo de terapéutico (desde aquel Young Prayer con las coplas a la muerte de su padre), y los discos de paternidad y madurez suelen ser la prueba definitiva para saber si un artista se ha tirado de cabeza a la piscina de la vergüenza ajena. Panda Bear Meets the Grim Reaper evita los errores con sensibilidad y un aire liviano, que desemboca en una canción maravillosa, prima hermana de aquella «Benfica» que cerraba Tomboy. «Acid Wash»  es un triunfo, un ascenso de categoría y una declaración de intenciones. Y ante todo, una celebración de sentirse vivo. (Santi)

Nuria Graham

Núria Graham – Bird Eyes

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Por encima de inútiles concreciones geográficas, el hábitat natural de la vigitana Núria Graham es la noche: una atmósfera silenciosa y con las luces justas, inspiradora y mágica, en la que hace crecer y cuida, como a los habitantes de un jardín bajo las estrellas, temas delicados y personales con morfología de pop-rock de puertas adentro. Surgidas como de un refugio confortable en plena e inocua naturaleza, las canciones de este Bird Eyes con el que debuta Graham en formato largo contienen evidentes trazas de un talento todavía en desarrollo, ejemplos hermosos de confluencia entre el canto y un uso de la guitarra siempre pensado y coquetamente ornamentado, y un muy marcado y elegante carácter artístico, pese a la extrema juventud de su autora. Producción a la medida, desparpajo contenido dentro de unos modales impecables, y melodías cocidas con pausa, a fuego lento, dejando que todos los aromas se junten en una receta que por popular o accesible no deja de rezumar clase un solo instante. Desde el minimalismo incontenido de la extraordinaria ‘Bird Eyes’, de ‘I Worry To Much’, ‘Ages’, o de la sugerente ‘Dark Past’, a la floración de temas delicados como ‘Bad Luck’, o ‘The Sea in Your Eyes’, todo en este primer paso de Núria Graham huele a esa primera noche previa en que te das cuenta que la primavera ya está aquí. (Pablo)

KendrickLamar

Kendrick Lamar – To Pimp A Butterfly

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Si hoy día se hicieran unas elecciones al trono del hip hop mundial la presentación que se podría hacer del joven Lamar es que es poco menos que el candidato de consenso. La recepción crítica de su tercer LP ha sido poco menos que avasalladora, el público (sobre todo el yanqui) se ha volcado en pagar por una copia, con cifras que sobrepasan los centenares de miles de ejemplares en poco menos de un par de semanas, Kendrick está en el ojo del huracán, al más puro estilo Outkast en el 2003 o Kanye West a lo largo de la década. Lo sorprendente de todo el asunto es que ha llegado al éxito absoluto por la vía menos fácil. Su discurso es cualquier cosa menos ligero. Al contrario de lo que apuntaba el single, ‘I’, que hizo temer a algunos que el de Compton fuera a seguir la línea de canciones de chiringuito y rap lúdico de colaboraciones con estrellas del EDM, ha optado por una obra ambiciosa, que traza un doble camino: la autoafirmación y análisis introspectivo se entremezclan con el análisis del presente de la cultura afroamericana. El típico disco que hace frotarse las manos a los críticos y expertos en estudios culturales, el típico disco que puede convertirse en un referente generacional o tener una vida limitada por culpa de la ausencia de singles (aunque la g-funkoide ‘Wesley’s Theory’, con el bueno de Flying Lotus produciendo, bien merece un tiento, como poco). Si la aguada recepción del rap americano en España (sobre todo de su vertiente más lírica: barreras raciales, culturales y sobre todo lingüísticas mandan) no lo impide a final de año estaremos hablando de uno de los grandes acontecimientos musicales recientes. Por sus temas redondos, como la impresionante ‘Complexion (A Zulu Love)’, por su capacidad como MC y letrista, cada vez más fuera de dudas, y por su valentía a la hora de hacer un álbum así. (Santi)

