27/02/2015

Llenaron y triunfaron. Las canciones nuevas prometen seguir manteniéndoles en la cumbre.

Oso Leone son, creemos que sin discusión, una de las tres o cuatro bandas nacionales más interesantes de los últimos años. Con su primer largo se hicieron un hueco y ganaron algún premio. Con su segundo, cosecharon notables en medio mundo y más de un sobresaliente, como el que opinamos por aquí que merecían. No fuimos los únicos en caer rendidos ante el inmenso Mokragora. Allende el Atlántico incluso llegó la ola de aquellas canciones. La atención del gigante, la invitación para tocar en una cita tan central como es el SXSW. Con todo, uno entra hoy en la web de Oso Leone, grande y misteriosa, pincha en el nombre, allá arriba a la izquierda, y se encuentra con esto:

“Hello, we are here by mistake and probably you are too. In case you didn’t know, we make music”.

Este jueves, en la retirada sala Moby Dick y a precio de ganga, el quinteto parecía sinceramente sorprendido colgar el cartel de no hay billetes. ¿Qué esperaban? Claramente, no se ven con la perspectiva adecuada, desde fuera. Esa humildad infinita no es propia de una banda que puede tenerte una hora reventando el talón contra el suelo, siguiendo los pulsos a veces invisibles de sus temas; una banda capaz de tragarse tu atención como el vórtice de un ciclón; de tener callado y atento a uno de los públicos más verborrágicos de España.

Allá arriba, en la foto, Xavi Marín mira a su bajista con los ojos abiertos como platos. Se intuye una tensión suave en todo el gesto: la espalda encorvada, esa mano derecha apunto de caer, ese otro pie fuera de cuadro, también inestable, levantado. Esa una tensión sutil pero claramente perceptible, idéntica a la que invade canciones como ‘Crisantemo’, la primera de la noche. Arranca el pulso al inicio, como un latido. Llega después la voz sobre un colchón de teclas. Asoma la sombra cada vez más presente de Anthony Hegarty en los gorgoritos. Irrumpe la explosión repentina de percusión y batería. Menos de cuatro minutos y Oso Leone ya suenan inmensos, ordenados en ese minimalismo oscuro que tan bien dominan.

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Sobre el escenario hay pocas palabras. Pocas también de ellos hacia el público. Apenas un “buenas noches” después del quinto tema. Un “gracias por venir”, ya casi antes del bis. Pero no hace falta mucho más. Tanto arriba como abajo es otra comunicación la que ejerce de pegamento. Son los silencios atronadores de ‘Ficus’, o el mantra rítmico del final de su hermana, ‘Ficus II’. Acaba el tema y el aplauso cerrado se mezcla con miradas cómplice. Giros de cabeza que dicen: “su puta madre, qué buenos”. Son esas cosas que uno nota cuando de pronto en ‘Clivia’ todo huele a Darkside gracias a la guitarra impecable de Xavi Marín; cuando, con los pelos como escarpias en la escalada final de ‘Cactus’, te preguntas qué demonios tendrán que envidiarle estos chavales a unos monstruos como Wild Beasts: suenan igual o mejor.

Y no parece que la cosa no va a quedarse ahí. El bolo de ayer tenía el aliciente de incluir un par de temas nuevos que formarán parte del tercer largo de los mallorquines. Y ya adelantamos dos cosas: ni hay volantazo, ni parecen bajarse un ápice de la excelencia. Perfectamente integradas en el espíritu de Mokragora, las novedades nos dejaron salivando. Una de ellas, creemos que de nombre ‘Cosimo’, especialmente flipados. Saldremos de dudas en torno a septiembre, que es cuando, según nos contaron, tienen previsto publicar esa reválida.

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En fin, que 2015 está molando y más que va a molar. Valors i humildat.

 

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Foto. Daniel Boluda   Conciertos
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