SleaterKinney

Sleater-Kinney – No Cities To Love

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Allá por los ochenta, los madrileños Coz cantaban aquello de “las chicas son guerreras”. El testigo lo recogían diez años después las protagonistas de su canción al otro lado del Atlántico en forma de un movimiento que se llamó riot grrrl pero que, etiquetas aparte, representó un punk aguerrido de protagonismo femenino en plena monarquía grunge al que se apuntaron bandas como Babes in Toyland o Bratmobile y que luego continuaron Chicks on Speed, Peaches o los lejanos Gossip, hoy en día una banda edulcorada que ya pasó sus mejores tiempos. De aquella troupe un nombre emergió por encima de los demás, el mismo que protagoniza uno de los retornos del año. Cuentan Sleater-Kinney que han cocinado su disco a fuego lento, con la tranquilidad que les podía dar la continuidad de una consagrada discografía y quizá avaladas por una acogida fácil de prever. Pero no hay rastro de condescendencia o estancamiento. La banda da vigencia a los rasgos que han sido su santo y seña: vómitos en forma de zarpazos guitarreros, bramidos que claman contra el sistema en ‘Price Tag’, riffs camorristas en ‘Surface Enemy’ e incluso estribillos con licencias más accesibles en la canción que da título a este sublime No Cities To Love. Un trabajo que prescinde de la ligera experimentación de su último y ya lejano The Woods de hace diez años e incide más en las entrañas como aquel célebre Dig Me Out. Se da la paradoja de que en el Primavera Sound actuarán con The Black Keys, un grupo que en sus inicios fue telonero de Sleater-Kinney y que ahora ocupa un lugar preminente en el cartel del festival. Habrá que comprobar si es merecido porque, como cantaban los hermanos de Castro y los suyos hace más de treinta años, “las chicas tienen algo especial”. (Carlos)

FatherJOhnMisty

Father John Misty – I Love You, Honeybear

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Si Fleet Foxes renovaron el folk de su época entregando unas armonías vocales dignas de los mejores Beach Boys, ¿qué le quedaba hacer sin ellos a Father John Misty?. Dos discos ha necesitado el estadounidense Joshua Tillman para convencer a propios y extraños de que los sobresalientes arreglos instrumentales y la calidez que brota de sus cuerdas vocales testifican un punto y seguido de las glorias pretéritas. El estadounidense bebe de los mejores Roy Orbison y Harry Nilsson y maneja la misma ironía que aquel Jaques Brel de ‘La Chanson des Vieux Amants’. A Tillman no le duelen prendas al presentarse como el amante resignado que acepta que la última esperanza hace tiempo que voló. Tan eficaz a la hora de adoptar un tono preciosista en una canción tan maravillosa como ‘When You’re Smiling and Astride Me’ como de disparar contra el mundo virtual sumido en los gorgoritos electrónicos de ‘True Affection’, este I Love You, Honeybear representa una línea continuista con respecto a su anterior Fear Fun pero con las mejoras que concede la experiencia. Uno de los motivos de su espléndido sonido, con vientos y cuerdas de diversa índole, hay que buscarlo en la producción de nuevo a cargo de Jonathan Wilson, que muestra las mismas aptitudes cuando protagoniza un disco que cuando coge los mandos de la producción. Su autor asegura que este “es un álbum conceptual de un disco sobre un tipo llamado Josh Tillman que ha gastado bastante tiempo golpeándose contra los muros, cultivando lazos superficiales con extraños y evitando la intimidad a toda costa”. Unas palabras que corroboran que la decadencia es un excelente acicate creativo. Solo hay que comprobarlo con un ‘Bored In The USA’ que revive aquel himno con el que Bruce Springsteen ametralló a su país. (Carlos)

MarikaHackman

Marika Hackman – We Slept At Last

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Marika Hackman no podía haber escogido un título más adecuado para su primer disco. We Slept At Last. Al fin pudimos dormir. Tiene varias connotaciones: por un lado, supone el final de un camino que ha acabado siendo más largo de lo habitual y lo esperado, un camino que empezó en 2012 con la publicación de ‘You Come Down’, primera canción de la artista británica, y que desde entonces ha visto cómo la chica decidía publicar tres EPs en vez de debutar en largo, y que cuando decidió hacerlo, fue sin incluir ninguna de las canciones previamente editada. El fin de ese camino es We Slept At Last, exhalación madura, sobria y reposada. Lo cual nos lleva a la segunda connotación de su título: la nocturnidad. Hay un halo de oscuridad que planea por todas las canciones de este disco, producido por Charlie Andrew (Alt-J, Sivu), una suerte de estado de duermevela en el que habitan todas sus canciones. Son detallistas al extremo (los coros y arreglos oníricos de ‘Ophelia’, la euforia contenida de ‘Animal Fear’, las cuerdas finales de ‘Let Me In’), pero desprenden una desnudez instrumental que cala (‘Skin’, ‘Claude’s Girl’). Hay niebla, bajos penetrantes, historias tormentosas. Pero nada está impostado. Todo el disco fluye con una misma sonoridad, hacia el mismo lugar, hacia esa duermevela mágica en la que Marika nos quiere sumir a su lado. Ya dormiremos otro día. (Aleix)

NuevaVulcano

Nueva Vulcano – Novelería

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Cuando muchos pensábamos que ya no volverían, que la suya era una de aquellas historias que pasaría a engrosar los anales de las bandas de culto de Barcelona –como ya hizo la de Aina, el grupo que lo originó todo–, Nueva Vulcano van y publican un nuevo disco en 2015. Seis años hace ya de Los Peces de Colores, diez de Juego Entrópico, once de Principal Primera. Y ellos siguen igual. Con sus guitarras desgarbadas, su rítmica aplastante, y sus letras entre ingenuas y burlonas. “Quería cantarte y no dar el cante”, canta Artur Estrada en el primer estribillo del disco, de ‘El Mirlo’, y es suficiente para saber que Nueva Vulcano han vuelto en todos los sentidos. Así de primeras, hits claros como ‘Pop y espiritualidad’, ‘El Mirlo’ y ‘Reversible’ destacan entre algunos de sus cortes más pesados (‘Hasta la boya y volver’, ‘Antes de las infraestructuras’, ‘Hemos hecho cosas’). El resto se irán descubriendo a lo largo de los próximos meses, como ha sucedido con el resto de discos de Nueva Vulcano: de entrada no son inmediatos, pero van adueñándose de nosotros con el paso del tiempo. Y como entre disco y disco pasan años, cuando sale uno nuevo el anterior ya es un clásico. Nuevas historias, nuevos himnos, excusa para verlos en directo, y once canciones para degustar hasta que decidan volver a sorprendernos con otro disco. No necesitamos más. (Aleix)

TobiasJessoJr

Tobias Jesso Jr – Goon

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¿29 tacos? Uno puede pensar que el amigo Tobias ya es un poco mayor para debutar en esto de la música. Después, escucha Goon, su primer álbum, y se imagina que él no tenía ni idea de que las doce pequeñas grandes joyas que lo componen iban a ver la luz, que hasta él mismo se sabía mayor, que intentarlo en este negocio ni le iba ni le venía. Sólo así podría explicarse cómo ha podido parir un conjunto de canciones tan rematadamente fresco, sincero y espontáneo como este. Tienen pinta de maqueta, de esbozo. Y, sin embargo, parece misión imposible mejorarlas. Tan fácil, tan difícil. La mayoría podrían pasar por una de esas versiones caseras de clásicos que pueblan Youtube. ¿Nadie ha cantado ‘Without You‘, ‘Hollywood‘ o ‘Just Dream‘ antes que este canadiense pegado a un piano? Elton John, John Lennon, Elliott Smith. Alguno de esos debió ser. Seguro. ¿29 tacos? Uno puede pensar que el amigo Tobias ya es un poco mayor para ser tan llorón. Después, lee esa historia sobre ser abandonado, atropellado, robado e informado del cáncer de una madre en tiempo récord y comprende que, en realidad, Goon es un disco optimista, fuerte, valiente. Vital. De esos que en unos años seguirán siendo versionados. (Victor)

pond

Pond – Man It Feels Like Space Again

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Tras la irrupción en 2012 con su cuarto disco Beard, Wives, Denim, Pond dejaron de ser el grupo de Tame Impala cuando no les apetecía ser Tame Impala para convertirse en uno con denominación propia a punto de explotar y dar el salto a primera línea auspiciados por Modular Recordings. Man It Feels Like Space Again iba a ser inicialmente su sucesor más inmediato pero acabó retrasándose, quizá por hacerlo coincidir con el nuevo lanzamiento de los de Kevin Parker este año, y en su lugar grabaron y lanzaron Hobo Rocket, un mini LP más denso y desmelenado que dejó buenos momentos pero pasó algo de puntillas. Quince meses después aparece, ahora sí, su vuelta al pop espacial, como apuntan con gracia en el título. Para esta sexta entrega, Nick Allbrook deja más espacio a Joe Ryan y Jay Watson (GUM) en composición y voces con resultado más que triunfal: en Man It Feels Like Space Again encontramos a los Pond más atrevidos, intensos, variados y divertidos hasta el momento. Los australianos consiguen que el alucinógeno pastiche de efectos que exponen encuentre siempre una vía de escape, sea a través de las melodías más pop (‘Waiting Around For Grace‘, ‘Sitting Up On Our Crane‘), la urgencia rockera (‘Zond‘) o los juegos rítmicos (la impecable ‘Outside Is The Right Side’). Pero si esta vez Pond brillan con más fuerza que nunca es porque se liberan y encuentran dinámica y vida para el conjunto adentrándose en otros parámetros, como la semiacústica y americana ‘Medicine Hat‘, la atmosférica ‘Holding Out For You‘ o la canción homónima, que pone el cierre de Man It Feels Like Space Again en una jam de más de ocho minutos que resume, entre miles de progresiones, todas las virtudes del disco. (Marco)

GhostCultureOk

Ghost Culture – Ghost Culture

Escúchalo.

La portada del primer álbum de James Greenwood como Ghost Culture no miente: es este un disco en el que la luz se filtra a duras penas. Oscuro, opaco, algo viciado. No es de extrañar que Erol Alkan, un tipo que quizás haya consumido más horas de su vida entre las cuatro paredes de un club que al aire libre, le hiciera hueco en las filas de su sello, Phantasy Sound. Alkan debe estar satisfecho y tranquilo a partes iguales por el fichaje: Greenwood no parece interesado en comerle terreno en las cabinas. Lo suyo, aunque netamente electrónico, es otra cosa. Los que sí deberían ponerse algo nerviosos son Caribou, Junior Boys, TEED, DJ Koze y compañía, ya que en Ghost Culture pueden encontrar un duro rival en adelante. Como ellos, este londinense mira hacia la pista de baile sólo de refilón (‘Arms‘, ‘Answer‘) y tiene esa preciada habilidad para insuflar humanidad y emoción (suyas son todas las voces que escuchamos durante estos 43 minutos orgánicos e inteligentes) a una propuesta aparentemente gélida y robótica. Sistema nervioso vs sistema operativo. Contraste que libra al conjunto de perderse en una homogeneidad excesiva: el hombre gana unas veces (‘How‘, ‘Glass‘, ‘Glaciers‘); la máquina, otras (‘Mouth‘, ‘Lucky‘, la citada ‘Answer‘). El oyente, siempre. (Victor)

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